Chi­na: La pro­le­ta­ri­za­ción incom­ple­ta – Pun Ngai

Quie­ro abor­dar el tema par­tien­do del vídeo que aca­ba­mos de ver. Ya son ocho (no sie­te) los muer­tos en la empre­sa Fox­conn. El pro­fe­sor de la Uni­ver­si­dad Qinghua decía que la tasa de sui­ci­dios no le pare­cía muy alta. Al día siguien­te una joven de 24 años se arro­jó des­de lo alto de un edi­fi­cio. Per­so­nal­men­te pien­so que estos hechos son dra­má­ti­cos y que es impor­tan­te saber con qué cri­te­rios hay que eva­luar­los y qué es eso de una tasa no muy alta de sui­ci­dios. Los prin­ci­pa­les medios de comu­ni­ca­ción hablan de estos trá­gi­cos acon­te­ci­mien­tos como si se tra­ta­se de una cues­tión per­so­nal: el sui­ci­dio de un joven diplo­ma­do que pare­cía ser una per­so­na abier­ta y ale­gre se pre­sen­ta como un pro­ble­ma espi­ri­tual, mien­tras que otros de estos sui­ci­dios se atri­bu­yen a pro­ble­mas psi­co­ló­gi­cos. En el caso de un tra­ba­ja­dor que se arro­jó des­de el teja­do del dor­mi­to­rio, se atri­bu­yó a pre­sio­nes psi­co­ló­gi­cas deri­va­das de pro­ble­mas de fer­ti­li­dad. Tras el sép­ti­mo sui­ci­dio en Fox­conn se soli­ci­tó la cola­bo­ra­ción de cono­ci­dos psi­có­lo­gos, que no han hecho una bue­na labor, y recien­te­men­te tam­bién se ha con­ta­do con sacer­do­tes taoís­tas. La direc­ción de Fox­conn pre­fie­re ver el pro­ble­ma como algo vin­cu­la­do con el Fengshui y la psi­co­lo­gía, antes que ver­lo como un pro­ble­ma de ges­tión enpre­sa­rial o como un pro­ble­ma social. Yo, por el con­tra­rio, voy a abor­dar el pro­ble­ma des­de un pun­to de vis­ta sociológico.

Quie­ro par­tir de estos hechos para inter­pre­tar el fenó­meno de los cam­pe­si­nos que migran des­de el cam­po hacia las fábri­cas en el pro­ce­so de for­ma­ción de una nue­va cla­se obre­ra. Mis libros ver­san sobre la pri­me­ra gene­ra­ción de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes, últi­ma­men­te he escri­to algu­nos artícu­los dis­per­sos sobre la segun­da gene­ra­ción, a la que inten­ta­ré inser­tar en el con­tex­to teó­ri­co mar­xis­ta, en la for­ma­ción del pro­le­ta­ria­do, incor­po­ran­do tam­bién algu­nas teo­rías post-mar­xis­tas, con el pro­pó­si­to de valo­rar si es posi­ble inter­pre­tar los sui­ci­dios y las huel­gas como fenó­me­nos de pro­tes­ta en el mar­co de la tra­di­ción teó­ri­ca mar­xis­ta o de la sociología.

Obvia­men­te, no con­si­de­ra­mos que el sui­ci­dio sea algo nor­mal, si así fue­se la prác­ti­ca de los obre­ros corea­nos que se pren­den fue­go debe­ría ver­se sola­men­te como una adver­ten­cia a la socie­dad, y los sui­ci­dios de jóve­nes obre­ros chi­nos cons­ti­tu­yen una tra­ge­dia dema­sia­do gran­de como para pen­sar que sola­men­te se tra­ta, des­pués de todo, de un modo de con­tar a la socie­dad el injus­to tra­to sufri­do. Hoy evi­ta­ré todos los deta­lles sobre las muer­tes, ya los hemos vis­to en el vídeo. Los sui­ci­dios acon­te­ci­dos des­de enero has­ta hoy corres­pon­den a jóve­nes entre 18 y 24 años, y su moda­li­dad ha sido siem­pre la mis­ma: arro­jar­se des­de lo alto de un edi­fi­cio, ges­to que no per­mi­te vuel­ta atrás. Dos obre­ras han que­da­do heri­das y no han muer­to. Pero ya se tra­te de heri­dos o de muer­tos, ¿cómo com­pren­der esta tra­ge­dia? ¿Hay que situar­la en el con­tex­to de la empre­sa o bien hay que situar esa pro­ble­má­ti­ca inter­na de la empre­sa en el con­tex­to más amplio de los 230 millo­nes de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes? ¿Y para qué? ¿Para decir que esta empre­sa tie­ne con­di­cio­nes mejo­res que aque­lla, que el sala­rio de tal empre­sa es mayor que el de esta otra?

