¿Auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos? ¿Quién es el suje­to? – Imma­nuel Wallers­tein

Uno de los man­tras guías del siglo XX fue la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos, de las nacio­nes. Ésta fue una creen­cia que todo el mun­do acep­tó en teo­ría. Pero en la prác­ti­ca fue un asun­to muy espi­no­so, muy poco cla­ro. La difi­cul­tad cla­ve está en deter­mi­nar quién era el suje­to, el pue­blo, la nación que debe­ría tener la potes­tad de deter­mi­nar su pro­pio des­tino. Nun­ca hubo acuer­do con res­pec­to a este pun­to. En el caso de las colo­nias, la cues­tión era rela­ti­va­men­te sim­ple. Pero en el caso de un Esta­do ya reco­no­ci­do como Esta­do sobe­rano, la opi­nión estu­vo muy divi­di­da; fue común que la divi­sión fue­ra vio­len­ta. El asun­to está en los titu­la­res del momen­to a cau­sa del refe­ren­do en Sudán del Sur, don­de el pue­blo está votan­do si desea per­ma­ne­cer como par­te de un Esta­do lla­ma­do Sudán o si va a cons­ti­tuir un nue­vo Esta­do sepa­ra­do de Sudán.

En todos los esta­dos, sin excep­ción, hay gen­te en el poder esta­tal que argu­men­ta lo que se ha lle­ga­do a cono­cer como la posi­ción jaco­bi­na. Afir­man que todos los ciu­da­da­nos de ese Esta­do cons­ti­tu­yen una nación, una que ya deter­mi­nó su des­tino. Habla­mos de nacio­nes-Esta­do como si el prin­ci­pio jaco­bino fue­ra una reali­dad y no sólo una aspi­ra­ción polí­ti­ca. Los jaco­bi­nos dicen que el Esta­do deber ser refor­za­do o for­ta­le­ci­do negán­do­se a reco­no­cer el dere­cho, la legi­ti­mi­dad de un gru­po inter­me­dio (como le dicen) que se yer­gue entre el Esta­do y los ciu­da­da­nos. Todos los dere­chos van al indi­vi­duo; nin­gún dere­cho va a los gru­pos.

Al mis­mo tiem­po, en todos los esta­dos, de nue­vo sin excep­ción, hay otros –con fre­cuen­cia lla­ma­dos mino­rías– que cues­tio­nan esta idea. Dicen que la posi­ción jaco­bi­na escon­de el inte­rés de algún gru­po domi­nan­te que man­tie­ne sus pri­vi­le­gios a expen­sas de todos aque­llos que per­te­ne­cen a gru­pos dife­ren­tes al gru­po domi­nan­te. Las mino­rías (que con fre­cuen­cia, pero no siem­pre, con­for­man de hecho la mayo­ría numé­ri­ca de la pobla­ción), argu­men­tan que, a menos que se reco­noz­can los dere­chos de los gru­pos, se les está negan­do una par­ti­ci­pa­ción equi­ta­ti­va en el Esta­do.

¿Qué dere­chos sien­ten estas mino­rías que se les nie­gan? Algu­nas veces dere­chos lin­güís­ti­cos, el dere­cho a empren­der asun­tos de medios, edu­ca­ti­vos y lega­les en un len­gua­je que no sea el len­gua­je ofi­cial. Algu­nas veces, se tra­ta de dere­chos reli­gio­sos, el dere­cho a prac­ti­car abier­ta­men­te una reli­gión que no sea la reco­no­ci­da ofi­cial­men­te, y a lle­var a cabo sus asun­tos civi­les bajo las leyes reli­gio­sas que son par­te de su pro­pia reli­gión. En oca­sio­nes se tra­ta de dere­chos agra­rios, los dere­chos de los gru­pos que deten­tan tie­rras con­for­me a las nor­mas tra­di­cio­na­les que son dife­ren­tes de las nor­mas actua­les pues­tas en efec­to por el Esta­do.

Hay dos estra­te­gias para garan­ti­zar los dere­chos de los gru­pos mino­ri­ta­rios. Una es bus­car una auto­no­mía reco­no­ci­da ofi­cial­men­te en varias esfe­ras de la vida social y legal. La segun­da, si el gru­po ocu­pa zonas geo­grá­fi­cas rela­ti­va­men­te com­pac­tas, es bus­car la sece­sión, es decir, la crea­ción de un nue­vo Esta­do. Para muchos gru­pos, éstas son las alter­na­ti­vas entre las que podrían mover­se. No habien­do con­se­gui­do la auto­no­mía, podrían bus­car la sece­sión. O una vez derro­ta­das polí­ti­ca o mili­tar­men­te sus aspi­ra­cio­nes a la sece­sión, podrían con­for­mar­se con la auto­no­mía.

Los kur­dos en Tur­quía y aque­llos que están en Irak, habien­do bus­ca­do la sece­sión, pare­cen aho­ra dis­pues­tos a con­for­mar­se con la auto­no­mía. Así tam­bién pare­ce ser el caso de los fran­có­fo­nos en Que­bec. La gen­te de Sudán del Sur se está movien­do en la direc­ción con­tra­ria, como hicie­ron los koso­va­res en Ser­bia.

El pun­to cru­cial no siem­pre es una cues­tión mera­men­te inter­na en un Esta­do en par­ti­cu­lar. Para ser un Esta­do sobe­rano, uno debe ser reco­no­ci­do por otros esta­dos sobe­ra­nos como una enti­dad legí­ti­ma. Hoy, la Repú­bli­ca Tur­ca del Nor­te de Chi­pre es reco­no­ci­da úni­ca­men­te por otro Esta­do. No pue­de por tan­to unir­se a orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les, aun cuan­do de fac­to con­ti­núe con­tro­lan­do su terri­to­rio.

