Cade­na per­pe­tua – Iker Urbi­na, Amaia Izko

Una per­so­na pre­sa está pri­va­da de su liber­tad, pero no pri­va­da de su dere­cho a la liber­tad, que, por lo demás, es un dere­cho fun­da­men­tal.

Y es que, es más que evi­den­te, que las per­so­nas pre­sas están pri­va­das del ejer­ci­cio de su liber­tad, por­que están ence­rra­das entre cua­tro pare­des y some­ti­das a una serie de reglas y nor­mas que impo­nen, a veces la nor­ma­ti­va peni­ten­cia­ria pero las más de las veces la volun­tad del fun­cio­na­rio o direc­tor de turno. Es lo que se vie­ne a deno­mi­nar en tér­mi­nos jurí­di­cos una rela­ción de suje­ción espe­cial. Pero esa res­tric­ción férrea del ejer­ci­cio de la liber­tad no pri­va a los y las pre­sas de su dere­cho fun­da­men­tal a la liber­tad, que el pro­pio Esta­do espa­ñol defi­ne como el dere­cho a no ser pri­va­do de liber­tad sal­vo en los casos pre­vis­tos por la ley. Este dere­cho corres­pon­de, en prin­ci­pio, a todo hijo de vecino, pre­so o en situa­ción de liber­tad.

Pero deci­mos en prin­ci­pio, ya que lo cier­to es que en el caso del Esta­do espa­ñol, y pese a esa defi­ni­ción tan solem­ne, hay cien­tos de pre­sos pri­va­dos no sólo de su liber­tad, sino tam­bién de su dere­cho a la liber­tad. Nos esta­mos refi­rien­do a los que, por la sola volun­tad del Esta­do, con­ti­núan en pri­sión cuan­do debe­rían de estar hace años en sus casas, y de entre ellos nos refe­ri­mos en par­ti­cu­lar a los pre­sos y pre­sas polí­ti­cos vas­cos que con las tres cuar­tas par­tes de la con­de­na reba­sa­das hace muchí­si­mos años o con el total de la con­de­na impues­ta más que cum­pli­do, con­ti­núan en situa­ción de pri­sión.

Cla­ro, para que esto sea com­pa­ti­ble con el bar­niz demo­crá­ti­co del Esta­do espa­ñol, éste debe dis­fra­zar la situa­ción como si fue­ra escru­pu­lo­sa­men­te res­pe­tuo­sa con el dere­cho a la liber­tad que tan pom­po­sa­men­te dice defen­der. Así pues, si nadie pue­de ser pri­va­do de liber­tad sal­vo en los casos y de las for­mas que deter­mi­na la ley, pues se cam­bia la ley y lis­to.

Y empie­za así todo un peri­plo de cam­bios de reglas, de modi­fi­ca­cio­nes de nor­mas y de nue­vas inter­pre­ta­cio­nes de las que no pue­de deri­var­se otra con­clu­sión que la de la vul­ne­ra­ción del dere­cho fun­da­men­tal a la liber­tad de las per­so­nas pre­sas.

Qui­zás la situa­ción se pue­da com­pren­der mejor con algún ejem­plo de la vida coti­dia­na. ¿Alguien se ima­gi­na sen­tar­se a jugar una par­ti­da de mus en la que en cada mano cam­bien las reglas según se le ocu­rra al juga­dor que está de mano y sólo las conoz­ca­mos una vez ha ter­mi­na­do toda la ron­da? ¿O se ima­gi­na alguien que en un par­ti­do de balon­ces­to, per­dien­do de dos, un juga­dor tire un tri­ple en el últi­mo segun­do y entran­do éste en la canas­ta el árbi­tro deci­da que los tri­ples aho­ra valen dos?

Pues esto es lo que ocu­rre con los pre­sos polí­ti­cos vas­cos, pero con algo que debe­ría ser obje­to de la mayor y más segu­ra pro­tec­ción como es el dere­cho fun­da­men­tal a la liber­tad, como es la expec­ta­ti­va de liber­tad que estas per­so­nas tie­nen y tie­nen dere­cho a tener.

