¿Es tu caso?- Mikel Ari­za­le­ta

Sos­tie­ne Gün­ter Wall­raff, uno de los perio­dis­tas de inves­ti­ga­ción más repu­tados de Ale­ma­nia, que las esta­dís­ti­cas de paro en Ale­ma­nia están mani­pu­la­das. Casi dos ter­cios de los tra­ba­ja­do­res, que salen de las lis­tas del des­em­pleo, se ven obli­ga­dos a tra­ba­jar por un suel­do de menos de 400 euros. Y más alar­man­te aún. Exis­ten estu­dios que cons­ta­tan un aumen­to del 350% en los últi­mos ocho años de las per­so­nas que ingre­san en clí­ni­cas psi­quiá­tri­cas por sobre­car­ga labo­ral[i].

Entre las muchas car­tas que reci­bo, dice Wall­raff[ii], hay nume­ro­sas de gen­te que narra su expe­rien­cia psi­quiá­tri­ca. Narran que les han tra­ta­do mal, se les ha que­ri­do des­truir, les han heri­do en el alma. Las más de las veces me veo supe­ra­do y les remi­to a abo­ga­dos, les indi­co direc­cio­nes de médi­cos u orga­ni­za­cio­nes de pacien­tes con­fian­do así pres­tar­les ayu­da.

Una de ellas habla­ba de God­de­lau. Sólo el nom­bre me hizo revi­vir una expe­rien­cia pro­pia y leja­na, ya casi olvi­da­da: God­de­lau y mi expe­rien­cia psi­quiá­tri­ca. Ocu­rrió hace ya más de 40 años. En 1967 hice que me inter­na­ran en una clí­ni­ca de Rieds­tadt-God­de­lau, en el land de Hes­sen (Ale­ma­nia) como supues­to alcohó­li­co, que­ría expe­ri­men­tar in situ. De mi tiem­po en ese “mani­co­mio” ver­só uno de Mis 13 repor­ta­jes inde­sea­dos ya publi­ca­dos.

La car­ta pro­ve­nía de Reiner Feld­mann. En el tra­ba­jo le habían expri­mi­do has­ta la entre­te­la (aus­ge­laugt an Leib und See­le) y bus­có en God­de­lau ayu­da y ampa­ro. Se sen­tía des­co­ra­zo­na­do como emplea­do de una empre­sa de segu­ros, y como otros muchos com­pa­ñe­ros ante la pre­sión y exi­gen­cia en su tra­ba­jo, y con la espa­da de Damo­cles del des­pi­do como ame­na­za, comen­zó a pade­cer depre­sio­nes y sín­to­mas de fal­ta de auto­es­ti­ma.

Cuan­do Reiner Feld­mann comen­zó a tra­ba­jar en 1981 en segu­ros Allianz tenía 31 años. Toda la vida, casi 30 años en la empre­sa. Este hom­bre robus­to y for­ni­do, de pelo cano­so y bar­ba recor­ta­da, fue un sin­di­ca­lis­ta acti­vo. Narra con voz que­da y refle­xi­va el ini­cio de sus pro­ble­mas: “A comien­zos de los noven­ta el tra­ba­jo fue poco a poco deri­van­do hacia el orde­na­dor, dice. Para­le­la­men­te se fue fusio­nan­do el tra­ba­jo téc­ni­co con el admi­nis­tra­ti­vo. Con este nue­va reor­ga­ni­za­ción mi tra­ba­jo como encar­ga­do téc­ni­co se mul­ti­pli­có y con­den­só con­si­de­ra­ble­men­te”, es como ellos lla­man a este tra­ba­jo antes de dos y aho­ra de uno.

En el 2005 la mul­ti­na­cio­nal Allianz obtu­vo unos bene­fi­cios anua­les de cua­tro mil millo­nes y medio de euros. Pero la direc­ción vis­lum­bró que redu­cien­do un 16% la plan­ti­lla podían obte­ner unos 500 millo­nes más. Tra­ba­ja­do­res vete­ra­nos (apa­re­ce en el plan de reduc­ción) a ser posi­ble deben pre­ju­bi­lar­se o ser eli­mi­na­dos esca­lo­na­da­men­te median­te la reduc­ción de la jor­na­da labo­ral o por cese anti­ci­pa­do.

“No era lo sufi­cien­te­men­te rápi­do con el orde­na­dor”, dice Reiner Feld­mann. “Antes era yo quien dic­ta­ba, aho­ra me sen­ta­ba en la mis­ma ofi­ci­na delan­te del orde­na­dor con dos muje­res jóve­nes, mien­tras yo escri­bía una car­ta ellas escri­bían tres”. “Los jefes le ins­tan a que se pre­ju­bi­le. Él acep­ta, a pesar de la sus­tan­cio­sa mer­ma de suel­do que le supo­ne. La reduc­ción de jor­na­da y el cese anti­ci­pa­do labo­ral

este cin­cuen­ta­yo­choa­ñe­ro debe comen­zar en mayo de 2008: dos años y medio de tra­ba­jo a pleno ren­di­mien­to por menor suel­do y lue­go dos años y medio facul­ta­ti­vos con el mis­mo sala­rio redu­ci­do para, final­men­te, reci­bir una pen­sión recor­ta­da.

