Ahí se que­da Lerín- JM Espar­za Zaba­le­gi

¿Qué pasa con la izquier­da aber­tza­le? ¿Se ha baja­do los pan­ta­lo­nes? ¿Van expul­sar del nue­vo par­ti­do a los que aplau­dan al Che, a Man­de­la, a Mar­tí y a tan­to ami­go arma­do? ¿Es el pri­mer paso para pare­cer­se a los demás? Algu­nos mili­tan­tes vete­ra­nos andan sor­pren­di­dos con Sor­tu, y muchos ami­gos de fue­ra de Eus­kal Herria nos hacen pre­gun­tas inquie­tas. Otros, más mali­cio­sos, esbo­zan son­ri­sas satis­fe­chas y dicen “ese camino ya lo ini­cia­mos otros hace diez años…”. Para todos ellos van estas refle­xio­nes.

*Des­de la “Alter­na­ti­va Demo­crá­ti­ca” de 1995, ETA y la izquier­da aber­tza­le esta­ban inten­tan­do lle­var el con­flic­to vas­co al estric­to terreno de la con­sul­ta demo­crá­ti­ca a la ciu­da­da­nía vas­ca. Aquél fue el pri­mer gran paso estra­té­gi­co. La evo­lu­ción del mun­do ha refor­za­do esa idea: el par­to de 19 nue­vas nacio­nes euro­peas; el aten­ta­do de Nue­va York y su secue­las “anti­te­rro­ris­tas”; el espa­cio poli­cial euro­peo; el fin de los ciclos arma­dos en otros luga­res; el éxi­to elec­to­ral de las izquier­das lati­no­ame­ri­ca­nas…

*No son menos rele­van­tes los cam­bios en la socie­dad vas­ca, fru­to en bue­na medi­da de la lucha y ten­sión ante­rior: la ruta inde­pen­den­tis­ta de la mayo­ría sin­di­cal vas­ca; el fenó­meno, antes impen­sa­ble, del Plan Iba­rretxe, la acti­tud de par­ti­dos como EA… Y, fren­te a todo esto, la radi­ca­li­za­ción de un espa­ño­lis­mo que, como hizo en Cuba, ha recu­rri­do al extre­mo de unir­se (libe­ra­les y con­ser­va­do­res enton­ces, PSOE y PP hoy día) para man­te­ner el con­trol de las últi­mas colo­nias. Si la dere­cha y el PSOE nece­si­tan jun­tar­se para gober­nar­nos, y ade­más con tram­pas elec­to­ra­les, es el prin­ci­pio de su fin. ¿Que la acti­vi­dad arma­da esta­ba dan­do recur­sos al Esta­do, arrin­co­na­ba a la izquier­da aber­tza­le y difi­cul­ta­ba las mayo­rías aber­tza­les y pro­gre­sis­tas? Pues se aban­do­na Lerín y pun­to.

*Los vas­cos y su len­gua han sobre­vi­vi­do los últi­mos mile­nios por su capa­ci­dad de resis­ten­cia y de adap­ta­ción. Atra­pa­do entre gran­des poten­cias, todo pue­blo peque­ño es gue­rri­lle­ro. Ante Car­lo­magno no pudi­mos defen­der Iru­ñea; así que le espe­ra­mos en Orrea­ga don­de le hici­mos tri­zas. Si en algo insis­ten todos los via­je­ros deci­mo­nó­ni­cos es en la capa­ci­dad gue­rri­lle­ra y en el valor de los vas­co­na­va­rros. Sin embar­go, se sor­pren­dían de que no tuvie­ran sen­ti­do del honor al uso de las mili­cias pro­fe­sio­na­les. En 1837, el inglés Richard Ford decía que una gen­te tan beli­co­sa “no con­si­de­ra­ra ver­gon­zo­so vol­ver la espal­da y correr cuan­do una inten­to­na fra­ca­sa­ba, ni tam­po­co encon­tra­ran que fue­se des­hon­ro­sa cual­quier injus­ta ven­ta­ja”. Ese prin­ci­pia­lis­mo esté­ti­co, útil para los pode­ro­sos, es letal para los peque­ños. Scott, en su libro “Los domi­na­dos y el arte de la resis­ten­cia”, (Txa­la­par­ta, 1990) lo expli­ca per­fec­ta­men­te.

