«El día de la ira» lle­na las calles egip­cias de mani­fes­ta­cio­nes- Mari­bel Mar­tí­nez

Se veía venir, esta­ba can­ta­do que tras las pro­tes­tas en Túnez que pre­ci­pi­ta­ron la caí­da del régi­men de Ben Ali los paí­ses pró­xi­mos segui­rían sus pasos. Egip­to ha sido el pri­me­ro, segui­do por Arge­lia y aho­ra tam­bién por Yemen. Era inevi­ta­ble, no serán los últi­mos. Todos ellos viven en paí­ses sumi­dos en la pobre­za, el paro y gober­na­dos por regí­me­nes corrup­tos des­de hace dece­nas de años.

Las pro­tes­tas son mul­ti­tu­di­na­rias y reco­gen la voz de toda la socie­dad: inte­lec­tua­les, polí­ti­cos de la opo­si­ción y tam­bién tra­ba­ja­do­res y para­dos. Sobre todo la de los jóve­nes para­dos, que no encuen­tran otra vía para cana­li­zar su frus­tra­ción y su ira ante un por­ve­nir que se pre­sen­ta muy negro. Los jóve­nes tune­ci­nos, como sus veci­nos, no tie­nen otra sali­da que la emi­gra­ción a la dora­da Euro­pa que no les ofre­ce sino pre­ca­ri­za­ción y empleo de ínfi­ma cali­dad.

La chis­pa tune­ci­na

Túnez fue el deto­nan­te, con una socie­dad en la que más del 40% de la pobla­ción son jóve­nes, muchos de ellos uni­ver­si­ta­rios bien for­ma­dos, que tras un esfuer­zo ímpro­bo para alcan­zar un títu­lo pasan a engro­sar el paro uni­ver­si­ta­rio, cifra­do en este momen­to en alre­de­dor del 23% fren­te a solo un 5% en 1994. Tasa que lle­ga a alcan­zar el 46% de des­em­pleo 18 meses des­pués de haber fina­li­za­do sus estu­dios.

Si a este des­con­ten­to entre los futu­ros diri­gen­tes del país se suma el de la gen­te de la calle, igual­men­te azo­ta­da por el paro y que sufre una escan­da­lo­sa subi­da de los pre­cios de los pro­duc­tos más bási­cos, a nadie extra­ña que los tune­ci­nos salie­ran a la calle e ini­cia­ran unas pro­tes­tas que cul­mi­na­ron con la caí­da del corrup­to régi­men de Ben Ali. Pro­tes­tas que se man­tie­nen en estos momen­tos en las calles y pue­blos de todo Túnez. Con­ti­núan mani­fes­tán­do­se y exi­gien­do al gobierno de tran­si­ción ele­gi­do a dedo has­ta las pró­xi­mas elec­cio­nes, que sanee la for­ma­ción que debe de gober­nar el país y prin­ci­pal­men­te expul­se a aque­llos minis­tros que pro­ce­den del ante­rior pre­si­di­do por Ben Ali.

Los tune­ci­nos están dis­pues­tos a luchar has­ta que lo con­si­gan, aun a arries­go de las nume­ro­sas muer­tes que estas pro­tes­tas han pro­du­ci­do. Las más de ellas ni siquie­ra reco­no­ci­das por la poli­cía tune­ci­na, que las repri­mió de for­ma vio­len­ta en un pri­mer momen­to. Tras la caí­da del dic­ta­dor y de su gobierno corrup­to, se ha posi­cio­na­do del lado de los mani­fes­tan­tes, lo mis­mo que el ejér­ci­to, que des­de el prin­ci­pio se man­tu­vo en un segun­do plano, negán­do­se a inter­ve­nir y repri­mir las mani­fes­ta­cio­nes.

