Revi­lla inco­rrec­to y su ami­go ima­gi­na­rio – Jose María Loren­zo Espinosa

Aca­ba de salir una bio­gra­fía del actual pre­si­den­te de Can­ta­bria en la que se repa­sa su vida inter­na y exter­na. Títu­lo: «Revi­lla, polí­ti­ca­men­te inco­rrec­to». Los datos apor­ta­dos en este tex­to y en pos­te­rio­res entre­vis­tas para publi­ci­tar­lo pre­go­nan su cono­ci­do popu­lis­mo de anchoa y taxi, ade­más de un fran­quis­mo gené­ti­co con­fe­sa­do y otras vir­tu­des no menos fri­kies. No fal­ta una auto­se­me­jan­za con Sadam Hus­seim (y no sólo por el bigo­te) y las con­sa­bi­das amis­ta­des o cer­ca­nías fol­kló­ri­cas a reyes, mar­que­ses, ban­que­ros, pre­si­den­tes y… a un miem­bro de ETA. Una exhaus­ti­va bio­gra­fía, en casi 500 pági­nas, que no hace sino con­fir­mar el afo­ris­mo de Vol­tai­re: «el secre­to para abu­rrir con­sis­te en con­tar­lo todo».

El pre­si­den­te cán­ta­bro se sumó a la pro­mo­ción y ven­ta del libro, apa­re­cien­do en libre­rías y entre­vis­tas, rese­ñas, ano­ta­cio­nes y otras espe­cies en perió­di­cos o sema­na­rios del gru­po Vocen­to, «El Mun­do»… Todos ellos para­fra­sea­ban las bio­grá­fi­cas pági­nas, repi­tien­do has­ta la sacie­dad los prin­ci­pa­les ítems y neu­ras de Revilla.

Entre ellas hay una espe­cial­men­te denun­cia­ble. Una que Revi­lla ador­na siem­pre con fal­se­da­des, cuan­do no con insul­tos. Es la que se refie­re a la supues­ta «amis­tad» que man­tu­vo con Txa­bi Etxe­ba­rrie­ta. O sea, la mis­ma que pue­den man­te­ner el agua y el acei­te. Cuan­do Revi­lla habla una y otra vez de Txa­bi o de la fun­da­ción de ETA, con­fun­de fechas, per­so­nas, sitios… O sim­ple­men­te se los inven­ta, como al decir que su «ami­go» era fun­da­dor de ETA, o que ésta se fun­dó en su cla­se de Sarri­ko. Es sólo una peque­ña mues­tra de la igno­ran­cia y per­ver­sión que mez­clan sus his­to­rias, en las que no fal­ta el deli­rio de pre­sen­tar­se como gran líder estu­dian­til de Eus­ka­di, cuan­do no pasa­ba de mero par­ti­ci­pan­te en reunio­nes o manifestaciones.

Hay un tipo de tras­torno men­tal, el del ami­go ima­gi­na­rio, que sufren algu­nos niños que han teni­do una infan­cia mar­gi­nal y soli­ta­ria. Una expe­rien­cia de este tipo, dicen los psi­quia­tras, pue­de mar­car para siem­pre. No es raro que los afec­ta­dos se inven­ten per­so­na­jes o ami­gos inexis­ten­tes, con quie­nes hablan y a quie­nes recu­rren de dis­tin­tas mane­ras para librar­se del com­ple­jo. En un niño, este supues­to pue­de ser una sali­da. En un adul­to es un pro­ble­ma cró­ni­co. Dicen que se ali­via con pas­ti­llas. Pero no se cura e inclu­so se agra­va con la edad.

Digo esto por­que el mis­mo Revi­lla con­fie­sa que a los once años tuvo que pasar un cal­va­rio seme­jan­te al lle­gar a la capi­tal: «…me trau­ma­ti­zó que los niños de San­tan­der se rie­sen de que habla­se todo con la «u», de mi mane­ra de ves­tir, de lo colo­ra­do que era, de la pin­ta de pue­blo que tenía… Me mar­gi­na­ron mucho y tuve muy pocos amigos».

Han pasa­do cin­cuen­ta años y este hom­bre insis­te en afir­mar, jalea­do por perio­dis­tas carro­ñe­ros, que Txa­bi Etxe­ba­rrie­ta era su ami­go, «muy ami­go». A quien des­de lue­go admi­ra­ba, pero sólo como estu­dian­te. Ocul­ta, por supues­to, que Txa­bi era sobre todo admi­ra­ble por sus cua­li­da­des per­so­na­les, su talen­to polí­ti­co, sus inquie­tu­des inte­lec­tua­les, su entre­ga mili­tan­te o su elo­cuen­cia para hablar en públi­co… Así lo recuer­dan al menos quie­nes de ver­dad lo cono­cie­ron. Una per­so­na­li­dad atra­yen­te y popu­lar entre los estu­dian­tes de Sarri­ko. Alguien polí­ti­ca e inte­lec­tual­men­te caris­má­ti­co para todos, inclui­do el joven mar­gi­na­do de San­tan­der. No sería extra­ño que, entre admi­ra­ción y envi­dia, Revi­lla des­de el fon­do de su trau­ma infan­til lo eli­gie­ra enton­ces como «ami­go imaginario».