En Shenz­sen el sala­rio habi­tual de un obre­ro está entre 1.000 y 1.500 yua­nes, mien­tras que en Fox­conn está entre 1.500 y 2.000, sien­do, pues, sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te mayor. Las con­di­cio­nes de tra­ba­jo y la ges­tión son un poco mejo­res y por ese moti­vo en Fox­conn cada maña­na a las 5,30 h. hay una cola de per­so­nas que quie­ren entrar a tra­ba­jar allí, mien­tras que otras empre­sas más peque­ñas tie­nen difi­cul­ta­des para encon­trar tra­ba­ja­do­res. Con­si­de­ran­do esto, podría­mos decir que esta­mos ante una repre­sen­ta­ción a menor esca­la de la situa­ción común de los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes; si mejo­ran las con­di­cio­nes de tra­ba­jo en Fox­conn podrían mejo­rar las con­di­cio­nes de vida de los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migrantes.

El secre­to por el que Chi­na se ha con­ver­ti­do en la fábri­ca del mun­do resi­de en la exis­ten­cia de 230 millo­nes de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes, sin los que Chi­na no habría lle­ga­do a ocu­par en los últi­mos 20 años, gra­cias al bajo cos­te, el pri­mer pues­to como fábri­ca del mun­do. Hoy tene­mos pri­ma­cía en varios ámbi­tos, la expor­ta­ción por ejem­plo. Fox­conn es la pri­me­ra expor­ta­do­ra glo­bal en elec­tró­ni­ca. Hoy, cuan­do cons­trui­mos Shenzhen, Shanghai etc., deci­mos siem­pre que esta­mos en los pri­me­ros pues­tos a esca­la mun­dial, pero tam­bién debe­ría­mos decir que, según creo, tam­bién lo esta­mos en cuan­to a la tasa de sui­ci­dios de la fuer­za de tra­ba­jo juve­nil, pese a los psi­có­lo­gos que nos dicen que la tasa no es elevada.

Cuan­do ana­li­za­mos la for­ma­ción de la cla­se obre­ra en el mar­co de Chi­na como fábri­ca del mun­do, vemos cla­ra­men­te quién está cons­tru­yen­do la rique­za, quién está edi­fi­can­do Chi­na como fábri­ca del mun­do, quién se sacri­fi­ca, quién se apro­pia de los bene­fi­cios. Hoy se ha replan­tea­do cla­ra­men­te el fenó­meno de la socie­dad de cla­ses. Un país socia­lis­ta, que por eso mis­mo debe­ría libe­rar­se de las rela­cio­nes de pro­duc­ción capi­ta­lis­tas, ha per­mi­ti­do que la divi­sión de cla­se pene­tre pro­fun­da­men­te en las rela­cio­nes sociales.

Yo me hice mar­xis­ta cuan­do, por pri­me­ra vez, entré en las zonas indus­tria­les chi­nas, la pri­me­ra vez que entré en una fábri­ca, cuan­do aún era estu­dian­te uni­ver­si­ta­ria a comien­zos de los años noven­ta. En aque­lla épo­ca se esta­ban pro­du­cien­do gran­des cam­bios eco­nó­mi­cos en Hong Kong y muchas fábri­cas se tras­la­da­ban a Chi­na con­ti­nen­tal. Los obre­ros de Hong Kong sufrían el des­em­pleo, y cuan­do me des­pla­cé a Chi­na con­ti­nen­tal obser­vé el fenó­meno de los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes que, año tras año, se diri­gían al Guang­dong para trabajar.

Estos cam­bios me impre­sio­na­ron y esta­ba estu­pe­fac­ta al ver que en la patria del socia­lis­mo se per­mi­tía una explo­ta­ción capi­ta­lis­ta bru­tal, que, en los años noven­ta, era aún más inten­sa que hoy.

En 1995 entré en una fábri­ca en la que se pro­du­cían com­po­nen­tes elec­tró­ni­cos para los telé­fo­nos móvi­les de enton­ces. Allí, me puse a pre­gun­tar a muchas per­so­nas cuál era su sala­rio. Era una fábri­ca de com­po­nen­tes elec­tró­ni­cos, en la que se hacían los telé­fo­nos celu­la­res de enton­ces. El pre­cio de uno de esos telé­fo­nos eran unos 10.000 yua­nes. ¿Y cuál era el sala­rio de un obre­ro? ¿Con qué jor­na­da? De media, 14 horas dia­rias, sin sába­dos ni domingos.

