Aznar pide a Occi­den­te que le den a Cuba el mis­mo tra­ta­mien­to que a Libia

El presidente libio, Muamar El Gadafi, regaló un caballo de raza árabe a José María Aznar durante su visita a Trípoli el 18 de septiembre de 2003. El animal se llamaba El rayo del líder. Foto: EFE

El pre­si­den­te libio, Mua­mar El Gada­fi, rega­ló un caba­llo de raza ára­be a José María Aznar duran­te su visi­ta a Trí­po­li el 18 de sep­tiem­bre de 2003. El ani­mal se lla­ma­ba El rayo del líder.

El expre­si­den­te del Gobierno espa­ñol José María Aznar ha ase­gu­ra­do este vier­nes, según Euro­pa Press, que “no vale jugar a una cosa en Libia y a la con­tra­ria en Cuba” por­que el “valor de la liber­tad es uni­ver­sal” y, por lo tan­to, no se pue­de ejer­cer “a bene­fi­cio de inven­ta­rio” o por “con­ve­nien­cia”.

Sin son­ro­jar­se, le ha pedi­do a Occi­den­te que inva­da a Cuba, en nom­bre de la “liber­tad” y la defen­sa de los civi­les ino­cen­tes (¡!).

Este peque­ño geno­ci­da, que acom­pa­ñó a Geor­ge W. Bush en sus cam­pa­ñas de gue­rra, tor­tu­ras, secues­tros y vue­los secre­tos, ganó el mere­ci­do sobre­nom­bre de füh­rer­ci­to, dijo seme­jan­tes bar­ba­ri­da­des en un acto en Torre­jón de Ardoz (Madrid), en el que ha coin­ci­di­do con la pre­si­den­ta de la Comu­ni­dad de Madrid, Espe­ran­za Agui­rre.

Aznar expli­có su teo­ría de por qué la Isla se mere­ce una corres­pon­dien­te cuo­ta de bom­bas: nece­si­ta liber­tad, que ”no es un pri­vi­le­gio de unos pocos” sino que es “un dere­cho que tie­ne todo el mun­do”.

Dijo que los libios tie­nen “el mis­mo dere­cho a la liber­tad que los cuba­nos” y las vidas de los ciu­da­da­nos de ambos paí­ses hay que pro­te­ger­las de igual modo ‑con bom­bas, le fal­tó aña­dir. Y aña­dió este gali­ma­tías, digno de su Gene­ral en Jefe Bush: “La liber­tad de los que quie­ren ser libres en un país es la mis­ma de los que quie­ren ser libres en otro país. Las vidas que tie­nen que ser pro­te­gi­das en un país son las mis­mas que tie­nen que ser pro­te­gi­das en otro país.”

Aun­que no men­cio­nó a Iraq, país toda­vía ocu­pa­do por EEUU gra­cias a sus esfuer­zos, ha indi­ca­do que cuan­do se tie­ne que tomar la “difí­cil” deci­sión de inter­ve­nir en un país, tie­ne que hacer­se “para que pue­dan evi­tar­se males mayo­res”.

Eso sí, ha sub­ra­ya­do que tam­bién hay que decir “cuá­les son las con­se­cuen­cias de no actuar con toda la deci­sión y deter­mi­na­ción” por­que cuan­do se habla de pro­te­ger vidas civi­les, ha pro­se­gui­do, lo que no se pue­de hacer es una polí­ti­ca que per­mi­ta seguir en el poder a aque­llos que “ame­na­zan la liber­tad de esos civi­les”.

Final­men­te, y en refe­ren­cia a la inter­ven­ción de la coa­li­ción inter­na­cio­nal en Libia, ha ase­gu­ra­do que en este momen­to hay “muchas cosas que depen­den del acier­to de mucha gen­te”. “Yo deseo que se pro­duz­ca ese acier­to”, ha apos­ti­lla­do.

Aznar olvi­dó recor­dar, por cier­to, que él fue quien le abrió las puer­tas de Euro­pa a Gada­fi, quien has­ta las revuel­tas en el Medio Orien­te era su ami­go. El füh­rer­ci­to visi­tó Trí­po­lí en 2003, encan­ta­do con Mua­mar el Gada­fi, quien le rega­ló un caba­llo de raza ára­be al que le die­ron el nom­bre de “El rayo del líder”. Ade­más de fas­cis­ta, el espa­ñol es un hipó­cri­ta trai­dor­zue­lo.

Mal rayo lo par­ta, al ani­mal, y no al pobre equino que se le ve en la foto bas­tan­te azo­ra­do.

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