Islan­dia sí es una revo­lu­ción – Daniel Rebo­re­do

El pasa­do sába­do se cele­bró en Islan­dia un refe­rén­dum con el que se pre­ten­día cerrar el ciclo ini­cia­do con la cri­sis finan­cie­ra de 2008 que lle­vó a la rui­na al país y en cuyo pro­ce­so los ciu­da­da­nos han demos­tra­do lo que se pue­de hacer fren­te a la espe­cu­la­ción finan­cie­ra des­re­gu­la­da. Pero ¿lo han hecho real­men­te? Y si es así ¿por qué no están inun­da­dos los medios de comu­ni­ca­ción de noti­cias rela­ti­vas al anti­guo rei­no de Thu­le? ¿Es que aca­so no intere­sa mos­trar un camino que se ale­ja de las auto­pis­tas con­tro­la­das por el FMI y el BM? Todas estas pre­gun­tas, y otras muchas, se con­tes­ta­rán de una u otra for­ma depen­dien­do de los intere­ses de la per­so­na que lo haga, pero lo que nadie podrá negar es que los islan­de­ses han sido capa­ces de mos­trar­nos una alter­na­ti­va a las deci­sio­nes uná­ni­mes que los gobier­nos de los prin­ci­pa­les paí­ses del mun­do han adop­ta­do para enfren­tar­se a las con­se­cuen­cias de la cri­sis y al papel cul­pa­ble que se nos asig­na a los ciu­da­da­nos de a pie en esta trá­gi­ca pan­to­mi­ma.
Tan­tas pala­bras hue­cas sobre los acon­te­ci­mien­tos de los paí­ses ára­bes, til­dán­do­los exa­ge­ra­da­men­te de revo­lu­ción cuan­do el poder sigue en manos de los mis­mos; innu­me­ra­bles artícu­los dedi­ca­dos a Gre­cia, Irlan­da y aho­ra Por­tu­gal, y esca­sí­si­mas refe­ren­cias a un autén­ti­co pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio de con­so­li­da­ción de ver­da­de­ra demo­cra­cia sin atis­bo alguno de vio­len­cia. Sólo los islan­de­ses y su revo­lu­ción pací­fi­ca han sido capa­ces de derri­bar un Gobierno en 2009 (el del con­ser­va­dor Geir H. Haar­den), redac­tar una nue­va Cons­ti­tu­ción y encar­ce­lar a muchos de los res­pon­sa­bles de la deba­cle eco­nó­mi­ca del país, con­so­li­dan­do la demo­cra­cia más anti­gua del mun­do. ¿Cómo lo han con­se­gui­do? De una for­ma muy sen­ci­lla, negán­do­se a asu­mir las deu­das con­traí­das por los ban­cos pri­va­dos y apro­ve­chan­do el cau­dal que da la demo­cra­cia para par­ti­ci­par en todas las impor­tan­tes deci­sio­nes que se han adop­ta­do en el país des­de 2008. De las mis­mas caben des­ta­car las elec­cio­nes anti­ci­pa­das de abril de 2009 de las que salió el Gobierno de coa­li­ción for­ma­do por la Alian­za Social-demó­cra­ta y el Movi­mien­to de Izquier­da Ver­de, enca­be­za­do por la pri­me­ra minis­tra Jóhan­na Sigur­dar­dót­tir; el refe­rén­dum de 7 de mar­zo de 2010 recha­zan­do las nego­cia­cio­nes con los gobier­nos holan­dés y bri­tá­ni­co para devol­ver los 3.700 millo­nes de euros de la quie­bra de Ice­sa­ve (filial del Lands­ban­ki) y blo­quean­do el pago de la deu­da; el recha­zo del acuer­do apro­ba­do en el Par­la­men­to islan­dés de 17 de febre­ro de 2011, ante las pre­sio­nes de los orga­nis­mos finan­cie­ros inter­na­cio­na­les, que lue­go vetó Óla­fur Rag­nar Gríms­son y que dio lugar al refe­rén­dum; la Ini­cia­ti­va Islan­de­sa Moder­na para Medios de Comu­ni­ca­ción, pro­yec­to de ley que pre­ten­de crear un mar­co jurí­di­co des­ti­na­do a la pro­tec­ción de la liber­tad de infor­ma­ción y de expre­sión; y, final­men­te, una ambi­cio­sa refor­ma cons­ti­tu­cio­nal que, por pri­me­ra vez en la his­to­ria, nace­rá de un pro­ce­so de demo­cra­cia direc­ta y en la que tra­ba­jan, des­de media­dos de febre­ro, 31 ciu­da­da­nos sin filia­ción polí­ti­ca (el deno­mi­na­do Par­la­men­to Cons­ti­tu­yen­te Ase­sor) para ela­bo­rar un nue­vo tex­to que sus­ti­tui­rá al de 1944.
