Pro­duc­ti­vi­dad y sala­rio: no jugue­mos a peque­ña – Isi­dro Esnao­la

Esta idea es una de las seis medi­das que el Gobierno ale­mán ha pro­pues­to con el pom­po­so nom­bre de pac­to de com­pe­ti­ti­vi­dad. Muchas veces com­pe­ti­ti­vi­dad y pro­duc­ti­vi­dad se uti­li­zan como sinó­ni­mos aun­que no lo son. Según la defi­ni­ción que da Wiki­pe­dia, la com­pe­ti­ti­vi­dad es «la capa­ci­dad de gene­rar la mayor satis­fac­ción de los con­su­mi­do­res al menor pre­cio». Esto no es ni un indi­ca­dor, sino algo así como que­dar­se a gus­to con lo com­pra­do y con el pre­cio paga­do. No es más que un como­dín ideo­ló­gi­co.

En cam­bio la pro­duc­ti­vi­dad es otra cosa. Si tene­mos una semi­lla de arroz y la plan­ta­mos pode­mos obte­ner, por ejem­plo, vein­te gra­nos de arroz. La pro­duc­ti­vi­dad de esa semi­lla será vein­te gra­nos reco­lec­ta­dos por uno uti­li­za­do. La pro­duc­ti­vi­dad es lo que intui­ti­va­men­te ya sabía­mos, la rela­ción entre el pro­duc­to con­se­gui­do y los recur­sos uti­li­za­dos para ello. Este cálcu­lo se pue­de ir com­pli­can­do mucho más si ade­más de la semi­lla usa­da en la siem­bra tene­mos en cuen­ta el tra­ba­jo inver­ti­do, la uti­li­za­ción o no de máqui­nas, el uso o no de fer­ti­li­zan­tes, así pode­mos lle­gar a tener una des­crip­ción meticu­losa de todos los recur­sos uti­li­za­dos para lograr esa cose­cha y cal­cu­lar la pro­duc­ti­vi­dad res­pec­to a alguno de ellos, la pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo pon­ga­mos por caso, o res­pec­to al con­jun­to, la pro­duc­ti­vi­dad total de los fac­to­res.

De mane­ra que la pro­duc­ti­vi­dad es la rela­ción entre la pro­duc­ción obte­ni­da y los recur­sos uti­li­za­dos en una uni­dad de tiem­po que gene­ral­men­te sue­le ser un año. La pro­duc­ti­vi­dad mide ni más ni menos que la efi­cien­cia de un sis­te­ma eco­nó­mi­co cual­quie­ra, sea una gran­ja, una empre­sa o la eco­no­mía nacio­nal de un país.

La pro­duc­ti­vi­dad por lo tan­to es una frac­ción en la que el nume­ra­dor es el pro­duc­to obte­ni­do y el deno­mi­na­dor son los recur­sos inver­ti­dos o gas­ta­dos. Las uni­da­des de medi­da pue­den ser dife­ren­tes. Se pue­den uti­li­zar uni­da­des físi­cas como por ejem­plo tone­la­das de arroz por hora tra­ba­ja­da pero esto difi­cul­ta mucho la com­pa­ra­ción más allá de una mis­ma rama de la eco­no­mía, por lo que se sue­len uti­li­zar uni­da­des mone­ta­rias, es decir, el valor de la pro­duc­ción por gas­to sala­rial o el valor del pro­duc­to por capi­tal inver­ti­do. Por lo tan­to, cuan­do habla­mos de pro­duc­ti­vi­dad lo que tene­mos es can­ti­dad de pro­duc­to por el pre­cio de ven­ta en el nume­ra­dor y can­ti­dad de tra­ba­ja­do­res por sala­rio en el deno­mi­na­dor.