En tiem­pos, afir­ma Reiner Feld­mann, los can­di­da­tos a la jubi­la­ción obte­nían tra­to pri­vi­le­gia­do en el segu­ro. “Con­mi­go ocu­rrió al con­tra­rio. Tuve la impre­sión como si el direc­tor del depar­ta­men­to qui­sie­ra extraer­me todo el jugo en los dos años y medio que me res­ta­ban. La situa­ción del per­so­nal fue empeo­ran­do y yo tuve que asu­mir tra­ba­jos extras”.

Insom­nio, pro­ble­mas esto­ma­ca­les, mareos, males­tar gene­ral… fue­ron sín­to­mas que comen­zó a pade­cer Feld­mann. Pero él aguan­ta. Una cir­cu­lar inter­na del sus­ti­tu­to de su jefe de depar­ta­men­to de enton­ces, que cule­brea entre el per­so­nal, des­cri­be la dra­má­ti­ca situa­ción por la que se atra­vie­sa. Se habla del “gran des­aso­sie­go entre los com­pa­ñe­ros y los inten­tos por reca­bar ayu­da median­te “con­tra­ta­ción tem­po­ral y/​o recu­rrien­do a horas extras en los tra­ba­ja­do­res de jor­na­da redu­ci­da”. Razón: “Habrían aumen­ta­do las que­jas de nues­tros clien­tes y de los sinies­tra­dos” por la tar­dan­za en la tra­mi­ta­ción de sus soli­ci­tu­des.

Todo ello con­lle­va un cli­ma de ten­sión y tiran­tez en el tra­ba­jo, a lo que hay que sumar pro­ble­mas con los hijos, con los veci­nos y ten­sio­nes en el matri­mo­nio…, que pron­to sobre­pa­san y minan su capa­ci­dad de resis­ten­cia. Reiner Feld­mann teme haber­se sobre­pa­sa­do en la finan­cia­ción de la casa, com­pra­da con su mujer en el 2007. A ello se suma que han aco­gi­do en su casa a la madre de su mujer, que pade­ce demen­cia y nece­si­ta las 24 horas aten­ción y cui­da­dos.

Reiner Feld­mann enmu­de­ce ante la mon­ta­ña de pro­ble­mas a los que se enfren­ta. Él comien­za a depri­mir­se y su mujer a preo­cu­par­se cada vez más por la suer­te del mari­do. Coge la baja, se aís­la, comien­za a beber, no se ve capaz de aguan­tar has­ta la pre­ju­bi­la­ción, teme caer en las redes del Hartz-IV[iii], arras­tran­do así a toda la fami­lia al pre­ci­pi­cio.

A ini­cios de febre­ro de 2008 se diri­ge a la clí­ni­ca psi­quiá­tri­ca de su región, al hos­pi­tal Phi­lipp de Rieds­tadt-God­de­lau, una ins­ta­la­ción espa­cio­sa, con nume­ro­sos edi­fi­cios y sita en un inmen­so par­que. En la pri­me­ra visi­ta, a la que acu­da para reci­bir ayu­da, Feld­mann se da media vuel­ta y huye: “Se me asig­na una cama en un cuar­to lleno de inmun­di­cia. Reple­to de ropas sucias, revis­tas, pañue­los usa­dos, ropa inte­rior de otro pacien­te… Ante lo que el médi­co corres­pon­dien­te sólo sabe enco­ger­se de hom­bros y decir­me que no es para tan­to, que lo impor­tan­te es que en la plan­ta no hay pacien­tes vio­len­tos. Me negué a que­dar­me a pesar de no encon­trar­me bien”.

Yo, dice el perio­dis­ta Gün­ter Wall­raff, conoz­co muy bien esta reac­ción de no acep­tar ayu­da así en seme­jan­tes con­di­cio­nes. Cuan­do en 1967 logré que me ingre­sa­ran en God­de­lau tuve que sobre­po­ner­me como nun­ca antes. Tuve real­men­te mie­do de des­apa­re­cer sin ras­tro en el absur­do de este cen­tro. Todos los pacien­tes, esqui­zo­fré­ni­cos, alcohó­li­cos, demen­tes y epi­lép­ti­cos fue­ron alo­ja­dos en un mis­mo depar­ta­men­to, sien­do enfer­me­da­des muy dis­tin­tas. Los pacien­tes eran una y otra vez ata­dos en dor­mi­to­rios de gran capa­ci­dad, a pesar de que la refor­ma psi­quiá­tri­ca de los años 70 abo­ga­ba por eli­mi­nar los gran­des dor­mi­to­rios masi­vos y abo­ga­ban por un tra­ta­mien­to indi­vi­dua­li­za­do. Entien­do per­fec­ta­men­te que Reiner Feld­mann opta­ra por dar­se media vuel­ta.

