Bea­triz Etxe­ba­rria, Iñi­go Zapi­rain, Daniel Pas­tor y Lore­na López rela­tan un caso de vio­la­ción y gra­ves chan­ta­jes

Oiha­na LLORENTE – Gara

Bea­triz Etxe­ba­rria, Iñi­go Zapi­rain, Daniel Pas­tor y Lore­na López se recu­pe­ran en el módu­lo de ais­la­mien­to de la cár­cel de Soto del Real del tra­to pade­ci­do a manos de la Guar­dia Civil. Ayer, vein­ti­cua­tro horas des­pués de aban­do­nar el cuar­tel de Tres Can­tos, pudie­ron estar de nue­vo con su abo­ga­do de con­fian­za, al que le rela­ta­ron de for­ma más sose­ga­da las duras sesio­nes de tor­tu­ras físi­cas y sico­ló­gi­cas sufri­das.

El aco­so sexual ha vuel­to a ser emplea­do en este ope­ra­ti­vo poli­cial, espe­cial­men­te con­tra Etxe­ba­rria, que denun­ció haber sido vio­la­da median­te la intro­duc­ción de un palo en su cuer­po. Rela­tó a su letra­do que la subie­ron com­ple­ta­men­te des­nu­da a un tabu­re­te don­de le espar­cie­ron vase­li­na en el ano y en la vagi­na, y le intro­du­je­ron un palo.

La joven viz­cai­na indi­có que le arre­ba­ta­ron la ropa de for­ma reite­ra­da, y que en una oca­sión le echa­ron agua fría sobre su cuer­po des­nu­do. Etxe­ba­rria, como el res­to, per­ma­ne­ció todo el perio­do de inco­mu­ni­ca­ción con un anti­faz y denun­cia que, mien­tras le echa­ban agua en las manos, escu­cha­ba un rui­do que simu­la­ban ser elec­tro­dos.

A Pas­tor tam­bién lo ame­na­za­ron con el empleo de estas des­car­gas eléc­tri­cas, según denun­ció, y su letra­do, Alfon­tso Zenon, com­pro­bó ayer los res­tos que el pega­men­to de los par­ches han deja­do en su cuer­po.

La apli­ca­ción de «la bol­sa» tam­bién fue denun­cia­da por Etxe­ba­rria y Zapi­rain; a este últi­mo inclu­so se la apli­ca­ron de camino a la Audien­cia Nacio­nal para que allí se rati­fi­ca­ra.

Los arres­ta­dos, a excep­ción de López, que refi­rió un tra­to mejor, denun­cia­ron que las ame­na­zas con sus fami­lias, con el empleo de dis­tin­tos méto­dos de tor­tu­ra y con que no iban a salir vivos ha sido cons­tan­te. Pas­tor des­ta­có que las ame­na­zas con­tra su per­so­na no para­ron ni ante las enfer­me­ras del hos­pi­tal, al que fue tras­la­da­do en dos oca­sio­nes, ni en los cala­bo­zos de la Audien­cia Nacio­nal, don­de los agen­tes de la Guar­dia Civil pedían a los poli­cías espa­ño­les que cus­to­dian estos cala­bo­zos que les deja­ran pasar.

Según los cua­tro viz­cai­noa, más vio­len­to fue aún el chan­ta­je que sufrie­ron con sus com­pa­ñe­ras y com­pa­ñe­ros sen­ti­men­ta­les, ‑los cua­tro dete­ni­dos for­ma­ban dos pare­jas-.

Zenon recal­có a GARA que en el mis­mo cuar­tel estu­vie­ron todos muy cer­ca, por lo que escu­cha­ban en todo momen­to los gri­tos, llo­ros e inclu­so los vómi­tos del res­to. López ade­más, oía cómo Pas­tor, su pare­ja, se gol­pea­ba con­tra la pared y cómo era tras­la­da­do al hos­pi­tal.

Pese a que sue­le ser habi­tual escu­char algo en los cala­bo­zos ale­da­ños, el letra­do remar­ca que no lo es tan­to oir lo que ocu­rre con tan­ta niti­dez. En el caso de López y Pas­tor, los guar­dias civi­les les deja­ron inclu­so estar jun­tos algu­nos minu­tos.

Zenon con­si­de­ró que este hecho res­pon­de a otra arti­ma­ña para pre­sio­nar a los dete­ni­dos. Cabe recor­dar que alu­dien­do estas pre­sio­nes sobre sus com­pa­ñe­ras sen­ti­men­ta­les Pas­tor lle­gó a auto­le­sio­nar­se en dos oca­sio­nes y que Zapi­rain rati­fi­có ante el juez la decla­ra­ción poli­cial. Ayer se cono­ció, ade­más, que debi­do a los gri­tos de Etxe­ba­rria, Zapi­rain sufrió varios ata­ques de ansie­dad y páni­co con gran dolor en el pecho.

Esta manio­bra de pre­sión es más espe­luz­nan­te en el caso de López, que mien­tras que el sába­do se cono­cía que la úni­ca acu­sa­ción que pesa sobre la joven se basa en com­par­tir con su com­pa­ñe­ro sen­ti­men­tal la vivien­da de Gal­da­kao, en la que des­pués halla­ron los explo­si­vos, GARA pudo saber ayer que ni si quie­ra este extre­mo es cier­to.

Arres­ta­da para pre­sio­nar

López sí fue arres­ta­da en Gal­da­kao, y no en Bil­bo como difun­die­ron las agen­cias de infor­ma­ción, pero se encon­tra­ba en casa de su com­pa­ñe­ro sen­ti­men­tal de mane­ra casual. Es más, ella com­pró hace esca­sos meses una vivien­da en la capi­tal viz­caí­na, en la que resi­de de for­ma habi­tual.

El hecho de que la úni­ca impu­tación con­tra ella sea fácil de des­mon­tar hace pen­sar que su pro­pio arres­to tenía como úni­co fin pre­sio­nar a Pas­tor.

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