Egip­to al bor­de de la gue­rra civil – Alan Woods

La revo­lu­ción en Egip­to está alcan­zan­do un pun­to crí­ti­co. El vie­jo poder del Esta­do se derrum­ba bajo los gol­pes de mar­ti­llo de las masas. Pero la revo­lu­ción es una lucha de fuer­zas vivas. El vie­jo régi­men no tie­ne inten­ción de ren­dir­se sin lucha. Las fuer­zas con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rias están pasan­do a la ofen­si­va. Hay fero­ces com­ba­tes en las calles de El Cai­ro entre ele­men­tos pro y anti-Muba­rak.

La “Pro­tes­ta de millo­nes» del lunes superó todas las expec­ta­ti­vas. Más de un millón de per­so­nas aba­rro­ta­ron la pla­za Tah­rir de El Cai­ro. Hubo 300.000 en las calles de Suez, 250.000 en Maha­lla, 250.000 en Man­su­rá y una cifra impre­sio­nan­te de 500.000 mani­fes­tan­tes en Ale­jan­dría. Este pode­ro­so movi­mien­to no tie­ne nin­gún pre­ce­den­te en la his­to­ria egip­cia.

Los mani­fes­tan­tes toma­ron las calles de cada pue­blo y ciu­dad. Según algu­nas esti­ma­cio­nes alre­de­dor de 4 millo­nes de per­so­nas se mani­fes­ta­ron ayer en Egip­to. Por el con­tra­rio, los núme­ros de quie­nes salie­ron ayer a las calles para expre­sar su apo­yo al Pre­si­den­te fue­ron peque­ños y, sin duda, estu­vie­ron con­for­ma­dos por miem­bros de las fuer­zas de segu­ri­dad, los buró­cra­tas y sus fami­lias, todos los que tie­nen algo que per­der si Muba­rak es derro­ca­do.

La revo­lu­ción tie­ne enor­mes reser­vas de apo­yo. Sin embar­go, hay defi­cien­cias en el cam­po revo­lu­cio­na­rio. Como hemos dicho des­de el prin­ci­pio, el carác­ter espon­tá­neo del movi­mien­to es su prin­ci­pal for­ta­le­za y su prin­ci­pal debi­li­dad. Las fuer­zas de la con­tra­rre­vo­lu­ción son numé­ri­ca­men­te más débi­les (esto se demos­tró ayer). Pero los núme­ros no son todo en la revo­lu­ción, así como en la gue­rra. Muchas veces en la his­to­ria un gran ejér­ci­to com­pues­to por sol­da­dos valien­tes ha sido derro­ta­do por un ejér­ci­to pro­fe­sio­nal más peque­ño y con bue­nos ofi­cia­les.

Los revo­lu­cio­na­rios tie­nen la deter­mi­na­ción, la valen­tía y la moral. Pero los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios tie­nen mucho que per­der: sus pues­tos, posi­cio­nes, poder y pri­vi­le­gios. La deses­pe­ra­ción les dará el valor para resis­tir. Y están orga­ni­za­dos y bien entre­na­dos. No hay la menor duda de que las tro­pas de cho­que de la mafia que hoy ata­có a los mani­fes­tan­tes en la Pla­za Tah­rir eran poli­cías sin uni­for­me. Esto no era una mani­fes­ta­ción espon­tá­nea de leal­tad hacia el Pre­si­den­te, sino una acción cui­da­do­sa que corres­pon­de a un plan ela­bo­ra­do.

La estra­te­gia de Muba­rak

En Túnez, el Pre­si­den­te Ben Ali deci­dió rela­ti­va­men­te pron­to que el jue­go había ter­mi­na­do y tomó un avión al exi­lio jun­to con su espo­sa y una gran can­ti­dad de botín. El Pre­si­den­te Muba­rak de Egip­to es más duro y obs­ti­na­do. Ha deci­di­do hacer caso omi­so de los millo­nes de mani­fes­tan­tes que gri­ta­ban a favor de su caí­da en las calles. A él no le impor­ta lo que suce­da con Egip­to. Menos aún las preo­cu­pa­cio­nes de sus vie­jos ami­gos y alia­dos en Washing­ton. Su úni­co pro­gra­ma es la super­vi­ven­cia. Su úni­ca pers­pec­ti­va es el vie­jo lema de los dés­po­tas: «Après moi le delu­ge!»: «¡Des­pués de mí, el dilu­vio!»