Con lar­gas con­de­nas de pri­sión por cum­plir y con una expec­ta­ti­va de que al cum­plir las tres cuar­tas par­tes de la con­de­na acu­mu­la­da pudie­ran que­dar en liber­tad con­di­cio­nal, en 2003 el Gobierno espa­ñol deci­de que no, que cam­bia la ley y que ya no pue­den acce­der a la liber­tad con­di­cio­nal si no han supe­ra­do las tres cuar­tas par­tes del total de la con­de­na impues­ta. En defi­ni­ti­va, que en la mayo­ría de los casos no pue­den acce­der a la liber­tad con­di­cio­nal por­que ésta se les apli­ca­ría más o menos en el año 2213. Y esta refor­ma tan per­ju­di­cial se apli­ca, ade­más, y en una deci­sión sin pre­ce­den­tes, no sólo a par­tir de la entra­da en vigor de la ley, sino con efec­tos retro­ac­ti­vos, ase­gu­ran­do así en el caso de los pre­sos polí­ti­cos la apli­ca­ción de la modi­fi­ca­ción de la ley a todos ellos y ellas.

Bueno, liber­tad con­di­cio­nal no, pero por lo menos cuan­do habien­do cum­pli­do el total de la con­de­na impues­ta, con sus reden­cio­nes, como dice la ley e inter­pre­tan los tri­bu­na­les, podrían salir en liber­tad. Eso, al menos, pen­sa­ría Iña­ki Gaz­ta­ña­ga has­ta el día antes de la fecha en que debió ser pues­to en liber­tad por cum­pli­mien­to total de la con­de­na. Y tan­tos otros y otras que han veni­do detrás. Pues no. Otra vez se cam­bian las reglas, pero esta vez cam­bian­do la inter­pre­ta­ción de la ley y aho­ra se compu­tan las reden­cio­nes de una mane­ra dis­tin­ta de la que lo habían hecho duran­te los últi­mos vein­te años, y la con­se­cuen­cia es el cum­pli­mien­to ínte­gro de las con­de­nas de 30 años de pri­sión. Y la con­se­cuen­cia inme­dia­ta para aque­llos y aque­llas que ya tenían deter­mi­na­da fecha de final de la con­de­na duran­te estos cin­co últi­mos años ha sido que han pasa­do de estar ter­mi­nan­do de cum­plir la con­de­na a deber per­ma­ne­cer en pri­sión diez años más.

Así pues, cuan­do el Esta­do dice de sí mis­mo que res­pe­ta los dere­chos de todos los ciu­da­da­nos, pre­sos o no, por­que res­pe­ta escru­pu­lo­sa­men­te la lega­li­dad, es éste el jue­go tan demo­crá­ti­co que guar­da detrás.

El efec­to que el Esta­do bus­ca con estas modi­fi­ca­cio­nes y «nove­da­des» legis­la­ti­vas es que los pre­sos y pre­sas vas­cas cum­plan de modo ínte­gro y sin nin­gún tipo de revi­sión con­de­nas de 30 y 40 años de pri­sión, supe­rio­res en tiem­po inclu­so a la cade­na per­pe­tua de los esta­dos que la reco­no­cen en su legis­la­ción. Y lo que de hecho hace es vul­ne­rar todos los días su dere­cho fun­da­men­tal a la liber­tad.

Pero el efec­to que bus­ca tam­bién en lo per­so­nal y en lo mili­tan­te tra­ta de ser, sin duda, demo­le­dor. Por­que bus­ca rom­per la moral y la tra­yec­to­ria de estas per­so­nas con lar­gos años ya de pri­sión a sus espal­das y las de sus fami­lia­res que ya hoy habrán dado 20 ó 30 vuel­tas al mun­do en kiló­me­tros de dis­per­sión. Pero es evi­den­te, por­que así nos lo demues­tran día a día los y las pre­sas que están en esta situa­ción, que una cosa es bus­car y otra cosa es rom­per.

* Abo­ga­dos

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