Pues bien, la pro­duc­ti­vi­dad aumen­ta cuan­do el nume­ra­dor cre­ce, es decir, cuan­do la can­ti­dad de pro­duc­to por el pre­cio se hace mayor con la mis­ma can­ti­dad de gas­to, o alter­na­ti­va­men­te, cuan­do el deno­mi­na­dor dis­mi­nu­ye, o sea, se pro­du­ce la mis­ma can­ti­dad de pro­duc­to con menos tra­ba­ja­do­res por el sala­rio que cobran. El resul­ta­do de todo ello es que tene­mos cua­tro varia­bles para medir la pro­duc­ti­vi­dad: la can­ti­dad de pro­duc­to, el pre­cio de ese pro­duc­to, la can­ti­dad de tra­ba­ja­do­res y el sala­rio de esos tra­ba­ja­do­res.

Lle­ga­dos a este pun­to, pode­mos empe­zar a dis­cu­tir las opcio­nes que abre la pro­pues­ta de Ánge­la Mer­kel.

Seguir como has­ta aho­ra subien­do los sala­rios en fun­ción del IPC ¿es bueno o malo para la cla­se tra­ba­ja­do­ra? A tenor de como nos ha ido no se pue­de decir que sea muy bueno. En el repar­to de la rique­za, la cla­se tra­ba­ja­do­ra ha per­di­do des­de 1985 has­ta hoy más de cua­tro pun­tos del PIB. Pue­de no pare­cer mucho pero esos cua­tro pun­tos supo­nen 19.000 euros para cada uno de los 180.000 para­dos actua­les. Es lógi­co que si se plan­tea la lucha sala­rial en fun­ción del IPC, no que­de mar­gen para des­pués hablar de pro­duc­ti­vi­dad, de mane­ra que todos los aumen­tos de pro­duc­ti­vi­dad se los que­da el capi­tal que ha aumen­ta­do su par­te de la tar­ta en cer­ca de cua­tro pun­tos.

Ade­más, el IPC y la cares­tía de la vida son cosas bas­tan­te dife­ren­tes. Por ejem­plo, la vivien­da tie­ne un peso muy peque­ño en el IPC por­que la mayo­ría de la gen­te tie­ne vivien­da pro­pia y enton­ces se con­si­de­ra inver­sión y no con­su­mo, y sin embar­go, es el mayor gas­to en el pre­su­pues­to de una fami­lia y el que más ha subi­do en los últi­mos años.

La pro­duc­ti­vi­dad por otra par­te refle­ja el movi­mien­to de pre­cios y sala­rios. En el nume­ra­dor tene­mos can­ti­dad de pro­duc­to por el pre­cio y en el deno­mi­na­dor núme­ro de tra­ba­ja­do­res y sala­rio. Si aumen­tan los pre­cios, el nume­ra­dor aumen­ta y por lo tan­to la pro­duc­ti­vi­dad tam­bién, lo que daría pie a exi­gir aumen­tos sala­ria­les. Si los sala­rios dis­mi­nu­yen, la pro­duc­ti­vi­dad aumen­ta, lo que tam­bién per­mi­ti­ría a los sin­di­ca­tos exi­gir aumen­tos de suel­do acor­des al aumen­to de la pro­duc­ti­vi­dad. Este indi­ca­dor por lo tan­to varía con el movi­mien­to de pre­cios y sala­rios y reco­ge no solo los cam­bios en la can­ti­dad de pro­duc­tos fabri­ca­dos sino tam­bién el efec­to tan­to del enca­re­ci­mien­to de los pre­cios como de los cam­bios en los sala­rios.

