El «alma judía» de los sol­da­dos – Leva­na Frank

Ya al prin­ci­pio de su auto­bio­gra­fía: «La lie­bre de la Pata­go­nia», Clau­de Lanz­mann acla­ra que él se ha ali­nea­do con la «inter­mi­na­ble colum­na» de deca­pi­ta­dos, col­ga­dos, ase­si­na­dos, ahor­ca­dos a garro­te y tor­tu­ra­dos de la tie­rra. Es sen­si­ble a todos los dolo­res y sufri­mien­tos del mun­do, a todas las tira­nías; la pena de muer­te y la gui­llo­ti­na son tema en su vida. Con­de­na todo uso de la vio­len­cia. Aun cuan­do Lanz­mann atri­bu­ye a su com­pro­mi­so con la lucha inde­pen­den­tis­ta de Arge­lia y a su perio­do anti­co­lo­nial sólo una impor­tan­cia menor, sin embar­go exi­ge asu­mir el papel del inte­lec­tual, com­pro­me­ti­do siem­pre y del lado de los con­de­na­dos de la tie­rra. Al igual que Lanz­mann se posi­cio­na tam­bién el sobre­vi­vien­te al holo­caus­to y pre­mio Nóbel de la Paz, Elie Wie­sel, como defen­sor supre­mo de los dere­chos huma­nos y de los opri­mi­dos de todo el mun­do, sobre todo de los niños mal­tra­ta­dos.

Sin embar­go res­pec­to a Israel el com­por­ta­mien­to de ambos es dis­tin­to. El hecho colo­nial ya no es colo­nial y Lanz­mann no insis­te tan­to en la con­de­na de la vio­len­cia cuan­to en la exi­gen­cia de una reapro­pia­ción de la vio­len­cia. Esta con­tra­dic­ción o apli­ca­ción de una doble regla pro­du­ce sor­pre­sa y extra­ñe­za, Pero «La lie­bre de la Pata­go­nia» sor­pren­de sobre todo por la exa­ge­ra­da ado­ra­ción que el autor ofre­ce y sien­te por las fuer­zas arma­das. Tan­to Lanz­mann como Elie Wie­sel fue­ron auto­ri­za­dos a volar en un avión de com­ba­te F‑16. Recuer­da a los ofi­cia­les, pilo­tos y a los téc­ni­cos, recuer­da la «pro­fun­di­dad huma­na y hones­ta de su fuer­za; jun­to a ellos me sen­tía inclu­so más inven­ci­ble que ellos». Mien­tras roda­ba la pelí­cu­la «Tsahal»[i] sobre el ejér­ci­to israe­lí Lanz­mann pudo, asi­mis­mo, medir todo el poten­cial israe­lí de infan­te­ría, arti­lle­ría, de la mari­na y del ejér­ci­to del aire. Cuen­ta que los mis­mos pilo­tos le con­du­je­ron en un «Phan­tom» y en un F‑16, supo­nien­do el vue­lo en el últi­mo para él la «coro­na­ción», el cénit de su carre­ra aérea. A bor­do del F‑16 Lanz­mann pudo son­dear sus limi­tes, pudo cons­ta­tar dón­de se halla su pun­to «G», expe­ri­men­tó su resis­ten­cia al des­ma­yo. La expe­rien­cia y su visión como espec­ta­dor de un arse­nal seme­jan­te le depa­ró un gran pla­cer, como el que sien­te un niño divir­tién­do­se en el par­que Luna

Pena de muer­te sin jui­cio

¿Pero el F‑16 no es un ins­tru­men­to de muer­te bas­tan­te más efi­cien­te, si bien más impre­ci­so, que el tajo de la gui­llo­ti­na? Ni una pala­bra, ni una refe­ren­cia sobre la pena de muer­te sin jui­cio, que a dia­rio se apli­ca a las víc­ti­mas de los F‑16 israe­li­tas, con fre­cuen­cia niños, muje­res y ancia­nos. Lanz­mann no se detie­ne ni por un momen­to en aque­llos que sir­ven como dia­na a esta for­ce de frap­pe, a todo este arse­nal. Aun cuan­do él sería capaz de enfren­tar­se al des­ma­yo, al «velo negro», no ha sido capaz de ver a tra­vés del velo, su mira­da no se posó ni una sola vez en el sufri­mien­to que cau­sa todo ese arse­nal, todo ese ejer­ci­to, con­si­de­ra­do el más poten­te del Orien­te Medio. Median­te el tele­ob­je­ti­vo de las bom­bas de un F‑16 es impo­si­ble reco­no­cer de hecho la terri­ble angus­tia de la gen­te. Tan solo se sien­te «una peque­ña sacu­di­da en el extre­mo”, según pala­bras del enton­ces jefe del ejér­ci­to del aire, el jefe del Esta­do Mayor Dan Halutz. Que era quien orde­na­ba que un F‑16 debía arro­jar su bom­ba de una tone­la­da de peso sobre Salah Schaha­de del diri­gen­te de Hamas, cau­san­do la muer­te de 14 civi­les, entre ellos dos lac­tan­tes y seis niños entre tres y once años. No se recuer­da que Lanz­mann o Elie Wie­sel hubie­sen lamen­ta­do el ase­si­na­to sin sen­ti­do de estos civi­les, ni en este ni en nin­gún otro caso. Lanz­mann diri­ge la mira­da del lec­tor sobre la lie­bre de la Pata­go­nia, atra­pa­da por los focos de un coche allí lejos, en la otra par­te del mun­do, esta lie­bre pare­ce cau­sar más impre­sión que la pér­di­da de vidas huma­nas, la de aque­llos civi­les ino­cen­tes muer­tos y las­ti­ma­dos por los dis­pa­ros y la metra­lla de los tan­ques, avio­nes y todo ese arse­nal ató­mi­co de Tsahal, que a él tan­to le fas­ci­na.

