De la trai­ción de cla­se con­si­de­ra­da como una de las bellas artes – Marat

Con licen­cia de Tho­mas de Quin­cey, que ha ins­pi­ra­do el títu­lo de este artículo.

His­to­ria de una infa­mia rela­ta­da por sus acto­res: Paga­ni­ni (Gobierno, patro­nal, FMI) y sus asa­la­ria­dos de la trai­ción de cla­se (CCOO y OGe­Te): «La his­to­ria se repi­te dos veces, la pri­me­ra como tra­ge­dia (Huel­ga Gene­ral del 29‑S a la que los asa­la­ria­dos de la trai­ción de cla­se fue­ron dicien­do que era «una putada tener que con­vo­car una Huel­ga Gene­ral»), la segun­da como far­sa» (tras una Huel­ga Gene­ral hecha para trai­cio­nar la lucha y lograr con­ver­tir­se de nue­vo en «inter­lo­cu­tor necesario»).

La esce­ni­fi­ca­ción de «des­acuer­dos» de CCOO y OGe­Te en sus esca­bro­sas esce­nas del sofá con el Gobierno no es otra cosa que un inten­to de repre­sen­tar un sai­ne­te de púdi­ca don­ce­lla esqui­va a los reque­ri­mien­tos lúbri­cos de Don Juan (Gobierno, patro­nal, FMI) para su ado­ce­na­da y ape­se­bra­da base de memos desmovilizados.

La con­ju­ra de los mise­ra­bles daña del modo más inde­cen­te al autén­ti­co sin­di­ca­lis­mo de cla­se y abre las vías a la dere­cha PPe­ra para que su futu­ra ciru­gía de caba­llo gol­pee a los tra­ba­ja­do­res como el mazo de Thor y lo haga entre la resig­na­ción social más deso­la­do­ra que pue­da imaginarse.

A menu­do el caba­llo de Tro­ya no es un rega­lo enve­ne­na­do del enemi­go decla­ra­do sino la trai­ción de los que habi­tan den­tro de la for­ta­le­za sitiada.

Cubrir de sali­va­zos el ros­tro de los cana­llas y a sus apo­lo­ge­tas sería el acto más bené­vo­lo que podrían tener hacia ellos los tra­ba­ja­do­res. Todo mi des­pre­cio a esa cater­va de pan­cis­tas y a sus apo­lo­ge­tas con car­né pero sin sangre.

Por insu­fi­cien­te y mejo­ra­ble que pue­da ser el sin­di­ca­lis­mo com­ba­ti­vo de quie­nes sí se movi­li­zan, hay en su volun­tad de lucha infi­ni­ta­men­te más dig­ni­dad que en las buro­cra­cias bien­pa­ga­das, en los dele­ga­dos sin­di­ca­les y las bases que callan, en los par­ti­dos de esa izquier­da nomi­nal que, des­orien­ta­dos y angus­tia­dos, se sor­pren­den de la trai­ción de los mayo­ri­ta­rios pero no rom­pen con ellos, denun­cian­do públi­ca­men­te su ignominia.

Roma sí paga a trai­do­res y lo hace bien, sea en espe­cie (loca­les), en dine­ro sucio (con fre­cuen­cia alre­de­dor de los momen­tos de nego­cia­ción o “con­flic­to” pac­ta­do), bien en sine­cu­ras par­ti­cu­la­res pero a todo cer­do le lle­ga su San Martín.

La vile­za de la que están hacien­do gala aca­ba­rá tenien­do sus con­se­cuen­cias por­que has­ta los más ser­vi­les y ras­tre­ros de quie­nes jus­ti­fi­can el enga­ño y el apu­ña­la­mien­to de los dere­chos de los tra­ba­ja­do­res a manos de estos esbi­rros libe­ra­dos del capi­tal, has­ta quie­nes los cri­ti­can fie­ra­men­te en petit comi­tè pero sua­vi­zan cal­cu­la­da­men­te sus con­de­nas en públi­co, aca­ba­rán pagan­do las con­se­cuen­cias de la vile­za de estos sEn­dE­ca­tos verticales.

Se pue­de ser imbé­cil y cóm­pli­ce de la trai­ción mien­tras sal­ga gra­tis pero la repre­sión social que nos espe­ra a todos con las nue­vas leyes del Dra­cón libe­ral y las que ven­drán des­pués les alcan­za­rá tam­bién a ellos, inclu­so a esos “sin­di­ca­le­ros” de comi­tés de empre­sa de la fun­ción públi­ca. Tam­bién allí habrá des­pi­dos cuan­do los inde­cen­tes “mer­ca­dos” exi­jan nue­vos sacri­fi­cios huma­nos al dios Moloch. No hay bas­tan­te pese­bre para tan­to cabestro.

Es hora de com­pren­der que quie­nes han uni­do su pro­pia super­vi­ven­cia y sus des­ti­nos al de este sis­te­ma que nos masa­cra son tan des­trui­bles como el pro­pio sis­te­ma al que sir­ven entre­gan­do a quie­nes en otro tiem­po fue­ron sus her­ma­nos. Ellos no son de nues­tra cla­se. Ellos no son nues­tro ins­tru­men­to de lucha sino uno más de los apa­ra­tos que sus­ten­tan el sis­te­ma, lo legi­ti­man y nos amor­da­zan, des­pués de des­ar­mar­nos y poner­nos a los píes de los caba­llos del capital.

Adu­cir que no debe lla­mar­se a aban­do­nar­los en masa por­que en ellos está la mayor par­te de los tra­ba­ja­do­res orga­ni­za­dos y no hay sin­di­ca­tos alter­na­ti­vos lo bas­tan­te fuer­tes para sus­ti­tuir­los es, cons­cien­te o incons­cien­te­men­te, tan cri­mi­nal como defen­der­los o jus­ti­fi­car­los. Hace tiem­po que esos orga­nis­mos están muer­tos, sin san­gre que cir­cu­le por sus venas. En ellos sólo vege­tan los que viven de para­si­tar a la cla­se tra­ba­ja­do­ra. No son orga­ni­za­cio­nes nues­tras. Son otra cosa: nues­tros enemi­gos, Actúan con­tra noso­tros, nos apu­ña­lan por la espal­da, nos ven­den por 30 mone­das no de pla­ta, sino de cobre. Sus bases no son otra cosa que una bur­gue­sía men­tal y cas­tra­da para la lucha, man­sos que ni siquie­ra los mata­do­res al ser­vi­cio del capi­tal (gobier­nos) quie­ren para un simu­la­cro de lucha de cla­ses por­que des­lu­cen la faena.

La lucha sin­di­cal y social ya no pue­de hacer­se con ellos sino tam­bién con­tra ellos, los peo­res esquiroles.

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