Tal vez vues­tras madres y vues­tros padres sean la pri­me­ra gene­ra­ción de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes a la que hemos entre­vis­ta­do, aque­lla situa­ción la recuer­dan bien. Cuan­do entré en la fábri­ca, leí enco­le­ri­za­da El Capi­tal de Marx y des­cu­brí que la situa­ción que des­cri­bía no era tan gra­ve como la que había en Chi­na en los años noven­ta. El sala­rio del que habla El Capi­tal se cal­cu­la­ba sema­nal­men­te, pero cuan­do yo empe­cé a tra­ba­jar el cobro del sala­rio se retra­sa­ba tres meses y el rit­mo de tra­ba­jo era exte­nuan­te. A comien­zos de los noven­ta, morían tra­ba­ja­do­res en los incen­dios que se pro­du­cían en las fábri­cas y en los dor­mi­to­rios. Des­pués de Marx, El Capi­tal, que des­cri­be la situa­ción indus­trial del siglo XIX, influen­ció la revo­lu­ción socia­lis­ta; si com­pa­ra­mos la épo­ca de Marx con la situa­ción de los tra­ba­ja­do­res y con los sui­ci­dios de la Fox­conn, se nos vie­ne a la men­te que qui­zá aque­lla épo­ca fue­se más feliz que la nuestra.

A ini­cios de los noven­ta la pre­sión sobre el tra­ba­jo era mucho más fuer­te, el sala­rio era sólo de 500 yua­nes, cuan­do aho­ra está entre 1.000 y 1.500. Los dor­mi­to­rios y espa­cios de la fábri­ca han mejo­ra­do, y tam­bién han mejo­ra­do las con­di­cio­nes labo­ra­les. ¿Por qué, enton­ces, no hubo sui­ci­dios y huel­gas entre la pri­me­ra gene­ra­ción de tra­ba­ja­do­res cam­pe­sio­nes migran­tes, lo que sí ocu­rre actualmente?

Cuan­do entré en la fábri­ca y ví las horren­das con­di­cio­nes de tra­ba­jo no com­pren­día cómo podía pasar algo así en nues­tro país socia­lis­ta. Esta­ba furio­sa, pero los obre­ros no lo esta­ban. Pen­sa­ba que eso depen­día de que esta­ban ate­na­za­dos, bajo pre­sión, que no tenían posi­bi­li­dad de expre­sar lo que sen­tían. Sin embar­go, no ví sui­ci­dios. Hubo muer­tes súbi­tas o por ago­ta­mien­to, pero no con la gra­ve­dad actual.

En los años noven­ta ví cómo los tra­ba­ja­do­res comen­za­ban a enco­le­ri­zar­se e inclu­so a hacer huel­gas. Des­pués del 2000 en el del­ta del Río Per­la, en par­ti­cu­lar en Dong­guan, hubo olea­das de huel­gas en las que par­ti­ci­pa­ron miles de per­so­nas, aun­que sin nin­gu­na cober­tu­ra mediá­ti­ca. Des­pués, algu­nos medios se inte­re­sa­ron en las huel­gas, pero deja­ron de hacer­lo por­que se habían hecho tan habi­tua­les, sobre todo en Dong­guan, que ya no atraían la aten­ción al ser tan­tas y tan frecuentes.

¿Cómo inter­pre­tar las dife­ren­cias entre ambas gene­ra­cio­nes de tra­ba­ja­do­res? Debe­mos refle­xio­nar sobre ello y, sobre todo, pre­gun­tar­nos cómo sur­gie­ron los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes. Ade­más tene­mos que ana­li­zar en pro­fun­di­dad las dife­ren­cias exis­ten­tes entre estas dos gene­ra­cio­nes, inclu­so con una mis­ma com­po­si­ción de cla­se, con las mis­mas rela­cio­nes de pro­duc­ción y tra­tán­do­se de tra­ba­ja­do­res que hacen el mis­mo tra­ba­jo en la fábri­ca y que afron­tan las con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo. Hay que hacer­lo por­que la dife­ren­cia es ver­da­de­ra­men­te grande.

Tam­bién debe­mos refle­xio­nar sobre el pro­ce­so de for­ma­ción de la nue­va cla­se de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes, que no pode­mos enca­jar com­ple­ta­men­te en el pro­ce­so de pro­le­ta­ri­za­ción. A lo lar­go de una remo­de­la­ción que ha dura­do 30 años el cam­pe­sino se ha con­ver­ti­do en tra­ba­ja­dor (en pre­ca­rio, sin dere­chos), suje­to del tra­ba­jo pero no un obre­ro en sen­ti­do pleno. No está cla­ro si aún es cam­pe­sino o si es obre­ro. Aun­que las con­dio­nes en que vive son obje­ti­va­men­te las de un obre­ro, des­de un pun­to de vis­ta sub­je­ti­vo, en tan­to que tra­ba­ja­dor, su iden­ti­dad es problemática.