-En la últi­ma gue­rra car­lis­ta, el ejér­ci­to espa­ñol metió en las cua­tro pro­vin­cias 160.000 hom­bres, el mayor con­tin­gen­te de toda su his­to­ria, para “expur­gar el rin­cón que fal­ta­ba y aca­bar la uni­dad espa­ño­la”. Uno a uno fue­ron cayen­do los pue­blos vas­cos. Aguan­ta­ron lo que pudie­ron y de alguno que­dó una copla: “Si vie­nen mil, quie­tos en Lerín /​Si vie­nen mil qui­nien­tos, en Lerín quie­tos /​Y si vie­nen dos mil, ahí se que­da Lerín”. Ya les espe­ra­rían lue­go en un Orrea­ga cual­quie­ra. Tras aque­lla gue­rra, per­di­mos los Fue­ros pero sur­gió el aber­tza­lis­mo. Una nue­va trin­che­ra, una nue­va expre­sión de resis­ten­cia.

-De Lerín ha sali­do la izquier­da aber­tza­le con una dis­ci­pli­na mili­tan­te, con un orden y con una cohe­sión, como para qui­tar­se la txa­pe­la. En ple­na clan­des­ti­ni­dad, cayén­do­les enci­ma con­de­nas bru­ta­les, los diri­gen­tes de todas las orga­ni­za­cio­nes que lo han lle­va­do a cabo han demos­tra­do una cin­tu­ra, una entre­ga y una capa­ci­dad dig­na de lide­rar este país. Ade­más, des­de el pun­to de vis­ta de la alqui­mia polí­ti­ca, el tra­ba­jo mere­ce­rá más de una tesis doc­to­ral. No conoz­co en toda Euro­pa un gru­po de izquier­das, con la impor­tan­cia, com­ple­ji­dad y tra­di­ción de la izquier­da aber­tza­le, que haya sido capaz de salir de un bre­te seme­jan­te sin des­ga­rros.

-De Lerín salie­ron antes algu­nos, alen­tan­do una des­ban­da­da gene­ral que no se dio. La mayo­ría que­dó quie­ta, a la espe­ra de la deci­sión colec­ti­va. Car­ga­dos sin duda de auda­cia y de razo­nes, unos argu­men­ta­ban que había que con­ti­nuar resis­tien­do allí. Los más dije­ron de salir, vol­ver a los pue­blos, reagru­par fuer­zas y tor­nar al ata­que con las armas, aho­ra exclu­si­vas, de la polí­ti­ca. Y todos, orde­na­da­men­te, empren­die­ron la mar­cha. Para una sola cosa sir­vie­ron los pocos que corrie­ron antes de tiem­po: para seña­lar­nos la sen­da equi­vo­ca­da, lo que no se debe hacer. Y ahí andan toda­vía, entre abro­ja­les, sin hallar la sali­da.

-Lle­ga­dos a este pun­to, el aca­ta­mien­to de la Ley de Par­ti­dos, como antes de la Cons­ti­tu­ción, lle­var el car­net de iden­ti­dad espa­ñol o sopor­tar un con­trol poli­cial, no son más que obs­tácu­los de papel que pone el enemi­go, y que el resis­ten­te vas­co debe asu­mir para espe­rar al Esta­do don­de aho­ra es más débil, allá don­de hoy tene­mos más ven­ta­ja: en el Orrea­ga de la polí­ti­ca. Hay razo­nes, fuer­za y pai­sa­na­je para lograr la liber­tad. Se pue­de ganar la bata­lla del futu­ro como vamos a ganar la de la memo­ria his­tó­ri­ca. Y digan lo que digan sus leyes, siem­pre sere­mos ami­gos del Che y de sus segui­do­res. Por eso los sor­pren­den­tes Esta­tu­tos de Sor­tu no son nin­gu­na demos­tra­ción de debi­li­dad, sino un derro­che de fuer­za y cohe­sión inter­na. Lo dijo muy cla­ro el diri­gen­te del Sinn Féin, Alex Mas­key. Y el Gobierno espa­ñol lo sabe: no ha podi­do des­truir Lerín; no ha con­se­gui­do nin­gu­na des­ban­da­da, nin­gu­na esci­sión, nin­gu­na con­ver­sión, nin­gu­na ren­di­ción. Toda­vía harán mucho daño físi­co, pero moral­men­te, están derro­ta­dos.

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *