Las cuen­tas de las pen­sio­nes – Miren Etxe­za­rre­ta

El argu­men­to prin­ci­pal para jus­ti­fi­car la refor­ma de las pen­sio­nes que está en cur­so es que “no hay dine­ro” para sos­te­ner el sis­te­ma públi­co por­que el núme­ro de ancia­nos aumen­ta y el núme­ro de coti­zan­tes no lo hace en la mis­ma pro­por­ción, y que la refor­ma tie­ne por obje­ti­vo hacer via­bles las pen­sio­nes futu­ras. Al mis­mo tiem­po se invi­ta a la ciu­da­da­nía a que sus­cri­ba pla­nes de pen­sio­nes pri­va­dos para com­pen­sar las pen­sio­nes públi­cas que, se acep­ta, ten­drán que dis­mi­nuir. La caren­cia de recur­sos para las pen­sio­nes públi­cas es un dato que se toma como pre­mi­sa.

¿Es así? No, por­que en la mayo­ría de las rotun­das afir­ma­cio­nes sobre la invia­bi­li­dad futu­ra de las pen­sio­nes se igno­ra la evo­lu­ción de la rique­za de los paí­ses y que menos per­so­nas pue­den pro­du­cir más rique­za. En las socie­da­des moder­nas, a pesar de las cri­sis suce­si­vas, la capa­ci­dad de pro­du­cir rique­za aumen­ta mucho en el tiem­po. Y esta rique­za adi­cio­nal pue­de cubrir las nece­si­da­des de mayor gas­to que reque­ri­ría el mayor núme­ro de ancia­nos que se pre­vén, supo­nien­do que estas pre­dic­cio­nes sean correc­tas. En Espa­ña, con datos del Ins­ti­tu­to Nacio­nal de Esta­dís­ti­ca (INE), se obser­va que el PIB a pre­cios cons­tan­tes de 1986 pasó de 21,5 miles de millo­nes de pese­tas en 1971 a 44,2 miles de millo­nes en 1997; es decir, que la pro­duc­ción de rique­za se dobló en 26 años. Asi­mis­mo, des­de 1971 a 2006 la ren­ta per cápi­ta –ren­ta pro­du­ci­da por per­so­na– se mul­ti­pli­có por algo más de dos. Si bien la cri­sis reba­jó algo dicho aumen­to en el perio­do 2006 – 2009, toda­vía se pue­de afir­mar que, en el perio­do 1971 – 2009, la ren­ta per cápi­ta en tér­mi­nos cons­tan­tes por lo menos se dupli­có. En defi­ni­ti­va, el país es el doble de rico por per­so­na que hace 40 años.

Asi­mis­mo, hay que recor­dar que, a medi­da que el sis­te­ma eco­nó­mi­co evo­lu­cio­na, con menos per­so­nas se pro­du­ce más rique­za. De modo que, fren­te a lo que erró­nea­men­te sos­tie­nen repu­tados eco­no­mis­tas, el núme­ro de tra­ba­ja­do­res acti­vos es irre­le­van­te res­pec­to a la via­bi­li­dad de man­te­ner las pen­sio­nes en el futu­ro. Lo que impor­ta no es cuán­tos tra­ba­ja­do­res hay, sino la rique­za que pro­du­cen.

Si, como es de espe­rar, a pesar de los ava­ta­res del capi­ta­lis­mo actual la capa­ci­dad de pro­du­cir rique­za sigue aumen­tan­do, no hay nin­gu­na razón por la que estas socie­da­des no pue­dan man­te­ner una pobla­ción mayor de ancia­nos. La rique­za, los recur­sos mate­ria­les y el dine­ro nece­sa­rio exis­ten en la socie­dad. Por tan­to, si se afir­ma que no hay dine­ro para las pen­sio­nes, la pre­gun­ta per­ti­nen­te es: ¿dón­de está enton­ces la rique­za pro­du­ci­da? ¿Quién se ha hecho due­ño de la mis­ma?