Ana­li­ce­mos el pro­ble­ma del reco­no­ci­mien­to iden­ti­ta­rio a tra­vés de algu­nos con­te­ni­dos teó­ri­cos del post-mar­xis­mo. En el paso de la cla­se en sí a la cla­se para sí par­ti­ci­pan fac­to­res com­ple­jos y difí­ci­les. Si intro­du­ci­mos este aspec­to en las par­ti­cu­la­res con­di­cio­nes chi­nas y en el pro­ce­so de inclu­sión en la eco­no­mía glo­bal capi­ta­lis­ta, al hacer una com­pa­ra­ción con otros paí­ses encon­tra­mos que la sin­gu­la­ri­dad chi­na resi­de en nues­tros tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes. Aun­que está cla­ro que lle­gan a gas­tar diez o vein­te años de su vida tra­ba­jan­do en la fábri­ca, les es nega­da su posi­ción como obre­ros. Su con­cien­cia como tal suje­to aún no se ha for­ma­do completamente.

¿Asis­ti­mos en Chi­na al sur­gi­mien­to de unas nue­vas Enclo­su­res [nt: cie­rre de los terre­nos comu­na­les en favor de los terra­te­nien­tes en la Ingla­te­rra de los siglos XVIII y XIX]? Pero este fenó­meno es dife­ren­te en Chi­na. La nue­va gene­ra­ción de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes ya no pue­de vol­ver a su pue­blo pero tam­po­co pue­de que­dar­se en la ciu­dad. No pue­de per­ma­ne­cer don­de está, pero tam­po­co pue­den regre­sar al cam­po. ¿No debe­ría­mos tal vez bus­car en esta con­di­ción de cla­se pro­le­ta­ria incom­ple­ta los moti­vos de los sui­ci­dios y de las pro­tes­tas de los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migrantes?

El fenó­meno de los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes no pue­de sepa­rar­se del desa­rro­llo de los últi­mos 30 años. Todo empe­zo con la refor­ma, y la refor­ma empe­zó en el cam­po, cuya dimen­sión colec­ti­va fue des­trui­da favo­re­cien­do la emer­gen­cia de peque­ñas eco­no­mías cam­pe­si­nas; la base de la fuer­za de tra­ba­jo a la que ven­go refi­rién­do­me se encuen­tra en el final del colec­ti­vis­mo, que dio lugar a un exce­den­te de fuer­za de tra­ba­jo cam­pe­si­na. Nues­tros soció­lo­gos uti­li­zan una bella expre­sión para este fenó­meno: una abun­dan­te fuer­za de trabajo.

No impor­ta tan­to si es abun­dan­te o es sobre­abun­dan­te, lo que impor­ta es que una gene­ra­ción de jóve­nes ya no tie­ne nada que hacer en el cam­po, no tie­ne nin­gu­na opor­tu­ni­dad de tra­ba­jar allí por­que la tie­rra no pue­de pro­por­cio­nar­les ocu­pa­ción. Por eso empe­za­ron a migrar bus­can­do tra­ba­jo en la ciu­dad, en par­ti­cu­lar en las zonas cos­te­ras en las que entra­ba capi­tal extran­je­ro. Así fue fun­da­da Chi­na como fábri­ca del mun­do, gra­cias a esta fuer­za de tra­ba­jo bara­ta. En la refor­ma del agro y en la “estra­te­gia de puer­tas abier­tas” resi­de el secre­to del sur­gi­mien­to los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migrantes.

Estas son las con­di­cio­nes del país, por­que “la fuer­za de tra­ba­jo” es dema­sia­do gran­de. Si esta fuer­za de tra­ba­jo exce­den­te en los años 80 no hubie­ra sido absor­bi­da en las fábri­cas de “san­gre y sudor” tam­po­co se habrían teni­do estas míni­mas oca­sio­nes de pro­gre­so. Según lo que apren­dí enton­ces, en aquel tiem­po con dos­cien­tos o tres­cien­tos yua­nes men­sua­les se paga­ban más de diez horas de tra­ba­jo diario.

Ya fue­se una empre­sa de jugue­tes o una de elec­tró­ni­ca, el pro­duc­to era el mis­mo tan­to si lo hacía una tra­ba­ja­do­ra de Hong Kong o yo mis­ma, que tra­ba­ja­ba en Shenzhen, tam­bién eran igua­les el capi­tal y la mar­ca. Por ejem­plo, todo el mun­do sabe que los pro­duc­tos Dis­ney son muy caros, por un muñe­co piden entre 200 y 300 yua­nes. Bien, pues en los años 80, la mis­ma fábri­ca, el mis­mo con­tex­to, en Hong Kong se lle­ga­ba a ganar entre 5.000 y 6.000 yua­nes, y al ini­cio de los 90 unos 6.000 hacien­do horas extras; sin embar­go, esa mis­ma fábri­ca abrió una nue­va sede más allá de la fron­te­ra con Shenzhen, en la que se pro­du­cía la mis­ma mer­can­cía pero pagan­do sala­rios de 200300 yua­nes mensuales.