Pecu­lia­ri­da­des judías

¿Cómo se debe enten­der este silen­cio? En «La lie­bre de la Pata­go­nia» Lanz­mann dedi­ca lar­gos párra­fos a la pecu­lia­ri­dad judía del ejer­ci­to israe­lí, cuyos jóve­nes com­ba­tien­tes «en su esen­cia siguen sien­do como sus padres», es decir las víc­ti­mas judías de la Schoa y de todas las épo­cas. Sigue escri­bien­do que «Tsahal” no es un ejér­ci­to como los demás, y en la rela­ción de los sol­da­dos de Israel con la vida y la muer­te se pue­de per­ci­bir toda­vía con gran fuer­za el eco, en modo alguno dis­tan­te, de las pala­bras de Sal­men Lewen­tal (miem­bro de un coman­do espe­cial de Ausch­witz, L.F.): … «Los sol­da­dos israe­líes no lle­van la vio­len­cia en la san­gre», los «para­cai­dis­tas israe­líes no son como los fran­ce­ses…».

La prue­ba de todo ello ve Lanz­mann en que pue­den lle­var pelo lar­go, el pelo garan­ti­za el huma­nis­mo y la éti­ca típi­ca de los sol­da­dos-filó­so­fos del ejér­ci­to, que él mues­tra en la pan­ta­lla. Quien ha vis­to «Tsahal» recuer­da sin duda al sol­da­do con gafas, al inte­lec­tual en uni­for­me con­du­cien­do el tan­que con un libro en la mano. ¡Y, cla­ro, si Lanz­mann le mues­tra así en su pelí­cu­la es que es lo que ocu­rre en la vida real! ¡Menu­do argu­men­to bara­to! Y lo mis­mo que Lanz­mann tam­bién de modo pare­ci­do defien­de Elie Wie­sel el «alma judía» de los sol­da­dos de Tsahal, que siguen sien­do inmu­nes y con­tra­rios a la men­ta­li­dad del con­quis­ta­dor a lo lar­go de la lar­ga his­to­ria judía de per­se­cu­cio­nes. Lanz­mann se equi­vo­ca al menos en lo refe­ren­te al pelo. Todo israe­lí, que ha hecho la mili en Israel sabe que el pri­mer regis­tro, del que nin­gún reclu­ta se libra, supo­ne inevi­ta­ble­men­te el cor­te de pelo. Qui­zá Tsahal no exi­ge la cabe­za afei­ta­da o total­men­te rapa­da pero se orde­na y pres­cri­be el cor­te de pelo por un tema de uni­for­mi­dad y no de mas­cu­li­ni­dad. La úni­ca excep­ción de la regla son los reser­vis­tas. Por con­si­guien­te, Lanz­mann tuvo que fil­mar reser­vis­tas. Pero con o sin pelo el ejér­ci­to israe­lí en nada se dis­tin­gue de los demás ejér­ci­tos del mun­do, cuya fun­ción es la uti­li­za­ción y el ejer­ci­cio de la vio­len­cia. Y cabe pre­gun­tar­se si el cré­di­to moral, que el Tsahal obtie­ne en nom­bre de un pasa­do vic­ti­mal y de una fun­ción inte­lec­tual inven­ta­da, con sede en París o New York, no les ha ani­ma­do y lan­za­do al des­ca­rri­la­mien­to. A menu­do los ana­lí­ti­cos son gen­te reza­ga­da, ren­quean detrás de las gue­rras. En el caso que nos ocu­pa son reza­ga­dos y ren­quean­tes res­pec­to al dolor y sufri­mien­to.

