El ‘ada­lid de los Dere­chos Huma­nos’ del Gol­fo, paraí­so de la tor­tu­ra- Móni­ca G. Prie­to

La recien­te deten­ción de 23 disi­den­tes, blo­gue­ros y reli­gio­sos y las tor­tu­ras a las que han sido some­ti­dos ponen en evi­den­cia las prác­ti­cas del régi­men. Ali Abdu­le­mam es el ros­tro más cono­ci­do del “gru­po de los 23”, acu­sa­dos de terro­ris­mo por la dinas­tía gober­nan­te.

Has­ta hace una sema­na, el régi­men de Bah­rein era des­cri­to como un alia­do excep­cio­nal de Occi­den­te, un paraí­so del desa­rro­llo en el Gol­fo Pér­si­co y un socio a todos los nive­les para los agen­tes inter­na­cio­na­les.

Sede de la V Flo­ta esta­dou­ni­den­se y con sufi­cien­tes hidro­car­bu­ros como para ser obje­to de adu­la­ción, se había con­ver­ti­do en uno de los más impor­tan­tes cen­tros empre­sa­ria­les y turís­ti­cos a nivel regio­nal. Nin­gún gober­nan­te cues­tio­na­ba la monar­quía de los Al Kha­li­fa, como tam­po­co lo hacen aho­ra, des­pués de una sema­na de repre­sión con fue­go real que ha deja­do seis muer­tos y más de 300 heri­dos. Inclu­so con los tan­ques del régi­men ame­na­zan­do a sus pro­pios ciu­da­da­nos, el due­ño de la Fór­mu­la 1, que debe­ría cele­brar su Gran Pre­mio el 13 de mar­zo en el peque­ño archi­pié­la­go, no se cues­tio­na seguir hacien­do nego­cios con la monar­quía: ha deja­do la deci­sión de seguir ade­lan­te con la cita en manos del prín­ci­pe here­de­ro. “El sabrá mejor que nadie si es segu­ro ir allí o no”.

Para los occi­den­ta­les lo será, al pre­cio que sea: los Al Kha­li­fa se jue­gan su pres­ti­gio en ello. Pero para los bah­rei­níes, sobre todo para su mayo­ría chií, nun­ca fue un lugar segu­ro, como lo demues­tra la exis­ten­cia de al menos 400 pre­sos de con­cien­cia en las pri­sio­nes loca­les, cuya libe­ra­ción se ha con­ver­ti­do en una rei­vin­di­ca­ción cla­ve de los mani­fes­tan­tes.

En la Pla­za de la Per­la, con­ver­ti­da en la Tah­rir de Bah­rein, los ciu­da­da­nos que han vuel­to a acam­par tras dos expul­sio­nes a tiros han colo­ca­do gran­des pan­car­tas con con­sig­nas como “Libe­rad a todos los pre­sos polí­ti­cos”. En las men­tes de todos, el gru­po de los 23: el últi­mo gru­po de disi­den­tes encar­ce­la­do por el régi­men, some­ti­dos a una legis­la­ción anti­te­rro­ris­ta dudo­sa, según Amnis­tía Inter­na­cio­nal, y víc­ti­mas de tor­tu­ras . Son reli­gio­sos, inter­nau­tas y acti­vis­tas con un solo ele­men­to en común: todos son chiíes en un rei­no de mayo­ría chií pero gober­na­do por una dinas­tía suní. Y todos denun­cian los exce­sos de un régi­men reves­ti­do de moder­ni­dad.

“A Ali le arres­ta­ron por pri­me­ra vez en 2005, des­pués de abrir su blog. Estu­vo dos sema­nas en pri­sión”, expli­ca Umm Nur, una fami­liar del blo­gue­ro de 32 años Ali Abdu­le­mam, con­tac­ta­da en su domi­ci­lio de Mana­ma. “Le detu­vie­ron por­que había crea­do una pági­na don­de la gen­te podía decir lo que pen­sa­ba de Bah­rein, don­de pro­mo­vía la liber­tad de expre­sión”. Y no gus­tó a las auto­ri­da­des. Bah​rai​non​li​ne​.org era una de las extra­ñas voces disi­den­tes que, gra­cias a Inter­net, exis­tían en el rei­no: hoy per­ma­ne­ce cerra­da por las auto­ri­da­des.