Dos sema­nas más tar­de, a fina­les de febre­ro y por con­se­jo de su médi­co, Feld­mann lle­vó a cabo su segun­do inten­to. Apo­ya­do por su mujer visi­ta de nue­vo la clí­ni­ca. Esta vez se que­da: su mujer lee el infor­me de recep­ción del 25 de febre­ro de 2008: Su mari­do sufre depre­sión por la exa­ge­ra­da “car­ga de tra­ba­jo”, tam­bién sien­te una preo­cu­pa­ción “injus­ti­fi­ca­da” por la com­pra de la casa y su finan­cia­ción, a ello hay que aña­dir la preo­cu­pa­ción y ago­bio por la mudan­za a la nue­va casa y por la sue­gra, que vive con ellos, y nece­si­ta aten­ción y cui­da­do por su demen­cia senil. Y ese con­jun­to de cir­cuns­tan­cias con­du­ce a que a su mari­do no le resul­te fácil ni gra­to el acon­te­cer dia­rio.

El médi­co aco­ger­te, el Dr. H., que tra­ba­ja en la plan­ta 94 en la que entre otros son tra­ta­dos los enfer­mos depre­si­vos, des­cu­bre en su “diag­nós­ti­co psí­qui­co” a vue­la plu­ma, sin más con­ver­sa­ción con la espo­sa ni con el enfer­mo, “manía depau­pe­ra­ti­va”. Un diag­nós­ti­co peli­gro­so, ya que a uno cata­lo­ga­do como manía­co cual­quie­ra de sus actua­cio­nes va a con­lle­var el ses­go enfer­mi­zo de no aco­pla­mien­to con la reali­dad. Pero ade­más de manía el médi­co des­cu­bre en Reiner Feld­mann tam­bién alcoho­lis­mo. “Como sudo y tiem­blo de mie­do ante God­de­lau”, dice Feld­mann, el médi­co “lo inter­pre­ta como indi­cio de depen­den­cia de alcohol”. La mujer de Feld­mann remar­ca y reite­ra al médi­co, en la con­ver­sa­ción de recep­ción, que “su mari­do no es alcohó­li­co, si bien reco­no­ce que en las últi­mas sema­nas ha bebi­do en dema­sía. La prue­ba es que des­de que viven jun­tos en casa la inges­ta ha remi­ti­do”.

A pesar de todo en cuan­to su mujer aban­do­na la clí­ni­ca hace que le tras­la­den a Feld­mann a la plan­ta de depen­dien­tes, regre­san­do de nue­vo a los seis días al depar­ta­men­to de enfer­mos depre­si­vos. El médi­co de plan­ta, 17 días des­pués del ingre­so, orde­na que se le haga una tomo­gra­fía de la cabe­za compu­tado­ri­za­da en la uni­dad de radio­lo­gía de la ciu­dad de Darms­tadt, que en estos casos coope­ra con la clí­ni­ca. Por regla gene­ral el Ins­ti­tu­to, para valo­rar los resul­ta­dos y dic­ta­mi­nar el diag­nós­ti­co ofi­cial, nece­si­ta cier­to tiem­po. Pero en este caso ya al día siguien­te el médi­co de plan­ta, el Sr. H., infor­ma a Reiner Feld­mann y pos­te­rior­men­te a su mujer que la CT (tomo­gra­fía compu­tado­ri­za­da) mues­tra una cla­ra “atro­fia cere­bral como con­se­cuen­cia de la inges­ta de alcohol y el ini­cio de una demen­cia pro­gre­si­va”. “El médi­co de plan­ta me acon­se­jó en esta con­ver­sa­ción, dice la mujer de Feld­mann, que hicie­ra que le inha­bi­li­ta­ran, que le decla­ra­ran inca­paz jurí­di­ca­men­te”.

Tam­bién esto mis­mo, dice Wall­raff, le pro­pu­sie­ron a mi espo­sa cuan­do yo qui­se aban­do­nar God­de­lau volun­ta­ria­men­te. El médi­co que­ría rete­ner­me allí, en su opi­nión yo pade­ce­ría cier­ta ten­den­cia al sui­ci­dio. Mi espo­sa me sacó con ayu­da de un abo­ga­do ami­go. ¡Qué fácil lo hubie­ran teni­do si mis parien­tes hubie­ran que­ri­do des­pren­der­se de mí! ¿Cuán­tas veces ocu­rre esto hoy día?

Reiner Feld­mann tuvo suer­te. Su mujer le apo­ya y no per­mi­te que se le inha­bi­li­te, al con­tra­rio se preo­cu­pa y le infun­de cora­je. Los médi­cos acon­se­jan que no se le deje pasear solo y le hacen ver con niti­dez que la demen­cia es incu­ra­ble.

