Gada­fi, neo­li­be­ra­lis­mo, el FMI y los gobier­nos supues­ta­men­te defen­so­res de los dere­chos huma­nos – Vice­nç Nava­rro

Gada­fi no siem­pre fue lo que es (y ha sido) des­de hace ya años: un dic­ta­dor corrup­to y enor­me­men­te repre­si­vo. En reali­dad, en 1969, el Coro­nel Gada­fi, enton­ces tenía 27 años, lide­ró un gol­pe a ima­gen y seme­jan­za de su ído­lo, el Coro­nel Nas­ser en Egip­to, des­tro­nan­do al monar­ca Idris (que esta­ba bajo tra­ta­mien­to médi­co en Tur­quía). En sus pri­me­ros años hizo refor­mas sus­tan­cia­les, entre las que se encon­tra­ba una refor­ma agra­ria y la nacio­na­li­za­ción del petró­leo (mayor recur­so del país), dedi­can­do gran par­te de los recur­sos obte­ni­dos de la explo­ta­ción del petró­leo a mejo­rar sus­tan­cial­men­te el bien­es­tar social de las cla­ses popu­la­res y, muy en espe­cial, los ser­vi­cios de asis­ten­cia sani­ta­ria y edu­ca­ción. Esta­ble­ció tam­bién for­mas de par­ti­ci­pa­ción de los obre­ros en los luga­res de tra­ba­jo en las empre­sas (más de dos­cien­tas) que fue­ron nacio­na­li­za­das. Sus pri­me­ros años se carac­te­ri­za­ron tam­bién por un inter­ven­cio­nis­mo del esta­do en la eco­no­mía de aquel país, que incluía la nacio­na­li­za­ción del cré­di­to a tra­vés del Ban­co Cen­tral Esta­tal. Gada­fi pre­sen­tó aque­lla expe­rien­cia como la ter­ce­ra vía entre capi­ta­lis­mo y el socia­lis­mo, aso­cia­do enton­ces a la Unión Sovié­ti­ca.

Hubo, sin embar­go, nota­bles dife­ren­cias tam­bién entre Gada­fi y Nas­ser. Y una de ellas fue que a dife­ren­cia de Nas­ser, Gada­fi no que­ría esta­ble­cer un esta­do lai­co, sino islá­mi­co. Pero, en este inten­to se enfren­tó con un movi­mien­to islá­mi­co más radi­cal que inten­tó inclu­so ase­si­nar­le más tar­de en 1993. Esta corrien­te radi­cal tenía lazos con Al Qae­da, tam­bién influ­yen­te en Marrue­cos y Arge­lia. De ahí que Gada­fi fue­ra un enemi­go acé­rri­mo de Al Qae­da y que duran­te y des­pués del ata­que de Al Qae­da a las Torres Geme­las en Nue­va York, Gada­fi apo­ya­ra al gobierno Bush en su lucha con­tra el terro­ris­mo islá­mi­co. Vijay Prashad, en su ensa­yo The Lybian Laby­rinth, hace explí­ci­tas muchas refe­ren­cias favo­ra­bles que Gada­fi hizo a la polí­ti­ca del Pre­si­den­te Bush en con­tra del terro­ris­mo del radi­ca­lis­mo islá­mi­co. Fue enton­ces cuan­do el Pre­si­den­te Aznar aplau­dió a Gada­fi y su apo­yo a la gue­rra en con­tra del terro­ris­mo islá­mi­co del Pre­si­den­te Bush.

El cam­bio de su polí­ti­ca eco­nó­mi­ca

Su ter­ce­ra vía se trans­for­mó, más tar­de, en capi­ta­lis­mo popu­lar, desa­rro­llan­do polí­ti­cas públi­cas que cam­bia­ron sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te muchas de las refor­mas que había rea­li­za­do en los pri­me­ros años de su man­da­to. En muchos aspec­tos fue un giro de 180 gra­dos. Una de tales medi­das fue favo­re­cer la pri­va­ti­za­ción de las empre­sas pro­duc­to­ras y dis­tri­bui­do­ras de petró­leo, faci­li­tan­do y esti­mu­lan­do la inver­sión extran­je­ra, la cual alcan­zó su máxi­ma expre­sión en la déca­da de los noven­ta. El máxi­mo arqui­tec­to de estas medi­das pri­va­ti­za­do­ras de la indus­tria del petró­leo fue Sho­kri Gha­nem que fue pri­mer minis­tro del gobierno Gada­fi y diri­gía la pode­ro­sa Com­pa­ñía Nacio­nal del Petró­leo (Nacio­nal Oil Cor­po­ra­tion).

Las com­pa­ñías que se bene­fi­cia­ron de estas pri­va­ti­za­cio­nes esta­ban inclui­das en un amplio aba­ni­co, des­de Occi­den­tal Petro­leum, a Chi­na Nacio­nal Petro­leum. Ni que decir tie­ne que los gobier­nos occi­den­ta­les, y muy en espe­cial los euro­peos, com­pi­tie­ron para con­se­guir favo­res de Gada­fi. El gobierno de Blair inclu­so libe­ró a los res­pon­sa­bles del aten­ta­do terro­ris­ta del avión Pa Nam, que había ocu­rri­do en terri­to­rio bri­tá­ni­co y Ber­lus­co­ni reali­zó cam­pa­ñas de pro­mo­ción de Gada­fi que alcan­za­ron nive­les his­trió­ni­cos que el pre­si­den­te ita­liano jus­ti­fi­có indi­can­do que “la pre­ven­ción de la inmi­gra­ción ile­gal y el petró­leo” bien valían sus aga­sa­jos. Y para no ser menos el Pre­si­den­te Aznar pri­me­ro, segui­do del Pre­si­den­te Zapa­te­ro y del Monar­ca espa­ñol, todos ellos visi­ta­ron a Gada­fi con su lis­ta de rue­gos e inver­sio­nes.

Estas pri­va­ti­za­cio­nes alcan­za­ron a la mayo­ría de las empre­sas públi­cas, que rea­li­za­das den­tro de un sis­te­ma dic­ta­to­rial, fue­ron acom­pa­ña­das de una gran corrup­ción que enri­que­ció a los miem­bros de la fami­lia Gada­fi, y muy en espe­cial a uno de sus hijos que aspi­ra­ba a ser su suce­sor. Todos estos cam­bios pri­va­ti­za­do­res (que fue­ron ala­ba­dos por el enton­ces Pre­si­den­te Aznar) se hicie­ron bajo la super­vi­sión del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI) que, en su últi­mo infor­me, seña­la­ba el esta­do de la eco­no­mía de Libia como muy bueno. En reali­dad, como tam­bién había ocu­rri­do en Túnez y Egip­to, los indi­ca­do­res de cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co libios eran alta­men­te posi­ti­vos.

Lo que esta visión opti­mis­ta de la eco­no­mía libia igno­ra­ba y ocul­ta­ba es que tales medi­das, apo­ya­das por el FMI, esta­ban dañan­do muy seria­men­te a las cla­ses popu­la­res y a la cla­se tra­ba­ja­do­ra. Las medi­das neo­li­be­ra­les que deter­mi­na­ron la subi­da de los pre­cios de los ali­men­tos y la eli­mi­na­ción de los sub­si­dios públi­cos crea­ron revuel­tas que pre­ce­die­ron a la últi­ma movi­li­za­ción popu­lar. Y como en Túnez y Egip­to deter­mi­na­ron, por fin, que las cla­ses popu­la­res salie­ran a la calle, inten­tan­do for­zar la dimi­sión de Gada­fi y el final de su dic­ta­du­ra. En esta movi­li­za­ción coin­ci­den movi­mien­tos lai­cos jun­to con movi­mien­tos isla­mis­tas que son los que reci­ben mayor aten­ción de los medios de infor­ma­ción inter­na­cio­nal. Una vez más el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal, al pre­sio­nar a las éli­tes dic­ta­to­ria­les a lle­var a cabo polí­ti­cas de cla­ro cor­te neo­li­be­ral, esta­ban afec­tan­do nega­ti­va­men­te las difí­ci­les con­di­cio­nes que la pobla­ción libia tenía que pade­cer, for­zán­do­les a salir a la calle para pro­tes­tar y exi­gir al dic­ta­dor y a su cama­ri­lla corrup­ta el final del régi­men. Es intere­san­te, por cier­to, sub­ra­yar que una de las pri­me­ras medi­das que tomó la Jun­ta Mili­tar en Egip­to fue, ade­más de prohi­bir las huel­gas, aban­do­nar gran par­te de las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les que el FMI había exi­gi­do al gobierno Muba­rak.

Una últi­ma obser­va­ción. La mayo­ría de las armas y equi­pa­mien­tos de repre­sión que Gada­fi tie­ne a su dis­po­si­ción fue sumi­nis­tra­da por EEUU, Gran Bre­ta­ña (espe­cia­li­za­da en equi­pa­mien­to poli­cial), Fran­cia y Espa­ña. Como bien ha indi­ca­do Tarecq Amer en su ensa­yo “Oil, Arms and the Impe­rial Enter­pri­se in North Afri­ca”, hablar de Gada­fi es hablar de corrup­ción y armas para adqui­rir petró­leo por par­te de pode­res auto­de­fi­ni­dos como defen­so­res de los dere­chos huma­nos, inclu­yen­do Espa­ña.

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