Aho­ra todo el mun­do debe dar­se cuen­ta de que la úni­ca mane­ra de cal­mar el país es que el Pre­si­den­te se vaya. Los auto­pro­cla­ma­dos «líde­res de la opo­si­ción» han deja­do cla­ro que ellos ni siquie­ra dia­lo­ga­rán a menos que Muba­rak des­apa­rez­ca. No tie­nen otra opción, ya que las masas en las calles están vigi­lan­tes y no van a tole­rar nin­gún com­pro­mi­so.

Por lo tan­to, la úni­ca espe­ran­za para ase­gu­rar una «tran­si­ción orde­na­da del poder», que los Esta­dos Uni­dos tan fer­vien­te­men­te desean, es la eli­mi­na­ción inme­dia­ta de Muba­rak. Pero John Sim­pson, el res­pon­sa­ble de noti­cias inter­na­cio­na­les de BBC News, un comen­ta­ris­ta bur­gués inte­li­gen­te, seña­la correc­ta­men­te: «el úni­co pro­ble­ma es que nadie le ha dicho a la mul­ti­tud nada sobre esto en la Pla­za Tah­rir. Su lema es “Muba­rak debe irse aho­ra” y no “Muba­rak debe irse con hono­res den­tro de varios meses y a con­ti­nua­ción su sis­te­ma será mejo­ra­do lige­ra­men­te”. »

En el dis­cur­so de la noche pasa­da, Muba­rak pro­me­tió mar­char­se des­pués de las pró­xi­mas elec­cio­nes y pro­me­tió una refor­ma cons­ti­tu­cio­nal, pero anun­ció que le gus­ta­ría que­dar­se has­ta sep­tiem­bre para super­vi­sar el cam­bio. En su dis­cur­so del mar­tes, Muba­rak dijo que dedi­ca­ría su tiem­po res­tan­te en el poder a garan­ti­zar una tran­si­ción pací­fi­ca del poder a su suce­sor (no ha men­cio­na­do a su hijo Gamal). Cri­ti­có las pro­tes­tas y dijo que su prio­ri­dad era «res­tau­rar la paz y la esta­bi­li­dad». «Este es mi país. Aquí es don­de viví, luché y defen­dí su tie­rra, su sobe­ra­nía e intere­ses, y mori­ré en su sue­lo», dijo.

El dis­cur­so fue inter­pre­ta­do por los mani­fes­tan­tes como una pro­vo­ca­ción. Lejos de cal­mar las cosas arro­jó de nue­vo más gaso­li­na al fue­go. La reac­ción de los mani­fes­tan­tes a la decla­ra­ción de Muba­rak fue de incre­du­li­dad, pri­me­ro, y a con­ti­nua­ción, de indig­na­ción. «El dis­cur­so es inú­til y sólo encien­de nues­tra ira», dijo un mani­fes­tan­te, Sha­di Mor­kos, a Reuters. «Con­ti­nua­re­mos la pro­tes­ta». Se tra­ta de una reac­ción uni­ver­sal.

Ano­che, los mani­fes­tan­tes per­ma­ne­cie­ron acam­pa­dos en la Pla­za Tah­rir dicien­do que la pro­me­sa de Muba­rak no era sufi­cien­te, y can­ta­ban: «¡No nos ire­mos! ¡Él se irá!» Las masas no desean dar tiem­po a Muba­rak para que manio­bre. Quie­ren que sea derro­ca­do y some­ti­do a jui­cio. En las mani­fes­ta­cio­nes de ayer se veían efi­gies suyas ahor­ca­das. Esto demues­tra el áni­mo real en las calles.