El sobre­sal­to es inmen­so y Feld­mann se derrum­ba. Se ve el res­to de su vida pri­va­do de recuer­dos, vivien­do con men­te en blan­co. Se inten­si­fi­ca su angus­tia y sofo­ca sus ganas de vivir, pier­de moti­va­ción para cola­bo­rar en las ofer­tas de tra­ba­jo y ejer­ci­cio tera­péu­ti­co que se le ofre­ce en la plan­ta de depre­si­vos.

Una noche empren­de un lar­go paseo por el bos­que. La clí­ni­ca alar­ma a la poli­cía. Reiner Feld­mann ve ron­dar el coche poli­cial y vuel­ve en él a des­tino. En el infor­me médi­co se ano­ta que el pacien­te esta­ba total­men­te des­orien­ta­do. Reiner Feld­mann se enfa­da: “Dice que él, el supues­to ato­lon­dra­do, fue quien con­du­jo a la poli­cía sin pro­ble­ma alguno por aquel intrin­ca­do y emba­ru­lla­do terre­ro has­ta el edi­fi­cio de la clí­ni­ca. Nin­gún médi­co se preo­cu­pó de él a su regre­so, y él sen­ci­lla­men­te se fue a dor­mir.

Pero, debi­do a este hecho, el médi­co de plan­ta tras­la­da a Reiner Feld­mann al depar­ta­men­to cerra­do de los demen­tes (9÷2). El tras­la­do supo­ne para Reiner un nue­vo gol­pe. Se ve rodea­do de gen­te mayor inde­fen­sa, con­fun­di­da, des­orien­ta­da, tor­pe. Y al poco de su ingre­so en este depar­ta­men­to se le admi­nis­tran dis­tin­tos medi­ca­men­tos. Su mujer está muy afec­ta­da, ape­nas pue­de creer la deci­sión de los médi­cos.

Y en esta plan­ta comien­za la espe­luz­nan­te cár­cel per­so­nal de un hom­bre enfer­mo depre­si­vo, oca­sio­na­do por su exce­si­vo tra­ba­jo y por pro­ble­mas pri­va­dos. Reiner está con­ven­ci­do de que su vida se ha aca­ba­do. La plan­ta de los demen­tes la pin­ta del modo siguien­te: en el desa­yuno la mayo­ría de los pacien­tes son ali­men­ta­dos, algu­nos se pasan las horas sen­ta­dos y otros vagan duran­te el día por la plan­ta. Una pacien­te, que con fre­cuen­cia que­ría des­ves­tir­se, fue mania­ta­da por el per­so­nal. Gran par­te por­ta paña­les. En las puer­tas cuel­gan gran­des núme­ros. Muchos, que en la plan­ta se sen­tían solos, por la noche lla­ma­ban a sus hijos”.

Reiner Feld­mann cata­lo­ga las cir­cuns­tan­cias en su entorno como una pesa­di­lla: se encuen­tra fue­ra de lugar y teme tener que per­ma­ne­cer allí sin poder salir. Aquí se encuen­tran los deses­pe­ra­dos, los ren­di­dos y él, que has­ta hace poco era un emplea­do de una gran mul­ti­na­cio­nal de segu­ros, un téc­ni­co espe­cia­lis­ta y ponen­te de valo­ra­ción de daños en casos espe­cia­les. ¿Tan rápi­da­men­te se ha vuel­to demen­te y enfer­mo incu­ra­ble?

Dice su mujer que úni­ca­men­te le trans­mi­tió espe­ran­za una cui­da­do­ra mayor de la clí­ni­ca. “Me susu­rra­ba: Con toda segu­ri­dad su mari­do no pade­ce demen­cia. Espe­re, se hará evi­den­te”. Esta cui­da­do­ra y un psi­có­lo­go fue­ron los úni­cos que halla­ron tiem­po para hablar con ella e inten­ta­ron meter­se en el pacien­te a fin de saber qué era lo que pade­cía y sen­tía.