El silen­cio­so “pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio” islan­dés se ini­ció, tal y como seña­lá­ba­mos, en 2008, cuan­do su Gobierno deci­dió nacio­na­li­zar los tres prin­ci­pa­les ban­cos que esta­ban en quie­bra téc­ni­ca, el Glit­nir Bank HF, el Kaupthing y el Lands­ban­ki Islands HF, y cuyos clien­tes eran prin­ci­pal­men­te holan­de­ses, bri­tá­ni­cos y esta­dou­ni­den­ses. Ban­cos que, al abri­go del pre­po­ten­te y ufano neo­li­be­ra­lis­mo, se lan­za­ron a com­prar acti­vos y pro­duc­tos fue­ra de sus fron­te­ras que eran sólo basu­ra. A pesar de la resis­ten­cia ciu­da­da­na a pagar los pla­tos rotos, los islan­de­ses pade­cen las con­se­cuen­cias de la ava­ri­cia neo­li­be­ral en for­ma de recor­tes eco­nó­mi­cos en la sani­dad, la edu­ca­ción y otros sec­to­res públi­cos; del aumen­to del des­em­pleo; de las reduc­cio­nes sala­ria­les o de la con­ge­la­ción de los suel­dos; del incre­men­to de los pre­cios; del pago del prés­ta­mo de 2.100 millo­nes de dóla­res del FMI; etcé­te­ra.
Juga­ban a favor del sí en el refe­rén­dum fac­to­res como la reduc­ción de los intere­ses apli­ca­dos por Holan­da y Rei­no Uni­do (5% al 3%), el aumen­to del valor de los acti­vos del Lands­ban­ki, la fuer­te pre­sión inter­na­cio­nal y las accio­nes lega­les deri­va­das del no pago. Cla­ro que tam­bién exis­tía la posi­bi­li­dad de que este segun­do refe­rén­dum no fue­ra sufi­cien­te y en un futu­ro el Par­la­men­to apro­ba­ra una nue­va nor­ma para la devo­lu­ción de los depó­si­tos, lo que nos lle­va­ría a una nue­va con­sul­ta popu­lar. Pues bien, el triun­fo del no colo­ca al país en una tesi­tu­ra en la que cual­quier nego­cia­ción que hagan lo será, ya lo es, en mejo­res con­di­cio­nes que las de otros Esta­dos euro­peos e inclu­so su pro­ce­so de adhe­sión a la UE, ini­cia­do en junio del año pasa­do, será, a pesar de las decla­ra­cio­nes de algún líder euro­peo, favo­ra­ble a sus intere­ses.
La tras­cen­den­cia de lo acae­ci­do en Islan­dia reba­sa el pago o no pago de su deu­da. En el país nór­di­co se han deba­ti­do y cues­tio­na­do los valo­res que lle­va­ron al boom espe­cu­la­ti­vo y a la incom­pe­ten­cia y des­leal­tad de los diri­gen­tes públi­cos y pri­va­dos sobre los que debe fun­dar­se una socie­dad; se ha recu­pe­ra­do el papel de la ciu­da­da­nía en la demo­cra­cia y en la cons­truc­ción social; se ha recor­da­do que la polí­ti­ca y quie­nes la ejer­cen deben estar al ser­vi­cio de los ciu­da­da­nos; se ha demos­tra­do que hay otras for­mas de enfren­tar­se a la cri­sis y, final­men­te, se ha cami­na­do de la demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va libe­ral hacia la demo­cra­cia par­ti­ci­pa­ti­va direc­ta. Islan­dia se ha con­ver­ti­do en una luz ful­gu­ran­te en el erial de las demo­cra­cias moder­nas. Islan­dia sí es una revuel­ta.

* His­to­ria­dor.

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