Todo el mun­do sabe que fue él quien dio la orden de dis­pa­rar a los mani­fes­tan­tes el vier­nes pasa­do. La tele­vi­sión mos­tró al padre de un joven ase­si­na­do en una mani­fes­ta­ción, llo­ran­do y gri­tan­do: «Están matan­do a nues­tros hijos». Aho­ra, el régi­men está ata­can­do a per­so­nas des­ar­ma­das con la inten­ción de ase­si­nar. Gen­te des­ar­ma­da está sien­do gol­pea­da, ape­drea­da y gasea­da en la Pla­za Tah­rir. Con este régi­men no pue­de haber nin­gu­na tre­gua, ni paz ni per­dón.

Un pre­ce­den­te his­tó­ri­co

Egip­to está en las garras de una bata­lla titá­ni­ca entre revo­lu­ción y la con­tra­rre­vo­lu­ción. Has­ta este momen­to las mani­fes­ta­cio­nes habían sido total­men­te pací­fi­cas. Esto había imbui­do a las masas de una fal­sa sen­sa­ción de segu­ri­dad. Aho­ra se han disuel­to todas las ilu­sio­nes. Las masas están reci­bien­do su bau­tis­mo de fue­go. El plan de Muba­rak es recu­pe­rar el con­trol de la Pla­za Tah­rir y, por lo tan­to, de tomar la ini­cia­ti­va, que ha esta­do has­ta aho­ra en manos de los revo­lu­cio­na­rios. La lucha por el poder ha comen­za­do en serio.

Todo esto ha sido cui­da­do­sa­men­te pre­pa­ra­do de ante­mano. Los mani­fes­tan­tes anti­gu­ber­na­men­ta­les están des­ar­ma­dos y no esta­ban pre­pa­ra­dos para el con­flic­to. Las fuer­zas pro­gu­ber­na­men­ta­les están arma­das y han uti­li­za­do gases lacri­mó­ge­nos, que han arro­ja­do a las mul­ti­tu­des, inclui­dos los niños. Han entra­do a la Pla­za mon­ta­dos a caba­llo y en came­llos. Con la ven­ta­ja de la sor­pre­sa y la supe­rio­ri­dad de sus armas y tác­ti­cas, mien­tras escri­bo estas líneas, los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios están obli­gan­do len­ta­men­te a retro­ce­der a los revo­lu­cio­na­rios. Han arres­ta­do a mani­fes­tan­tes que, a con­ti­nua­ción, son entre­ga­dos al ejér­ci­to. Su des­tino es des­co­no­ci­do.

En el con­tex­to de estas accio­nes es evi­den­te que el dis­cur­so de Muba­rak de ano­che fue par­te inte­gral de un plan para hacer retro­ce­der la revo­lu­ción paso a paso. Al pro­me­ter con­ce­sio­nes y pro­po­ner el ofre­ci­mien­to de per­ma­ne­cer has­ta sep­tiem­bre, tenía la espe­ran­za de ganar el apo­yo de los ele­men­tos vaci­lan­tes: las cla­ses medias que temen ines­ta­bi­li­dad y desean «orden»; la bur­gue­sía que teme una revo­lu­ción como la pes­te y le gus­ta­ría que sus nego­cios retor­na­ran a la nor­ma­li­dad; las capas atra­sa­das y polí­ti­ca­men­te iner­tes que no com­pren­den nada y gra­vi­tan alre­de­dor de los gran­des nom­bres, de los hom­bres fuer­tes y de cual­quier que esté en el poder; las cla­ses de cri­mi­na­les depra­va­dos y lum­pen­pro­le­ta­rios que ven­den su leal­tad polí­ti­ca al mejor pos­tor. Estas son las reser­vas socia­les de la con­tra­rre­vo­lu­ción que aho­ra se están movi­li­zan­do con­tra la revo­lu­ción.

