Libia: Los que hablan de «huma­ni­dad»

La ONU es una ins­ti­tu­ción autó­cra­ta y la misión inter­na­cio­nal en Libia se lle­va a cabo en menos­pre­cio del tan mani­do artícu­lo 7 de la Car­ta de Nacio­nes Uni­das. Entre­vis­ta con el filó­so­fo ita­liano del Dere­cho Dani­lo Zolo. Tra­du­ci­do por Gor­ka Larrabeiti

En Libia la comu­ni­dad inter­na­cio­nal, por una vez, ha actua­do con rapi­dez y unión.

La expre­sión “comu­ni­dad inter­na­cio­nal” care­ce por com­ple­to de sen­ti­do. Las Nacio­nes Uni­das no expre­san los deseos de nin­gu­na “comu­ni­dad” ya que son una ins­ti­tu­ción autó­cra­ti­ca que no repre­sen­ta en abso­lu­to a los pue­blos del mun­do y que atri­bu­ye el poder polí­ti­co y mili­tar a las cin­co poten­cias que ven­cie­ron en la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Hoy, de hecho, el poder de deci­sión en el seno del Con­se­jo de Segu­ri­dad es un pri­vi­le­gio de los Esta­dos Uni­dos de Amé­ri­ca, que usan cons­tan­te­men­te su “dere­cho de veto” para que pre­va­lez­can sus intere­ses. En cuan­to a la Reso­lu­ción 1973 del 17 de mar­zo en la que se deci­de la inter­ven­ción mili­tar con­tra Libia, ha de decir­se que la desea­ban, ade­más de los Esta­dos Uni­dos, otros dos paí­ses occi­den­ta­les alia­dos suyos, Fran­cia y Gran Bre­ta­ña, mien­tras que Ale­ma­nia, Rusia, India, Chi­na y Bra­sil se abs­tu­vie­ron y lue­go, aun­que de modo tar­dío, repro­ba­ron la agre­sión san­gui­na­ria que des­en­ca­de­na­ron Fran­cia, Ingla­te­rra y Esta­dos Uni­dos con­tra el pue­blo libio en nom­bre de la tute­la de los dere­chos huma­nos. Una autén­ti­ca impos­tu­ra, tar­día y cri­mi­nal al mis­mo tiem­po, en la que se man­chó las manos tam­bién el gobierno italiano.

Pero el Con­se­jo de Segu­ri­dad tie­ne potes­tad para inter­ve­nir. Suya es la res­pon­sa­bi­li­dad prin­ci­pal ‑dice el Esta­tu­to de Nacio­nes Uni­das- para el man­te­ni­mien­to de la paz y la seguridad.

Este es un pun­to cru­cial, deli­ca­dí­si­mo. Ten­ga pre­sen­te que el pun­to 7 del artícu­lo 2 de la Car­ta de las Nacio­nes Uni­das esta­ble­ce que “Nin­gu­na dis­po­si­ción de esta Car­ta auto­ri­za­rá a las Nacio­nes Uni­das a inter­ve­nir en los asun­tos que son esen­cial­men­te de la juris­dic­ción inter­na de los Esta­dos”. Por tan­to, es indis­cu­ti­ble que la gue­rra civil de com­pe­ten­cia inter­na de Libia no era un suce­so del que pudie­ra ocu­par­se mili­tar­men­te el Con­se­jo de Segu­ri­dad. Ade­más de esto, el artícu­lo 39 de la Car­ta de Nacio­nes Uni­das pre­vé que el Con­se­jo de Segu­ri­dad pue­da auto­ri­zar el uso de la fuer­za mili­tar sólo des­pués de haber com­pro­ba­do la exis­ten­cia de una ame­na­za inter­na­cio­nal a la paz, de un que­bran­ta­mien­to de la paz o de un acto de agre­sión (de un Esta­do con­tra otro Esta­do). Esta es, pues, una segun­da razón por la que la reso­lu­ción 1973 del Con­se­jo de Segu­ri­dad resul­ta ile­gal, ya que nadie pue­de pen­sar que la gue­rra civil en Libia resul­te una ame­na­za inter­na­cio­nal con­tra la paz.

Sin embar­go, los tiem­pos cam­bian. Esta es una inter­ven­ción para apo­yar a quie­nes se baten por la liber­tad y la demo­cra­cia. Los dere­chos huma­nos no pue­den con­si­de­rar­se una cues­tión inter­na de los Estados.