Esa dife­ren­cia me era difí­cil de com­pren­der y acep­tar, mien­tras que para aque­llos que tenían sen­ti­do patrio era com­pren­si­ble, pues decían que ambas socie­da­des se encon­tra­ban en una fase dife­ren­te de desa­rro­llo, había gran can­ti­dad de mano de obra y usar esa fuer­za de tra­ba­jo bara­ta podría impul­sar el desa­rro­llo, inte­gran­do a Chi­na en el sis­te­ma capi­ta­lis­ta glo­bal y per­mi­tien­do dar el pri­mer paso. Pero yo, que no tenía sen­ti­do patrio, me pre­gun­ta­ba si el capi­tal de Hong Kong o Tai­wán deja­ría de inver­tir por­que el sala­rio de las tra­ba­ja­do­ras subie­se a 400 yua­nes. Tan­to enton­ces como hoy cabe pre­gun­tar­se si un aumen­to de sala­rios haría que Chi­na deja­se de ser la fábri­ca del mun­do y se ale­ja­se de la ruta del desarrollo.

Para estos capi­ta­lis­tas el aumen­to de los sala­rios no les repor­ta nin­gu­na ven­ta­ja, por­que no ven a la fuer­za de tra­ba­jo como per­so­nas. La patro­nal no se sien­te reque­ri­da a con­si­de­rar como per­so­nas a la fuer­za de tra­ba­jo bara­ta. Por lo tan­to, para ellos no ten­dría sen­ti­do un aumen­to de suel­do. Cuan­do entré en la fábri­ca, no tenían nin­gu­na con­fian­za en los tra­ba­ja­do­res. Al andar por la calle o cuan­do íba­mos a comer siem­pre escu­cha­bas decir que los tra­ba­ja­do­res chi­nos eran difí­ci­les de mane­jar y que, muy en par­ti­cu­lar, ten­dían a robar mer­can­cías ¿Es así? Cier­ta­men­te, en com­pa­ra­ción con los tra­ba­ja­do­res de Hong Kong y Tai­wán el fenó­meno del hur­to de mer­can­cías es más habi­tual. Los alma­ce­nes de las fábri­cas de Hong Kong tie­nen abier­tas las ven­ta­nas, mien­tras que las de Shenzhen tie­nen barro­tes de hie­rro por temor a los robos. Un tra­ba­ja­dor de Fox­conn se ha sui­ci­da­do por haber per­di­do el pro­to­ti­po del iPod; esta pre­sión pro­vie­ne del temor de la empre­sas a los robos. Pero si pen­sa­mos sobre ello, es pre­ci­so tomar en con­si­de­ra­ción la dife­ren­cia que había, en la fábri­ca en la que tra­ba­ja­ba, entre los sala­rios, unos 400500 yua­nes men­sua­les, y el pre­cio de los telé­fo­nos celu­la­res que pro­du­cía­mos, a 10.000 yua­nes cada uno.

He nota­do que muchos temen usar con­cep­tos como cla­se y explo­ta­ción, pero bas­ta con entrar en una fábri­ca para que explo­ta­ción, dig­ni­dad y pala­bras seme­jan­tes dejen de pare­cer­nos con­cep­tos exó­ti­cos o que estén al ser­vi­cio de algu­na teo­ría forá­nea para mani­pu­lar a los tra­ba­ja­do­res. La cla­se obje­to de esa explo­ta­ción, la rabia que cada obre­ro sien­te y pue­de expre­sar, son cosas de las que, des­de un pun­to de vis­ta his­tó­ri­co, habla­mos tran­qui­la­men­te en la uni­ver­si­dad entre estu­dian­tes y pro­fe­so­res. Actual­men­te se teme la emer­gen­cia de las con­tra­dic­cio­nes de cla­se. Hace pocos años había fábri­cas caren­tes de las más míni­mas con­di­cio­nes dig­nas para los tra­ba­ja­do­res. Los luga­res en que se tra­ba­ja­ba y se vivía care­cían de sali­das de emer­gen­cia. Algu­nos obre­ros murie­ron abra­sa­dos por ese moti­vo. Las fábri­cas de los años noven­ta tenían los ala­ma­ce­nes en la plan­ta baja, la cade­na de mon­ta­je esta­ba en la segun­da y ter­ce­ra plan­ta, mien­tras que los obre­ros vivían en los pisos supe­rio­res. Para evi­tar los robos se cerra­ba todo con lla­ve, y en caso de incen­dio era impo­si­ble esca­par y los tra­ba­ja­do­res morían abra­sa­dos. Mi tra­ba­jo “Obre­ras chi­nas”, situa­do en los años ochen­ta y comien­zos de los noven­ta, nace por­que en esa épo­ca, como estu­dian­te uni­ver­si­ta­ria, ví morir así a obre­ras. Tras aque­llos incen­dios, las zonas de alo­ja­mien­to y de pro­duc­ción fue­ron sepa­ra­das gra­cias a opor­tu­nas leyes. Por con­si­guien­te, los alo­ja­mien­tos de una fábri­ca que ten­ga algún millar de tra­ba­ja­do­res deben crear­se aho­ra en sus alrededores.

