Vincu­lo y media­ción entre la teo­ria y la prac­ti­ca. La pra­xis como peda­go­gia revo­lu­cio­na­ria- Iña­ki Gil de San Vicen­te

VÍNCULO Y MEDIACIÓN ENTRE LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA

LA PRAXIS COMO PEDAGOGIA REVOLUCIONARIA

  1. PRESENTACIÓN
  2. VÍNCULO Y MEDIACIÓN ENTRE LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA
  3. OBSTÁCULOS HISTÓRICOS AL DESARROLLO DE LA PRAXIS
  4. OBSTÁCULOS BURGUESES AL DESARROLLO DE LA PRAXIS
  5. LA PRAXIS COMO MEDIACION COMUNISTA
  6. LA PRAXIS COMO PEDAGOGÍA REVOLUCIONARIA

1.- PRESENTACIÓN:

Los orga­ni­za­do­res del I Encuen­tro Inter­na­cio­nal de Escue­la de Cua­dros, a cele­brar a media­dos de enero de 2011 en Cara­cas, me han pedi­do que inter­ven­ga en dos con­fe­ren­cias: una sobre víncu­los y media­cio­nes entre la prác­ti­ca y la teo­ría, y otra sobre “His­to­ria e his­to­rias de la for­ma­ción”, que reco­ja mi expe­rien­cia al res­pec­to. En apa­rien­cia ver­san sobre cosas dife­ren­tes según se pue­de inter­pre­tar a sim­ple vis­ta, en una lec­tu­ra super­fi­cial de los títu­los. Pero en la reali­dad social apun­tan a una mis­ma pro­ble­má­ti­ca, a saber, cómo lograr que la pra­xis revo­lu­cio­na­ria rea­li­za­da por un sec­tor más o menos mino­ri­ta­rio den­tro del pue­blo tra­ba­ja­dor en su con­jun­to, como es el de las orga­ni­za­cio­nes de izquier­das, gru­pos y par­ti­dos revo­lu­cio­na­rios, etc., lle­gue a la tota­li­dad de éste o a su inmen­sa mayo­ría, sien­do com­pren­di­da y asu­mi­da en la acción. Si estu­dia­mos los pri­me­ros tex­tos mar­xis­tas, ante­rio­res inclu­so al Mani­fies­to Comu­nis­ta, vemos que en ellos tan­to la teo­ría como la for­ma­ción polí­ti­ca de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, son par­tes de un mis­mo pro­ble­ma, de una tota­li­dad que englo­ba diver­sas ins­tan­cias o nive­les inter­nos que sólo pue­den com­pren­der­se des­de esa tota­li­dad, nun­ca sepa­ra­dos, nun­ca ais­la­dos unos de otros.

Sin embar­go, esta cues­tión es una de las más difí­ci­les de ser enten­di­das no sólo por los no mar­xis­tas y anti­mar­xis­tas, como es lógi­co, sino tam­bién por muchas per­so­nas que pien­san que ya domi­nan este méto­do para la revo­lu­ción comu­nis­ta. De hecho, esta­mos ante uno de los pro­ble­mas cru­cia­les que al no ser resuel­tos correc­ta­men­te en la lucha ayu­dan a expli­car, jun­to a otras razo­nes, las derro­tas de las masas explo­ta­das. La rup­tu­ra entre la prác­ti­ca y la teo­ría fue uno de los des­en­ca­de­nan­tes de la implo­sión de la URSS y del “socia­lis­mo” que tenía en ella su dog­ma idea­li­za­do. Tam­bién está en la base de la perió­di­ca ten­den­cia a la apa­ri­ción de corrien­tes neo­kan­tia­nas de izquier­da, agnós­ti­cas, refor­mis­tas, etc., que se dicen mar­xis­tas. En la medi­da en que la teo­ría, el pen­sa­mien­to, no está indi­so­lu­ble­men­te uni­do a la prác­ti­ca median­te la pra­xis, en esa medi­da, al final, la reali­dad apa­re­ce como incog­nos­ci­ble en su esen­cia siem­pre móvil, y al ser incog­nos­ci­ble se pue­de caer y se cae en cual­quier for­ma de sepa­ra­ción de la “cosa en sí” con el pen­sa­mien­to limi­ta­do a cap­tar sola­men­te la for­ma exter­na.

Debe­mos empe­zar advir­tien­do de que es impo­si­ble encon­trar una solu­ción defi­ni­ti­va y per­ma­nen­te a la cues­tión del víncu­lo y de las media­cio­nes entre la teo­ría y la prác­ti­ca. Creer que sí era posi­ble lograr­lo fue y es otro de los erro­res desas­tro­sos de muchas izquier­das revo­lu­cio­na­rias que creían haber dado por fin con la poción mági­ca, con la fór­mu­la magis­tral que ins­tau­ra para siem­pre la correc­ta inter­ac­ción entre la prác­ti­ca y la teo­ría. Muchas izquier­das se han dor­mi­do en los lau­re­les de triun­fos meri­to­ria­men­te con­se­gui­dos, arran­ca­dos con heroís­mo y sufri­mien­to, cre­yen­do que ya esta­ba ase­gu­ra­da para siem­pre la dia­léc­ti­ca del pen­sa­mien­to con la acción, de la estra­te­gia con la tác­ti­ca, del futu­ro con el pre­sen­te, etc. Dro­ga­das por la vic­to­ria, tal vez can­sa­das, come­tie­ron el error de creer que lo fun­da­men­tal esta­ba ya ase­gu­ra­do para siem­pre, sin posi­bi­li­dad de retro­ce­so y menos aún de derro­ta, y comen­za­ron a des­li­zar­se imper­cep­ti­ble pero cada vez más rápi­do por la dul­ce y cómo­da cues­ta aba­jo del dog­ma­tis­mo triun­fa­lis­ta.

Sin embar­go, una lec­tu­ra en pro­fun­di­dad de las pri­me­ras obras mar­xis­tas, sobre todo de las “Tesis sobre Feuer­bach” de 1845, nos indi­ca dos cosas deci­si­vas en esta cues­tión: una, que es la pra­xis la media­ción entre teo­ría y prác­ti­ca; y otra, que se tra­ta de un pro­ce­so inaca­ba­ble por­que “el pro­pio edu­ca­dor nece­si­ta ser edu­ca­do” duran­te el mis­mo pro­ce­so de cam­bio de la reali­dad median­te la pra­xis, median­te la acción “prác­ti­co-crí­ti­ca”, y dado que no se tra­ta de inter­pre­tar la reali­dad, sino de “trans­for­mar­la”, por ello mis­mo nos enfren­ta­mos a una muy lar­ga lucha que sólo lle­ga­rá a su fin en la socie­dad comu­nis­ta. Pero será un fin que actua­rá como naci­mien­to de una nue­va rela­ción entre la teo­ría y la prác­ti­ca. Des­gra­cia­da­men­te los deno­mi­na­dos “tex­tos juve­ni­les” de Marx y otras obras pos­te­rio­res no fue­ron cono­ci­das has­ta hace poco tiem­po, que­dan­do fue­ra del estu­dio de muchos mar­xis­tas de la segun­da gene­ra­ción, los que vivie­ron la olea­da revo­lu­cio­na­ria del pri­mer ter­cio del siglo XX. Aho­ra, tras la implo­sión de la URSS y en medio de la cri­sis glo­bal y cua­li­ta­ti­va­men­te más gra­ve que todas las ante­rio­res del capi­ta­lis­mo, aho­ra esta pro­ble­má­ti­ca recu­pe­ra toda su vital impor­tan­cia.

