La solu­ción nos des­cu­bre el pro­ble­ma – José María Perez Bus­te­ro

Aun­que la pro­fun­da reno­va­ción estra­té­gi­ca que ha cua­ja­do en la izquier­da aber­tza­le se desa­rro­lla con paso fir­me, hay aber­tza­les que, al mis­mo tiem­po que aprue­ban el cam­bio, siguen rumian­do los aná­li­sis efec­tua­dos, y todo lo que va emer­gien­do des­de ellos. Lo mis­mo el len­gua­je de Sor­tu que la com­po­si­ción de Bil­du. Tam­po­co fal­tan quie­nes des­con­fían abier­ta o calla­da­men­te del cam­bio. Y por­que no se tra­ta de esta­dos de áni­mo sim­ples, vie­ne a cuen­to ana­li­zar una y otra vez los ele­men­tos del pro­ce­so, que es lo que segui­da­men­te hago.

La pri­me­ra cues­tión a recor­dar es cómo se abrió paso esta modi­fi­ca­ción de estra­te­gia. Y esto no nos lle­va sólo a deba­tes rea­li­za­dos hace un par de años, sino a un lar­go reco­rri­do. Es nece­sa­rio recor­dar que duran­te las pri­me­ras déca­das de pug­na fron­tal con el Esta­do no había tiem­po ni ganas para dejar­se tum­bar por las pro­pias limi­ta­cio­nes o des­acier­tos.

Se daba por hecho que era infi­ni­ta­men­te mejor una bata­lla direc­ta con todas sus heri­das, dure­za y lagu­nas que amor­ti­guar la ira o el amor en torno a un con­fe­sio­na­rio. El amor y la ira eran las cla­ves aber­tza­les, no la exqui­si­tez moral y el vis­to bueno del sis­te­ma. Inclu­so se opi­na­ba que el fren­te lin­güís­ti­co, el cul­tu­ral, el obre­ro, el ins­ti­tu­cio­nal, el femi­nis­ta esta­ban con­de­na­dos al des­gas­te si no se les inyec­ta­ba ira. A un pue­blo que le subs­traes la ira le tapas los ojos. Lo des­in­flas.

En ese trans­cur­so de lucha fron­tal sobre­vino, sin embar­go, una fase en la que el amor y la ira empe­za­ron a tro­pe­zar­se con­si­go mis­mos. El sis­te­ma se había des­po­ja­do ya de la fra­gi­li­dad fran­quis­ta, mane­ja­ba nue­vos recur­sos y era cada vez más agre­si­vo.

Por otra par­te, los logros de aquel enfren­ta­mien­to con­lle­va­ban enor­mes défi­cits pues no se logra­ba atraer a sufi­cien­tes por­cen­ta­jes de ciu­da­da­nía vas­ca, no se hila­ba una diná­mi­ca satis­fac­to­ria para los dife­ren­tes sec­to­res y terri­to­rios, y no exis­tía sufi­cien­te retro­ali­men­ta­ción con los gru­pos empe­ña­dos direc­ta­men­te en la cons­truc­ción nacio­nal. Otra difi­cul­tad más se pro­du­jo cuan­do un núme­ro sig­ni­fi­ca­ti­vo de per­so­nas, con el apo­yo del sis­te­ma, empe­za­ron a orga­ni­zar su pro­pia ira, de signo dia­me­tral­men­te con­tra­rio.

De esa mane­ra se abrió paso la sos­pe­cha, lue­go el aná­li­sis y el deba­te, y se tomó final­men­te la deci­sión colec­ti­va de que era nece­sa­rio abrir una estra­te­gia que no se tra­ba­ra con­si­go mis­ma y que inter­re­la­cio­na­ra pro­fun­da­men­te con el res­to. Y se asu­mió que esa estra­te­gia sólo podría ejer­cer­se den­tro de las reglas demo­crá­ti­cas por­que sola­men­te des­de ellas podría inhi­bir la fero­ci­dad del Esta­do, posi­bi­li­ta­ría la acu­mu­la­ción de sec­to­res y de agen­tes socia­les y polí­ti­cos, y obten­dría el apo­yo inter­na­cio­nal.

Aho­ra bien, una vez asu­mi­da la nue­va solu­ción, ha apa­re­ci­do sobre la mesa un ele­men­to antes difu­mi­na­do. La mag­ni­tud del pro­ble­ma. Has­ta la fecha, la cues­tión era resis­tir, no dejar­se engu­llir por el sis­te­ma, ser leva­du­ra que haría fer­men­tar en un futu­ro todo el país. Por ello se la pro­te­gía como a un óvu­lo en el úte­ro de la madre. El úte­ro eran las sedes, las reunio­nes, las con­sig­nas, el inti­mis­mo de cara al exte­rior, las bases socia­les de barrios y pue­blos. Y se sos­la­ya­ba la mag­ni­tud de la tarea en su glo­ba­li­dad.