En los últi­mos años he escri­to varios artícu­los sobre el tema de la vivien­da. Si la pri­me­ra carac­te­rís­ti­ca en la que resi­de el secre­to de la fábri­ca del mun­do son los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes, la segun­da está repre­sen­ta­da por los dor­mi­to­rios vin­cu­la­dos a la fábri­ca. Es pre­ci­so pre­gun­tar­se por el con­tex­to de la vida de la fuer­za de tra­ba­jo, por la posi­bi­li­dad de for­mar una fami­lia, ya que se debe pen­sar que eso, ade­más de un sala­rio, requie­re un alo­ja­mien­to, la posi­bi­li­dad de criar hijos que pue­dan estu­diar o de acu­dir al médi­co cuan­do se con­trae una enfer­me­dad. Pero el sala­rio de 230 millo­nes de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes sólo se rige por las nece­si­da­des de la pro­pia fábri­ca y obli­ga a vivir en alo­ja­mien­tos comu­nes, don­de se amon­to­nan dece­nas de tra­ba­ja­do­res. El suel­do no les per­mi­te vivir en la ciu­dad de Shenzhen.

De hecho, en la zona cos­te­ra de desa­rro­llo en Shenzhen se pien­sa uti­li­zar esta fuer­za de tra­ba­jo sólo duran­te un bre­ve perio­do, has­ta que los migran­tes vuel­van al cam­po; son vis­tos como fuer­za de tra­ba­jo, no como tra­ba­ja­do­res. El pro­ble­ma se hace cada vez más evi­den­te. Al comien­zo, los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes que esta­ban en las fábri­cas tenían su pro­pio peda­zo de tie­rra y la posi­bi­li­dad de retor­nar a su pue­blo; eso expli­ca por qué razón yo me enfu­re­cía pero ellos toda­vía no lo hacían. En los años noven­ta los obre­ros se con­si­de­ra­ban, en el fon­do, cam­pe­si­nos, aun­que des­de un pun­to de vis­ta mar­xis­ta sus rela­cio­nes de pro­duc­ción ya habían cam­bia­do y se habían trans­for­ma­do en ver­da­de­ros obre­ros emplea­dos en las fábri­cas, aun­que sin estar aún en una posi­ción com­ple­ta­men­te equi­pa­ra­ble a la de los obre­ros: su sala­rio no era un sala­rio de obre­ro, por­que el sala­rio de un obre­ro debe garan­ti­zar el cos­te de repro­duc­ción de las gene­ra­cio­nes suce­si­vas, esto es, poder tener una fami­lia, tra­ba­jan­do ocho o diez horas, poder tener un lugar en el que vivir con la fami­lia y des­de el que vol­ver al tra­ba­jo tras pasar un día de descanso.

Si en los años ochen­ta el sala­rio no per­mi­tía vivir en la ciu­dad, actual­men­te el sala­rio en Fox­conn, entre 1.500 y 2.000 yua­nes, tam­po­co per­mi­te que un obre­ro viva en Shenzhen. ¿Cómo pue­de repro­du­cir­se este sis­te­ma, cómo se tie­ne en pie este tipo de sostenibilidad?

Diga­mos cla­ra­men­te que este sis­te­ma sólo rige para los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes, cuyo sala­rio es la mitad del sala­rio de un tra­ba­ja­dor nor­mal. Ade­más, vivien­do en el alo­ja­mien­to de la fábri­ca se pue­de aho­rrar algo de dine­ro para el futu­ro, ya que no es segu­ro que Fox­conn siga acep­tan­do a un tra­ba­ja­dor cuan­do supere los 30 años de edad.