Ya en el depar­ta­men­to de alcohó­li­cos Reiner Feld­mann fue some­ti­do a un tra­ta­mien­to medi­ca­men­to­so inten­sí­si­mo y duro; duran­te los tres meses siguien­tes pro­si­guió en las diver­sas plan­tas del hos­pi­tal toman­do más de una doce­na de pas­ti­llas dia­ria­men­te. Casi nin­gún médi­co habló con él, dice Feld­mann, “sólo pas­ti­llas”. La plan­ta cerra­da para demen­tes fue el aca­bo­se: “El tra­ta­mien­to medi­ca­men­to­so se ini­ció sin demo­ra, sin mi con­sen­ti­mien­to. Un día me negué a tomar aque­llas 15 pas­ti­llas”. El par­te facul­ta­ti­vo dice a este res­pec­to: “Hoy por la maña­na se obser­vó que ha escu­pi­do los medi­ca­men­tos pres­cri­tos y los ha escon­di­do en el bol­si­llo. Pre­gun­ta­do por su com­por­ta­mien­to, el señor Feld­mann no ha dado una res­pues­ta per­ti­nen­te”. ¿Cuál hubie­ra sido per­ti­nen­te? “¿No quie­ro dejar­me enve­ne­nar por uste­des?”. Los médi­cos hubie­ran con­clui­do: “¡La res­pues­ta típi­ca de un enfer­mo manía­co, para­noi­co, que no con­tac­ta con la reali­dad!”. Dice Wall­raff: Yo mis­mo viví en su día algo pare­ci­do y lo ten­go ano­ta­do en mi dia­rio: “Me sien­to como el típi­co loco que se sien­te el úni­co nor­mal entre locos de atar”. Y algu­na vez aso­ma la duda de qui­zá ser uno de aque­llos maniá­ti­cos que viven al mar­gen de la reali­dad.

Al final Reiner Feld­mann ter­mi­na des­con­fian­do inclu­so de su mujer, teme que quie­ra des­en­ten­der­se defi­ni­ti­va­men­te de él en esta plan­ta. Conoz­co, dice Wall­raff, este sen­ti­mien­to de “estar loco indu­ci­da­men­te”: el ser tra­ta­do por el per­so­nal sani­ta­rio, bajo el influ­jo de otros enfer­mos, como un incu­ra­ble hace que las fuer­zas mer­men y uno ter­mi­ne des­mo­ro­nán­do­se. Reiner Feld­mann se mues­tra roto, deses­pe­ra­do, des­es­pe­ran­za­do.

Resul­ta difí­cil saber has­ta don­de se debe a la poten­te inges­ta de psi­co­fár­ma­cos. En cual­quier caso se cono­cen los efec­tos secun­da­rios gra­ves y muy gra­ves de todas estas pas­ti­llas, que se le sumi­nis­tra­ron: tavor, hal­dol, qui­lo­num, zypre­xa, pipam­pe­ron, reminyl. Según estu­dios de USA y esti­ma­cio­nes de la Socie­dad Ale­ma­na de Psi­quia­tría Social la pres­crip­ción, a menu­do muy con­cen­tra­da, de anti­psi­có­ti­cos es una de las cau­sas de por qué la espe­ran­za de vida de los enfer­mos psí­qui­cos resul­ta de 20 a 25 años menor que la espe­ran­za de vida nor­mal. Por aho­ra no exis­ten tra­ba­jos de gran valor infor­ma­ti­vo sobre la impor­tan­cia de los diag­nós­ti­cos erró­neos, pero están en mar­cha.

Dos sema­nas tras su ingre­so en la esta­ción cerra­da de demen­tes lle­ga la valo­ra­ción ofi­cial del estu­dio del CT. El ser­vi­cio de radio­lo­gía de Darms­tadt, que ha lle­va­do a cabo la prue­ba, emi­te un diag­nós­ti­co que nada tie­ne que ver con el de los médi­cos de la clí­ni­ca, expli­ca que la tomo­gra­fía compu­tado­ri­za­da no mues­tra nin­gún cam­bio anó­ma­lo. Por tan­to: nada de demen­cia ni de atro­fia cere­bral. En el infor­me facul­ta­ti­vo del 4 de abril de 2008 se ano­ta: “no se da atro­fia cere­bral”. Y “no exis­te indi­cio de demen­cia, no se le sumi­nis­tre reminyl”.

Reiner Feld­mann y su mujer se ente­ran del diag­nós­ti­co, que cata­lo­ga la actual tera­pia en el hos­pi­tal Phi­lipp como un tra­ta­mien­to total­men­te erró­neo, por casua­li­dad. Al visi­tar a su mari­do se cru­za con la médi­co de plan­ta, que le mira y le dice que no exis­te atro­fia cere­bral, que está bien. Al señor Reiner Feld­mann no se le comu­ni­ca nada, ni mucho menos se le ofre­ce dis­cul­pa por el diag­nós­ti­co erró­neo ni por la tera­pia resul­tan­te. Por fin el 10 de abril reac­cio­na la clí­ni­ca, Feld­mann es libe­ra­do del depar­ta­men­to cerra­do de demen­tes y tras­la­da­do a un depar­ta­men­to abier­to para enfer­mos depre­si­vos, 14 días des­pués de reci­bir el diag­nós­ti­co ana­lí­ti­co del CT de Darms­tadt.

Por lo que vol­vía a la vida y rena­cía en él la espe­ran­za. El par­te facul­ta­ti­vo ano­ta un día des­pués: “Ayer mos­tró el señor Feld­mann for­mas de com­por­ta­mien­to total­men­te sor­pren­den­tes y nue­vas. Sen­ta­do en la sala de estar hizo gim­na­sia con una cin­ta de goma, par­ti­ci­pó correc­ta­men­te en la solu­ción de cru­ci­gra­mas, sus ges­tos fue­ron expre­si­vos, se intere­só por su entorno”. Tras seis sema­nas Feld­mann es dado de alta.