“Ali no que­ría influir ni ins­pi­rar a nadie con su blog. Al inves­ti­gar la situa­ción de Bah­rein, deci­dió con­tar lo que pasa­ba: este es un país muy rico, y no enten­día por qué hay gen­te sin un tra­ba­jo decen­te, o sin una casa dig­na de reci­bir ese nom­bre”. Es una acu­sa­ción común entre los bah­rei­níes: el régi­men atrae a extran­je­ros ofre­cién­do­les vivien­das y empleos y les con­ce­de la nacio­na­li­dad para com­pen­sar la com­po­si­ción sec­ta­ria. Al mis­mo tiem­po dis­cri­mi­na a la pobla­ción chií, impi­dién­do­la ingre­sar en el ejér­ci­to o en la mayor par­te de los pues­tos públi­cos y deján­do­la rele­ga­da en todos los aspec­tos.

Los que denun­cian esa injus­ti­cia son legión. Gra­cias a una cam­pa­ña inter­na­cio­nal onli­ne que exi­ge su libe­ra­ción, Ali se ha con­ver­ti­do en la cara más visi­ble de los miem­bros del gru­po de los 23, los acti­vis­tas polí­ti­cos que ago­ni­zan en pri­sión des­de agos­to y sep­tiem­bre de 2010 acu­sa­dos de acti­vi­da­des sub­ver­si­vas y de inten­to de gol­pe de Esta­do. Ellos son una de las muchas gotas que han col­ma­do la pacien­cia de los bah­rei­níes, que des­de 1783 son gober­na­dos por una monar­quía autó­cra­ta cuyos miem­bros se repar­ten el poder como si fue­ra un jue­go de mesa.

Sus deten­cio­nes fue­ron la cons­ta­ta­ción de que la supues­ta volun­tad de refor­mas cacarea­da por el rey, Hamad bin Issa al Kha­li­fa, cuan­do lle­gó al poder en 1999, era pura retó­ri­ca. Las pro­me­sas lle­ga­ron tras acce­der al trono, cuan­do en 2001 pro­mo­vió una Cons­ti­tu­ción que con­ver­ti­ría al enton­ces Esta­do de Bah­rein en Rei­no y le dota­ría de una monar­quía par­la­men­ta­ria como sis­te­ma de Gobierno. Pero la pro­pues­ta tenía tram­pa: la Cáma­ra Alta sería desig­na­da a dedo por la dinas­tía rei­nan­te, y las elec­cio­nes a la Cáma­ra Baja de 2006 no pare­cie­ron pre­ci­sa­men­te lim­pias: de 40 esca­ños sólo 18 fue­ron a los chiíes, pese a que en Bah­rein casi el 70% de la pobla­ción per­te­ne­ce a esta sec­ta musul­ma­na. El res­to de los esca­ños pasa­ron a los inde­pen­dien­tes o a los suníes, que supo­nen menos del 30%, pero entre quie­nes se cuen­tan los Al Kha­li­fa.

Un opo­si­tor denun­ció al Gobierno de haber ama­ña­do los comi­cios en favor de los suníes: así comen­za­ron pro­tes­tas ya en 2006 en los subur­bios chiíes de Mana­ma don­de cien­tos de jóve­nes exi­gie­ron el final de la dis­cri­mi­na­ción y el acce­so a vivien­das y a empleo al mis­mo nivel que sus cona­cio­na­les suníes. Hubo alter­ca­dos. Muchos fue­ron dete­ni­dos, si bien ter­mi­na­rían sien­do bene­fi­cia­dos por una amnis­tía real.

Pero eso no impli­có el final de la dis­cri­mi­na­ción ni tam­po­co de las manio­bras para man­te­ner a los suníes en el poder. Dos meses antes de los nue­vos comi­cios par­la­men­ta­rios, el pasa­do octu­bre, el régi­men tomó medi­das con­tra disi­den­tes polí­ti­cos que sir­vie­ran de lec­ción a cual­quier voz que osa­ra cues­tio­nar el resul­ta­do de las elec­cio­nes.