2.- VÍNCULO Y MEDIACIÓN ENTRE LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA

Aun­que todos intui­mos qué enten­de­mos por “teo­ría” es con­ve­nien­te, para evi­tar equí­vo­cos, sen­tar una míni­ma base de con­sen­so: si bien la pri­me­ra defi­ni­ción grie­ga de teo­ría hacía refe­ren­cia a una espe­cie de mira­da pasi­va a la reali­dad, en la defi­ni­ción mar­xis­ta la teo­ría es un cuer­po com­ple­jo de inter­ac­cio­nes entre tres com­po­nen­tes: uno, los méto­dos racio­na­les de pen­sa­mien­to, reglas, mate­má­ti­cas, lógi­ca, etc., ade­cua­dos a la reali­dad tra­ta­da por esa teo­ría; otro, la inter­pre­ta­ción cul­tu­ral, filo­só­fi­ca, etc., que de esos méto­dos racio­na­les y del con­tex­to socio­his­tó­ri­co obje­ti­vo hacen los teó­ri­cos; y últi­mo, las estruc­tu­ras socio­eco­nó­mi­cas y polí­ti­cas domi­nan­tes en ese con­tex­to socio­his­tó­ri­co, que influ­yen más o menos en la mar­cha prác­ti­ca de la teo­ría, ace­le­rán­do­la o fre­nán­do­la. La prác­ti­ca social, sus resul­ta­dos mate­ria­les, es la que defi­ne el cri­te­rio de vera­ci­dad por el que se juz­ga a toda teo­ría. De este modo, la teo­ría y la prác­ti­ca inter­ac­túan per­ma­nen­te­men­te obli­gan­do tar­de o tem­prano a las creen­cias e inter­pre­ta­cio­nes sub­je­ti­vas a poner­se a la altu­ra de los resul­ta­dos obje­ti­vos con­fir­ma­dos en la prác­ti­ca. Las media­cio­nes y los víncu­los entre ambos com­po­nen­tes uni­dos en la sín­te­sis y sepa­ra­dos en el aná­li­sis, nos expli­can cómo se expre­san en su inter­ac­ción.

El con­cep­to de “media­ción” es fun­da­men­tal para la dia­léc­ti­ca mar­xis­ta por­que hace refe­ren­cia a la for­ma median­te la que se mues­tran las cua­li­da­des de las cosas en inter­ac­ción, cho­que y uni­dad per­ma­nen­te entre ellas den­tro de una tota­li­dad supe­rior. La media­ción mues­tra cómo los con­cep­tos se deli­mi­tan y a la vez se influ­yen, se defi­nen, se sepa­ran y se reen­cuen­tran al son del movi­mien­to con­tra­dic­to­rio de lo real, crean­do en esos cho­ques otros con­cep­tos nue­vos, más ricos en inter­ac­cio­nes, a par­tir de los anti­guos. La media­ción entre la teo­ría y la prác­ti­ca, toma­dos estos con­cep­tos aho­ra sólo en el momen­to del aná­li­sis, como los extre­mos de un pro­ce­so, esta media­ción es la pra­xis, que en su eti­mo­lo­gía grie­ga ori­gi­nal sig­ni­fi­ca­ba, entre otras cosas, cual­quier cosa rea­li­za­da por una per­so­na libre, no escla­vi­za­da ni depen­dien­te, sino libre, due­ña de sí, de su pen­sa­mien­to y de su acción. Marx recu­pe­ra y enri­que­ce este con­cep­to ori­gi­na­rio grie­go al insis­tir en que la pra­xis es la crea­ción de algo nue­vo, libe­ra­dor y eman­ci­pa­dor. De este modo, la media­ción entre teo­ría y prác­ti­ca sólo pue­de ser ple­na si se rea­li­za den­tro de un pro­ce­so crea­dor, libe­ra­dor.

La libe­ra­ción median­te la pra­xis se expre­sa de dos mane­ras dife­ren­tes uni­das en su esen­cia: por un lado, la reduc­ción del tiem­po de tra­ba­jo nece­sa­rio y sobre todo del tiem­po de tra­ba­jo explo­ta­do; y por el otro lado, el aumen­to de la poten­cia­li­dad crea­ti­va de la espe­cie huma­na, que se basa en que el tiem­po libre y pro­pio, el con­quis­ta­do gra­cias a la reduc­ción del tiem­po de tra­ba­jo, es dedi­ca­do a la mul­ti­pli­ca­ción expo­nen­cial de las capa­ci­da­des crea­ti­vas. Es por esto que pue­de ocu­rrir, y de hecho así suce­de, que úni­ca­men­te reali­ce­mos una par­te de la pra­xis, por ejem­plo, la reduc­ción del tiem­po de tra­ba­jo y el aumen­to corres­pon­dien­te del tiem­po libre, pero que no uti­li­ce­mos ese tiem­po libe­ra­do, recu­pe­ra­do al sis­te­ma capi­ta­lis­ta, en aumen­tar nues­tra liber­tad crea­ti­va sino que lo des­per­di­cie­mos en cosas inne­ce­sa­rias, o peor aún, que lo mal­gas­te­mos refor­zan­do al sis­te­ma que nos opri­me com­por­tán­do­nos como éste quie­re que lo haga­mos duran­te ese tiem­po libre.

Nos encon­tra­mos pues ante la nece­si­dad de defi­nir con más deta­lla las media­cio­nes y los víncu­los entre prác­ti­ca y teo­ría, ya que es la lucha de cla­ses y la con­cien­cia revo­lu­cio­na­ria indi­vi­dual la que impo­nen a gran­des ras­gos las media­cio­nes entre ambos extre­mos. Por ejem­plo, el poder bur­gués impo­ne el tiem­po explo­ta­do, como vere­mos, para redu­cir el tiem­po libre nece­sa­rio para la pra­xis, mien­tras que el movi­mien­to obre­ro y revo­lu­cio­na­rio quie­re impo­ner el tiem­po libe­ra­do. Depen­dien­do de esta lucha irre­con­ci­lia­ble, si gana el capi­tal segui­rán total­men­te sepa­ra­das la teo­ría de la prác­ti­ca, pero si van ganan­do las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias podrán avan­zar en su fusión. Por tan­to, en el plano de las con­tra­dic­cio­nes socia­les, las media­cio­nes son tam­bién socia­les y mar­can el deve­nir de la inter­ac­ción entre la teo­ría y la prác­ti­ca.

3.- OBSTÁCULOS HISTÓRICOS AL DESARROLLO DE LA PRAXIS

Por razo­nes de bre­ve­dad, vamos a expo­ner muy sucin­ta­men­te los tres gran­des obs­tácu­los que fre­nan y con­di­cio­nan nega­ti­va­men­te el desa­rro­llo de la pra­xis. Por orden his­tó­ri­co: uno, el hábi­to humano a retro­ce­der a lo segu­ro, al dog­ma y al idea­lis­mo en situa­cio­nes de incer­ti­dum­bre y ries­go extre­mo; dos, el sur­gi­mien­to de la esci­sión mente/​mano y el sur­gi­mien­to de la abs­trac­ción-mer­can­cía; y tres, el sur­gi­mien­to del feti­chis­mo de la mer­can­cía.

Bajo con­tex­tos de esca­sas fuer­zas pro­duc­ti­vas, de fal­ta de recur­sos de sub­sis­ten­cia, de pre­ca­ri­za­ción y de mie­do a los peli­gros exte­rio­res, la socie­dad huma­na anti­guas tien­de a refu­giar­se en el cono­ci­mien­to ya adqui­ri­do, no arries­gán­do­se ape­nas a nue­vos expe­ri­men­tos por­que, según dice el refrán popu­lar: “más vale malo cono­ci­do que bueno por cono­cer”. Sabe­mos que los refra­nes son con­tra­dic­to­rios, y que sir­ven para jus­ti­fi­car una cosa y su con­tra­rio, pero no es menos cier­to que, por tér­mino gene­ral, has­ta que el capi­ta­lis­mo no nece­si­tó supe­di­tar el cono­ci­mien­to humano a su afán de bene­fi­cio, trans­for­mán­do­lo en una fuer­za pro­duc­ti­va más, has­ta enton­ces muy pocas socie­da­des pre­ca­pi­ta­lis­tas habían dado un impul­so sos­te­ni­do al desa­rro­llo de la cien­cia. Eso era debi­do, entre otras cosas, al enor­me peso reac­cio­na­rio de la tra­di­ción, de la cos­tum­bre, de lo apren­di­do has­ta enton­ces y que mal que bien sigue resol­vien­do los pro­ble­mas. La his­to­ria del pen­sa­mien­to, de la filo­so­fía, de la cul­tu­ra, de la cien­cia, etc., refle­ja este con­ser­va­du­ris­mo y dog­ma­tis­mo, que se refuer­zan en el desa­rro­llo del idea­lis­mo como enemi­go del mate­ria­lis­mo. Sin embar­go, pre­sio­na­dos por el ago­ta­mien­to de los recur­sos, el con­ser­va­du­ris­mo tuvo que ceder a la fuer­za del méto­do expe­ri­men­tal basa­do en la obser­va­ción de los pro­ce­sos natu­ra­les. El duro trán­si­to del paleo­lí­ti­co al neo­lí­ti­co refle­ja la lucha per­ma­nen­te entre el temor a lo nue­vo y la nece­si­dad de expe­ri­men­tar­lo para no morir de ham­bre. Muy len­ta­men­te, las media­cio­nes entre prác­ti­ca y cono­ci­mien­to fue­ron hacién­do­se más ági­les gra­cias a la agri­cul­tu­ra y a la gana­de­ría.