Un míni­mo de cohe­ren­cia

Elie Wie­sel sobre­vi­vió a Ausch­witz y des­de la publi­ca­ción de «La Nuit» (1958) ha dado per­ma­nen­te­men­te tes­ti­mo­nio de las víc­ti­mas y ha defen­di­do a Israel. Clau­de Lanz­mann ha dedi­ca­do su obra como direc­tor de cine a la Schoa[ii] y a la defen­sa de Israel. Ambos unen la Schoa y el des­tino de Israel. Y aun­que ambos fue­ron emba­ja­do­res de Israel en el extran­je­ro, han pre­fe­ri­do New York y París al borras­co­so Orien­te Medio. ¡No es para echar­les en cara por ello! Pero como inte­lec­tua­les se les debe exi­gir un míni­mo de cohe­ren­cia, ya que el res­pe­to de los dere­chos huma­nos y el recuer­do de las per­se­cu­cio­nes resul­tan difí­cil­men­te con­ci­lia­bles y com­pa­ti­bles con la expro­pia­ción y la repre­sión, que se prac­ti­ca en las zonas ocu­pa­das de Israel.

Para­dó­ji­ca­men­te el recuer­do de la Schoa ha con­tri­bui­do sin duda a esta situa­ción. En este sen­ti­do las reve­la­cio­nes de Clau­de Lanz­mann en «La lie­bre de la Pata­go­nia» son ilus­tra­ti­vas. Lanz­mann admi­te que «los israe­li­tas, cuan­do apa­re­ció su pelí­cu­la «Por qué Israel», le ofre­cie­ron rodar un fil­me sobre la Schoa”. Ellos fue­ron los ini­cia­do­res y asu­mie­ron la finan­cia­ción, has­ta que deci­die­ron no inver­tir ni un dólar más des­pués de haber paga­do un millón de dóla­res USA, lo que supo­nía menos de una déci­ma par­te del pre­su­pues­to.

La segun­da refe­ren­cia a «Schoa» apa­re­ce en el libro lue­go de una digre­sión sobre la épo­ca de Sar­tre-Beau­voir, una excur­sión de 18 años. «Mi ami­go Alouf Hare­ven, direc­tor del depar­ta­men­to de Asun­tos Exte­rio­res israe­lí», pro­pu­so a Lanz­mann lle­var a cabo una pelí­cu­la sobre la Schoa «des­de la pers­pec­ti­va judía». Cabe pre­gun­tar­se por qué el Minis­te­rio de Asun­tos Exte­rio­res se intere­só por la pro­duc­ción de una pelí­cu­la sobre la Schoa y no así el Minis­te­rio de For­ma­ción o el de Cul­tu­ra, y tam­bién cabe pre­gun­tar­se qué depar­ta­men­to diri­gía Alouf Hare­ven. Alouf Hare­ven esta­ba al fren­te del depar­ta­men­to de Infor­ma­ción en el Minis­te­rio de Asun­tos Exte­rio­res, que hoy ya no exis­te. Este depar­ta­men­to tenía, como tarea, expli­car al mun­do las razo­nes y fun­da­men­tos de la polí­ti­ca israe­lí, en el caso que nos ocu­pa la con­tro­ver­ti­da ocu­pa­ción de los terri­to­rios con­quis­ta­dos en 1967.

Pero la con­tri­bu­ción ins­ti­tu­cio­nal de Israel a esta pro­duc­ción de «Schoa» no solo se redu­ce al Minis­te­rio de Asun­tos Exte­rio­res. El gabi­ne­te del pri­mer minis­tro Mena­chem Begin sus­ti­tu­yó de hecho en 1977 el Minis­te­rio, como escri­be Lanz­mann. En ade­lan­te Lanz­mann fue alec­cio­na­do y guia­do en sus inda­ga­cio­nes por un «comi­té cien­tí­fi­co” bajo la pre­si­den­cia de Yehu­da Bauer, pro­fe­sor de his­to­ria judía y enten­di­do en la «Solu­ción final de Che­cos­lo­va­quia». Era y sigue sien­do uno de los his­to­ria­do­res espe­cia­lis­tas de la Schoa y reco­no­ci­do como una de las auto­ri­da­des israe­líes en este cam­po. Fue miem­bro del comi­té his­tó­ri­co de Yad Vashem[iii], el Ins­ti­tu­to esta­tal y de la memo­ria, cuya fun­ción es pro­mo­cio­nar el recuer­do ofi­cial del país. Yad Vashem puso a dis­po­si­ción de Lanz­mann una ofi­ci­na y un gru­po de ayu­dan­tes y docu­men­ta­lis­tas y la ciu­dad de Jeru­sa­lén un piso para faci­li­tar­le las lar­gas estan­cias en Israel.