Exis­te un pre­ce­den­te his­tó­ri­co cla­ro. El 17 de octu­bre de 1905 (30 de octu­bre en el nue­vo calen­da­rio) en res­pues­ta a la revo­lu­ción rusa de 1905, el zar Nico­lás II emi­tió el Mani­fies­to de Octu­bre. El régi­men esta­ba en lo que pare­cía ser una situa­ción impo­si­ble. Se enfren­tó a un movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio colo­sal y a una huel­ga gene­ral. En muchas zonas los comi­tés revo­lu­cio­na­rios de los tra­ba­ja­do­res (los Soviets) esta­ban toman­do el con­trol de la socie­dad.

El mani­fies­to se com­pro­me­tía a con­ce­der las liber­ta­des civi­les al pue­blo: inclu­yen­do la inmu­ni­dad per­so­nal, liber­tad de reli­gión, liber­tad de expre­sión, liber­tad de reu­nión y liber­tad de aso­cia­ción; y la con­vo­ca­ción de un Par­la­men­to, la Duma, ele­gi­do en sufra­gio uni­ver­sal mas­cu­lino. Fue una gran vic­to­ria sobre el papel, pero en la prác­ti­ca la demo­cra­ti­za­ción fue insig­ni­fi­can­te. El zar per­ma­ne­ció en el poder y ejer­ció el dere­cho de veto sobre la Duma, que disol­vió varias veces.

El mani­fies­to fue un gigan­tes­co frau­de, así como las refor­mas pro­me­ti­das por Muba­rak, pero fue sufi­cien­te para com­prar a una capa que pre­via­men­te había apo­ya­do la revo­lu­ción. Los bur­gue­ses libe­ra­les inme­dia­ta­men­te la apo­ya­ron, rom­pie­ron con la revo­lu­ción e hicie­ron las paces con el zar. Desea­ban «esta­bi­li­dad», como lo desea­ba una gran par­te de las cla­ses medias. Su defec­ción pre­pa­ró el camino para una reac­ción con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria.

Al mis­mo tiem­po, cuan­do el zar anun­ció sus refor­mas, des­en­ca­de­nó las «fuer­zas oscu­ras» sobre las masas: el lum­pen­pro­le­ta­ria­do, la esco­ria de los barrios bajos, los pogro­mos anti­se­mi­tas, para aho­gar la revo­lu­ción en la san­gre. Muba­rak inten­ta hacer lo mis­mo. En Rusia, los pogro­mos fue­ron orga­ni­za­dos por la poli­cía zaris­ta. En el Cai­ro los ata­ques con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios son orga­ni­za­dos por la poli­cía de civil, hacién­do­se pasar por «mani­fes­tan­tes pro-Muba­rak».

Al mis­mo tiem­po, mien­tras sus secua­ces des­tro­zan crá­neos en la Pla­za Tah­rir, Muba­rak ha anun­cia­do que los ban­cos y tien­das se reabri­rán el domin­go, el pri­mer día de tra­ba­jo des­pués del fin de sema­na islá­mi­co. La inten­ción es crear la impre­sión de un retorno a la nor­ma­li­dad. Pero la nor­ma­li­dad no vol­ve­rá a Egip­to duran­te mucho tiem­po.

Washing­ton preo­cu­pa­do

En Washing­ton se están ponien­do cada vez más ner­vio­sos. Mien­tras más tiem­po se afe­rre Muba­rak al poder, mayor será el ries­go de lo que ellos lla­man «caos». Los últi­mos acon­te­ci­mien­tos han con­fir­ma­do sus peo­res temo­res. Egip­to se pue­de des­li­zar hacia la gue­rra civil. Los esta­dou­ni­den­ses no esta­rían dema­sia­do preo­cu­pa­dos por eso, pero el pro­ble­ma es que des­trui­ría todos sus pla­nes para una «tran­si­ción admi­nis­tra­da».