Pero aquí apa­re­ció el segun­do gran obs­tácu­lo his­tó­ri­co a la pra­xis: la esci­sión entre el tra­ba­jo inte­lec­tual y el tra­ba­jo manual impues­ta por una mino­ría que mono­po­li­zó el saber, la escri­tu­ra, la arit­mé­ti­ca, la geo­me­tría, la astro­no­mía, y que con­de­nó a la mayo­ría a la igno­ran­cia y al tra­ba­jo exte­nuan­te. Fue­ron las muje­res las más expro­pia­das del cono­ci­mien­to social que ellas mis­mas habían pro­du­ci­do y acu­mu­la­do en su gran par­te. Según ascen­día el patriar­ca­do y retro­ce­día el papel de la mujer, tam­bién el poder mate­rial e inte­lec­tual era mono­po­li­za­do por una mino­ría mas­cu­li­na. Los pro­pie­ta­rios de la rique­za y del cono­ci­mien­to nece­si­ta­ban la supers­ti­ción y la igno­ran­cia del pue­blo. Las filo­so­fías idea­lis­tas fue­ron impul­sa­das por estas mino­rías, en detri­men­to de las mate­ria­lis­tas. La mayo­ría igno­ran­te, cre­yen­te y tra­ba­ja­do­ra acep­ta­ba lo dicho por los escri­bas y sacer­do­tes. La pra­xis ape­nas tenía cabi­da en estas socie­da­des por­que el tra­ba­jo inte­lec­tual y el manual esta­ban abis­mal­men­te sepa­ra­dos. Sola­men­te los peque­ños gru­pos de sabios, admi­nis­tra­do­res y fun­cio­na­rios podían uni­fi­car la prác­ti­ca con la teo­ría, y lo hicie­ron muy bien, den­tro de sus lími­tes, alcan­zan­do gran­des éxi­tos mate­ria­les.

Des­de el siglo –VIII dne se ace­le­ró el comer­cio, los via­jes y la pro­duc­ción mer­can­til, con la apa­ri­ción de una cla­se social intere­sa­da en unir el cono­ci­mien­to con el dine­ro, y tan­to en Gre­cia como en Chi­na, esta cla­se lle­gó a la con­clu­sión de que el saber es un teso­ro, una rique­za, algo que pro­du­ce bene­fi­cio, y que no debe ser cedi­do a la masa tra­ba­ja­do­ra, a las muje­res y a los pue­blos escla­vi­za­dos. La filo­so­fía mate­ria­lis­ta se refor­zó con los des­cu­bri­mien­tos pro­duc­ti­vos, geo­grá­fi­cos y cul­tu­ra­les, pero en manos de esa cla­se comer­cian­te expan­si­va. Pro­duc­ción mer­can­til sim­ple, comer­cio, via­jes, dine­ro, con­ta­bi­li­dad, geo­gra­fía, mate­má­ti­cas, pira­te­ría, gue­rra y saqueo, impe­ria­lis­mo, todo esto nece­si­ta­ba de reglas de pen­sa­mien­to racio­nal y de abs­trac­cio­nes con­cep­tua­les fia­bles basa­das en la expe­rien­cia del comer­cio mer­can­til. Sur­gió así la abs­trac­ción-mer­can­cía, es decir, que la media­ción entre el pen­sa­mien­to y la prác­ti­ca se rea­li­za median­te el valor mer­can­til, ele­va­do a una abs­trac­ción que lo mide todo. La abs­trac­ción-mer­can­cía no anu­la el con­te­ni­do de ver­dad de la teo­ría, la capa­ci­dad del pen­sa­mien­to para sin­te­ti­zar racio­nal­men­te lo logra­do con la prác­ti­ca social, sino que mues­tra que esa ver­dad está social­men­te deter­mi­na­da en sus limi­ta­cio­nes his­tó­ri­cas, que es “fal­sa con­cien­cia nece­sa­ria” por­que, en la eco­no­mía mer­can­til, no pue­de exis­tir otra. Por tan­to, la media­ción entre teo­ría y prác­ti­ca está así obje­ti­va­men­te limi­ta­da por las con­tra­dic­cio­nes de la pro­duc­ción mer­can­til y de su comer­cio. Por esto mis­mo, al debi­li­tar­se y al hun­dir­se la eco­no­mía mer­can­til, se debi­tó y se hun­dió el pen­sa­mien­to racio­nal filo­só­fi­co y pro­to­cien­tí­fi­co mate­ria­lis­ta, retro­ce­dién­do­se al oscu­ran­tis­mo faná­ti­co e idea­lis­ta de las reli­gio­nes.

Por últi­mo, el ter­cer gran obs­tácu­lo que fre­na la pra­xis sur­gió defi­ni­ti­va­men­te en la fase indus­trial del capi­ta­lis­mo, cuan­do la mer­can­cía podía fabri­car­se en masa. Ya hemos vis­to que la abs­trac­ción-mer­can­cía apa­re­ció con el desa­rro­llo del comer­cio, y que ya para enton­ces exis­tía un embrión de feti­chis­mo de la mer­can­cía median­te la ado­ra­ción del dine­ro ate­so­ra­do, el dios Baal o de un Buda recu­bier­to de oro, por ejem­plo, pero sobre todo la iden­ti­fi­ca­ción entre cono­ci­mien­to y dine­ro. En el capi­ta­lis­mo, esta iden­ti­fi­ca­ción se rea­li­za median­te la mer­can­cía que se ven­de y se com­pra en el mer­ca­do, el sitio en el que per­so­nas y bie­nes se pul­ve­ri­zan en el valor de cam­bio. Las dife­ren­cias cua­li­ta­ti­vas entre ellas des­apa­re­cen y las mer­can­cías domi­nan la tota­li­dad con la omni­po­ten­cia de un feti­che ado­ra­do por las per­so­nas. Las dife­ren­cias socia­les, las cla­ses enemi­gas y la explo­ta­ción des­apa­re­cen para con­ver­tir­se en una masa abo­rre­ga­da y genu­fle­xa en el tem­plo mer­can­til. Ante el altar del dine­ro, las per­so­nas ele­va­mos al ran­go de feti­che ado­ra­ble a la mer­can­cía, a lo que es un sim­ple pro­duc­to de nues­tro tra­ba­jo en el capi­ta­lis­mo. Nos humi­lla­mos ante las cosas que hemos crea­do con nues­tro tra­ba­jo, tra­tán­do­las como dio­ses, como feti­ches capri­cho­sos y omni­po­ten­tes, mien­tras que, a la inver­sa, redu­ci­mos a las per­so­nas, nos redu­ci­mos a noso­tros mis­mos, a sim­ples cosas des­hu­ma­ni­za­das, imper­so­na­les, que deben ser tra­ta­das sin con­si­de­ra­ción algu­na. Las mer­can­cías, lo que se com­pra y se ven­de, está en el altar y le debe­mos obe­dien­cia, y noso­tros, sus crea­do­res, esta­mos arro­di­lla­dos.