Recuer­do con­ve­ni­do

Lanz­mann trans­mi­te al lec­tor una par­te de estos datos, pero de mane­ra difu­sa, sin resal­tar la coor­di­na­ción, esfuer­zo y osten­ta­ción ins­ti­tu­cio­nal, que las auto­ri­da­des israe­líes han pues­to en la pro­duc­ción. La infor­ma­ción trans­mi­ti­da por él tien­de a minus­va­lo­rar y des­leír el aspec­to de encar­go ofi­cial en el recuer­do del esta­do de Israel. Este recuer­do que­da fija­do en el film «Schoa», que solo men­cio­na las víc­ti­mas judías y tras­la­da y car­ga en el haber del esta­do de Israel lo sacral de los cam­pos de la muer­te en Polo­nia, con­vir­tien­do el esta­do de Israel en un esta­do de las víc­ti­mas o en un esta­do-víc­ti­ma, lo que fun­da­men­ta la anor­ma­li­dad de Israel, recla­ma­da por Lanz­mann. La pecu­lia­ri­dad del recuer­do judío de la Schoa sub­ra­ya la par­ti­cu­la­ri­dad del esta­do de Israel, con­ce­dién­do­le u otor­gán­do­le a éste el sta­tus de inmu­ni­dad. Hay que indi­car que la crea­ción de un esta­do sobe­rano en Israel en ori­gen esta­ba des­ti­na­da a corre­gir la ano­ma­lía estruc­tu­ral del pue­blo judío. La reac­ti­va­ción del con­cep­to de anor­ma­li­dad del esta­do hebreo cues­tio­na la esen­cia del pro­yec­to nacio­nal.

En el año 1974 se le encar­gó tam­bién a este mis­mo depar­ta­men­to de Infor­ma­ción del Minis­te­rio de Asun­tos Exte­rio­res israe­lí la divul­ga­ción de otra pelí­cu­la sobre la Schoa: “El 81 gol­pe” de Haïm Gou­ri, David Berg­mann y Jac­quot Ehr­lich, una pro­duc­ción israe­li­ta de la Casa de los com­ba­tien­tes del ghet­to (“Beit Loha­mei haGeta´ot”[iv]). Por con­si­guien­te con la divul­ga­ción de “El 81 gol­pe” y con el apo­yo de la pro­duc­ción de «Schoa» el Minis­te­rio de Asun­tos Exte­rio­res fue mucho lo que invir­tió en el recuer­do de la Schoa, pero con un obje­ti­vo que iba bas­tan­te más allá que el recuer­do del ase­si­na­to de víc­ti­mas judías duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial. El recuer­do de la Schoa se implan­tó y entro­ni­zó por razo­nes de esta­do, por razo­nes de polí­ti­ca exte­rior, para pro­lon­gar la ocu­pa­ción israe­lí y jus­ti­fi­car la colo­ni­za­ción de los terri­to­rios ocu­pa­dos. Por des­gra­cia tras la colo­ni­za­ción y el recha­zo de una solu­ción polí­ti­ca se mag­ni­fi­ca el ins­tru­men­to de la repre­sión: el “Tsahal”.

Elie Wie­sel escri­bió en sus memo­rias, «…antes se cele­bra­ba el inge­nio cul­tu­ral y cien­tí­fi­co de los judíos; hoy cau­sa admi­ra­ción su fuer­za». Sólo cabe lamen­tar que inclu­so inte­lec­tua­les, que tra­ba­jan por los dere­chos huma­nos, no sean capa­ces de opo­ner­se al poder de admi­ra­ción de esta fuer­za arma­da y per­mi­tan que la vio­len­cia sus­ti­tu­ya el inge­nio y la sabi­du­ría anti­gua.


[i] Tsahal, acró­ni­mo de Tsva Haha­ga­na LeYis­rael, fuer­zas arma­das de Israel.

[ii] Shoa, holo­caus­to. El rea­li­za­dor fran­cés, Clau­de Lanz­mann estre­nó en 1985 un lar­go docu­men­tal de 9 horas de dura­ción sobre la Schoa, que reco­ge tes­ti­mo­nios de víc­ti­mas y ver­du­gos del exter­mi­nio judío duran­te la Segun­da Gue­rra.

[iii]Yad Vashem, es la ins­ti­tu­ción ofi­cial israe­lí, cons­ti­tui­da en memo­ria de las víc­ti­mas del holo­caus­to judío.

[iv]Casa de los com­ba­tien­tes del ghet­to, en hebreo Beit Locha­mei haGeta´ot, se fun­dó en 1949 por miem­bros del kibutz Locha­mei haGeta´ot, una comu­ni­dad de super­vi­vien­tes del holo­caus­to.

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