El cas­ti­llo de nai­pes en que se había con­ver­ti­do todo el nor­te de Áfri­ca empie­za a des­mo­ro­nar­se y tras Túnez aho­ra le lle­ga el turno a Egip­to. Y todo apun­ta a que el siguien­te sea Arge­lia o Yemen, tras las mani­fes­ta­cio­nes que se pro­du­je­ron ayer 27 de enero, o cual­quie­ra de los paí­ses veci­nos. La frá­gil esta­bi­li­dad de estos paí­ses, gober­na­dos con mano de hie­rro por sátra­pas apo­ya­dos y finan­cia­dos por los paí­ses del pri­mer mun­do, pare­ce que tie­ne sus días con­ta­dos.

Egip­to, como antes Túnez, se tam­ba­lea. Los egip­cios ya no tie­nen mie­do de salir a la calle y mani­fes­tar­se exi­gien­do que el anciano dic­ta­dor Hos­ni Muba­rak aban­do­ne el poder tras más de 30 años en el car­go. Por pri­me­ra vez des­de hace muchos años, se han oído las voces de los egip­cios calla­das y repri­mi­das dura­men­te por la poli­cía al ser­vi­cio de dic­ta­dor. El mar­tes 25 de enero, pasa­rá a la his­to­ria de Egip­to como el día de la ira, un acon­te­ci­mien­to que reu­nió en diver­sas ciu­da­des del país a miles de per­so­nas exi­gien­do la caí­da del dic­ta­dor y de su hijo y posi­ble suce­sor, Gamal, así como todo su gobierno.

Sin duda las con­se­cuen­cias de las mani­fes­ta­cio­nes tune­ci­nas han teni­do un cla­ro eco en todo el nor­te de Áfri­ca. Egip­to ha dado un paso al fren­te y, como Túnez, aspi­ra a un cam­bio de gobierno.

La ira en la red

Como suce­dió en Túnez, las redes socia­les han teni­do un impor­tan­ti­si­mo papel en la difu­sión de las con­vo­ca­to­rias a las mani­fes­ta­cio­nes y pro­tes­tas. De nada ha ser­vi­do la férrea cen­su­ra que impe­ra en el país, ni la prohi­bi­ción expre­sa a mani­fes­tar­se o de reunio­nes mul­ti­tu­di­na­rias. Egip­to ha per­di­do el mie­do, éste ha sido sus­ti­tui­do por la ira, ira repri­mi­da duran­te más de 30 años pero que las redes socia­les, impor­tan­tí­si­mo su papel, han cana­li­za­do y difun­di­do. Ayer Egip­to, a pesar de que los móvi­les se inten­ta­ron silen­ciar y Twit­ter fue blo­quea­do, salió a la calle en más de 15 impor­tan­tes ciu­da­des del país.

Hoy la cen­su­ra se ha exten­di­do a todos los ser­vi­cios web, inclui­dos Face­book y el chat de Goo­gle ‑redes que los mani­fes­tan­tes uti­li­za­ban para organizarse‑, lo que se ha vuel­to en con­tra del gobierno, pues los egip­cios han vuel­to a salir de la calle con más ira si cabe. Miles de mani­fes­tan­tes han hecho retro­ce­der a la poli­cía en el Cai­ro. El cor­te digi­tal no ha impe­di­do a algu­nos ciu­da­da­nos difun­dir por Face­book las imá­ge­nes del día.

En El Cai­ro, la pla­za Tah­rir, emble­má­ti­co y prin­ci­pal encla­ve de la capi­tal cai­ro­ta, era un her­vi­de­ro de gen­tes exi­gien­do un cam­bio de gobierno, hecho sin pre­ce­den­tes en Egip­to, un país gober­na­do des­de 1981 por la férrea mano del pre­si­den­te Hos­ni Muba­rak. El alto nivel de des­em­pleo y el des­con­ten­to de la pobla­ción han pro­vo­ca­do final­men­te las mul­ti­tu­di­na­rias pro­tes­tas, alen­ta­das sin duda por la recien­te caí­da del gobierno de Ben Alí en Túnez.