Cua­tro meses des­pués el antes pacien­te cons­ta­ta ante su Segu­ro de Enfer­me­dad, ante el hos­pi­tal Phi­lipp y su res­pon­sa­ble, el Ins­ti­tu­to de Pre­vi­sión de Hes­sen, que él, mer­ced a un fallo en el diag­nós­ti­co –inter­pre­ta­ción equi­vo­ca­da del CT- ha sido tra­ta­do erró­nea­men­te duran­te sema­nas con medi­ca­men­tos noci­vos de impor­tan­cia y ence­rra­do en una plan­ta. Y exi­ge indem­ni­za­ción por los daños pade­ci­dos por valor de 7.500€, can­ti­dad ya con­se­gui­da por otros pacien­tes con diag­nós­ti­cos erró­neos pare­ci­dos.

Reiner Feld­mann recla­ma indem­ni­za­ción ante la Fis­ca­lía gene­ral del Esta­do en Frank­furt a ini­cios de mar­zo. Cin­co sema­nas des­pués es recha­za­da. De la fun­da­men­ta­ción del recha­zo se dedu­ce lo dete­ni­da­men­te que el fis­cal supe­rior ha leí­do el infor­me facul­ta­ti­vo: “En la plan­ta 94, escri­be el fun­cio­na­rio, se lle­vó a cabo una tomo­gra­fía compu­tado­ri­za­da con el resul­ta­do de atro­fia cere­bral”. La inves­ti­ga­ción lle­va­da a cabo no en el hos­pi­tal Phi­lipp –aquí no se lle­vo a cabo la tomo­gra­fía- sino en el ser­vi­cio de radio­lo­gía de Darms­tadt dio como resul­ta­do con­cre­to que no se daba tal atro­fia cere­bral.

Reiner Feld­mann, por razo­nes de cos­te, renun­ció a seguir una dispu­ta jurí­di­ca. Al estig­ma­ti­za­do de nue­vo por la Fis­ca­lía le que­da toda­vía reco­rrer el camino empren­di­do a fina­les de 2009 ante la Ofi­ci­na dic­ta­mi­na­do­ra y el cen­tro de arbi­tra­je del Cole­gio Médi­co de Hes­sen. El Cole­gio Médi­co soli­ci­ta a la clí­ni­ca que se pro­nun­cie, hay inter­cam­bio de corres­pon­den­cia y un tira y aflo­ja de ambas par­tes. Tras más o menos 9 meses Reiner Feld­mann regis­tra su pri­mer peque­ño éxi­to. En julio de 2010 la direc­ción médi­ca del hos­pi­tal Phi­lipp, des­pués de que Reiner le acla­ra a direc­ción que me ha infor­ma­do a mí, Gün­ter Wall­raff, sobre el caso: “Esti­ma­do señor Feld­mann, tras nue­va revi­sión crí­ti­ca de nues­tros infor­mes médi­cos se cons­ta­ta que “el diag­nós­ti­co for­mu­la­do de una depen­den­cia alcohó­li­ca a ini­cios de su estan­cia no se pue­de man­te­ner con defi­ni­ti­va segu­ri­dad. Por lo que lo sien­to si la men­ción de este diag­nós­ti­co pro­vi­sio­nal le ha aca­rrea­do dis­gus­to”. No hay reac­ción por par­te de la clí­ni­ca a mi rue­go de que se posi­cio­ne ante el caso. Fue­ra de este escri­to lapi­da­rio no se obtie­ne otra res­pues­ta.

No se asu­me res­pon­sa­bi­li­dad por el error. Los diag­nós­ti­cos erró­neos con las corres­pon­dien­tes con­se­cuen­cias equi­vo­ca­das del tra­ta­mien­to no se han admi­ti­do en el hos­pi­tal Phi­lipp, esto se con­vier­te en sal­mo­dia de clí­ni­ca ante la Ofi­ci­na de peri­ta­je y arbi­tra­je del Cole­gio de Médi­cos de Hes­sen. Allí se sigue bata­llan­do con­tra la soli­ci­tud de Reiner Feld­mann. La clí­ni­ca se afe­rra a que Reiner Feld­mann es y sigue sien­do –inde­pen­dien­te­men­te del escri­to del direc­tor de la clí­ni­ca- un alcohó­li­co demen­te. En la pos­tu­ra del médi­co res­pon­sa­ble de plan­ta, el doc­tor H., fren­te al Cole­gio de Médi­cos se dice que Feld­mann fue tras­la­da­do con toda jus­te­za a la plan­ta de geron­to­lo­gía psi­quiá­tri­ca.