El actual desa­rro­llo de las gran­des ciu­da­des se apo­ya com­ple­ta­men­te sobre los hom­bros de la fuer­za de tra­ba­jo cam­pe­si­na. La ciu­dad es cada vez más rica, cons­trui­mos ciu­da­des cada vez más glo­ba­les, como Bei­jing, Shanghai, Shenzhen, Guangzhou, cuyos gobier­nos no tie­nen nin­gu­na obli­ga­ción res­pec­to a las pen­sio­nes y al cui­da­do de los 230 millo­nes de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes. Tras haber explo­ta­do a la fuer­za de tra­ba­jo, care­cen de cual­quier pro­yec­to para su repro­duc­ción y para los cui­da­dos que nece­si­tan. El pro­yec­to es devol­ver­les al cam­po, arrui­na­do des­de hace vein­te años, sin desa­rro­llo alguno y sobre el que, ade­más, pen­de la ame­na­za inmi­nen­te de la ven­ta de la tie­rra. Ésta es la injus­ti­cia fun­da­men­tal, la fuer­za de tra­ba­jo bara­ta sos­tie­ne una pro­duc­ción de bajo cos­te que no sólo se diri­ge a la bur­gue­sía media urba­na sino, de for­ma más rele­van­te aún, a los paí­ses occi­den­ta­les, como EEUU, don­de quien no tie­ne dine­ro lo pide pres­ta­do para con­su­mir y lo que con­su­mi­rá es nues­tra fuer­za de tra­ba­jo bara­ta. El Gobierno chino pres­ta con­ti­nua­men­te dine­ro a aque­llos que pue­dan con­su­mir las mer­can­cías hechas con fuer­za de tra­ba­jo bara­ta en el sis­te­ma eco­nó­mi­co glo­bal, de for­ma que el sacri­fi­cio final recae sobre la masa de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migrantes.

¿Cuál es la dife­ren­cia entre las dos gene­ra­cio­nes de tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes? La pri­me­ra gene­ra­ción tenía una gran capa­ci­dad de aguan­te, de hecho el psi­có­lo­go que ha sali­do en el vídeo decía que el pro­ble­ma de las actua­les pro­tes­tas deri­va de que la segun­da gene­ra­ción está debi­li­ta­da, no tie­ne aguan­te, pero debe­mos pre­gun­tar­nos cómo se ha crea­do esta dife­ren­cia psi­co­ló­gi­ca. Un aná­li­sis aten­to nos dirá que, si bien la pri­me­ra gene­ra­ción tenía mayor fuer­za para aguan­tar el tra­ba­jo duro y la adver­si­dad, tam­bién tenía espe­ran­zas y obje­ti­vos: lo que aho­rra­ba era usa­do para cons­truir­se una casa y una vida fami­liar hono­ra­ble, lo que les per­mi­tía sopor­tar las angus­tias y la fati­ga del tra­ba­jo en las ciu­da­des. La segun­da gene­ra­ción se ha for­ma­do total­men­te en el ámbi­to urbano y aspi­ra a un modo de vida metro­po­li­tano crea­do en los últi­mos años por el mode­lo de desa­rro­llo domi­nan­te, una espe­cie de civi­li­dad urba­na con­ti­nua­men­te bus­ca­da, en la que se dice que hay que renun­ciar al cam­po por­que de otra mane­ra uno se des­acre­di­ta, se pier­de el honor, se es poco desa­rro­lla­do y se pier­de la posi­bi­li­dad de cam­biar lo que tus pro­ge­ni­to­res te die­ron en su momen­to. Éste es el con­tex­to en boga. La vía de desa­rro­llo hoy impe­ran­te y su cul­tu­ra nos hacen ver al cam­po y a nues­tro pasa­do como si fue­sen nues­tros enemigos.

Des­de el momen­to en el que nos pusi­mos a cons­truir civi­li­dad metro­po­li­ta­na del tipo de la de Bei­jing o la de Shanghai, los valo­res de la nue­va gene­ra­ción están ente­ra­men­te basa­dos sobre eso, mien­tras que los de nues­tros pro­ge­ni­to­res se basa­ban total­men­te sobre el cam­po. La pri­me­ra gene­ra­ción, aun­que pobre y for­za­da a un duro tra­ba­jo, tenía una casa en la que pen­sar. Quie­nes aho­ra tie­nen entre 18 y 20 años no tie­nen moti­vo para sen­tir­se vin­cu­la­dos al cam­po y sí muchos moti­vos para el con­flic­to. Año tras año se lucha por un sala­rio más alto, y aun­que los sala­rios son, en apa­rien­cia, el tri­ple que a comien­zos de los 90, la ver­dad es que tam­bién suben los pre­cios. ¿Los 1.500 yua­nes que se ganan hoy son en ver­dad más que los 500 de ayer? Tal vez sean menos, dada la infla­ción y el alza de precios.

En los años noven­ta, en los subur­bios de Shenzhen o Guangzhou se podía alqui­lar, por 200 o 300 yua­nes, una casa en la que vivir con la fami­lia. Hoy no se pue­de. Los tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes están for­za­dos a resi­dir en las zonas indus­tria­les, en las que no hay alqui­le­res ase­qui­bles, por lo que se alo­jan en los dor­mi­to­rios de la empre­sa, los mis­mos dor­mi­to­rios des­de cuyos teja­dos o ven­ta­nas se han arro­ja­do estos tra­ba­ja­do­res de Foxconn.