¿La pro­duc­ti­vi­dad de Eus­kal Herria es alta o baja? Vien­do las esta­dís­ti­cas, la pro­duc­ti­vi­dad vie­ne a ser mayor a la de otros paí­ses euro­peos. ¡Increí­ble! ¿Cómo lo hemos con­se­gui­do? Ha podi­do ser aumen­tan­do el nume­ra­dor, es decir, la can­ti­dad de pro­duc­tos hechos y/​o la cali­dad, y por lo tan­to su pre­cio, o dis­mi­nu­yen­do el deno­mi­na­dor, es decir, redu­cien­do el núme­ro de tra­ba­ja­do­res y/​o sus sala­rios. Tenien­do en cuen­ta que hay más de 180.000 per­so­nas regis­tra­das en el INEM, pare­ce bas­tan­te cla­ro que lo que se ha redu­ci­do ha sido el núme­ro de tra­ba­ja­do­res. Ade­más, como los sala­rios se mue­ven con el IPC, no bajan y el ajus­te siem­pre se hace des­tru­yen­do empleo. Si pusié­ra­mos a todas esas per­so­nas a tra­ba­jar, o solo a una cier­ta can­ti­dad de ellas has­ta igua­lar la tasa de paro a la tasa de paro euro­pea, la pro­duc­ti­vi­dad cae­ría en pica­do.

La eco­no­mía de nues­tro país maqui­lla los resul­ta­dos de pro­duc­ti­vi­dad a cuen­ta del tra­ba­jo. La estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca que no tie­ne capa­ci­dad de emplear a todas las per­so­nas dis­pues­tas a tra­ba­jar y es por lo tan­to alta­men­te inefi­cien­te y poco pro­duc­ti­va.

Mane­jar el indi­ca­dor de pro­duc­ti­vi­dad tie­ne un efec­to aña­di­do. La mejo­ra con­ti­nua en los sis­te­mas de pro­duc­ción y en la orga­ni­za­ción del tra­ba­jo per­mi­te que la ten­den­cia de la pro­duc­ti­vi­dad sea cre­cien­te. Si la pro­duc­ti­vi­dad aumen­ta, es decir, si la efi­cien­cia eco­nó­mi­ca mejo­ra con­ti­nua­men­te, la pre­gun­ta que sur­ge a con­ti­nua­ción es: ¿por qué demo­nios tene­mos que tra­ba­jar más horas y más años, si tra­ba­jan­do el mis­mo tiem­po pro­du­ci­mos más? Si se pro­du­ce más con lo mis­mo, la rique­za será mayor por lo que no hay nin­gu­na razón para jubi­lar­se más tar­de, o para tra­ba­jar menos aho­ra cobran­do lo mis­mo y repar­tir el tra­ba­jo con aque­llos que están en paro. El deba­te sobre la pro­duc­ti­vi­dad abre la puer­ta a plan­tear el repar­to del tiem­po de tra­ba­jo, la dura­ción de la vida labo­ral, el repar­to de la rique­za y la posi­bi­li­dad de tra­ba­jar menos tiem­po y vivir con lo jus­to.

Hace tiem­po que era evi­den­te que el pac­to social que creó en Euro­pa el Esta­do de Bien­es­tar tras la Segun­da Gue­rra Mun­dial esta­ba roto. En este momen­to el capi­tal se sien­te fuer­te, muy fuer­te, y está apro­ve­chan­do la cri­sis actual para des­man­te­lar los últi­mos ves­ti­gios de aquel pac­to social, en este caso, la red de segu­ri­dad para los tra­ba­ja­do­res fijos que es la actua­li­za­ción de sala­rios en fun­ción del IPC. Pero en esta diná­mi­ca de des­man­te­lar todo, está abrien­do tam­bién nue­vos espa­cios para la lucha por el repar­to de la rique­za y del tra­ba­jo, para crear alian­zas con los tra­ba­ja­do­res pre­ca­rios y para­dos y para el deba­te sobre el mode­lo de socie­dad.

Es tiem­po de apar­car vie­jos dog­mas que no nos dejan ver más allá de lo que tene­mos, algu­nos, de valo­rar lo que se pier­de pero sobre todo lo que se pue­de ganar y de apos­tar. Ya lo dice el afo­ris­mo: juga­dor de peque­ña, per­de­dor de mus.

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