Besa mi culo metá­li­co – Jakue Pas­cual

Ya nadie se fro­ta con­tra mis pan­tu­flas, ni hus­mea los rin­co­nes. Una madru­ga­da, cuan­do me diri­gía medio sonám­bu­lo al WC, estre­llé sin que­rer a Willy con­tra la pared de una pata­da. Des­de enton­ces no fue el mis­mo. Vaga­ba sin rum­bo e igno­ra­ba las hebras de taba­co que tan­to le gus­ta­ban. Un día se tiró por el bal­cón des­de un quin­to piso. Como decía Nexus‑6: «Todos esos momen­tos se per­de­rán en el tiem­po como lágri­mas en la llu­via». Aho­ra me paso el día miran­do catá­lo­gos en bus­ca de aspi­ra­dor.

Capek estre­na «Ros­su­m’s Uni­ver­sal Robots»; su her­mano había toma­do pres­ta­do el tér­mino de ser­vi­dum­bre, en esla­vo robo­ta. Ley Cero de Asi­mov: «Nin­gún robot cau­sa­rá daño a la huma­ni­dad ni per­mi­ti­rá, con su inac­ción que la huma­ni­dad sufra daño». Para PK Dick las máqui­nas inte­li­gen­tes serán esqui­zo­fré­ni­cas.

Enti­da­des arti­fi­cia­les, sis­te­mas elec­tro­me­cá­ni­cos o de soft­wa­re (bots) como HAL 9.000, que apa­ren­tan tener inten­ción pro­pia e imi­tan com­por­ta­mien­tos bio­ló­gi­cos. Móvi­les, poli­ar­ti­cu­la­dos, zoo­mor­fos y androi­des. Los robots amplían influen­cia, se con­vier­ten en obje­tos de deseo y en agen­tes del no futu­ro. Son una par­te ren­ta­ble de la pro­duc­ción indus­trial en com­pe­ten­cia direc­ta con el ejér­ci­to de reser­va humano que el Capi­tal arti­cu­la des­de el Esta­do Cri­sis. Se desa­rro­llan sus carac­te­res antro­po­mór­fi­cos, se sim­pli­fi­ca su pro­gra­ma­ción, se redu­ce su cos­te de man­te­ni­mien­to y no coti­zan a la Segu­ri­dad Social. Los exper­tos coin­ci­den con Fidel Cas­tro en que los robots desem­pe­ña­rán muchas acti­vi­da­des en los sec­to­res ser­vi­cios y mili­tar e inva­di­rán los hoga­res. Aun­que, para­dó­ji­ca­men­te, la rece­sión pue­da man­dar­los al paro.

Japón enve­je­ce pro­yec­tan­do androi­des domés­ti­cos. Exis­ten robots alma­ce­ne­ros onli­ne. Agro robots en los arro­za­les. Robo­tas maes­tras con mala leche. Cela­do­res que vigi­lan y expul­san de las ofi­ci­nas a los yon­quis del tra­ba­jo. Asi­mo es recep­cio­nis­ta, Yota­ro des­pier­ta el ins­tin­to materno y los perri­tos Sony avi­san a sus amos de los com­pro­mi­sos Outlook adqui­ri­dos. Los hay con 42 arti­cu­la­cio­nes, con for­ma de mano fle­xi­ble, de exo­es­que­le­to a lo Robo­cop, del tama­ño de una chin­che y has­ta un robot cer­ve­ce­ro.

El robot ema­na una eró­ti­ca fría cuan­do Katy Man­ning abra­za des­nu­da a un Dalek metá­li­co y HRP-4C se con­tor­nea por la pasa­re­la. ¿Pue­den lle­gar los robots a pen­sar y a sen­tir por sí mis­mos? Ter­mi­na­tor plan­tea la dis­yun­ti­va: «Sois imper­fec­tos. En cam­bio yo, pre­fe­ri­ría sen­tir lo que sen­tís». ¿Ten­drán recuer­dos o sólo memo­ria? ¿Envi­dia­rán a otros niños como la IA Pino­cho de Spiel­berg? ¿Pro­yec­ta­rán como sus­ti­tu­tos la ima­gen que se desee? ¿Soña­rán los androi­des con ove­jas mecá­ni­cas? ¿Exter­mi­na­dor 17 con la libe­ra­ción? ¿Un Acta de Liber­tad de Obser­va­ción per­mi­ti­rá que Eye­borgs anti­te­rro­ris­tas con­tro­len las comu­ni­ca­cio­nes? ¿Nos supli­rán como for­ma de tra­ba­jo y nos con­ver­ti­re­mos en parias o dis­fru­ta­re­mos de una vida ple­na sin dis­cri­mi­na­cio­nes? ¿Huma­nos y robots esta­ble­ce­re­mos rela­cio­nes anta­gó­ni­cas como en Matrix, por medio de ellos enfren­ta­re­mos a las cla­ses socia­les como en Metró­po­lis o con­ci­lia­re­mos los dis­tin­tos intere­ses? La pre­gun­ta «no es compu­table». Pero como diría C3PO: «Por favor, no me des­ac­ti­ve».

Fuen­te: Gara

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