Una vez que vivi­mos bajo esta dic­ta­du­ra y la acep­ta­mos como jus­ta y lógi­ca, des­apa­re­ce nues­tra capa­ci­dad de com­pren­sión teó­ri­ca y de trans­for­ma­ción prác­ti­ca de lo que exis­te por­que inter­pre­ta­mos la reali­dad de for­ma inver­sa a lo que cier­ta­men­te es. Ado­ra­mos al capi­ta­lis­mo por­que ado­ra­mos a su for­ma exter­na, la mer­can­cía, y odia­mos al enemi­go del capi­ta­lis­mo, la cla­se tra­ba­ja­do­ra y noso­tros mis­mos, por­que le hemos redu­ci­do a una cosa detes­ta­ble. Por esto recha­za­mos toda acción o pen­sa­mien­to crí­ti­cos, por­que nie­gan lo que cree­mos ser y desea­mos ser. En este uni­ver­so inver­ti­do, cree­mos ser libres cuan­do somos opri­mi­dos, y cree­mos tener los mis­mos dere­chos que la bur­gue­sía cuan­do sólo tene­mos el dere­cho a ser explo­ta­dos ya que, en la reali­dad obje­ti­va del capi­ta­lis­mo, vivi­mos sólo del sala­rio que un bur­gués nos da tras explo­tar nues­tra fuer­za de tra­ba­jo, cayen­do en el des­em­pleo y empo­bre­ci­mien­to si per­de­mos el sala­rio. Mal­vi­vi­mos en la nue­va escla­vi­tud asa­la­ria­da, más per­ver­sa que la escla­vi­tud tra­di­cio­nal por­que la asa­la­ria­da hace creer al escla­vo que es libre, cuan­do no tie­ne ni siquie­ra el dere­cho al míni­mo sus­ten­to que tenía el escla­vo, a no ser que lo con­sig­na con fero­ces luchas socia­les.

4.- OBSTÁCULOS BURGUESES AL DESARROLLO DE LA PRAXIS

Pero la inter­ac­ción de los tres gran­des obs­tácu­los que fre­nan la reuni­fi­ca­ción de la teo­ría con la prác­ti­ca median­te la pra­xis, no logra evi­tar que perió­di­ca­men­te sur­jan resis­ten­cias, esta­llen moti­nes y rebe­lio­nes, y se recu­pe­ren las orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias repri­mi­das o des­ac­ti­va­das. Siem­pre que exis­ta opre­sión exis­ti­rá resis­ten­cia a la opre­sión, por muy sub­te­rrá­nea que sea, por muy débil que se encuen­tre. Siem­pre que la explo­ta­ción dia­ria, en la prác­ti­ca coti­dia­na, sea una reali­dad, siem­pre tar­de o tem­prano apa­re­ce­rá un pen­sa­mien­to, una uto­pía, un ideal eman­ci­pa­dor que expli­que por qué exis­te esa explo­ta­ción, a quién bene­fi­cia y a quié­nes per­ju­di­ca, cómo luchar con­tra ella y qué socie­dad futu­ra debe­mos cons­truir sin explo­ta­ción. Las per­so­nas domi­na­das, sean muje­res, cla­ses y/​o pue­blos, pue­den sufrir en la pasi­vi­dad su dolor por la domi­na­ción, y pue­den dar­le expli­ca­cio­nes idea­lis­tas que jus­ti­fi­quen su man­se­dum­bre, pero tar­de o tem­prano ter­mi­nan pre­gun­tán­do­se por qué el amo, el con­de, el obis­po, el ban­que­ro, el empre­sa­rio, el mili­tar, viven mejor, tra­ba­jan menos, cobran más y mien­ten y enga­ñan a los explo­ta­dos.

La cues­tión del tiem­po de tra­ba­jo, del can­san­cio y de la salud, del ham­bre, de la risa, de la jus­ti­cia, de la liber­tad y la cul­tu­ra, estas cues­tio­nes en apa­rien­cia dife­ren­tes, van enla­zán­do­se en la vida coti­dia­na según se acer­can la prác­ti­ca de resis­ten­cia y la teo­ría que res­pon­de a esas dudas e inquie­tu­des. Las media­cio­nes y víncu­los entre la mano y la men­te van for­ta­le­cién­do­se en las luchas por las mejo­ras prác­ti­cas con las argu­men­ta­cio­nes que hay que ela­bo­rar para con­ven­cer a las demás per­so­nas que se sumen a la acción, por­que no hay otro reme­dio. Con­for­me la pra­xis libe­ra­do­ra se enri­que­ce y logra recu­pe­rar el tiem­po pro­pio y libre, redu­cien­do el tiem­po explo­ta­do, en esa medi­da el feti­chis­mo se debi­li­ta por­que van apa­re­cien­do sin tapu­jos, sin velos mis­ti­fi­ca­do­res, las cau­sas socia­les que expli­can la opre­sión. Aho­ra bien, como deci­mos, se tra­ta de una lucha per­ma­nen­te, y la bur­gue­sía y su Esta­do tam­bién reac­cio­nan y con­tra­ata­can median­te cua­tro gran­des estra­te­gias.

Una, aumen­tar el hora­rio de tra­ba­jo y su inten­si­dad, incre­men­tan­do así el ago­ta­mien­to psi­co­fí­si­co y redu­cien­do por tan­to el tiem­po libre, de modo que se mer­me la capa­ci­dad físi­ca e inte­lec­tual de las cla­ses explo­ta­das, ago­ta­das al cabo del día y nece­si­ta­das de su dosis de pasa­tiem­pos embru­te­ce­do­res. La inten­si­dad del tra­ba­jo, el des­gas­te psi­co­ló­gi­co y ner­vio­so que gene­ra, se une al des­gas­te físi­co de la jor­na­da labo­ral y del tiem­po dedi­ca­do al trans­por­te. Es la tota­li­dad psi­co­so­má­ti­ca la que pier­de facul­ta­des y la que exi­ge más tiem­po de des­can­so y de recom­po­si­ción, lo que sólo se obtie­ne si se redu­ce el tiem­po libre. Duran­te el tiem­po de des­can­so y de recu­pe­ra­ción psi­co­so­má­ti­ca, impres­cin­di­ble para seguir tra­ba­jan­do, las facul­ta­des inte­lec­tua­les no están al máxi­mo de su poten­cia, tam­po­co lo está la capa­ci­dad crí­ti­ca y menos aún la ima­gi­na­ción crea­ti­va, que es una facul­tad huma­na deci­si­va para el avan­ce teó­ri­co y que debe ser ali­men­ta­da con toda la infor­ma­ción dis­po­ni­ble. Por tan­to, redu­cir como sea el tiem­po libre, en el que mejor y más rápi­da­men­te pode­mos desa­rro­llar la pra­xis, es una nece­si­dad para el capi­ta­lis­mo.

Dos, aumen­tar las ofer­tas con­su­mis­tas, modas y espec­tácu­los alie­nan­tes, des­de la ración dia­ria de pasa­tiem­po esca­pis­ta; la cul­tu­ri­lla del sis­te­ma y la mer­can­cías inte­lec­tua­les de usar y tirar, has­ta el depor­te, pasan­do por un sin fin de otras prác­ti­cas que ade­más de idio­ti­zar, atan eco­nó­mi­ca­men­te a la mayo­ría explo­ta­da y enri­que­cen a la mino­ría explo­ta­do­ra, dan­do enci­ma la sen­sa­ción social de “liber­tad” al iden­ti­fi­car ésta al mero con­su­mo indu­ci­do y al com­por­ta­mien­to tele­di­ri­gi­do. Uno de los obje­ti­vos del sis­te­ma es que la gen­te se inyec­te direc­ta­men­te en el cere­bro dosis siem­pre mayo­res de alie­na­ción; otro es el de hacer­le tra­gar el anzue­lo de que pue­de “desa­rro­llar su per­so­na­li­dad” dedi­can­do su tiem­po libre a la indus­tria del ocio, del bri­co­la­je, de los cur­si­llos de coci­na y de los jugue­ti­tos de minia­tu­ras, sin olvi­dar­nos del cul­to obse­si­vo al cuer­po y a la salud. Todo con tal de impe­dir que el tiem­po libre sea dedi­ca­do a la pra­xis.

Tres, el recur­so de las múl­ti­ples dro­go­de­pen­den­cias, des­de la lega­les y abun­dan­te­men­te rece­ta­das por la sani­dad ofi­cial, has­ta las ile­ga­les y no per­se­gui­das, usa­das como arma de exter­mi­nio físi­co de “pobla­cio­nes peli­gro­sas”, y las ale­ga­les, las que se mue­ven en los espa­cios gri­ses siem­pre exis­ten­tes entre una ley enve­je­ci­da y la per­ma­nen­te inno­va­ción de las indus­trias de la dro­go­de­pen­den­cia. Es inne­ga­ble es uso por la bur­gue­sía y por el impe­ria­lis­mo de las dro­gas como armas de exter­mi­nio bio­ló­gi­co de miles de jóve­nes poten­cial­men­te sub­ver­si­vos, y de pue­blos ente­ros, pero tam­bién como cal­man­te para miles de adul­tos frus­tra­dos y derro­ta­dos en sus vidas, que nece­si­tan sus dosis de alcohol para esca­par­se de su mise­ria coti­dia­na, así como los eufo­ri­zan­tes que la cla­se tra­ba­ja­do­ra y las muje­res han de tomar cada maña­na para sacar fuer­zas de fla­que­za en su dia­ria sumi­sión al capi­ta­lis­mo. Y don­de la dro­go­de­pen­den­cia man­da, la pra­xis des­apa­re­ce.

Y cua­tro, la inter­ac­ción de las diver­sas repre­sio­nes con­tra suje­tos y colec­ti­vos que pue­den irse radi­ca­li­zan­do en su pra­xis, es el recur­so defi­ni­ti­vo cuan­do han falla­do los ante­rio­res. El mie­do a la repre­sión, a las mul­tas por actos públi­cos, a los embar­gos, a la cár­cel, a la pér­di­da del tra­ba­jo y del pres­ti­gio ofi­cial, etc., es un pode­ro­so ins­tru­men­to que cor­ta de raíz la inter­ac­ción entre la teo­ría y la prác­ti­ca. Muchas per­so­nas ate­mo­ri­za­das dejan de prac­ti­car sus ideas, se reclu­yen en la pasi­vi­dad a la espe­ra de mejo­res tiem­pos, dedi­cán­do­se mien­tras tan­to a dar rien­da suel­ta a sus elu­cu­bra­cio­nes inte­lec­tua­les. En el medio aca­dé­mi­co, en la uni­ver­si­dad y en las lla­ma­das “pro­fe­sio­nes libe­ra­les”, es muy fre­cuen­te esta auto­re­clu­sión en un mun­do ima­gi­na­rio para evi­tar las suti­les o des­ca­ra­das ame­na­zas y repre­sio­nes. Aco­bar­da­dos por las con­se­cuen­cias de la prác­ti­ca, los inte­lec­tua­les se aís­lan en sus elu­cu­bra­cio­nes, huyen­do de la crí­ti­ca radi­cal y con­cre­ta, la de la pra­xis, y licuan­do la teo­ría has­ta dejar­la en una sopa insus­tan­cial e insí­pi­da. Fre­cuen­te­men­te rea­li­zan espec­ta­cu­la­res giros brus­cos des­de la extre­ma izquier­da a la que per­te­ne­cie­ron a la extre­ma dere­cha o al cen­tro-dere­cha, que les aga­sa­ja con gran­des suel­dos. Muy pocos detie­nen su deca­den­cia en el cen­tro refor­mis­ta, y ape­nas nin­guno sigue en la izquier­da revo­lu­cio­na­ria. En el medio aca­dé­mi­co, las media­cio­nes entre la prác­ti­ca y la teo­ría con­clu­yen don­de empie­za la pol­tro­na.

5.- LA PRAXIS COMO MEDIACION COMUNISTA

El movi­mien­to comu­nis­ta inter­na­cio­nal pudo dar el paso del socia­lis­mo utó­pi­co al socia­lis­mo mar­xis­ta sólo median­te cri­sis inter­nas y áspe­ras luchas con­tra la bur­gue­sía. Fue un pro­ce­so ini­cia­do en la déca­da de 1830, que se afian­zó en la de 1840 pero que no estu­vo real­men­te segu­ro has­ta que las terri­bles lec­cio­nes de la gue­rra mun­dial de 1914 demos­tra­ron la correc­ción teó­ri­ca del mar­xis­mo. Una vez más, fue la prác­ti­ca en su for­ma más extre­ma la que corro­bo­ró el poten­cial revo­lu­cio­na­rio de este méto­do teó­ri­co-polí­ti­co. Si bien Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxem­bur­go, Trotsky, Mariá­te­gui, Grams­ci, etc., tuvie­ron un impor­tan­te papel en este avan­ce, el méri­to hay que atri­buir­lo a la inter­ac­ción entre las masas en lucha y las orga­ni­za­cio­nes de van­guar­dia. Des­de enton­ces se han acu­mu­la­do muchas expe­rien­cias en todo el mun­do que, en sín­te­sis, con­fir­man y mejo­ran lo esen­cial de la pra­xis desa­rro­lla­da en aque­lla épo­ca. Aquí vamos a resu­mir­la en cin­co pun­tos.

Pri­me­ro, las media­cio­nes entre la prác­ti­ca y la teo­ría se rea­li­zan en la pra­xis mili­tan­te, en la acción polí­ti­ca, sin­di­cal, veci­nal, social, cul­tu­ral, etc. Sin un con­tac­to direc­to con las for­mas de orga­ni­za­ción, deba­te y deci­sión, de lucha y de auto­crí­ti­ca prac­ti­ca­das por los movi­mien­tos y gru­pos en sus resis­ten­cias a las opre­sio­nes que sufren, sin este con­tac­to interno rea­li­za­do en el mis­mo pro­ce­so de lucha, más tem­prano que tar­de el pen­sa­mien­to, la teo­ría, ter­mi­nan sepa­rán­do­se de la reali­dad, de las con­tra­dic­cio­nes socia­les, de las inquie­tu­des y preo­cu­pa­cio­nes de la gen­te. Una vez rota la cone­xión prác­ti­ca, mate­rial y vívi­da de la men­te con la mano, la teo­ría comien­za a des­li­zar­se por la cues­ta aba­jo de la sub­je­ti­vi­dad, ale­ján­do­se del impres­cin­di­ble oxí­geno de la obje­ti­vi­dad crí­ti­ca que sólo se obtie­ne en la acción colec­ti­va. De aquí al refor­mis­mo o a la dere­chi­za­ción extre­ma, hay poco espa­cio. Las gran­des sín­te­sis teó­ri­cas del mar­xis­mo, avan­ces cua­li­ta­ti­vos inne­ga­bles, se han rea­li­za­do siem­pre gra­cias a esta pra­xis revo­lu­cio­na­ria inser­ta en la vida mis­ma, pra­xis en la que la clan­des­ti­ni­dad, las medi­das de segu­ri­dad, el exi­lio, la cár­cel y el des­tie­rro, etc., han sido direc­ta o indi­rec­ta­men­te una cons­tan­te y un ali­cien­te para el buen pen­sa­mien­to. El aca­de­mi­cis­mo inte­lec­tua­lis­ta pro­gre ha apor­ta­do mucho menos a la eman­ci­pa­ción huma­na que la pra­xis comu­nis­ta rea­li­za­da en las con­di­cio­nes más duras.

