Resis­tir en tie­rras vas­cas- Car­los Azna­res

Hay pue­blos cuyas luchas por libe­rar­se de las cade­nas que les impu­sie­ron sus con­quis­ta­do­res, gene­ran gigan­tes­cas epo­pe­yas. Allí está el ejem­plo de varios paí­ses lati­no­ame­ri­ca­nos, don­de nues­tra que­ri­da Cuba, que se apres­ta a fes­te­jar 52 años de su Revo­lu­ción, bri­lla muy alto y con toda dig­ni­dad, desa­fian­do al Impe­rio que sólo a 500 millas ha inten­ta­do en vano des­truir­la. Tam­bién es sobre­sa­lien­te la bata­lla en la que están empe­ña­dos los hom­bres, muje­res (y niños, por­que su pre­sen­cia en la pri­me­ra línea de resis­ten­cia es noto­ria) en la Pales­ti­na ocu­pa­da por el Sio­nis­mo expan­sio­nis­ta, cuya tarea cri­mi­nal gene­ral­men­te cuen­ta con la com­pli­ci­dad de nume­ro­sos gobier­nos y casi todas las cor­po­ra­cio­nes eco­nó­mi­cas, inclui­dos, cla­ro está, los mal lla­ma­dos medios de comu­ni­ca­ción.

Hay otras nacio­nes sin Esta­do que no cejan por avan­zar en la cons­truc­ción de su pre­sen­te y futu­ro, sacan­do fuer­zas de la adver­si­dad para demos­trar que todo lo que han ido con­si­guien­do sus pue­blos ha sido (y será) a pun­ta de no doble­gar­se y seguir resis­tien­do. Eus­kal Herria, es decir la Nación Vas­ca, es un ejem­plo cons­tan­te de esto mis­mo. Han pasa­do cien­tos de años des­de que la furia inva­so­ra y san­grien­ta de los reyes cas­te­lla­nos lan­za­ra la pri­me­ra ola de ata­ques con­tra los vas­cos y vas­cas, y estos, como los pue­blos ori­gi­na­rios de Abya Yala (a la que des­pués bau­ti­za­ron Lati­noa­mé­ri­ca) se nega­ron de todas mane­ras a que con la cruz y la espa­da arra­sa­ran sus tie­rras. Des­de aque­llos años de colo­ni­za­ción y resis­ten­cia, has­ta hoy en que el Esta­do espa­ñol y el Esta­do fran­cés siguen inten­tan­do doble­gar al pue­blo vas­co, ha corri­do mucho dolor (nun­ca mejor dicho) bajo el puen­te pero siguen intac­tas las señas de iden­ti­dad que demues­tran qué valo­res y cuan­ta inte­gri­dad tie­nen estas gen­tes para exi­gir la sobe­ra­nía de su terri­to­rio.

Ejem­plos coti­dia­nos sobran para ilus­trar las dife­ren­tes for­mas de rei­vin­di­ca­ción que se viven en Eus­kal Herria. Podrían pare­cer meno­res pero hablan de la esen­cia indo­ble­ga­ble de quie­nes las afron­tan. Ya se sabe que la ofen­si­va repre­si­va y la pene­tra­ción cul­tu­ral han hecho estra­gos en otros pue­blos, pero en este terri­to­rio de sie­te pro­vin­cias (cua­tro bajo domi­nio espa­ñol y tres inva­di­das por Fran­cia) la asi­mi­la­ción no les ha resul­ta­do tan fácil. Vas­cos y vas­cas han recu­rri­do a cuan­to méto­do de lucha se les puso a la mano para que no les doble­guen, y sus enemi­gos uti­li­zan todas las estra­ta­ge­mas a fin de que estos tes­ta­ru­dos pobla­do­res se rin­dan sin con­di­cio­nes. Sin embar­go, no han ser­vi­do de nada ni los GAL diri­gi­dos por Feli­pe Gon­zá­lez y su ralea «socio­lis­ta», ni el fas­cis­mo de Aznar, ni la villa­nía de un juez como Gar­zón, ni la pica­na, el sub­ma­rino y la bañe­ra de la Guar­dia Civil, ni las dro­gas del Mos­sad israe­lí, o la des­apa­ri­ción y ase­si­na­to de jóve­nes como «Napa­rra» o el recien­te de Jon Anza.

