El reto de ganar con­tra unas car­tas mar­ca­das – Gara

Ramón Sola

La tran­si­ción que se está pro­du­cien­do en Túnez, con un lide­raz­go social impor­tan­te, está sien­do aplau­di­da sin repa­ro alguno en el Esta­do espa­ñol. Resul­ta bueno que así suce­da, pero no deja de ser muy lla­ma­ti­vo. Por­que, por ejem­plo, una de las pri­me­ras medi­das adop­ta­das ha sido la sus­pen­sión del par­ti­do de Ben Alí, el pri­mer paso hacia su posi­ble diso­lu­ción.

Nada de ello ocu­rrió en el Esta­do espa­ñol tras la muer­te natu­ral ‑que no hui­da a Ara­bia Sau­dí- de Fran­co. Su tran­si­ción no fue impul­sa­da des­de la calle, sino que se asen­tó sobre el pro­pio lega­do del dic­ta­dor y se desa­rro­lló median­te acuer­dos polí­ti­cos toma­dos bajo la lar­ga som­bra del Ejér­ci­to. Como con­se­cuen­cia lógi­ca, los par­ti­dos pro­fran­quis­tas no fue­ron ile­ga­li­za­dos. No lo fue AP, ger­men del PP. Ni Falan­ge. Ofi­cial­men­te, son demó­cra­tas de toda la vida.

Ese table­ro de jue­go tie­ne una úni­ca excep­ción: la disi­den­cia inde­pen­den­tis­ta vas­ca. Duran­te estos días en Madrid se ha impues­to un dis­cur­so úni­co que esta­ble­ce que es lógi­co y razo­na­ble exi­gir a la izquier­da aber­tza­le, debi­do a su his­to­ria, un plus que nun­ca se recla­mó a los demás. Evi­den­te­men­te, ni Falan­ge ni segu­ra­men­te el PP serían hoy par­ti­dos lega­les si se les hubie­ra con­mi­na­do a recha­zar prác­ti­cas vio­len­tas como la tor­tu­ra, la dis­per­sión o la per­se­cu­ción polí­ti­ca, y mucho menos si esa obli­ga­to­rie­dad se hubie­ra pro­yec­ta­do hacia el pasa­do y se les exi­gie­ra una toma de posi­ción con­tra­ria al fran­quis­mo, perio­do «de extra­or­di­na­ria pla­ci­dez», según el cono­ci­do enal­te­ci­mien­to de Jai­me Mayor Ore­ja. Y qué decir de un tal Juan Car­los de Bor­bón, ¿no juró los «prin­ci­pios fun­da­men­ta­les del Movi­mien­to»?

Todo lo ante­rior es archi­sa­bi­do y lle­va a la con­clu­sión obvia de que el Esta­do usa car­tas mar­ca­das en su par­ti­da con­tra el inde­pen­den­tis­mo. Pero éste no es un aná­li­sis sufi­cien­te. Lo prin­ci­pal no es qué hace, sino para qué: seguir man­te­nien­do a la izquier­da aber­tza­le fue­ra del mar­co legal es lo úni­co que le garan­ti­za que se blo­quea cual­quier avan­ce polí­ti­co.

Pre­ci­sa­men­te por eso y para eso la izquier­da aber­tza­le nece­si­ta un par­ti­do legal. Ni siquie­ra para par­ti­ci­par en unas elec­cio­nes que están a la vuel­ta de la esqui­na, sino para que el deba­te polí­ti­co se ins­ta­le en Eus­kal Herria sin barre­ras ni vetos, para siem­pre. Resig­nar­se a per­der la par­ti­da por­que el con­tra­rio usa car­tas mar­ca­das no es más que un tris­te y pobre con­sue­lo. Y la izquier­da aber­tza­le no nació para ser un buen per­de­dor a los pun­tos, sino para ganar una Eus­kal Herria inde­pen­die

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