Des­de hace más de 46 años están “matan­do” a las FARC-EP- Anncol

ANNCOL


Las mil y una muer­te del legen­da­rio Coman­dan­te en Jefe, Manuel Maru­lan­da se ins­cri­bie­ron en la memo­ria colec­ti­va de la lucha del pue­blo colom­biano. Cada pre­si­den­te, cada nue­vo Minis­tro de la Defen­sa se pose­sio­na­ba pro­me­tien­do la muer­te del gue­rri­lle­ro heroi­co. Todos sin excep­ción anun­cia­ron la nue­va muer­te en un par­te glo­rio­so de vic­to­ria, cre­yen­do que con su muer­te se moría tam­bién la gue­rri­lla mar­que­ta­lia­na. Empe­ro todos fra­ca­sa­ron y en cada muer­te anun­cia­da y pocas horas des­pués des­men­ti­da, se esfu­ma­ba la vic­to­ria efí­me­ra del régi­men que soña­ba con aca­bar la resis­ten­cia del pue­blo en armas.

Chucky San­tos anun­cia con el ros­tro ilu­mi­na­do con la luju­ria de la muer­te, que están cer­can al coman­dan­te Cano, San­tos sien­do fiel a su estir­pe y dán­do­le una línea de con­ti­nui­dad his­tó­ri­ca al sue­ño oli­gár­qui­co, cree que matan­do coman­dan­tes insur­gen­tes se aca­ba la insur­gen­cia. La oli­gar­quía cree que matan­do comu­nis­tas aca­ban con las ideas comu­nis­tas, o que matan­do pobres aca­ban con la pobreza.

La oli­gar­quía no apren­de, las FARC-EP no son un con­trin­can­te coyun­tu­ral que apa­re­ce o des­apa­re­ce ante el pri­mer revés mili­tar, o un con­trin­can­te efí­me­ro, según el deseo eterno del mar­ke­ting polí­ti­co, no, las FARC-EP son un suje­to polí­ti­co incrus­ta­do en la his­to­ria recien­te y pre­sen­te del pue­blo colom­biano. A pesar de los can­tos de sire­na de la oli­gar­quía, cada vez que ésta se mire en el espe­jo de su pro­pia bar­ba­rie, encon­tra­ra un insur­gen­te fariano que les recor­da­rá, como en un eterno retorno, que el pue­blo colom­biano pide jus­ti­cia social, demo­cra­cia, refor­ma agraria.

El sue­ño oli­gár­qui­co está en con­tra­dic­ción con las aspi­ra­cio­nes del pue­blo colom­biano, Chucky San­tos habla como si fue­se por­tor de la inmor­ta­li­dad, Chucky se olvi­da que las oli­gar­quías tam­bién se mue­ren, los regí­me­nes exclu­yen­tes y des­pó­ti­cos se caen, el día que al pue­blo le dé la gana.

Las FARC-EP han demos­tra­do que su brú­ju­la es la dia­léc­ti­ca, y que com­pren­den que la his­to­ria la hacen los hom­bres bajo con­di­cio­nes que ellos no con­tro­lan, la insur­gen­cia colom­bia­na sabe que con­fron­ta a una oli­gar­quía mafio­sa y cri­mi­nal, arro­gan­te fren­te al pue­blo y sumi­sa-laca­ya fren­te a sus amos del Nor­te. Las FARC-EP como la mate­ria no se des­tru­yen, se trans­for­man, se adap­tan, apren­den y vuel­ven a apren­der para que el sue­ño oli­gár­qui­co siga sin ser realidad.

“No tene­mos afán” decía el vie­jo Maru­lan­da en una entre­vis­ta, pue­de ser en diez, vein­te, o cin­cuen­ta años, “si no somos noso­tros, son todos estos mucha­chos que están ahí”, dijo seña­lan­do a la gue­rri­lle­ra­da faria­na que en posi­ción fir­mes con­fir­mó que nues­tro sue­ño no se vende.

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