En una decla­ra­ción rea­li­za­da des­pués del dis­cur­so de Muba­rak, Oba­ma dijo que Esta­dos Uni­dos ten­dría mucho gus­to en ofre­cer asis­ten­cia a Egip­to duran­te el pro­ce­so de tran­si­ción. Modes­ta­men­te, decla­ró que no era el dere­cho de su país dic­tar la ruta a Egip­to, pero que cual­quier tran­si­ción debe­ría incluir a las voces de la opo­si­ción y lle­var a elec­cio­nes libres y jus­tas: «Es mi creen­cia que una tran­si­ción orde­na­da debe ser sig­ni­fi­ca­ti­va, debe ser pací­fi­ca y debe comen­zar aho­ra».

A pesar de las tran­qui­li­za­do­ras pala­bras de Oba­ma acer­ca de no tener nin­gún dere­cho a ele­gir los líde­res de otras nacio­nes, me pare­ce recor­dar que Washing­ton tuvo algo que ver con la eli­mi­na­ción (y el jui­cio) de Slo­bo­dan Milo­se­vic y, de algu­na mane­ra, tam­bién jugó un papel deci­si­vo en la eli­mi­na­ción (y eje­cu­ción) de Sad­dam Hus­sein. Tam­bién recor­da­mos el entu­sias­mo con que los Esta­dos Uni­dos pro­cla­ma­ron la polí­ti­ca del «cam­bio de régi­men» como la mejor mane­ra de des­ha­cer­se de los dic­ta­do­res y mar­car el comien­zo de la «demo­cra­cia» (bajo con­trol esta­dou­ni­den­se).

Aquí la reali­dad cíni­ca de la demo­cra­cia bur­gue­sa se des­ta­ca con toda su des­ver­güen­za. El impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se siem­pre con­si­de­ra que es el dere­cho de su país eli­mi­nar a los líde­res que son des­obe­dien­tes y sus­ti­tuir­los por diri­gen­tes más fle­xi­bles. Con este fin, la «demo­cra­cia» es tan bue­na excu­sa como cual­quier otra. Pero cuan­do se tra­ta de los regí­me­nes que son amis­to­sos con los intere­ses de Esta­dos Uni­dos, al ins­tan­te des­apa­re­cen todos los escrú­pu­los sobre demo­cra­cia y los dere­chos huma­nos. El poli­cía del mun­do se ve afec­ta­do de repen­te por un ata­que de lega­li­dad escru­pu­lo­so: «no es el dere­cho de nues­tro país dic­tar la ruta a Egip­to» – ni, por supues­to, de Ara­bia Sau­di­ta, Jor­da­nia, Marrue­cos o cual­quie­ra de los nume­ro­sos regí­me­nes des­agra­da­bles que son bue­nos ami­gos de Esta­dos Uni­dos en el mun­do.

Oba­ma afir­mó que le había dicho todo esto a Muba­rak duran­te una lla­ma­da tele­fó­ni­ca de 30 minu­tos. Sería intere­san­te cono­cer el con­te­ni­do pre­ci­so de esta con­ver­sa­ción tele­fó­ni­ca, pero nos ima­gi­na­mos que no habrá sido muy cor­dial. Cuan­do el actual ocu­pan­te de la Casa Blan­ca dice que una tran­si­ción orde­na­da «debe comen­zar aho­ra», esto es apro­xi­ma­da­men­te lo que los esta­dou­ni­den­ses se atre­vie­ron a decir­le a Muba­rak: «¡Por amor de Dios, vete!»

Hay una razón muy bue­na por la que Oba­ma no pue­de decir­le Muba­rak que se vaya, al menos en públi­co. Los esta­dou­ni­den­ses tie­nen que ele­gir sus pala­bras con sumo cui­da­do por­que están sien­do segui­das cui­da­do­sa­men­te por los gober­nan­tes de Ara­bia Sau­di­ta, Jor­da­nia y Marrue­cos, que se sien­ten la tie­rra tem­blan­do deba­jo de sus pies. Sim­pson, una vez más, expli­ca:

«La ofer­ta del Pre­si­den­te Muba­rak de reti­rar­se cau­sa­rá ondas de cho­que en todo el Orien­te Medio. Has­ta hace poco tiem­po el régi­men en Egip­to pare­cía sóli­do como una roca.