Cuan­do Koso­vo pro­cla­mó su inde­pen­den­cia lo reco­no­ció sólo menos de la mitad de los miem­bros de Nacio­nes Uni­das. Tene­mos que pre­gun­tar­nos enton­ces por qué, y por cuá­les esta­dos. Hubo algu­nos esta­dos de Euro­pa pero tam­bién de otros lados (son nota­bles los casos de Chi­na y Rusia) que temían el pre­ce­den­te. Dije­ron que, si los koso­va­res podían decla­rar uni­la­te­ral­men­te su inde­pen­den­cia, gru­pos simi­la­res en sus paí­ses podrían tomar esto como un pre­ce­den­te. Sin embar­go Esta­dos Uni­dos y cier­tos esta­dos de Euro­pa occi­den­tal pen­sa­ron que la inde­pen­den­cia koso­var de Ser­bia ser­vía a sus intere­ses geo­po­lí­ti­cos y alen­ta­ron a los koso­va­res a pro­cla­mar su inde­pen­den­cia, la cual reco­no­cie­ron de inme­dia­to, y a la cual le con­ce­die­ron asis­ten­cia polí­ti­ca y mate­rial.

Cuan­do Bia­fra inten­tó sepa­rar­se de Nige­ria hace varias déca­das, casi todos los esta­dos afri­ca­nos res­pal­da­ron los esfuer­zos del gobierno nige­riano para supri­mir la rebe­lión mili­tar­men­te. El prin­ci­pal argu­men­to para hacer esto es que la sece­sión de Bia­fra sen­ta­ría un terri­ble pre­ce­den­te en Áfri­ca, don­de casi todas las fron­te­ras esta­ta­les fue­ron cons­ti­tui­das arbi­tra­ria­men­te por los pode­res colo­nia­les, y de hecho atra­ve­san­do las líneas étni­cas. Los esta­dos afri­ca­nos que­rían con­ser­var sus fron­te­ras exis­ten­tes, sin impor­tar lo arti­fi­cia­les que parez­can, como úni­ca garan­tía de su orden colec­ti­vo.

Aho­ra, pare­ce que el refe­ren­do en Sudán del Sur pro­du­ci­rá un voto abru­ma­dor en favor de la sece­sión. Y es casi una cer­te­za que los esta­dos afri­ca­nos que no reco­no­cie­ron a Bia­fra, ade­más de Chi­na que no reco­no­ció Koso­vo, reco­no­ce­rán el nue­vo Esta­do que se está crean­do. De hecho, inclu­so el Esta­do del cual se está sepa­ran­do está dis­pues­to a reco­no­cer al nue­vo Esta­do.

¿Por qué? La res­pues­ta es sim­ple. Hay razo­nes geo­po­lí­ti­cas para hacer­lo. Chi­na está intere­sa­da en las futu­ras rela­cio­nes con el nue­vo Esta­do, que será un gran expor­ta­dor de cru­do. El inte­rés de com­prar petró­leo pare­ce cobrar prio­ri­dad sobre la preo­cu­pa­ción acer­ca de los pre­ce­den­tes que ten­drían los gru­pos sece­sio­nis­tas en Chi­na. Sudán pare­ce dis­pues­to a reco­no­cer al nue­vo Esta­do por­que Esta­dos Uni­dos ha pro­me­ti­do cam­bios espe­cí­fi­cos en sus pro­pias polí­ti­cas vis-a-vis si Sudán per­mi­te que la sece­sión pro­ce­da pací­fi­ca­men­te. Los esta­dos afri­ca­nos se ven abru­ma­dos por el acuer­do de fac­to entre los dos lados de esta con­tro­ver­sia. Ade­más, muchos de ellos sim­pa­ti­zan con los gru­pos de Sudán del Sur, que son los pue­blos niló­ti­cos, que enfren­tan a un gobierno domi­na­do por los pue­blos ára­bes.

En el siglo XXI la opción jaco­bi­na está en reti­ra­da en la mayo­ría de los paí­ses. La cues­tión real es la auto­no­mía ver­sus la sece­sión de las así lla­ma­das mino­rías. ¿Es una mejor que la otra? No hay una res­pues­ta gene­ral a dicha cues­tión. Cada caso es dife­ren­te en dos for­mas. La demo­gra­fía y la his­to­ria reales de cada Esta­do son dife­ren­tes y por tan­to lo que lógi­ca­men­te es lo mejor y lo más jus­to es dife­ren­te. En cual­quier caso, un nue­vo Esta­do que resul­ta de una sece­sión de inme­dia­to des­cu­bri­rá mino­rías den­tro de sus fron­te­ras. Y el deba­te no ter­mi­na nun­ca.

Pero hay una segun­da con­si­de­ra­ción. La cues­tión de auto­no­mía con­tra sece­sión tie­ne con­se­cuen­cias geo­po­lí­ti­cas. Y éstas son cru­cia­les en tér­mi­nos de las luchas que están en pro­ce­so den­tro del sis­te­ma-mun­do como un todo. Todos los par­ti­dos bus­can, más bien cíni­ca­men­te, su pro­pio inte­rés como esta­dos. Su actua­ción pue­de ser bas­tan­te opues­ta de una situa­ción a otra. Esto es así por­que a los pode­res exter­nos les impor­ta pri­mor­dial­men­te el impac­to geo­po­lí­ti­co de la deci­sión. Pero es el papel de estos pode­res exter­nos lo que con fre­cuen­cia es deci­si­vo.

Tra­duc­ción: Ramón Vera Herre­ra

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