La Comi­sión de peri­ta­je y arbi­tra­je está enmar­ca­da en el Cole­gio de Médi­cos, en la Aso­cia­ción pro­fe­sio­nal de médi­cos, es decir, en sen­ti­do lato es par­te en la dispu­ta y con­tro­ver­sia, con­cre­ta­men­te de la médi­ca.

No es por tan­to un pro­ce­di­mien­to que garan­ti­ce neu­tra­li­dad y obje­ti­vi­dad. De ahí que las Aso­cia­cio­nes de pacien­tes soli­ci­ten un arbi­tra­je inde­pen­dien­te cuan­do haya que valo­rar las con­se­cuen­cias de erro­res médi­cos.

La Fede­ra­ción Nacio­nal de afec­ta­dos por el tra­ta­mien­to psi­quiá­tri­co sigue luchan­do 35 años des­pués de la refor­ma de la psi­quia­tría por la dig­ni­dad de las per­so­nas en los cen­tros psi­quiá­tri­cos y por la inde­pen­den­cia de los cen­tros de eva­lua­ción de las recla­ma­cio­nes. Ésta es la exi­gen­cia cen­tral para que­brar la estruc­tu­ra de maqui­lla­je o inclu­so de encu­bri­mien­to de erro­res. Y en esta rama médi­ca no son tan extra­ños y raros los diag­nós­ti­cos erró­neos y el tra­ta­mien­to equi­vo­ca­do. Un pro­fe­sor de psi­co­lo­gía clí­ni­ca, que no quie­re que se men­cio­ne su nom­bre, cal­cu­la en más de un 20% los pacien­tes con diag­nós­ti­co equi­vo­ca­do por erró­nea valo­ra­ción de las radio­gra­fías. El aho­rro en sani­dad está a menu­do reñi­do con un tra­ta­mien­to y un diag­nós­ti­co indi­vi­dual, sobre todo en casos lími­te. Y tam­bién el cre­cien­te núme­ro de hos­pi­ta­li­za­cio­nes for­zo­sas en psi­quia­tría ha agra­va­do aún más la situa­ción. El minis­te­rio de Jus­ti­cia pre­ci­sa que entre 1992 y 2008 han pasa­do de 41.000 a 144.000 las hos­pi­ta­li­za­cio­nes for­zo­sas, es decir más de un 350%. ¿Está real­men­te nues­tra socie­dad tan enfer­ma? ¿O tras estos núme­ros se escon­den a veces casos dudo­sos como el del comer­cian­te en obje­tos de arte de Munich, a quien el enton­ces direc­tor de la clí­ni­ca psi­quiá­tri­ca de Munich, “prác­ti­ca­men­te sin examen” (Süd­deuts­che Zei­tung del 21 de agos­to de 2008), le decla­ró enfer­mo psí­qui­co. Y para elu­dir la hos­pi­ta­li­za­ción for­zo­sa, con la cola­bo­ra­ción de su espo­sa, voló a Sui­za. El pro­fe­sor, que le tra­ta­ba, fue en febre­ro de 2010, tras dispu­ta jurí­di­ca de más de 10 años, con­de­na­do por el tri­bu­nal supre­mo de Munich a pagar 15.000€ como indem­ni­za­ción.

Pres­cin­dien­do de este tipo de diag­nós­ti­cos erró­neos y petu­lan­tes no hay duda de que las clí­ni­cas psi­quiá­tri­cas nece­si­tan una mejor dota­ción de per­so­nal y finan­cie­ra. Sólo una asis­ten­cia seria y esme­ra­da del pacien­te sien­ta la base para com­pren­der la enfer­me­dad psi­co­ló­gi­ca y poder brin­dar res­pues­ta ade­cua­da. Se da en las clí­ni­cas esca­sez de per­so­nal, de recur­sos y de dedi­ca­ción.

En la Colec­ción de tra­ba­jos his­tó­ri­cos de la Fede­ra­ción del Bien­es­tar de Hes­sen, res­pon­sa­ble del hos­pi­tal Phi­lipp, apa­re­ció en 2004 un volu­men de varios auto­res de 500 pági­nas con el títu­lo “Ser­vi­cio de Cui­da­dos del hos­pi­tal Phi­lipp”. En la penúl­ti­ma de las 38 apor­ta­cio­nes (Psi­quia­tría des­de el pun­to de vis­ta de un parien­te) escri­be la madre de una pacien­te: “Median­te la refor­ma de la sani­dad todo ha empeo­ra­do, a menu­do sólo hay sumi­nis­tro de medi­ca­men­tos, por­que toda con­ver­sa­ción, cual­quier tera­pia per­so­nal cues­ta dine­ro, algo que no exis­te para esa per­so­na. Los pro­ble­mas en el tra­ta­mien­to del enfer­mo psí­qui­co siguen sien­do gran­des, qui­zá hoy mayo­res que ayer”.

