Los bufo­nes se divier­ten – Jon Odrio­zo­la

No me pro­po­nía escri­bir sobre las últi­mas decla­ra­cio­nes de Fer­nan­do Sava­ter por­que lo auto­rre­tra­tan, lo que algu­nos vete­ra­nos del Viet­nam ya sabía­mos. Que diga que se ha «diver­ti­do» con el «terro­ris­mo» y que ello le ha «reju­ve­ne­ci­do» demues­tra la mor­bi­dez de quien se reci­be de cate­drá­ti­co de Éti­ca y no un vul­gar ras­ta­cue­ro. Lo pone fácil, pero no abu­sa­ré. Lo que no deja de sor­pren­der­me es su eros­tra­tis­mo, es decir, su extre­ma sober­bia que se figu­ra pre­rro­ga­ti­va impu­ne dicien­do en públi­co lo que pien­sa en pri­va­do, lo cual, en cier­to modo, tie­ne su méri­to. Sava­ter no ha men­ti­do, al mar­gen de las náu­seas. A lo sumo, cali­bran­do los efec­tos de sus amo­ra­les decla­ra­cio­nes, «mati­za». Pero jamás se arre­pen­ti­rá o sufri­rá come­zón o cul­pa, sen­ti­mien­tos éstos, como diría su admi­ra­do Nietz­sche (o Cio­ran), pro­pios de «resen­ti­dos» y gen­te vil. Des­cen­dió de su olim­po para enre­dar­se en los pro­sai­cos «asun­tos huma­nos», olvi­dan­do dedi­car­se a sus «libri­tos», para con­cluir, lúdi­ca­men­te, depor­ti­va­men­te, como quien ve des­de la tri­bu­na de Epsom el Grand Natio­nal (carre­ra de caba­llos que le chi­fla), que se ha «diver­ti­do» y, enci­ma, como Dorian Grey, ha «reju­ve­ne­ci­do». El nene está con­ten­to. Y se ríe con esas fau­ces.

El micró­fono se ha reve­la­do un ins­tru­men­to de doble filo, pues no es lo mis­mo que esté en on que en off. O que su usua­rio crea que esté abier­to o cerra­do. Pue­de jugar­te malas pasa­das. Le pasó a Rajoy cuan­do dijo (le pilla­ron) ‑pen­san­do que el micro esta­ba cerra­do y ya no se le oía- que ir al des­fi­le mili­tar era un «coña­zo». Igual que la diplo­ma­cia secre­ta del anti­guo régi­men don­de no había micró­fo­nos ni perio­dis­tas. Ni pue­blo ni públi­co. No es nece­sa­ria­men­te así, por supues­to, pero es sin­to­má­ti­co. El off the record es más real que lo dicho abier­ta­men­te. La «reali­dad» se cons­tru­ye y «lo real» se dice a puer­tas cerra­das. Y sin micró­fo­nos. Ima­gi­ne el lec­tor o lec­to­ra una rue­da de pren­sa don­de un líder habla ante una nube de micró­fo­nos. Podrían estar todos apa­ga­dos y no habría mayor trans­cen­den­cia. Bas­ta­ría con que sólo uno estu­vie­ra abier­to para que suce­die­ra algo, pero sólo a con­di­ción de que nues­tro lider­ci­to la die­ra por con­clui­da y pen­sa­ra que tam­bién ese uno estu­vie­ra en off. Natu­ral­men­te, exa­ge­ro, es posi­ble… Zapla­na dijo que «se metió en polí­ti­ca» para «forrar­se», pen­san­do que los micró­fo­nos esta­ban mudos. Algo que a Sava­ter le da igual. Como buen sofis­ta, siem­pre encon­tra­rá una sali­da a sus abun­do­si­da­des. Y que me per­do­nen los sofis­tas grie­gos clá­si­cos.

Fina­li­za­ré con una con­go­ja que me atri­bu­la. ¿Qué va a pasar con toda la recua de «pro­fe­sio­na­les» mas­me­diá­ti­cos «exper­tos en anti­te­rro­ris­mo» cuan­do esto se aca­be? ¿Verán reba­ja­dos sus emo­lu­men­tos? ¿Será sen­si­ble el Esta­do a su con­di­ción de víc­ti­mas de las víc­ti­mas de las víc­ti­mas? ¿Recla­ma­rán sus «méri­tos» como aban­de­ra­dos de la lucha con­tra el terro­ris­mo si se ven nin­gu­nea­dos? ¿Qué ocu­rri­rá cuan­do la «indus­tria del anti­te­rro­ris­mo», ese filón para tan­to mer­ce­na­rio de la plu­ma y del micro, se ter­mi­ne? A Sava­ter siem­pre le que­da­rán sus «libri­tos».

Fuen­te: Gara

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