La pri­me­ra víc­ti­ma fue el líder reli­gio­so y miem­bro del par­ti­do Al Wifaq Abdul Jalil al Sin­ga­ce, arres­ta­do en agos­to a su regre­so de Euro­pa, don­de había denun­cia­do las exac­cio­nes del régi­men. A él le siguie­ron otros 22 acti­vis­tas, entre ellos Abdu­le­mam, cono­ci­dos por denun­ciar las vio­la­cio­nes de los Dere­chos Huma­nos. Has­ta aho­ra, esas denun­cias se cono­cían -Human Rights Watch, Front Line Amnis­tía Inter­na­cio­nal han ela­bo­ra­do duros infor­mes al res­pec­to- pero se igno­ra­ban en el exte­rior: en el inte­rior, las dos úni­cas ONG que tra­ba­jan en la mate­ria habían sido ile­ga­li­za­das y sus acti­vis­tas per­se­gui­dos y hos­ti­ga­dos. La nove­dad es que, des­de las deten­cio­nes de agos­to y sep­tiem­bre, los denun­cian­tes serían con­ver­ti­dos en víc­ti­mas de la vio­len­cia poli­cial y sus casos ampli­fi­ca­rían la impu­ni­dad de los tor­tu­ra­do­res.

“Me some­tie­ron a muchos gol­pes des­de que fui arres­ta­do el 13 de agos­to. Me gol­pea­ron en los oídos, se lle­va­ron mis mule­tas y me for­za­ron a estar lar­gos perio­dos de tiem­po de pie en un sótano del edi­fi­cio del Apa­ra­to Nacio­nal de Segu­ri­dad. Ame­na­za­ron con vio­lar a mi mujer, a mis hijas y a mis her­ma­nas, y cada noche oía los gri­tos de los otros tor­tu­ra­dos”.

Es un extrac­to de la decla­ra­ción de Al Sin­ga­ce en la pri­me­ra sesión del jui­cio de los 23 ‑en reali­dad, podría lla­mar­se de los 25 dado que otros dos acu­sa­dos, refu­gia­dos en Lon­dres, están sien­do juz­ga­dos en ausen­cia-. Tuvo lugar el 28 de octu­bre, des­pués de sema­nas de inco­mu­ni­ca­ción e incer­ti­dum­bre. Cuan­do comen­zó la sesión, los abo­ga­dos defen­so­res denun­cia­ron que les habían avi­sa­do horas antes y que des­de las deten­cio­nes no les habían auto­ri­za­do a ver a los dete­ni­dos. El juez deci­dió dejar solos a los acu­sa­dos y a los letra­dos duran­te 30 minu­tos. Con­si­de­ró sufi­cien­te media hora para que los abo­ga­dos pudie­ran hacer su tra­ba­jo.

Sólo tuvie­ron tiem­po para acon­se­jar­les que, de for­ma indi­vi­dual, denun­cia­ran el tra­to reci­bi­do en los inte­rro­ga­to­rios. “No ten­go nin­gún papel en acti­vi­da­des terro­ris­tas, al con­tra­rio, soy víc­ti­ma de terro­ris­mo lle­va­do a cabo con­tra noso­tros. Des­de mi arres­to me lle­va­ron a una pri­sión sub­te­rra­nea, don­de me han tor­tu­ra­do dura­men­te. Han usa­do elec­troshocks, mis ojos han esta­do todo el tiem­po ven­da­dos y mis manos ata­das tras mi espal­da. No me han deja­do dor­mir en cin­co o seis días”, denun­ció el reli­gio­so Moha­med Habib Al Muq­dad. “Dada la gra­ve­dad de los gol­pes en cabe­za y oídos, me han reven­ta­do los tím­pa­nos (…) Algu­nas noches empa­pa­ba la almoha­da de san­gre”, aña­día.

“A lo mío no se le pue­de lla­mar arres­to, a mí me secues­tra­ron”, expli­có el sheikh Said al Nuri, según la decla­ra­ción repro­du­ci­da por el Cen­tro de Bah­rain para los Dere­chos Huma­nos y tam­bién por Amnis­tía Inter­na­cio­nal. “Me lle­va­ron a la Agen­cia de Inte­li­gen­cia y me gol­pea­ron inme­dia­ta­men­te en la cabe­za y el tur­ban­te. (…) Me insul­ta­ron duran­te los inte­rro­ga­to­rios y me ame­na­za­ron con qui­tar­me la ropa, decían que que­rían ver­me des­nu­do. Como clé­ri­go, eso es peor que la tor­tu­ra físi­ca. Me gol­pea­ron en las manos, las pier­nas y el ros­tro. Me ata­ron al esti­lo fala­qa [tum­ba­do en el sue­lo, ata­do de pies y manos y con las pier­nas hacia arri­ba] y me gol­pea­ron las plan­tas de los pies has­ta que se pusie­ron azu­les”. La pos­tu­ra fala­qa per­mi­te azo­tar los pies, una prác­ti­ca extre­ma­da­men­te dolo­ro­sa pero que no deja mar­cas visi­bles: tam­bién per­mi­te la vio­la­ción del pri­sio­ne­ro.