Por el con­tra­rio, la nue­va estra­te­gia-solu­ción deja ver con toda cla­ri­dad que cons­truir este país supo­ne una tarea enor­me, pro­gre­si­va y lle­na de ries­gos.

Es nece­sa­rio ino­cu­lar con­cien­cia ciu­da­da­na para lograr ins­ti­tu­cio­nes par­ti­ci­pa­ti­vas; mover amplios sec­to­res para implan­tar en todos los ámbi­tos la igual­dad de roles de muje­res y hom­bres; sumar fuer­zas socia­les para que los tra­ba­ja­do­res pro­ta­go­ni­cen el sis­te­ma pro­duc­ti­vo y que el empren­de­dor no sea engu­lli­do por el capi­ta­lis­mo ban­ca­rio y mul­ti­na­cio­nal; incor­po­rar cola­bo­ra­ción a todos los nive­les para que el eus­ka­ra se pro­pa­gue y ejer­za; apo­yar la diná­mi­ca del cam­po para que se con­so­li­de la pro­duc­ción agrí­co­la y gana­de­ra; pro­pa­gar la cul­tu­ra eco­ló­gi­ca para que las áreas metro­po­li­ta­nas no devo­ren a las zonas rura­les ni rom­pan el equi­li­brio de la tie­rra; pasar de los ritos y ena­mo­ra­mien­to de los pre­sos y refu­gia­dos a que vuel­van a casa; no pro­fe­sar sim­ple­men­te la exis­ten­cia de Eus­kal Herria, sino reha­cer la cohe­sión e inter­re­la­ción de los sie­te terri­to­rios.

Sólo pujan­do por esa com­ple­ja diná­mi­ca se con­se­gui­rá fun­cio­nar como suje­to jurí­di­co y dina­mi­za­dor fren­te al sis­te­ma polí­ti­co y fren­te al esta­tus social y eco­nó­mi­co vigen­te.

Tenien­do en cuen­ta que a todos nos cues­ta inte­rio­ri­zar que haya seme­jan­te fae­na por hacer, no es extra­ño que a veces nos sin­ta­mos per­ple­jos, resul­te arries­ga­da la inter­re­la­ción con nue­vos socios o desa­zo­ne el len­gua­je. ¿Qué hacer en ese caso? ¿Obli­gar­nos a la inge­nui­dad? En abso­lu­to. El tra­yec­to polí­ti­co no es un paseo por el cam­po, sino un via­je entre barran­cos. Es impres­cin­di­ble sabo­rear la ale­gría de que sus­ci­ta­mos alar­ma en el sis­te­ma, rece­lo y envi­dia en las filas de los pac­tis­tas y un sor­pren­den­te ape­go de nue­vos com­pa­ñe­ros de via­je, pero a la vez vale la pena tener los ojos bien abier­tos por lo mucho que nos juga­mos.

Y a las per­so­nas que disien­ten cla­ra­men­te ¿hay que con­si­de­rar­las hos­ti­les? En abso­lu­to. Hay que adju­di­car­les el rol que les corres­pon­de. ¿Sien­tes esco­zor con el nue­vo len­gua­je y temes que todo se con­vier­ta en sis­te­ma? ¿Supo­nes que ya no se dan sufi­cien­tes dosis de rabia ante la cruel­dad del Esta­do? O, toda­vía más gra­ve, ¿pien­sas que esa tarea infi­ni­ta de cons­truir igual­dad de roles entre hom­bres y muje­res, dar pro­ta­go­nis­mo a los tra­ba­ja­do­res, revi­ta­li­zar el cam­po, cui­dar la eco­lo­gía, inter­re­la­cio­nar terri­to­rios, exten­der el eus­ka­ra y fabri­car paso a paso el suje­to jurí­di­co sue­na a idea­les leja­nos y, por ello mis­mo, caren­tes de com­pro­mi­so real?

Pues, enton­ces, no te sien­tes en el sofá de tu casa, no te para­li­ces en tu amar­gor ni pien­ses en crear una célu­la de aber­tza­lis­mo autén­ti­co.

Todo lo con­tra­rio. ¡Qué­da­te y apor­ta! Sé un grano en el culo, si te pare­ce, pero tra­ba­ja den­tro, mete amor e ira en todo lo que se haga, vigi­la los hechos, sé un perro de pre­sa. Lo inacep­ta­ble y anti­aber­tza­le sería que te ima­gi­na­ras el no va más por decla­rar­te des­in­fla­do, ir de resen­ti­do y optar por cual­quier tipo de abs­ten­ción.

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