«Aho­ra los gobier­nos auto­crá­ti­cos des­de Áfri­ca del Nor­te has­ta Yemen, Siria y, tal vez inclu­so, Ara­bia Sau­di­ta bus­ca­rán mane­ras de apla­car el des­con­ten­to en casa.»

Las ondas de cho­que de Egip­to siguen agi­tan­do a todos los paí­ses veci­nos. Erdo­gan, el pri­mer minis­tro de Tur­quía, fue el últi­mo en ofre­cer ase­so­ra­mien­to amis­to­so al ase­dia­do Muba­rak. En el tipo de enun­cia­do oscu­ro que aso­cia­mos con la diplo­ma­cia oto­ma­na acon­se­jó a su ami­go de El Cai­ro un «paso dife­ren­te». Se omi­te agre­gar el peque­ño deta­lle de que era un paso sobre un acan­ti­la­do muy empi­na­do.

¿Qué pasa aho­ra?

John Sim­pson agre­ga lo siguien­te:

«En cada revo­lu­ción, popu­lar, o de otro tipo, lle­ga un momen­to crí­ti­co en el que pun­to de infle­xión deci­de el futu­ro. […] El hecho es que toda­vía no esta­mos en el pun­to de infle­xión. Pero lo sabre­mos cuan­do lo vemos».

De repen­te hay una res­pues­ta a la pre­gun­ta bási­ca: ¿son los mani­fes­tan­tes dema­sia­do fuer­tes para la estruc­tu­ra del poder, o podrían ser derro­ta­dos por los gober­nan­tes?

Con­ti­núa:

«Todas las revo­lu­cio­nes popu­la­res com­par­ten cier­tas simi­li­tu­des bási­cas. La gran mul­ti­tud, a menu­do reu­ni­da por pri­me­ra vez, cree que está obli­ga­da a ganar por­que son muchos y su deter­mi­na­ción es muy gran­de. Pero si la estruc­tu­ra polí­ti­ca rehú­sa dar la bata­lla por per­di­da y man­tie­ne el apo­yo del ejér­ci­to y de la poli­cía secre­ta, enton­ces pue­de sobre­vi­vir. Todo depen­de de cuán fuer­te y resis­ten­te sea la estruc­tu­ra del Gobierno».

Sim­pson com­pa­ra la situa­ción en Egip­to con el derro­ca­mien­to de los regí­me­nes esta­li­nis­tas en Euro­pa Orien­tal hace dos déca­das. Hice la mis­ma com­pa­ra­ción en un artícu­lo la sema­na pasa­da. Los para­le­los son ins­truc­ti­vos. Sobre el papel, estos regí­me­nes pare­cían sóli­dos e incon­mo­vi­bles. Poseían ejér­ci­tos pode­ro­sos, la poli­cía y los ser­vi­cios secre­tos. Pero en el momen­to de la ver­dad demos­tra­ron ser frá­gi­les y poco resis­ten­tes.

El caso de Rusia en 1991 es aún más sor­pren­den­te. Los mani­fes­tan­tes que derri­ba­ron el vie­jo régi­men eran pocos en núme­ro y esta­ban intran­qui­los espe­ran­do la reac­ción del Gobierno, pero el Gobierno fue aún más débil y colap­só sin luchar. Aho­ra vemos un fenó­meno simi­lar. En Euro­pa orien­tal las masas se man­tu­vie­ron en mani­fes­ta­ción per­ma­nen­te has­ta que el vie­jo régi­men sim­ple­men­te cedió a la mul­ti­tud. Eso es lo que esta­mos vien­do ante nues­tros ojos en Egip­to. Pero hay una dife­ren­cia. Muba­rak se nie­ga a irse.