Des­de lue­go no hay nin­gún tes­ti­mo­nio docu­men­tal ni tes­ti­fi­cal que prue­be esta supues­ta amis­tad entre ambos, más allá del hecho de estu­diar la mis­ma carre­ra, o coin­ci­dir en algu­na cons­pi­ra­ción estu­dian­til de la épo­ca, en la que par­ti­ci­pa­ban no menos de cin­cuen­ta per­so­nas. Revi­lla, en su deli­rio y frus­tra­ción, qui­zá con­fun­de matri­cu­lar­se en la mis­ma Facul­tad o estar en la mis­ma reu­nión con una amis­tad rese­ña­ble. Y con esa sim­ple cer­ca­nía inven­ta un mun­do de rela­ción, de ir y venir a cla­se, estu­diar jun­tos, fre­cuen­tar su casa «por­que siem­pre le daban de cenar» y has­ta man­te­ner una riva­li­dad elec­to­ral con Txa­bi. Cosas que, curio­sa­men­te, sal­vo él, nadie recuerda.

Nadie de la Facul­tad, ni de aque­lla casa, ni los fami­lia­res, ni quie­nes la visi­ta­ban asi­dua­men­te y eran de ver­dad ami­gos de los Etxe­ba­rrie­ta sabe nada de esta ima­gi­na­ria amis­tad, ni corro­bo­ran las afir­ma­cio­nes inven­ta­das de Revi­lla. Y se mues­tran asom­bra­dos cuan­do el cán­ta­bro cita una y otra vez estos supues­tos. Tam­po­co les cons­ta a los ex com­pa­ñe­ros de Facul­tad que Revi­lla fue­se alguien des­ta­ca­do en la épo­ca, ni mucho menos cer­cano en lo per­so­nal a Txa­bi o a su familia.

Pero hay más y más gra­ve. Con un ami­go se pue­de estar de acuer­do o no. Y si éste tie­ne una sig­ni­fi­ca­ción polí­ti­ca (yo diría his­tó­ri­ca) como la tuvo Txa­bi, se pue­de sim­pa­ti­zar o dis­cre­par inclu­so cin­cuen­ta años des­pués. Pero es des­pre­cia­ble que en las decla­ra­cio­nes de Revi­lla aso­men con fre­cuen­cia el insul­to o la infa­mia, para refe­rir­se a «su ami­go». Un caso para­le­lo de per­te­nen­cia a la mis­ma Facul­tad, y con inquie­tu­des comu­nes aque­llos años, se daba por ejem­plo entre Txa­bi y Joa­quín Legui­na y otras per­so­nas que han teni­do des­pués pues­tos rele­van­tes en la polí­ti­ca vas­ca y espa­ño­la. Todos han teni­do siem­pre la ele­gan­cia de tra­tar con res­pe­to su recuer­do. En cam­bio, su «ami­go» Revi­lla le lla­ma «hijo puta» cada dos por tres, con una fami­lia­ri­dad algo más que inco­rrec­ta. Un cali­fi­ca­ti­vo que por su repe­ti­ción obse­si­va, en mi opi­nión, es de juz­ga­do direc­to. Y que en todo caso retra­ta fiel­men­te al muchas veces retra­ta­do y tele­vi­sa­do mal­pre­si­den­te de los cán­ta­bros. Que, por cier­to, resul­ta que gobier­na con el apo­yo del PSOE.

Entre sus tor­pes recla­mos, a Revi­lla le gus­ta decir con­ti­nua­men­te que Etxe­ba­rrie­ta mató a un guar­dia civil, pero olvi­da siem­pre que a Txa­bi tam­bién lo mata­ron… varios guar­dias civi­les. Y sobre todo que aque­lla des­gra­cia­da muer­te cayó como una losa emo­cio­nal y polí­ti­ca sobre su pue­blo. Y esto no es un recuer­do inven­ta­do. Lamen­ta­ble­men­te fue real. Por­que, en efec­to, Txa­bi era real y ver­da­de­ro. Autén­ti­co en vida y muer­te. Un ami­go no inven­ta­do para tan­tos que le llo­ra­ron aquel día de 1968. Un líder caris­má­ti­co invol­vi­da­ble. En cam­bio, es fal­so, o muy dudo­so, que se con­si­de­ra­se algu­na vez siquie­ra cer­cano al señor Revilla.

Así que, «ami­go» pre­si­den­te, según me dicen, en casa de los Etxe­ba­rrie­ta usted ni estu­vo, ni está… ni se le espera.

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