“Jus­to des­pués del arres­to me qui­ta­ron toda la ropa y me pusie­ron de rodi­llas y el inte­rro­ga­dor me dijo que podía hacer­me lo que qui­sie­ra, inclu­so vio­lar­me. […]”, denun­cia­ba el doc­tor Moha­med Said al Sah­la­wi, res­pon­sa­ble del Cen­tro de Bah­rein por los Dere­chos Huma­nos y otro de los dete­ni­dos. “Yo fui tor­tu­ra­do de la mis­ma for­ma que ha rela­ta­do el res­to de los dete­ni­dos duran­te 90 horas segui­das”, denun­ció el sheikh Abdul Hadi al Mukhodher. “Me col­ga­ron en la posi­ción de fala­qa y me for­za­ron a estar así duran­te horas”. “A mí me arran­ca­ron una uña, otra la tuvie­ron que qui­tar en el hos­pi­tal. Las mar­cas siguen muy cla­ras en mi cuer­po”, denun­cia­ba Ahmed Mala­llah. “Me some­tie­ron a tor­tu­ras, gol­pes, insul­tos y abu­sos ver­ba­les. Ame­na­za­ron con echar a mi mujer y otros miem­bros de mil fami­lia de sus tra­ba­jos. Me inte­rro­ga­ron sin abo­ga­dos, y el ofi­cial que pare­cía per­te­ne­cer a la Segu­ri­dad Nacio­nal des­he­chó mis ale­ga­tos de ino­cen­cia. Nun­ca me dejó res­pon­der a las pre­gun­tas, más bien las res­pon­día por mí”, expli­có Ali Abdu­le­mam duran­te la vis­ta.

A esa cita judi­cial siguie­ron otras ocho. En una de las pri­me­ras, el equi­po de abo­ga­dos defen­so­res renun­ció ale­gan­do la impo­si­bi­li­dad de garan­ti­zar una defen­sa en las actua­les cir­cuns­tan­cias. El Esta­do ha pues­to a su dis­po­si­ción abo­ga­dos que han sido con­se­cu­ti­va­men­te recha­za­dos por los dete­ni­dos. La pró­xi­ma vis­ta, pre­vis­ta para el jue­ves 24, se anti­ci­pa tan nula como las ante­rio­res.

Al menos, los arres­ta­dos aho­ra pue­den reci­bir visi­tas de sus fami­lia­res. Atrás que­dó la incer­ti­dum­bre de las pri­me­ras sema­nas, cuan­do des­apa­re­cie­ron en las depen­den­cias de la Segu­ri­dad sin que las fami­lias supie­ran cómo encon­trar­les. “A Ali le tor­tu­ra­ron sólo al prin­ci­pio de su deten­ción. Estu­vi­mos un mes ente­ro sin saber dón­de esta­ba, sólo sabía­mos que le habían arres­ta­do gra­cias a los perió­di­cos. Un día le lla­ma­ron a las 7 de la tar­de y le dije­ron que tenía que estar en la Segu­ri­dad Nacio­nal a las 9. Se fue y nun­ca vol­vió”, pro­si­gue Umm Nur (madre de Nur, en ára­be). “Todos ellos se cono­cían pero no for­ma­ban par­te de nin­gún gru­po. Por ejem­plo, Ali cono­cía al padre de uno de los otros pre­sos”, pro­si­gue Umm Nur. “Pero acu­sar­le de terro­ris­mo es algo increí­ble, la acu­sa­ción es muy débil. ¿Cómo pue­de ser un blo­gue­ro acu­sa­do de terro­ris­mo?”.

La cla­ve la apor­ta en su infor­me Amnis­tía Inter­na­cio­nal. La defi­ni­ción de terro­ris­mo de la ley anti­te­rro­ris­ta apro­ba­da en 2006, cuen­tan, es “vaga y exten­sa” lo que a la lar­ga “soca­va el prin­ci­pio de la lega­li­dad”. Por ejem­plo, se inclu­ye como acti­vi­dad terro­ris­ta un con­cep­to tan difu­so como “minar la uni­dad nacio­nal”, así como “lle­var a cabo dis­tur­bios, sabo­ta­je y resis­tir a la auto­ri­dad”. Al mar­gen de esa ley, Amnis­tía Inter­na­cio­na­lI denun­cia que en los últi­mos años el rei­no del Gol­fo se ha carac­te­ri­za­do por cerrar blogs y publi­ca­cio­nes crí­ti­cas, minar la liber­tad de expre­sión y per­se­guir a acti­vis­tas por los Dere­chos Huma­nos, ade­más de por emplear uso exce­si­vo de la fuer­za.