Así como Aste­rix y Obe­lix enfren­ta­ban a los roma­nos, los inde­pen­den­tis­tas de Eus­kal Herria, con­vir­tie­ron el empe­ci­na­mien­to (y su valen­tía a prue­ba de balas) en ima­gi­na­ción, y ayer y hoy no dejan pasar una oca­sión para decir­les a los pode­ro­sos que lo sien­ten, que no son espa­ño­les ni fran­ce­ses, sino sim­ple­men­to vas­cos y vas­cas de pleno dere­cho.

Prue­bas al can­to: en estos días fes­ti­vos a nivel pla­ne­ta­rio, emo­cio­na obser­var cómo en el País Vas­co dece­nas de per­so­nas (pue­blo por pue­blo) reco­rrían las calles y el terri­to­rio rural ento­nan­do can­cio­nes para el Olen­tze­ro (un vie­ji­to car­bo­ne­ro que reem­pla­za al grin­go gor­din­flón coca­co­li­za­do de San­ta Claus o a su cole­ga afran­ce­sa­do y con­su­mis­ta de ape­lli­do Noel), pero tam­bién can­tan recor­dan­do a los que no pue­den acom­pa­ñar­los hoy en esa tarea, esos cien­tos de pre­sos y pre­sas vas­cas dis­per­sos por toda la geo­gra­fía espa­ño­la y fran­ce­sa, por obra y gra­cia de gobier­nos como el del PSOE-PP o sus simi­la­res de París. En ese reco­rri­do por barrios y case­ríos, rea­li­za­do en esta oca­sión bajo un dilu­vio de agua-nie­ve y con tem­pe­ra­tu­ras extre­mas de menos 0 gra­do, pri­va­ba la emo­ción de estar can­tan­do estro­fas don­de el Olen­tze­ro se her­ma­na con la idea de que más tar­de o más tem­prano, la Inde­pen­den­cia se hará reali­dad en este pue­blo y las pri­sio­nes fas­cis­tas deja­rán paso a la cons­truc­ción de un país sobe­rano.

La mis­ma ener­gía se pudo ver el día pos­te­rior a Navi­dad cuan­do cien­tos de vas­cos y vas­cas mar­cha­ron para abra­zar sim­bó­li­ca­men­te dos cár­ce­les que se encuen­tran en su pro­pio terri­to­rio, demos­tran­do de esta mane­ra no sólo la soli­da­ri­dad con los pocos pre­sos polí­ti­cos que allí se encuen­tran (la mayo­ría han sido envia­dos a los pun­tos más dis­tan­tes de sus ciu­da­des nata­les para inten­tar que­brar de esta mane­ra su resis­ten­cia) sino tam­bién rei­vin­di­car de esta for­ma la con­sig­na his­tó­ri­ca de «pre­sos y pre­sas a casa» (Eus­kal pre­soak, etxe­ra). Una inmen­sa cara­va­na de coches por­tan­do ban­de­ras y hacien­do sonar sus boci­nas pasa­ron una y otra vez fren­te a la cár­cel de Basau­ri y de Mar­tu­te­ne e hicie­ron así oir sus voces de alien­to a quie­nes des­de detrás de las rejas aguan­tan a pie fir­me las con­ti­nuas repre­sa­lias del impe­rio espa­ñol. Pre­ci­sa­men­te en Basau­ri se halla enfer­mo de cán­cer y some­ti­do a la repre­sión car­ce­la­ria, el pre­so polí­ti­co vas­co José Ramón Foru­ria, que en 2003 fue­ra extra­di­ta­do des­de Vene­zue­la, lo que demues­tra que los gobier­nos revo­lu­cio­na­rios debe­rían ser menos solí­ci­tos con las dic­ta­du­ras demo­crá­ti­cas (la del Bor­bón Juan Car­los y Rodrí­guez Zapa­te­ro, por ejem­plo) y ente­rar­se que cuan­do con­ce­den una extra­di­ción de un mili­tan­te vas­co lo están entre­gan­do a la tor­tu­ra, a la pri­sión con ais­la­mien­to o direc­ta­men­te a la muer­te.