Segun­do, a lo lar­go de esta la pra­xis deben simul­ta­near­se en la medi­da de lo posi­ble todas las crí­ti­cas a la reali­dad capi­ta­lis­ta, des­de la explo­ta­ción eco­nó­mi­ca has­ta la domi­na­ción cul­tu­ral e ideo­ló­gi­ca, pasan­do por la opre­sión polí­ti­ca y la alie­na­ción reli­gio­sa. El movi­mien­to socia­lis­ta ha rea­li­za­do la crí­ti­ca éti­ca del capi­ta­lis­mo casi siem­pre en el inte­rior de estas otras denun­cias, sin expli­ci­tar­la filo­só­fi­ca­men­te como crí­ti­ca con­cre­ta más que cuan­do exis­tían con­di­cio­nes sufi­cien­te­men­te desa­rro­lla­das. Ello ha sido debi­do a que la denun­cia éti­ca y moral tien­de, por su nivel de abs­trac­ción, a ser difí­cil de com­pren­der si no se rea­li­za y se vive en una pro­ble­má­ti­ca ya abier­ta­men­te injus­ta. Del mis­mo modo, la denun­cia del sis­te­ma patriar­cal, de la opre­sión de las nacio­nes, del racis­mo y de la xeno­fo­bia, estas y otras crí­ti­cas nos impres­cin­di­bles, ade­más de por razo­nes de jus­ti­cia y de éti­ca, tam­bién por la lógi­ca dia­léc­ti­ca de la pra­xis comu­nis­ta, por el hecho de que hay que des­ve­lar y des­cu­brir todas las con­tra­dic­cio­nes ocul­tas inhe­ren­tes al capi­ta­lis­mo. En la medi­da en que algu­na de ellas siga ope­ran­do sin una denun­cia sis­te­má­ti­ca, se debi­li­ta­rán las media­cio­nes entre la prác­ti­ca y la teo­ría que­dan­do ambas muti­la­das y empo­bre­ci­das.

Ter­ce­ra, el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio, tam­bién en su ini­cial fase utó­pi­ca, siem­pre ha insis­ti­do en la nece­si­dad impe­rio­sa del rigor meto­do­ló­gi­co, en la minu­cio­si­dad ana­lí­ti­ca, en la obje­ti­vi­dad, cali­dad y ampli­tud cuan­ti­ta­ti­va de las fuen­tes de datos. La teo­ría no pue­de desa­rro­llar­se sin el esfuer­zo pacien­te del méto­do cien­tí­fi­co-crí­ti­co, del méto­do dia­léc­ti­co, el úni­co que des­cu­bre lo esen­cial de cual­quier pro­ble­ma deba­jo de su apa­rien­cia exter­na. El méto­do cien­tí­fi­co con­sis­te en encon­trar las fuer­zas sub­te­rrá­neas que, en su movi­mien­to, gene­ran las tem­pes­ta­des en la super­fi­cie de la mar. En este esfuer­zo racio­nal y sis­te­má­ti­co, no pue­de fal­tar la acción de la filo­so­fía, de los valo­res y de la sub­je­ti­vi­dad revo­lu­cio­na­ria, pero siem­pre inte­gra­das en la tota­li­dad de la pra­xis. En las media­cio­nes entre la teo­ría y la prác­ti­ca, el deno­mi­na­do “fac­tor sub­je­ti­vo” inter­vie­ne como un víncu­lo más supe­di­ta­do, como el res­to, al cri­te­rio de la prác­ti­ca. El mar­xis­mo recha­za radi­cal­men­te el des­pre­cio de lo sub­je­ti­vo, y rei­vin­di­ca su papel en la pra­xis como una media­ción deci­si­va entre lo que se hace y lo que se pien­sa. La ima­gi­na­ción crea­ti­va, el deseo de un mun­do mejor, el odio a la injus­ti­cia y a la opre­sión, la opción por la huma­ni­dad opri­mi­da, estos valo­res sub­je­ti­vos, son com­po­nen­tes acti­vos en la pra­xis, y por ello dan el sal­to a fuer­zas mate­ria­les y obje­ti­vas cuan­do son asu­mi­dos y prac­ti­ca­dos por las cla­ses opri­mi­das.

Cuar­ta, lle­ga­dos a este nivel hay que insis­tir en la tarea deci­si­va que tie­ne la fusión de la ela­bo­ra­ción teó­ri­ca des­cri­ta con el movi­mien­to real de la lucha de cla­ses. Tan­to los obs­tácu­los his­tó­ri­cos como los bur­gue­ses arri­ba vis­tos impul­san la ten­den­cia a la buro­cra­ti­za­ción de las orga­ni­za­cio­nes y a su dis­tan­cia­mien­to de las masas, que en el fon­do es la mis­ma dege­ne­ra­ción. Si la inter­ac­ción entre la mili­tan­cia revo­lu­cio­na­ria y las luchas con­cre­tas a pie de calle y de fábri­ca, en la vida coti­dia­na, es un requi­si­to impres­cin­di­ble para las media­cio­nes bási­cas entre la prác­ti­ca y la teo­ría, esta impor­tan­cia se mul­ti­pli­ca inclu­so cuan­do el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio avan­za inte­gran­do más y más sec­to­res socia­les. Al aumen­tar la com­ple­ji­dad de la lucha, de las rei­vin­di­ca­cio­nes y, con ella, la dure­za de la resis­ten­cia de la bur­gue­sía, la con­tras­ta­ción prác­ti­ca de la teo­ría apa­re­ce más urgen­te y vital a cada nue­vo paso, sobre todo el en com­po­nen­te polí­ti­co que siem­pre tie­ne que tener la teo­ría. Con­for­me se ace­le­ra el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio, el com­po­nen­te polí­ti­co de la teo­ría adquie­re mayor impor­tan­cia, sobre todo el com­po­nen­te que teo­ri­za la nece­si­dad de tomar el poder y de crear un poder revo­lu­cio­na­rio.

Y quin­ta, cual­quier teo­ría con­cre­ta tie­ne con­te­ni­do polí­ti­co más o menos explí­ci­to. Des­de el méto­do mar­xis­ta, ese con­te­ni­do va adqui­rien­do impor­tan­cia den­tro de la teo­ría en la medi­da en que ésta se fusio­na con la prác­ti­ca mejo­ran­do la pra­xis revo­lu­cio­na­ria. No pue­de ser de otro modo ya que la teo­ría, si es correc­ta, ter­mi­na des­ve­lan­do la estruc­tu­ra capi­ta­lis­ta basa­da en la explo­ta­ción asa­la­ria­da, en la opre­sión polí­ti­ca y en la domi­na­ción ideo­ló­gi­ca. La vera­ci­dad de la teo­ría se rea­li­za, en defi­ni­ti­va, cuan­do la polí­ti­ca y el poder bur­gués repri­men la pra­xis revo­lu­cio­na­ria, la lucha de las masas. Cuan­do va toman­do for­ma el pro­ble­ma del poder y de la polí­ti­ca, las media­cio­nes entre la crí­ti­ca teó­ri­ca y la crí­ti­ca prác­ti­ca deben rea­li­zar­se median­te una gran rique­za de aná­li­sis por­que deben supe­rar los enor­mes obs­tácu­los que el sis­te­ma pone para ocul­tar la explo­ta­ción y fal­si­fi­car la reali­dad. La lógi­ca for­mal, méto­do típi­co del refor­mis­mo, no sir­ve para supe­rar estas tra­bas y para dotar a la teo­ría de la sufi­cien­te radi­ca­li­dad de estu­dio. Las gran­des obras mar­xis­tas, com­pa­ra­das con la flo­je­dad de la socio­lo­gía bur­gue­sa, mues­tran una rara habi­li­dad y agi­li­dad de movi­mien­tos inte­lec­tua­les para pene­trar en los com­ple­jos labe­rin­tos de las con­tra­dic­cio­nes socia­les.