Des­de lue­go. Los tiem­pos cam­bian y debe­ría cam­biar tam­bién el Esta­tu­to de las Nacio­nes Uni­das atri­bu­yen­do a la Asam­blea Gene­ral, al Con­se­jo de Segu­ri­dad y al Tri­bu­nal Inter­na­cio­nal de Jus­ti­cia otras fun­cio­nes bien dis­tin­tas, más pró­xi­mas a los valo­res que se pre­ten­de que pre­va­lez­can, como por ejem­plo, la liber­tad, la demo­cra­cia y la igual­dad. Pero está cla­ro que las gran­des poten­cias, empe­zan­do por los Esta­dos Uni­dos no tie­nen el más míni­mo inte­rés ‑por con­si­guien­te, nin­gu­na inten­ción- de renun­ciar a los pri­vi­le­gios de los que gozan actual­men­te. Los Esta­dos Uni­dos lle­van unos vein­te años emplean­do su dere­cho de veto con­tra cual­quier pro­pues­ta del Con­se­jo de Segu­ri­dad que ellos con­si­de­ren míni­ma­men­te des­fa­vo­ra­ble. Está cla­ro que no acep­ta­rán jamás una refor­ma de las Nacio­nes Uni­das que dis­mi­nu­ya en lo más míni­mo sus pri­vi­le­gios. En cuan­to a los dere­chos huma­nos, no está cla­ro en qué con­sis­ten con­cre­ta­men­te, pues la Decla­ra­ción Uni­ver­sal de los Dere­chos Huma­nos de 1948 es hoy por hoy un tro­zo de papel moja­do sin la más míni­ma efi­ca­cia nor­ma­ti­va. Aun­que estu­vie­ra total­men­te cla­ro en qué con­sis­ten los “dere­chos huma­nos”, la atri­bu­ción a un orga­nis­mo uni­ta­rio y cen­tra­li­za­do la tarea defen­der­los y fomen­tar­los daría ori­gen a un estruc­tu­ra cos­mo­po­li­ta abso­lu­ta­men­te ingo­ber­na­ble de no ser median­te la violencia.

Pero Gad­da­fi es cul­pa­ble de crí­me­nes con­tra la huma­ni­dad. Aca­ba­rá ante la Cor­te Penal Internacional.

Gad­da­fi no es cul­pa­ble de crí­me­nes con­tra la huma­ni­dad, al menos a la luz de los esta­tu­tos de los Tri­bu­na­les pena­les inter­na­cio­na­les ad hoc y de la pro­pia Cor­te Penal Inter­na­cio­nal. Muy pro­ba­ble­men­te es res­pon­sa­ble de una ges­tión auto­ri­ta­ria, anti­de­mo­crá­ti­ca y vio­len­ta de Libia, lo mis­mo que la gran mayo­ría de los Esta­dos que for­man par­te de las Nacio­nes Uni­das, empe­zan­do por los Esta­dos Uni­dos: bas­ta con pen­sar en los crí­me­nes infa­mes que come­tie­ron en Abu Ghraib, Bagram o Guan­tá­na­mo y los que siguen come­tien­do en Afga­nis­tán. El Fis­cal jefe de la Cor­te Penal Inter­na­cio­nal, Moreno Ocam­po, es un imbé­cil a las órde­nes de las gran­des poten­cias: tal vez pue­da orga­ni­zar un pro­ce­so con­tra Gad­da­fi, si no matan a Gad­da­fi antes. Pero se tra­ta­rá de una pues­ta en esce­na irri­so­ria. Por otro lado, que­de cla­ro que no hay con­cep­to más vago y hui­di­zo que la noción de “crí­me­nes con­tra la humanidad”.

Paci­fis­tas como usted cri­ti­can, pero nun­ca pro­po­nen alternativas.

Que yo sea un paci­fis­ta inca­paz de pro­po­ner alter­na­ti­vas es una opi­nión per­so­nal suya que podría tener algún fun­da­men­to, pero que usted debe­ría demos­trar. Lo cier­to es que es bas­tan­te más fácil usar la vio­len­cia de las armas que empe­ñar­se en res­pe­tar el dere­cho a la vida de las per­so­nas y hacer que todos los hom­bres logren vivir una vida deco­ro­sa. Ten­go un gran res­pe­to por la figu­ra de un paci­fis­ta como Gandhi mien­tras que des­pre­cio con toda mi alma a un pre­si­den­te de los Esta­dos Uni­dos como Geor­ge Bush jr., que tie­ne las manos man­cha­das de san­gre de miles de per­so­nas cuya muer­te qui­so. La alter­na­ti­va a la gue­rra no es la paz abso­lu­ta, sino la empre­sa ardua y valien­te de redu­cir cuan­to se pue­da el empleo de armas, sobre todo las que, en manos de gran­des poten­cias, dan pie a matan­zas de miles de ino­cen­tes en pocas horas; por poner dos ejem­plos recien­tes: las masa­cres de Fallu­jah en Iraq y Gaza en Palestina.

Pea­ce Reporter

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