Un tra­ba­ja­dor cam­pe­sino migran­te de vein­te años que no quie­ra que­dar­se en el cam­po y desee vivir en la ciu­dad debe pagar al menos 1.000 yua­nes de alqui­ler, pero, enton­ces, ¿cómo aten­der las demás nece­si­da­des bási­cas con un suel­do de 1.500 yua­nes? No hay sali­da para los dile­mas y difi­cul­ta­des de esta nue­va gene­ra­ción. Hace dos o tres años se habló mucho de cuan­do la nie­ve obli­gó a los cam­pe­si­nos tra­ba­ja­do­res migran­tes a que­dar­se en la ciu­dad sin regre­sar a casa para la cele­bra­ción del Año Nue­vo chino; pero aun­que hubie­ran podi­do hacer­lo habría sido sólo por dos sema­nas, de lo que eran cons­cien­tes. La vida del cam­po, sus valo­res y su reali­dad se han per­di­do, mucho más aún si habla­mos de la segun­da y ter­ce­ra generación.

A par­tir de aquí, pode­mos ima­gi­nar dos posi­bles cami­nos. Por un lado, sería posi­ble un nue­vo desa­rro­llo rural que no pase por la ven­ta de la tie­rra y que no esté al ser­vi­cio de las gran­des empre­sas que están devo­ran­do el cam­po. Un desa­rro­llo que per­mi­ta a las per­so­nas que regre­san allí dis­po­ner de una base eco­nó­mi­ca de la que vivir y per­ci­bir que la pro­pia vida tie­ne un futuro.

Por otro lado, está la posi­bi­li­dad de que estos tra­ba­ja­do­res cam­pe­si­nos migran­tes se con­vier­tan real­men­te en la nue­va cla­se obre­ra, con un incre­men­to sala­rial que será bene­fi­cio­so para el desa­rro­llo de Chi­na. Si aho­ra todas las mer­can­cias se orien­tan a la expor­ta­ción, se debe a que aquí la gen­te no tie­ne dine­ro para con­su­mir. Por una par­te, se tie­ne mie­do a que no haya con­su­mo, pero no se ele­van los sala­rios. No es lógi­co. Ele­van­do los sala­rios en Fox­conn se influi­ría tam­bién sobre otras empre­sas y sobre toda la zona de Shenzhen, indu­cien­do mejoras.

El ver­da­de­ro pro­ble­ma es la horro­ro­sa com­pe­ti­ción a la baja en la que está inmer­so inter­na­men­te el capi­tal, la últi­ma fron­te­ra de la com­pe­ten­cia a la baja, cuyo pre­cio final lo pagan los trabajadores.

¿Por qué los tra­ba­ja­do­res han sido redu­ci­dos a esta con­di­ción? Sea­mos rea­lis­tas: ade­más del hecho de que nues­tros sin­di­ca­tos no desem­pe­ñan nin­gún papel útil, nues­tros tra­ba­ja­do­res no han teni­do fuer­za para nego­ciar el sala­rio. No tie­nen fuer­za en la ciu­dad por­que toda­vía están en una situa­ción fluc­tuan­te y des­arrai­ga­da. Hoy se tra­ba­ja en Dong­guan, maña­na tal vez en Shenzhen o Guangzhou. De este modo no se per­te­ne­ce a un hogar ni a una socie­dad. La fuer­za de los tra­ba­ja­do­res, la pre­sión que pue­den ejer­cer sobre el capi­tal, está frag­men­ta­da en el mar­co de esas con­di­cio­nes. El capi­tal desea que todos los tra­ba­ja­do­res sean cam­pe­si­nos migran­tes, y está cla­ro que quie­re man­te­ner a los tra­ba­ja­do­res migran­tes de segun­da y ter­ce­ra gene­ra­ción como cam­pe­si­nos migran­tes. Por eso no hemos modi­fi­ca­do la situa­ción crea­da por el sis­te­ma hukou [nt: sis­te­ma que regu­la los per­mi­sos de resi­den­cia per­ma­nen­tes y temporales].

Un aumen­to de sala­rios tam­bién influen­cia­ría la situa­ción de los estu­dian­tes. ¿Por qué el sala­rio de un diplo­ma­do es tan bajo? Por­que detrás hay un her­mano que tie­ne aún menos, un tra­ba­ja­dor migran­te que tie­ne aún menos, un des­em­plea­do que tie­ne aún menos. Hoy debe­mos refle­xio­nar sobre quién sos­tie­ne una socie­dad y sobre cuá­les son los dere­chos a proteger.


* Pun Ngai es soció­lo­ga y antro­pó­lo­ga, pro­fe­so­ra en el Poli­téc­ni­co de Hong Kong.

Revis­ta Tras­ver­sa­les núme­ro 20 oto­ño 2010. Tra­duc­ción del chino al ita­liano: Die­go Gullot­ta. Tra­duc­ción del ita­liano al cas­te­llano: Tras­ver­sa­les, con auto­ri­za­ción de Dieg

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