De la rique­za pro­du­ci­da anual­men­te en el país, las remu­ne­ra­cio­nes al tra­ba­jo se lle­van algo menos de la mitad, mien­tras que algo más del res­tan­te 50% de la rique­za es absor­bi­do por el capi­tal. Por su par­te, el Esta­do se nutre –des­igual­men­te– de ambas fuen­tes. En Espa­ña las pen­sio­nes públi­cas se pagan con las con­tri­bu­cio­nes de los sala­rios, pero no hay nin­gu­na razón eco­nó­mi­ca por la que haya de ser así. La cri­sis de las pen­sio­nes públi­cas, si lle­ga­se a pro­du­cir­se, sólo sería debi­do al man­te­ni­mien­to del sis­te­ma den­tro del más estric­to sta­tu quo. Pero no hay abso­lu­ta­men­te nin­gún moti­vo por el que el sis­te­ma no pue­da modi­fi­car­se en direc­ción dis­tin­ta de la que se está pro­po­nien­do aho­ra. Si cada vez se insis­te más en la impor­tan­cia de los aspec­tos inma­te­ria­les en la pro­duc­ción de rique­za –cono­ci­mien­to, inves­ti­ga­ción, edu­ca­ción, salud, gober­nan­za… – , es una fala­cia no con­si­de­rar que la socie­dad es una uni­dad cuyo esfuer­zo con­jun­to pro­du­ce una rique­za que se ha de dis­tri­buir entre todos. ¿Por qué sólo los tra­ba­ja­do­res en acti­vo han de cos­tear las pen­sio­nes? La cri­sis de las pen­sio­nes no es por­que fal­tan recur­sos; es debi­da a una dis­tri­bu­ción per­ver­sa de la ren­ta. Lo que pasa es que la rique­za pro­du­ci­da está muy mal repar­ti­da.

Se reco­mien­dan las pen­sio­nes pri­va­das, pero ¿no sería más segu­ro y efi­cien­te aumen­tar la dota­ción a las pen­sio­nes públi­cas que poten­ciar que se invier­ta el dine­ro en pen­sio­nes pri­va­das, enor­me­men­te inse­gu­ras, vul­ne­ra­bles ante la infla­ción y de alto cos­te de ges­tión? ¿Aca­so es esta la solu­ción? Es des­ta­ca­ble que en el deba­te sobre las pen­sio­nes no se haga refe­ren­cia al bien­es­tar de los pen­sio­nis­tas, quie­nes implí­ci­ta­men­te pare­cen ser con­si­de­ra­dos como afluen­tes. ¿Y cómo es que se con­ce­den gene­ro­sas exen­cio­nes fis­ca­les a las pen­sio­nes pri­va­das mien­tras se plan­tea que no habrá dine­ro para las públi­cas?

Hay solu­cio­nes dis­tin­tas a la dis­mi­nu­ción de las pen­sio­nes públi­cas si even­tual­men­te se pre­sen­tan pro­ble­mas para las mis­mas. Y ade­más, en cual­quier caso, ¿por qué tan­ta pri­sa en plan­tear aho­ra, en ple­na cri­sis, un pro­ble­ma que, se mate­ria­li­za­ría den­tro de 20 años?

Es evi­den­te que la refor­ma de las pen­sio­nes, tal como se pre­sen­ta des­de 1994 por el Ban­co Mun­dial y se refuer­za e inten­si­fi­ca aho­ra por las ins­ti­tu­cio­nes inter­na­cio­na­les, la Unión Euro­pea y los gobier­nos res­pec­ti­vos, no tie­ne sus raí­ces en los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos de las pen­sio­nes públi­cas futu­ras, sino en el gran inte­rés de las ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras en absor­ber toda­vía más un sucu­len­to nego­cio (los fon­dos de pen­sio­nes ges­tio­nan actual­men­te el 35% de todas las accio­nes exis­ten­tes en el mun­do).

La refor­ma de las pen­sio­nes públi­cas a la baja, como la actual, no tie­ne como obje­ti­vo resol­ver el pro­ble­ma de las pen­sio­nes públi­cas sino poten­ciar las pen­sio­nes pri­va­das, que cons­ti­tu­yen un estu­pen­do nego­cio para los capi­ta­les finan­cie­ros que domi­nan nues­tras socie­da­des. Para ello, el capi­ta­lis­mo no duda y con­si­gue con­ver­tir en pro­ble­ma el alar­ga­mien­to de la espe­ran­za de vida, uno de los pocos avan­ces reales que el sis­te­ma socio­eco­nó­mi­co per­mi­te.

Miren Etxe­za­rre­ta es Cate­drá­ti­ca emé­ri­ta de Eco­no­mía Apli­ca­da de la UAB

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