Las masas están en las calles en gran­des can­ti­da­des, pero Muba­rak ha des­ata­do las fuer­zas de la con­tra­rre­vo­lu­ción con­tra ellas y el ejér­ci­to se limi­ta a mirar ¿Qué hacer? El pue­blo ha inter­pre­ta­do correc­ta­men­te que si una sema­na de mani­fes­ta­cio­nes ha empu­ja­do al Pre­si­den­te has­ta esta situa­ción, enton­ces hay que incen­ti­var toda acción para man­te­ner la pre­sión sobre él. El siguien­te pun­to de infla­ma­ción será el vier­nes, cuan­do se lle­va­rá a cabo otra mani­fes­ta­ción masi­va des­pués de las ora­cio­nes de los vier­nes. La pala­bra que va ron­dan­do aho­ra es que el siguien­te paso será una mar­cha al pala­cio pre­si­den­cial.

El pue­blo exi­ge jus­ti­cia y ven­gan­za. Aque­llos que son cul­pa­bles de crí­me­nes con­tra el pue­blo deben ser entre­ga­dos a los tri­bu­na­les popu­la­res para res­pon­der por sus accio­nes. Esto es apli­ca­ble no sólo a la poli­cía que dis­pa­ra con­tra los mani­fes­tan­tes des­ar­ma­dos, sino tam­bién al hom­bre que dio las órde­nes. La insu­rrec­ción es la sali­da. A fin de tener éxi­to, el movi­mien­to obre­ro debe desem­pe­ñar un papel cla­ve.

Fue­ron las ondas lar­gas de las huel­gas y pro­tes­tas obre­ras las que desem­pe­ña­ron un papel cla­ve en el debi­li­ta­mien­to del régi­men y en la crea­ción de este movi­mien­to. Aho­ra, los tra­ba­ja­do­res están for­man­do sin­di­ca­tos inde­pen­dien­tes. Tie­nen el poder para para­li­zar el país y tam­bién de orga­ni­zar la eco­no­mía. Se habla de tra­ba­ja­do­res ferro­via­rios que se han nega­do a trans­por­tar tro­pas y fuer­zas de segu­ri­dad que iban a ser uti­li­za­das para la repre­sión.

La con­vo­ca­to­ria de una huel­ga gene­ral a nivel nacio­nal es la úni­ca res­pues­ta a la uti­li­za­ción de ban­das de mato­nes con­tra mani­fes­tan­tes des­ar­ma­dos. A fin de pre­pa­rar­se para esto y man­te­ner el orden, hay que esta­ble­cer en todas par­tes comi­tés de lucha (los luga­res de tra­ba­jo, barrios y cuar­te­les) y vin­cu­lar­los a nivel local, regio­nal y nacio­nal. De esta mane­ra, el pue­blo revo­lu­cio­na­rio pue­de tomar el poder y ele­gir a sus pro­pios repre­sen­tan­tes, no a los «líde­res» auto­pro­cla­ma­dos o a per­so­nas pues­tas en ese lugar por el Emba­ja­dor de Esta­dos Uni­dos.

Lo que esta­mos vien­do es una acción deses­pe­ra­da de la reta­guar­dia del vie­jo régi­men. El vie­jo orden es como un ani­mal heri­do que se nie­ga a morir y se defien­de gol­pean­do. El nue­vo orden está luchan­do por nacer. El resul­ta­do de este con­flic­to de vida o muer­te deter­mi­na­rá el des­tino inme­dia­to de la revo­lu­ción. La revo­lu­ción debe defen­der­se a sí mis­ma. Debe armar­se para resis­tir los ata­ques de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios. Pero la mejor for­ma de defen­sa es el ata­que. Es hora de que el movi­mien­to vaya más allá de las mani­fes­ta­cio­nes masi­vas.

La úni­ca for­ma de matar a una ser­pien­te es gol­pear­la en la cabe­za. La pasi­vi­dad es la muer­te de la revo­lu­ción. El poder no cae en las manos como una man­za­na podri­da. En lugar de per­ma­ne­cer en la Pla­za Tah­rir, las masas deben ir a la ofen­si­va, mar­char al pala­cio pre­si­den­cial y tomar el poder. Las masas revo­lu­cio­na­rias deben con­fiar sólo en sus pro­pias fuer­zas. Es la úni­ca for­ma de sal­var la revo­lu­ción y de con­se­guir una vic­to­ria deci­si­va.

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