“Estos preo­cu­pan­tes des­aro­llos se han pro­du­ci­do en los años en los que el Gobierno ha pro­mo­vi­do acti­va­men­te Bah­rein como un país “afín con los Dere­chos Huma­nos” y como un líder regio­nal en los Esta­dos del Gol­fo en lo que a la pro­mo­ción de los Dere­chos Huma­nos se refie­re, arti­cu­lan­do su impor­tan­cia, pro­tec­ción y pro­mo­ción”.

Nada más lejos. Las dos prin­ci­pa­les ONG dedi­ca­das al sec­tor, “el Cen­tro de Bah­rein para los Dere­chos Huma­nos [CBDH] y la Socie­dad Juve­nil para los Dere­chos Huma­nos de Bah­rein [SJDHB], fue­ron prohi­bi­das en 2004 por que­brar la ley que regu­la las activ­da­des de las ONG”, expli­ca el infor­me de AI. Ambas con­ti­núan acti­vas gra­cias al valor de sus líde­res, que pese a las deten­cio­nes y ame­na­zas no sólo siguen tra­ba­jan­do. En estos días infor­man al minu­to de los últi­mos acon­te­ci­mien­tos, cons­cien­tes de que la aten­ción de los medios pue­de mar­car la dife­ren­cia. “No sé si éste será el prin­ci­pio de una nue­va era, pero espe­ro que toda la san­gre derra­ma­da nos lle­ve a una nue­va situa­ción sin dis­cri­mi­na­ción, ni corrup­ción, ni pre­sos polí­ti­cos, don­de exis­ta demo­cra­cia y se res­pe­ten los Dere­chos Huma­nos”, expli­ca­ba hace unos días a perio­dis­mo­hu­mano Nabil Rajab, pre­si­den­te del CBDH. “Con toda esta san­gre hemos teni­do sufi­cien­te. Aho­ra sí que va a ser el prin­ci­pio de una revo­lu­ción”, pro­me­tía por su par­te Moha­med al Mas­ka­ti, res­pon­sa­ble de la SJDHB, en con­ver­sa­ción tele­fó­nica. “Pro­tes­ta­re­mos pací­fi­ca­men­te, pero no cesa­re­mos has­ta que haya cam­bios”.

La espo­sa de Abde­li­mam, Jenan al Orai­bi, madre de sus tres hijos de cor­ta edad ‑el mayor tie­ne cin­co años y las dos geme­las ape­nas un año- lle­gó a diri­gir­se a la secre­ta­ria de Esta­do esta­dou­ni­den­se, Hillary Clin­ton, en una car­ta abier­ta poco antes de su visi­ta al rei­no del Gol­fo. “Mi mari­do pro­tes­ta pací­fi­ca­men­te median­te su blog sobre lo que él con­si­de­ra que hace daño a la gen­te. Ali apo­ya y pide refor­mas en Bah­rein e Irán por devo­ción a las liber­ta­des indi­vi­dua­les y a la liber­tad de expre­sión de cada uno […] Estoy segu­ra de que usted se encon­tra­rá con los más altos ofi­cia­les de Bah­rein en su via­je. Tam­bién estoy segu­ra de que esos ofi­cia­les aca­ta­rán cual­quier peti­ción suya de cum­plir la jus­ti­cia y libe­rar a mi mari­do. Por ello, le supli­co su sim­pa­tía y, en honor de los valo­res de la Amé­ri­ca de las liber­ta­des, que intro­duz­ca el caso de mi mari­do en su agen­da de via­je”. No hubo res­pues­ta.

Fuen­te: http://​perio​dis​mo​hu​mano​.com/​e​n​-​c​o​n​f​l​i​c​t​o​/​e​l​-​a​d​a​l​i​d​-​d​e​-​l​o​s​-​d​e​r​e​c​h​o​s​-​h​u​m​a​n​o​s​-​d​e​l​-​g​o​l​f​o​-​p​a​r​a​i​s​o​-​d​e​-​l​a​-​t​o​r​t​u​r​a​.​h​tml

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