6.- LA PRAXIS COMO PEDAGOGÍA REVOLUCIONARIA

La media­ción comu­nis­ta entre la teo­ría y la prác­ti­ca es un pro­ce­so inaca­ba­ble den­tro del capi­ta­lis­mo debi­do a la natu­ra­le­za alie­nan­te de este modo de pro­duc­ción y, ade­más, por­que la bur­gue­sía siem­pre con­tra­ata­ca con todos sus recur­sos, dotán­do­se se otros nue­vos cuan­do los nece­si­ta. El capi­ta­lis­mo no sólo dis­po­ne para per­pe­tuar­se del feti­chis­mo de la mer­can­cía, sino tam­bién de la sepa­ra­ción entre el tra­ba­jo manual e inte­lec­tual y de la abs­trac­ción-mer­can­cía, así como de la iner­cia con­ser­va­do­ra de la espe­cie huma­na en situa­cio­nes de peli­gro. Estas fuer­zas reac­cio­na­rias que impi­den la inter­ac­ción entre la mano y la men­te, y que en bue­na medi­da se anclan en ante­rio­res modos de pro­duc­ción, se refuer­zan con las medi­das típi­ca­men­te bur­gue­sas de reduc­ción del tiem­po libre, de mani­pu­la­ción y dro­ga­dic­ción, y de mie­do para­li­zan­te.

Para enfren­tar­se a esta maqui­na­ria en cons­tan­te mejo­ra, la mili­tan­cia revo­lu­cio­na­ria sola­men­te tie­ne la for­ma­ción median­te la pra­xis, úni­co méto­do peda­gó­gi­co que pue­de ir por delan­te de los con­tra­ata­ques bur­gue­ses, pre­pa­ran­do a la mili­tan­cia para avan­zar en las luchas y para no ser des­bor­da­da por las inno­va­cio­nes bur­gue­sas. La for­ma­ción es un momen­to de la pra­xis por­que es un momen­to de la teo­ría y de la prác­ti­ca. La for­ma­ción no es un cur­si­llo ais­la­do, que se rea­li­za mecá­ni­ca­men­te, como un rito obli­ga­do, sino que es una par­te sus­tan­cial de la mis­ma lucha per­ma­nen­te. No exis­te teo­ría sin for­ma­ción teó­ri­ca, ni prác­ti­ca sin revi­sión crí­ti­ca de ella mis­ma, que es la auto­va­lo­ra­ción de la mis­ma lucha. La auto­crí­ti­ca es la for­ma­ción teó­ri­ca rea­li­za sobre y para sus mis­mos fun­da­men­tos y resul­ta­dos. La auto­crí­ti­ca exi­ge de una corres­pon­dien­te for­ma­ción teó­ri­ca y de una expe­rien­cia prác­ti­ca. Par­tien­do de aquí, ofre­ce­mos cua­tro con­se­jos muy bási­cos sobre cómo ha de ser la meto­do­lo­gía de for­ma­ción de la mili­tan­cia:

Uno, antes que nada y ade­más de per­ma­nen­te, la for­ma­ción ha de ser colec­ti­va, con­cre­ta y moti­va­do­ra, que sus­ci­te la ilu­sión y la crea­ti­vi­dad. La for­ma­ción indi­vi­dual sólo es fac­ti­ble en temas sim­ples y redu­ci­dos, y siem­pre que esté guia­da y super­vi­sa­da colec­ti­va­men­te. La ver­da­de­ra for­ma­ción revo­lu­cio­na­ria úni­ca­men­te es posi­ble en un con­tex­to orga­ni­za­ti­vo que apor­te expe­rien­cia, cono­ci­mien­to y rigor crí­ti­co. A la vez, en un pri­mer momen­to, ha de estu­diar y for­mar sobre pro­ble­mas con­cre­tos direc­ta­men­te rela­cio­na­dos con las nece­si­da­des prio­ri­ta­rias de la mili­tan­cia, aque­llas cuya no reso­lu­ción des­ani­ma y des­mo­vi­li­za. La for­ma­ción teó­ri­ca más pro­fun­da se rea­li­za­rá des­pués. Los pri­me­ros cur­sos for­ma­ti­vos deben par­tir de lo con­cre­to para abrir la men­te a reali­da­des más pro­fun­das y com­ple­jas, que serán estu­dia­das en cur­sos pos­te­rio­res ya pla­ni­fi­ca­dos y que deben apa­re­cer en el pro­gra­ma gene­ral. Ani­ma saber que se asis­te a un cur­so per­ma­nen­te y cada vez más abar­ca­dor y pro­fun­do, y ese áni­mo se refuer­za cuan­do des­de el ini­cio se com­prue­ba que la vida per­so­nal y colec­ti­va mejo­ra en cali­dad por­que mejo­ran los ins­tru­men­tos de trans­for­ma­ción revo­lu­cio­na­ria.

Pero aun­que sean cur­sos con­cre­tos e ini­cia­les no por ello han de ser super­fi­cia­les, sino que des­de antes del ini­cio las per­so­nas asis­ten­tes deben ser cons­cien­tes de que van a rea­li­zar uno de los com­po­nen­tes de la pra­xis: la inter­ac­ción entre la teo­ría y la prác­ti­ca en la cues­tión sobre la que se for­man, y que eso requie­re esfuer­zo inte­lec­tual. Des­de la his­to­ria del sin­di­ca­lis­mo, has­ta la lucha con­tra el patriar­ca­do, pasan­do por las for­mas de orga­ni­za­ción, la defen­sa de los dere­chos, etc., temas siem­pre estu­dia­dos en su con­cre­ción inme­dia­ta y pró­xi­ma a los asis­ten­tes, en todos estos pro­ble­mas vivi­dos dia­ria­men­te por­que son los de la mili­tan­cia, siem­pre hay que bus­car la for­ma­ción teó­ri­ca y peda­gó­gi­ca, es decir, que una el impres­cin­di­ble rigor teó­ri­co con la impres­cin­di­ble faci­li­dad de com­pren­sión.

Dos, en los cur­sos más gene­ra­les y pro­fun­dos, por ejem­plo, sobre el sin­di­ca­lis­mo y la teo­ría de la plus­va­lía, sobre por qué y cómo luchar con­tra el sala­rio, sobre por qué nun­ca pue­den exis­tir esas men­ti­ras del “sala­rio jus­to” y de la “jus­ti­cia social”, etc., en estos y en todos los casos la for­ma­ción han de con­tras­tar las con­se­cuen­cias prác­ti­cas de la teo­ría mar­xis­ta y de la ideo­lo­gía bur­gue­sa sobre esas y otras men­ti­ras. Muy fre­cuen­te­men­te, come­te­mos el error de la expli­ca­ción uni­la­te­ral, del estu­dio ais­la­do y en soli­ta­rio del mar­xis­mo sin com­pa­rar­lo con su enemi­go irre­con­ci­lia­ble, la ideo­lo­gía bur­gue­sa en acción. Este error es más nefas­to toda­vía cuan­do tene­mos que deba­tir sobre el socia­lis­mo en gene­ral, en su evo­lu­ción, etc.: inclu­so aun­que ana­li­ce­mos crí­ti­ca­men­te la implo­sión de la URSS, nun­ca com­pa­ra­mos sus inne­ga­bles logros con la reali­dad del capi­ta­lis­mo mun­dial en su épo­ca. La con­tex­tua­li­za­ción y el con­tras­te, exi­gen­cias del méto­do dia­léc­ti­co, casi nun­ca se rea­li­zan en la for­ma­ción revo­lu­cio­na­ria. No pue­de exis­tir una for­ma­ción teó­ri­ca mar­xis­ta que no se reali­ce sobre la per­ma­nen­te com­pa­ra­ción con lo rea­li­za­do por la bur­gue­sía, pues la dia­léc­ti­ca exi­ge el estu­dio de la uni­dad y lucha de con­tra­rios irre­con­ci­lia­bles.

