Eus­kal Herria com­ba­tien­te y las lec­cio­nes de la dia­léc­ti­ca en la movi­li­za­ción

Boltxe Kolek­ti­boa

Edi­to­ria­la

Las fuen­tes que se refie­ren a la his­tó­ri­ca mani­fes­ta­ción del pasa­do sába­do día 8 de enero hablan de una cifra, 70.000 demó­cra­tas de ver­dad reu­ni­dos entorno a las fami­lias de las pri­sio­ne­ras y pri­sio­ne­ros polí­ti­cos vas­cos y has­ta esta­ble­cen su rela­ción pro­por­cio­nal para con un acto de simi­lar pre­sen­cia huma­na en Madrid, tasan­do en 1.200.000 la equi­va­len­cia de mani­fes­tan­tes.

Más de un millón de per­so­nas en Madrid recuer­da en for­ma­to con­cen­tra­do en Bil­bo tam­bién a una cifra simi­lar movi­li­za­da en Bar­ce­lo­na en deman­da de Auto­de­ter­mi­na­ción no hace dema­sia­do tiem­po. Se abre poco a poco la ima­gen de los pue­blos rei­vin­di­can­do su lugar en el mun­do y en la his­to­ria y comien­za la gran dis­cu­sión del mar­co demo­crá­ti­co nece­sa­rio fren­te a la impo­si­ción de la tran­sac­ción regis­tra­da entre la dic­ta­du­ra fran­quis­ta y los aspi­ran­tes a nue­vos ges­to­res de los intere­ses del gran capi­tal.

Ahí se fue­ron los PSOE, PCE, PNV,CiU direc­ta­men­te a los bra­zos del apa­ra­to de esta­do sur­gi­do del gol­pe de esta­do de 1936. En aquel ins­tan­te los nue­vos jauntxos cre­ye­ron que podrían lograr el obje­ti­vo de anu­lar a la disi­den­cia y recrear una tran­si­ción a la medi­da de la men­ti­ra his­tó­ri­ca que nos han tra­ta­do de colo­car pero no con­ta­ron con que en Eus­kal Herria dece­nas de miles de manos uni­das fir­me­men­te alre­de­dor de la resis­ten­cia popu­lar han sabi­do lle­var en alto duran­te déca­das el can­dil que alum­bra el camino que rea­li­za­mos una masa impo­nen­te de hom­bres, muje­res y niños bajo el lema Egin deza­gun urrat­sa, demos un paso.

Lo hemos dado y aho­ra a abrir los ojos y los oídos con aten­ción a los siguien­tes lla­ma­mien­tos entre los que no olvi­da­mos la con­vo­ca­to­ria de huel­ga gene­ral del 27 de enero por­que la cons­truc­ción nacio­nal de Eus­kal Herria exi­ge tam­bién de su dimen­sión social, ambas caras son la mis­ma. Quie­nes estu­vi­mos en Bil­bo debe­re­mos vol­ver en bre­ve a esas mis­mas calles pero demos tam­bién un paso hacia quie­nes más ata­ca­dos son por la estra­te­gia anti­so­cial del capi­tal, la cla­se tra­ba­ja­do­ra y los sec­to­res popu­la­res.

En esto con­sis­te la dia­léc­ti­ca apli­ca­da a estas sema­nas, hoy y aquí.

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