Soñar, reír, luchar, crear…- Pablo A. Naba­rro

Hay que soñar! Nos lo recor­da­ba recien­te­men­te Alfon­so Sas­tre en estas pági­nas rei­vin­di­can­do a los clá­si­cos revo­lu­cio­na­rios que han hecho de este gri­to de gue­rra su pra­xis polí­ti­ca y géne­sis de sus gran­des uto­pías.

Nues­tros sue­ños y nues­tra memo­ria con­for­man nues­tro ima­gi­na­rio mito­ló­gi­co, cul­tu­ral, social, polí­ti­co… En defi­ni­ti­va, en nues­tras peque­ñas uto­pías y siem­pre unos y otra en per­ma­nen­te ten­sión dia­léc­ti­ca.

Hoy, como hace 30 años, can­ta­mos «gauean amets egin dut herria libre zego­la…» y lo hace­mos con las sen­sa­cio­nes de aque­llos jaial­dis rei­vin­di­ca­ti­vos. Segui­mos soñan­do, que no es poco.

En la Argen­ti­na de la recien­te depre­sión eco­nó­mi­ca se leían pan­car­tas que decían: «nues­tros sue­ños no caben en vues­tras urnas», lo que com­par­to en ple­na vorá­gi­ne pre­elec­to­ral. Pero tan cier­ta es esa máxi­ma como que pode­mos con­se­guir que sus urnas se con­vier­tan en pro­ta­go­nis­tas de sus pro­pias pesa­di­llas.

«Son­ríe, vamos a luchar», era el eslo­gan de la cam­pa­ña elec­to­ral sal­va­do­re­ña, creo, y que Arnal­do Ote­gi, un opti­mis­ta impe­ni­ten­te, tam­bién rei­vin­di­ca ante el espe­ran­za­dor pano­ra­ma abier­to en Eus­kal Herria. Reír, luchar, opti­mis­mo y com­pro­mi­so.

Martxa eta borro­ka es una con­sig­na que cobra actua­li­dad en un con­tex­to don­de un pesi­mis­mo endé­mi­co ha ido enquis­tán­do­se en la socie­dad vas­ca, en espe­cial en los sec­to­res aber­tza­les, has­ta extre­mos de una resig­na­ción que, como decía Bal­zac, cons­ti­tuía un «sui­ci­dio coti­diano».

Mere­cen la pena las refle­xio­nes del soció­lo­go pola­co Bau­mann, euro­es­cép­ti­co tacha­do de pesi­mis­ta que rei­vin­di­ca la nece­si­dad de supe­rar el pesi­mis­mo de la inte­li­gen­cia e invo­car al opti­mis­mo de la volun­tad. Por eso creo que los vas­cos y vas­cas nos encon­tra­mos ante la opor­tu­ni­dad his­tó­ri­ca de des­man­te­lar el esta­do (espa­ñol) del males­tar, que en todas sus expre­sio­nes jurí­di­cas, polí­ti­cas, eco­nó­mi­cas, repre­si­vas… va car­co­mien­do nues­tro opti­mis­mo, y apos­tar deci­di­da­men­te por el esta­do (vas­co) del bien­es­tar, es decir, la espe­ran­za.

Sísi­fo, que Albert Camus defi­ne como «el pro­le­ta­rio del Olim­po», ha supe­ra­do el male­fi­cio de los dio­ses, entre ellos Ares, el dios de la gue­rra, según el cual fue con­de­na­do a arras­trar una pie­dra redon­da has­ta la cima de una cum­bre duran­te el res­to de los días de su exis­ten­cia; una pie­dra que, una vez lle­ga­do a la cum­bre, se des­pe­ña­ba de nue­vo vol­vien­do a su ori­gen de par­ti­da. Pero esta vez Sísi­fo ha deter­mi­na­do que la pie­dra per­ma­nez­ca asen­ta­da en la cima con las sufi­cien­tes cuñas y para­pe­tos para que que­de ina­mo­vi­ble. Y, cuan­do vuel­ve al valle, no lo hace con­ten­to; no tie­ne nada que cele­brar. Vuel­ve con la mis­ma sere­ni­dad con la que lo hizo el res­to de los días de su con­de­na. Sabe que cuan­do lle­gue a su mora­da se va a encon­trar con otra pie­dra igual de pesa­da pero esta vez es la cúbi­ca de 325 kilos con la que va a empren­der una nue­va anda­du­ra igual de difi­cul­to­sa, pero con la con­fian­za de que sus agu­das aris­tas, si ésta cae, le impe­di­rán vol­ver a rodar. Cam­bio de pie­dra, cam­bio de para­dig­ma. Nada más y nada menos, que no es poco. ¿Ver­dad, ami­go Txe­ma?

Sir­va la metá­fo­ra de Sísi­fo para vol­ver a hacer apo­lo­gía de la volun­tad del opti­mis­mo y del com­pro­mi­so fren­te a quie­nes con­fun­den nues­tra pacien­cia con resig­na­ción y quie­nes inter­pre­tan el giro estra­té­gi­co de la izquier­da aber­tza­le en cla­ve de derro­ta. Un giro que a mí se me anto­ja como todo un ejer­ci­cio de ima­gi­na­ción dia­léc­ti­ca y de crea­ti­vi­dad, dados los impor­tan­tes hitos y ava­ta­res por los que se desa­rro­lla el deno­mi­na­do pro­ce­so demo­crá­ti­co, ade­re­za­do con una impor­tan­te dosis de prag­ma­tis­mo polí­ti­co. Un prag­ma­tis­mo exce­si­vo para algu­nos, inclu­so dolo­ro­so para otros pero, en cual­quier caso, tan nece­sa­rio como obli­ga­do. Un paso que supo­ne sin duda el Rubi­cón de la nue­va estra­te­gia y que no es otro que asu­mir la Ley de Par­ti­dos has­ta sus últi­mas con­se­cuen­cias.

Alea iac­ta est! ¡La suer­te está echa­da! A lo hecho, pecho y el sába­do ¡a Bil­bo!

No cabe duda de que el pea­je social y polí­ti­co, el tri­bu­to que está pagan­do la izquier­da aber­tza­le en la géne­sis y desa­rro­llo de este pro­ce­so es alto, muy alto, habi­da cuen­ta sobre todo de las olea­das repre­si­vas que se han suce­di­do en los dos últi­mos años, con un espe­cial ensa­ña­mien­to con la juven­tud vas­ca com­pro­me­ti­da.

Nos hemos arma­do de pacien­cia, direc­ta­men­te pro­por­cio­nal a la rabia, cabreo y mala ostia que se acu­mu­la a la sufri­da ante­rior­men­te. Sin embar­go, esta rabia y dolor con­te­ni­dos debe­mos con­ver­tir­los en una inago­ta­ble fuen­te de ener­gía libe­ra­do­ra y crea­do­ra, que debe­mos encau­zar ade­cua­da­men­te has­ta con­ver­tir­la en una corrien­te de agua que atra­vie­se nues­tros barrios, pue­blos y ciu­da­des; que sacie nues­tra sed de inde­pen­den­cia y rie­gue los huer­tos don­de flo­rez­can los bro­tes de nues­tro pro­yec­to socia­lis­ta.

Amets egin, barre egin, borro­ka egin, sor­tu… Ira­ba­zi arte!

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