Egip­to exi­ge un cam­bio, que pue­de venir de la opo­si­ción lide­ra­da por Los Her­ma­nos Musul­ma­nes, for­ma­ción ile­ga­li­za­da por Muba­rak, pero tam­bién de los lla­ma­dos “par­ti­dos mode­ra­dos”.

Un papel impor­tan­te en este cam­bio lo pro­ta­go­ni­za Moha­med el-Bara­dei, pre­mio Nobel de la Paz y pro­ta­go­nis­ta de las nego­cia­cio­nes con Irán cuan­do era direc­tor gene­ral de la Agen­cia Inter­na­cio­nal de la Ener­gía Ató­mi­ca (AIEA).

Según infor­ma­cio­nes de agen­cia, Moha­med el-Bara­dei ha sido dete­ni­do esta maña­na por la poli­cía egip­cia mien­tras par­ti­ci­pa­ba en una mul­ti­tu­di­na­ria mani­fes­ta­ción.

Una revuel­ta impa­ra­ble

Los mani­fes­tan­tes han arre­cia­do las pro­tes­tas, a lo que la poli­cía ha res­pon­di­do dura­men­te con pelo­tas de goma y gases lacri­mó­ge­nos. Tres per­so­nas han muer­to duran­te las mani­fes­ta­cio­nes por arma de fue­go. Ni el blo­queo de inter­net o los móvi­les ha impe­di­do salir a la calle a los egip­cios que siguen mani­fes­tán­do­se y pidien­do la caí­da del régi­men de Muba­rak. Tras El Cai­ro, Ale­jan­dria, Suez o Al Areehs en la penín­su­la del Sinaí han toma­do el tes­ti­go de las mani­fes­ta­cio­nes.

En su cuen­ta de Twit­ter, Moha­med el-Bara­dei escri­bió: «Apo­yo ple­na­men­te el lla­ma­mien­to a mani­fes­ta­cio­nes pací­fi­cas con­tra la repre­sión y la corrup­ción». «Cuan­do nues­tras peti­cio­nes de cam­bio caen en saco roto, ¿qué opcio­nes que­dan?», se pre­gun­ta­ba.

El polí­ti­co opo­si­tor había col­ga­do otro men­sa­je en el que decía que «está escri­to en las pare­des, espe­ro que el régi­men lo entien­da: el cam­bio no pue­de espe­rar». Ya duran­te las pro­tes­tas que lle­va­ron la sema­na pasa­da a la sali­da de Túnez del pre­si­den­te Zine al-Abi­di­ne Ben Ali había adver­ti­do que «el régi­men en Egip­to debe enten­der que el cam­bio pací­fi­co es la úni­ca sali­da». «Lo suce­di­do en Túnez no es una sor­pre­sa y debe­ría ser muy ilus­tra­ti­vo tan­to para la éli­te polí­ti­ca en Egip­to como para aque­llos en Occi­den­te que apo­yan a dic­ta­do­res».

¿Per­mi­ti­rá las mani­fes­ta­cio­nes el ejér­ci­to egip­cio, prin­ci­pal bas­tión de Muba­rak y quien duran­te estos 30 años le ha apo­ya­do sin fisu­ras per­mi­tien­do su con­ti­nui­dad en el car­go? ¿Obe­de­ce­rá cie­ga­men­te las órde­nes del dic­ta­dor, repri­mién­do­las e impi­dien­do como en el caso de Túnez, la caí­da del sátra­pa?

El mie­do a la isla­mi­za­ción del país jue­ga a favor de Muba­rak. Son muchos, no solo en Egip­to, los que no quie­ren que par­ti­dos como el de Los Her­ma­nos Musul­ma­nes pue­dan lle­gar al poder. Ni EEUU ni la Unión Euro­pea están dis­pues­tos a acep­tar la lle­ga­da de los isla­mis­tas al gobierno en Egip­to, uno de sus prin­ci­pa­les alia­dos en la región.

Para aque­llos que ama­mos ese país, estos son sin duda días duros. Como a Túnez, a Arge­lia y a los demás paí­ses del nor­te de Áfri­ca, no cabe sino dese

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