Tulu­lo III – Jon Odrio­zo­la

Cami­nan­do por la calle Bide­ku­rutze­ta de Ber­ga­ra, y antes de entrar en el bar Guria para pro­vo­car y enra­bie­tar a su pro­pie­ta­rio, Alex, un fan de la Real, nadie es per­fec­to, ví en el sue­lo un papel DIN-A4 que reco­gí como hubie­ra hecho Cide Hame­te Benen­ge­li, según el Qui­jo­te.

El papel, con impia­do­sas hue­llas de sue­las, resul­tó ser un artícu­lo que lle­va­ba por títu­lo lo que ven arri­ba y fir­ma­do por un tal Fran­cis­co Gar­cía Pérez, gadi­tano según pare­ce. Lo que sigue es méri­to suyo.

El sone­to con estram­bo­te es así. Una pro­fe­so­ra de 4º de la ESO se puso a corre­gir unos exá­me­nes que hizo a sus alum­nos sobre cul­tu­ra gene­ral. Leyó uno, toman­do un té frío, y la pri­me­ra en la fren­te: «los ver­sos uti­li­za­dos en Espa­ña antes del Rena­ci­mien­to eran, mayor­men­te, el dode­cae­dro y el octoe­dro». No se des­mo­ro­nó por esto y tomó más té frío. Se encon­tró otra joya: «el eus­ke­ra es una len­gua bilin­güe». Nues­tra dilec­ta pro­fe­so­ra se qui­tó los imper­ti­nen­tes (gafas) y, no sin estu­por, que así comien­zan las car­tas diplo­má­ti­cas, lee esto dicho por otro alumno: «el eus­ke­ra se cree que lle­gó del Cáu­ca­so (sic) con una fami­lia de inmi­gran­tes». Y tam­bién esta per­la: «el galle­go es de ori­gen grie­go deri­va­do del latín». Ufa, de nota, oye.

De pron­to, en el ter­cer té frío, una res­pues­ta a la duo­dé­ci­ma pre­gun­ta lle­va­ba por títu­lo «Tulu­lo III». No enten­dió nada, pero no se des­ani­mó. ¿Tulu­lo III? ¿Tulu­lo Ter­ce­ro? ¿Cuán­do hablé yo de un fulano lla­ma­do Tulu­lo III? Inquie­ta, repa­só la lis­ta de reyes y papas que siem­pre lle­van un car­di­nal adjun­to a su hipo­co­rís­ti­co. Pero nada. Ni Tulu­lo ni Piru­lo ni Polcu­lo. Un dra­ma. Se rió recor­dan­do aquel gaza­po de un perió­di­co que puso como pie de foto «Ino­cen­cio Díez» bajo una repro­duc­ción del retra­to velaz­que­ño del Papa Ino­cen­cio X. ¿Tan malos somos ense­ñan­do? La cul­pa es del cha­cha­chá…

Pero se le encen­dió la bom­bi­lla. Recor­dó haber expli­ca­do algo de pin­to­res famo­sos en una de sus cla­ses y que, ojo, al loro, pres­ta­ran aten­ción pues sería mate­ria de examen. Inclu­so lle­vó dia­po­si­ti­vas al aula, lo que en mis tiem­pos, hablo por mí aho­ra (nota de J. O.), era el non plus ultra de la moder­ni­dad peda­gó­gi­ca y didas­cá­li­ca.

La pro­fe­so­ra tra­tó de rela­jar­se y echó un vis­ta­zo por la ven­ta­na des­de la que se divi­sa­ba una esqui­na de La Cale­ta de Cádiz. ¿Tulu­lo III? Otro té frío. Iba cayen­do. Recor­dó la lis­ta de pin­to­res fran­ce­ses que dio una vez: Monet, Manet, Pisa­rro (con ese, sí), Dela­croix, Renoir, Cèzan­ne, Gaughin… Pero ¿Tulu­lo III o Ter­ce­ro? ¿Cómo se come esto? No pillo, como se dice aho­ra. Vol­vió a dopar­se con más té frío. Y, de repen­te, fiat lux. Recor­dó una pre­gun­ta que hizo: «a ver, niños, hoy vamos a estu­diar a un pin­tor muy bohe­mio y muy bueno que se lla­ma­ba Tou­lou­se-Lau­trec». Pero, cla­ro, pro­nun­cia­do en gadi­tano, la cosa era así: «vamo a estu­diá a un pin­tó mu bohe­mio y mu güeno que ze yama Tulu­lo­tré» (en bil­baino Tulu­se­se, aiva­laos­tia). Y el niño, sabe­dor de Feli­pes, Car­los y Abde­rra­ma­nes Ter­ce­ros, pues apun­tó en su cua­derno Tulu­lo III (Tres). Genial y olé, cha­val.

Vaya esto para el radi­cal y redo­ma­do anti­cle­ri­cal Víc­tor Moreno. Y, cómo no, para los gadi­ta­nos con infi­ni­to cari­ño.

Fuen­te: Gara

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