“Lau Hai­ze­ta­ra Gogoan” denu­cia que el Gobierno Vas­co incum­ple la lega­li­dad inter­na­cio­nal- Lau Hai­ze­ta­ra Gogoan

El 1 de diciem­bre se pre­sen­tó el infor­me sobre víc­ti­mas de la vio­len­cia de moti­va­ción polí­ti­ca. Las decla­ra­cio­nes de las res­pon­sa­bles guber­na­men­ta­les, María Isa­bel Lasa e Inés Ibá­ñez, nos hacían temer lo peor, pero la reali­dad ha supe­ra­do todos los pro­nós­ti­cos.

La meto­do­lo­gía para su ela­bo­ra­ción no se ajus­ta a pará­me­tros homo­lo­ga­bles con expe­rien­cias inter­na­cio­na­les; y ello por dos razo­nes: (1) por­que se ha rehui­do de con­sul­tar a los afec­ta­dos y las agen­tes, y (2) por­que su ela­bo­ra­ción ha sido encar­ga­da a una sin­gu­lar ONG, sin la expe­rien­cia ni los cono­ci­mien­tos pre­vios, nece­sa­rios para el desa­rro­llo de un docu­men­to de este cala­do social, jurí­di­co y polí­ti­co.

El mar­co nor­ma­ti­vo inter­na­cio­nal que se men­cio­na en el infor­me, esta­ble­ce tres dere­chos fun­da­men­ta­les de las vic­ti­mas: el dere­cho a la ver­dad, el dere­cho a la jus­ti­cia efec­ti­va y el dere­cho a la repa­ra­ción, inclui­das las garan­tías de no repe­ti­ción. Sin embar­go, no se esta­ble­cen garan­tías míni­mas para satis­fa­cer el dere­cho de las vic­ti­mas a la ver­dad. Como mues­tra de ello tene­mos que se nie­ga la inclu­sión en el infor­me del cen­so de vic­ti­mas, por «el ries­go de la incer­ti­dum­bre res­pec­to al valor jurí­di­co de dicha inclu­sión». Este mie­do a la ver­dad y sus con­se­cuen­cias jurí­di­cas, les indu­ce a inten­tar ocul­tar­la; ocul­tar los nom­bres de las vic­ti­mas, el con­tex­to, las cir­cuns­tan­cias de los hechos, los medios y méto­dos uti­li­za­dos, su dimen­sión cuan­ti­ta­ti­va… Pero aún hay más; mien­tras en el plano de los prin­ci­pios jurí­di­cos se afir­ma que es deber y obli­ga­ción del Esta­do «rea­li­zar inves­ti­ga­cio­nes efi­ca­ces de las vio­la­cio­nes de los dere­chos huma­nos», en el plano de las accio­nes se aban­do­na abso­lu­ta­men­te a las vic­ti­mas para que acre­di­ten por sus medios «el cum­pli­mien­to de los requi­si­tos exi­gi­dos al efec­to». Sin embra­go, el Gobierno Vas­co se nie­ga a dise­ñar una polí­ti­ca públi­ca de inves­ti­ga­ción y obten­ción de docu­men­ta­ción (escri­ta, oral, gra­fi­ca y mate­rial) bajo los pará­me­tros esta­ble­ci­dos en el mar­co nor­ma­ti­vo inter­na­cio­nal que se alu­de.

El dere­cho de las vic­ti­mas a la jus­ti­cia efec­ti­va es cer­ce­na­do por­que se fijan unos perío­dos tem­po­ra­les a los que se ads­cri­ben, a prio­ri, unas deter­mi­na­das cate­go­rías pena­les que son meto­do­ló­gi­ca­men­te incon­sis­ten­tes y con­cep­tual­men­te abe­rran­tes (ya que con ello se rom­pe el prin­ci­pio de equi­dad) que con­di­cio­nan los cri­te­rios de aná­li­sis (inves­ti­ga­ción de la ver­dad) de los hechos. Se esta­ble­ce una gra­da­ción res­pec­to de la gra­ve­dad de las vul­ne­ra­cio­nes, en fun­ción de si han sido come­ti­das duran­te dic­ta­du­ra (des­de enero de 1968 has­ta octu­bre de 1977) o en pos­te­rio­res fases (supues­ta­men­te demo­crá­ti­cas) que no se aco­tan con pre­ci­sión, ni se expo­nen las razo­nes his­tó­ri­cas y/​o socio­po­lí­ti­co de este pro­ce­der. En cual­quier caso, la nula volun­tad por apli­car la lega­li­dad inter­na­cio­nal se evi­den­cia de mane­ra cla­ra, cuan­do se deci­de esta­ble­cer enero de 1968, como fecha de ini­cio sobre el que apli­car el men­cio­na­do mar­co nor­ma­ti­vo, sin que a su vez se exi­ja anu­lar la ley de amnis­tía de octu­bre 1977, ver­da­de­ra ley de pun­to final e impu­ni­dad que impi­de el ejer­ci­cio de los dere­chos de las vic­ti­mas.

A modo de con­clu­sión: se nie­gan la par­ti­ci­pa­ción de las vic­ti­mas y agen­tes socia­les; se incum­ple el mar­co de la lega­li­dad inter­na­cio­nal; se ocul­ta el cen­so de vic­ti­mas; se mani­pu­la la reali­dad para evi­tar la cate­go­ri­za­ción de las vio­la­cio­nes como crí­me­nes de lesa huma­ni­dad; se ocul­ta el dere­chos a las garan­tías de no repe­ti­ción, con lo que se per­pe­tua el esta­tus quo socio-polí­ti­co que las gene­ra­ron; se man­tie­ne la impu­ni­dad de sus res­pon­sa­bles. No lo van a con­se­guir, ayer como hoy, ver­dad, jus­ti­cia y repa­ra­ción, inclui­das las garan­tías de no repe­ti­ción.

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