A pesar de todo Reiner Feld­mann logró dar nue­va­men­te el paso a una vida nor­mal. Cuan­do aban­do­nó la clí­ni­ca no regre­só a su anti­guo tra­ba­jo. Tuvo que seguir luchan­do duran­te un tiem­po con­tra sus pesa­di­llas, espe­cial­men­te con­tra las viven­cias pade­ci­das en el depar­ta­men­to de demen­tes. Pero pron­to comen­zó a rela­cio­nar­se con la gen­te, par­ti­ci­pó en una ini­cia­ti­va ciu­da­da­na en pro de la vivi­fi­ca­ción y revi­ta­li­za­ción del cas­co vie­jo de su pue­blo, jun­tán­do­se con fre­cuen­cia con ami­gos. Las depre­sio­nes fue­ron dis­mi­nu­yen­do a medi­da que se fue invo­lu­cran­do e injer­tán­do­se en la vida. En medio de todo ha teni­do suer­te aun cuan­do, para que se le reco­noz­ca haber sido víc­ti­ma de una diag­nós­ti­co equi­vo­ca­do y de una tera­pia erró­nea, va a tener que seguir luchan­do. Su mujer fue puen­te de cone­xión con el exte­rior. ¿Cuán­ta gen­te, que sufre bajo pare­ci­das con­di­cio­nes de tra­ba­jo y enfer­man psí­qui­ca­men­te, no tie­ne esa suer­te? ¿Es tu caso?

Tra­du­ci­do por Mikel Ari­za­le­ta, 17 827 048


[i] El tex­to está tra­du­ci­do de la revis­ta Zeit maga­zin, nº 63, 2.2011, pag. 20 y s.: “Wegen Depres­sio­nen such­te Reiner Feld­mann Hil­fe in der Psy­chia­trie. Auf­grund einer Fehl­diag­no­se steck­te man ihn in eine ges­chlos­se­ne Demen­zab­tei­lung, de Gün­ter Wall­raff” (Por sufrir depre­sio­nes Reiner Feld­mann bus­có ayu­da en la psquia­tría. Mer­ced a un diag­nós­ti­co equi­vo­ca­do se le ingre­sa en el depar­ta­men­to cerra­do de demen­tes). Wall­raff se hizo ingre­sar 1969 en esta mis­ma clí­ni­ca, como supues­to alcohó­li­co, sufrió el mal­tra­to y narró su expe­rien­cia en Mis 13 repor­ta­jes inde­sea­dos.

[ii] Gün­ter Wall­raff es el perio­dis­ta ale­mán más famo­so en des­ve­lar, des­en­mas­ca­rar y poner en cla­ro abu­sos rele­van­tes. Es un autor muy cono­ci­do en Ale­ma­nia y fue­ra de Ale­ma­nia. Muchas veces se dis­fra­za y enmas­ca­ra para sufrir en su cuer­po la reali­dad que tra­ta de denun­ciar o des­cri­bir y refle­jar. Su libro Cabe­za de tur­co, en el que des­cri­be la explo­ta­ción y des­pre­cio a los tur­cos en Ale­ma­nia, fue un gran alda­bo­na­zo en la con­cien­cia ale­ma­na. Con la tra­duc­ción he pre­ten­di­do dos cosas: hacer un home­na­je a un escri­tor, que no escri­be de oídas, que se impli­ca en inves­ti­gar aque­llo que denun­cia, que es voz del esplo­ta­do y , segun­do, supon­go que algo pare­ci­do pue­de estar ocu­rrien­do entre noso­tros a la vis­ta d más del 20% de paro. Sus méto­dos de inves­ti­ga­ción perio­dís­ti­ca han dado lugar a un ver­bo en ale­mán wall­raf­fen (wall­raf­fear) don­de el repor­te­ro se trans­for­ma, crean­do una iden­ti­dad fic­ti­cia, un suje­to que vivi­rá todas las expe­rien­cias rela­ta­das pos­te­rior­men­te, que de otro modo son difí­ci­les de inves­ti­gar.

[iii] Son 13 reco­men­da­cio­nes, deno­mi­na­das mejo­ras, suge­ri­das por una comi­sión para las refor­ma del mer­ca­do labo­ral ale­mán, com­pues­ta por 15 miem­bros y lide­ra­da por Peter Hartz, que dio nom­bre al paque­te de leyes. Hartz IV entro en vigor el 1 de enero de 2005, sien­do can­ci­ller Schrö­der, del Par­ti­do Socia­lis­ta. Hartz IV era la cuar­ta nor­ma de esa refor­ma. Podía obte­ner­lo cual­quier per­so­na apta para tra­ba­jar, entre los 15 y los 65 años, que­dan­do res­trin­gi­da a los que no podían tra­ba­jar más de 3 horas al día (por minus­va­lía o enfer­me­dad) o per­so­nas no domi­ci­lia­das en Ale­ma­nia (unos 7 millo­nes de bene­fi­cia­rios).

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