Cum­plir con el méto­do dia­léc­ti­co es espe­cial­men­te nece­sa­rio cuan­do la for­ma­ción bus­ca cono­cer más en pro­fun­di­dad la vida y obra de las per­so­nas mar­xis­tas más crea­ti­vas: nos limi­ta­mos a exa­mi­nar las obras de Marx, pero no com­pa­ra­mos su pra­xis con la de Com­te, o con la de Mal­thus, o con la de Ricar­do. No com­pa­ra­mos a Engels con Bis­marck, ni a Lenin con Weber, ni a Rosa Luxem­bur­go con Durkheim, ni a Sta­lin con Hitler, ni a Mao con Hiro Hito, etc. De este modo, refor­za­mos el dañino indi­vi­dua­lis­mo metó­di­co bur­gués, que tro­cea la reali­dad, que sobre­va­lo­ra al “gran hom­bre” y menos­pre­cia a las masas, y sobre todo, que impi­de demos­trar la cua­li­ta­ti­va supe­rio­ri­dad de la pra­xis comu­nis­ta sobre el egoís­mo indi­vi­dua­lis­ta bur­gués. Si refor­za­mos el indi­vi­dua­lis­mo metó­di­co for­ta­le­ce­mos la sepa­ra­ción entre teo­ría y prác­ti­ca, legi­ti­ma­mos la ideo­lo­gía bur­gue­sa y no demos­tra­mos el terri­ble efec­to del feti­chis­mo pues segui­mos vien­do a los gran­des cri­mi­na­les capi­ta­lis­tas como into­ca­bles. Por el con­tra­rio, apli­can­do el méto­do dia­léc­ti­co demos­tra­mos la inne­ga­ble supe­rio­ri­dad his­tó­ri­ca del socia­lis­mo sobre el capi­ta­lis­mo.

Tres, a la vez todo cur­so de for­ma­ción ha de estar asen­ta­do en la reali­dad de cla­se, de sexo-géne­ro y de nación opre­so­ra u opri­mi­da en la que ha naci­do y lucha la mili­tan­cia. No pue­de orga­ni­zar­se nin­gún pro­gra­ma de for­ma­ción que no par­ta y que no ter­mi­ne en el con­tex­to de lucha en el que se rea­li­za. Acep­tar el cos­mo­po­li­tis­mo y la estu­pi­dez del supues­to “ciu­da­dano del mun­do”, e inclu­so un “inter­na­cio­na­lis­mo” abs­trac­to, es la mejor ayu­da que pode­mos hacer­le a la cla­se domi­nan­te que nos macha­ca aquí mis­mo, y por exten­sión al impe­ria­lis­mo. Pre­ten­der for­mar a la mili­tan­cia sin insis­tir en la explo­ta­ción patriar­cal y en la asa­la­ria­da es caer en el agu­je­ro negro del inter­cla­sis­mo y del machis­mo bur­gués. La for­ma­ción ha de hin­car el dien­te a las diná­mi­cas opre­so­ras más duras y efec­ti­vas, las que deter­mi­nan el res­to de los com­por­ta­mien­tos socia­les, de las ideas polí­ti­cas y de las alter­na­ti­vas de futu­ro.

La pre­sen­cia explí­ci­ta o implí­ci­ta de estas tres reali­da­des nos debe lle­var a la crí­ti­ca del poder esta­tal como cen­tra­li­za­dor de las repre­sio­nes, y a la expli­ca­ción de la nece­si­dad del poder esta­tal revo­lu­cio­na­rio. Arri­ba hemos vis­to cómo toda teo­ría tie­ne un con­te­ni­do polí­ti­co, pero aho­ra pro­fun­di­za­mos en el con­te­ni­do de poder de la explo­ta­ción asa­la­ria­da, de la domi­na­ción patriar­cal y de la opre­sión nacio­nal. La for­ma­ción teó­ri­ca debe mos­trar siem­pre que estas tres pro­ble­má­ti­cas sola­men­te pue­den resol­ver­se median­te la pra­xis de un Esta­do obre­ro, y que antes pue­den avan­zar en su mejo­ra tác­ti­ca con la crea­ción de con­tra­po­de­res y situa­cio­nes de doble poder. Sea de for­ma direc­ta o sub­ya­cen­te, cual­quier cur­so de for­ma­ción que quie­ra pro­fun­di­zar en cual­quie­ra de las for­mas con las que ope­ra el capi­ta­lis­mo debe dise­ñar su méto­do de tal for­ma que estas reali­da­des apa­rez­can como estruc­tu­ra­les den­tro del capi­ta­lis­mo, y some­ti­das a la lógi­ca de la acu­mu­la­ción y del máxi­mo bene­fi­cio. Una teo­ría que no lo ten­ga en cuen­ta nie­ga la reali­dad y, en un pri­mer momen­to, redu­ce la prác­ti­ca a mera ver­bo­rrea, y lue­go aban­do­na la prác­ti­ca por­que más tem­prano que tar­de esta siem­pre cho­ca con esa reali­dad de fon­do.

Y cua­tro, ade­más de estos y otros cur­si­llos, tam­bién has de ense­ñar­les méto­dos de lec­tu­ra, de extraer apun­tes y de resu­mir las ideas esen­cia­les de un tex­to, de ora­to­ria, de lle­var reunio­nes públi­cas, de pre­pa­rar deba­tes, de orga­ni­zar actos de refle­xión colec­ti­va, etc. Según los casos y asis­ten­cia, con­vie­ne orga­ni­zar gru­pos de deba­te den­tro del cur­si­llo, que tra­ta­rán sobre aspec­tos con­cre­tos del tema gene­ral que serán lue­go pues­tos en común. Tam­bién es impor­tan­te que antes del ter­mi­nar el cur­so se pase un cues­tio­na­rio de crí­ti­ca y valo­ra­ción colec­ti­va, y se deba­ta sobre si hay que hacer mejo­ras y cuá­les al plan ini­cial plan­tea­do, que inser­ta­ba ese cur­so en una diná­mi­ca per­ma­nen­te.

Es muy impor­tan­te en este cuar­to pun­to el evi­tar la “tec­ni­fi­ca­ción” de estos méto­dos, es decir, que se den y de reci­ban de for­ma tec­ni­cis­ta y neu­tral, como si sir­vie­ran al mar­gen de los intere­ses revo­lu­cio­na­rios o reac­cio­na­rios. Sabe­mos que méto­dos de lec­tu­ra rápi­da, de memo­ri­za­ción, de coor­di­na­ción de ideas, etc., son usa­dos habi­tual­men­te por polí­ti­cos bur­gue­ses, eje­cu­ti­vos y empre­sa­rios para mul­ti­pli­car sus capa­ci­da­des orga­ni­za­ti­vas, pero hay una dife­ren­cia insal­va­ble entre estos méto­dos y la for­ma­ción mar­xis­ta. La segun­da va más allá de la pri­me­ra por­que las téc­ni­cas de memo­ri­za­ción, lec­tu­ra rápi­da, etc., sola­men­te sir­ven para datos e ideas ya inser­tas en un para­dig­ma cono­ci­do, en una teo­ría o sis­te­ma de cono­ci­mien­tos cono­ci­dos que no exi­ge un esfuer­zo cua­li­ta­ti­vo, un apren­di­za­je total­men­te nue­vo. Mien­tras que el mar­xis­mo exi­ge apren­der lo anta­gó­ni­co con la ideo­lo­gía bur­gue­sa. La for­ma­ción como pra­xis debe y pue­de recu­rrir a esas téc­ni­cas pero inser­tán­do­las en un esfuer­zo inte­lec­tual más duro ya que el mar­xis­mo es la supera­ción revo­lu­cio­na­ria de todo el sis­te­ma bur­gués de pen­sa­mien­to. Del mis­mo modo, para evi­tar la tec­ni­fi­ca­ción de estos méto­dos exi­ge tener siem­pre en cuen­ta que la for­ma­ción es un pro­ce­so de eman­ci­pa­ción inte­gral, polí­ti­ca y éti­ca, que no exis­te la “téc­ni­ca neu­tral” apli­ca­ble al mar­gen de la lucha de cla­ses, y que todo es polí­ti­ca, todo reper­cu­te a favor o en con­tra de la libe­ra­ción huma­na.

Con­clu­yen­do, la for­ma­ción como momen­to de la pra­xis debe carac­te­ri­zar­se por la inter­ac­ción de tres prin­ci­pios: el ejem­plo como méto­do peda­gó­gi­co, lo pra­xis colec­ti­va como con­tex­to de la for­ma­ción teó­ri­ca, y la for­ma­ción como ali­cien­te nece­sa­rio para el pla­cer de la sub­ver­sión.

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

EUSKAL HERRIA 10-I-2011

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