Este mis­mo cli­ma rein­vin­di­ca­ti­vo del que habla­mos se vive año tras año en las calles de Bil­bao, don­de se con­cen­tran miles de per­so­nas que con la excu­sa del par­ti­do de fút­bol que dispu­ta la selec­ción vas­ca (este año el rival es Vene­zue­la), gri­tan con­sig­nas exi­gien­do la «ofi­cia­li­za­ción» del nom­bre de Eus­kal Herria para todas las acti­vi­da­des depor­ti­vas en las que esta Nación par­ti­ci­pe. ¿A qué se refie­ren? A la nece­si­dad de ter­mi­nar de una vez con la humi­lla­ción de que los depor­tis­tas vas­cos ten­gan que pasar por el aro de ves­tir la cami­se­ta del inva­sor espa­ñol. Como todos los años, esta movi­da masi­va mos­tra­rá a miles de jóve­nes y a otros que ya no lo son, par­ti­ci­pan­do en una gran mar­cha don­de la ofi­cia­li­za­ción, la liber­tad a los pre­sos y la inde­pen­den­cia más socia­lis­mo se auna­rán en una mis­ma exi­gen­cia, y que con­clui­rá lue­go en el esta­dio del Atle­tic de Bil­bao, cuan­do miles de per­so­nas par­ti­ci­pen de una gigan­tes­ca «ola ver­de» orga­ni­za­da por la red Inde­pen­den­tis­tak.

Por últi­mo, para con­cluir una quin­ce­na de gran acti­vi­dad rei­vin­di­ca­ti­va, el 8 de enero Bil­bao será otra vez cita de una mani­fes­ta­ción que ame­na­za con ser una de las más impor­tan­tes de la his­to­ria de este pue­blo. Ese día, miles de per­so­nas ‑algu­nos lle­ga­dos des­de Lati­noa­mé­ri­ca y otros sitios del mun­do- nos uni­re­mos en un solo gri­to de soli­da­ri­dad acti­va con los más de 760 pre­sos y pre­sas vas­cas, cuya liber­tad se ha con­ver­ti­do en ban­de­ra impres­cin­di­ble a efec­tos de que, al igual que se corea­ba en el Chi­le sojuz­ga­do, pue­dan par­ti­ci­par acti­va­men­te de la vida polí­ti­ca cuan­do se «abran las anchas ala­me­das» y la tie­rra vas­ca recu­pe­re su liber­tad con jus­ti­cia, y sea una nacion inde­pen­dien­te. Un sitio con memo­ria fér­til don­de se home­na­jee a quie­nes sacri­fi­ca­ron todo para lograr­lo, a aque­llos que entre­ga­ron su vida y tam­bién su liber­tad, a los tor­tu­ra­dos, a los depor­ta­dos, y por supues­to, a todos y todas que posi­bi­li­ta­ron que el eus­ke­ra (la len­gua más anti­gua de esta Euro­pa con­vul­sio­na­da y arrui­na­da eco­nó­mi­ca­men­te) sea habla­do sin cen­su­ras ni blo­queos de nin­gún tipo. Todo ello se podrá con­se­guir, como siem­pre, luchan­do, resis­tien­do enco­na­da­men­te a los can­tos de sire­na de los Impe­rios y no cedien­do paso al escep­ti­cis­mo, pero tam­bién evi­tan­do ata­jos triun­fa­lis­tas o des­mo­vi­li­za­do­res. Si hay con­cien­cia de ello, y en Eus­kal Herria ya se han dado prue­bas irre­fu­ta­bles en ese sen­ti­do, el futu­ro será lumi­no­so, como lo pre­sa­gia­ra ese gran patrio­ta vas­co lla­ma­do San­ti Brouard.

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