La lucha de resis­ten­cia de las muje­res en India – Sho­ma Sen

Vis­to como una fuer­za de reser­va de mano de obra las muje­res, exclui­das de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca, se valo­ran por su papel no reco­no­ci­do en la repro­duc­ción social. El sis­te­ma capi­ta­lis­ta y patriar­cal que man­tie­ne a la mayo­ría de las muje­res con­fi­na­das al tra­ba­jo domés­ti­co y la crian­za de los niños uti­li­za esto como una for­ma de man­te­ner los sala­rios bajos. La limi­ta­da par­ti­ci­pa­ción de las muje­res en la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca es tam­bién una exten­sión de sus roles tra­di­cio­na­les de géne­ro (ense­ñan­za, enfer­me­ría, pues­tos de tra­ba­jo o mano de obra inten­si­va que requie­ren pacien­cia y habi­li­da­des deli­ca­das) con sala­rios basa­dos en la dis­cri­mi­na­ción de géne­ro. En gran medi­da for­man par­te del sec­tor no orga­ni­za­do, pri­va­do de los bene­fi­cios de la legis­la­ción labo­ral, y con una inse­gu­ri­dad que con­du­ce a la explo­ta­ción sexual en el lugar de tra­ba­jo. En el para­dig­ma de la glo­ba­li­za­ción, estas for­mas de explo­ta­ción en las indus­trias orien­ta­das a la expor­ta­ción, zonas eco­nó­mi­cas espe­cia­les y el sec­tor de ser­vi­cios han aumen­ta­do con­si­de­ra­ble­men­te.

A pesar de 63 años de la lla­ma­da inde­pen­den­cia, la pre­sen­cia de muje­res es insig­ni­fi­can­te en los órga­nos polí­ti­cos y siem­pre ha habi­do una fuer­te resis­ten­cia a ello del sis­te­ma polí­ti­co patriar­cal. Aun­que en los nive­les infe­rio­res ha habi­do una peque­ña entra­da, las his­to­rias de éxi­to son más excep­cio­nes que regla. Las ins­ti­tu­cio­nes socia­les, con fuer­tes resa­bios patriar­ca­les, des­aprue­ban la par­ti­ci­pa­ción feme­ni­na en la pro­duc­ción y ala­ban sus roles repro­duc­ti­vos; la vio­len­cia con­tra la mujer en el ámbi­to fami­liar y social cuen­ta con ampa­ro social y las muje­res están con­fi­na­das a una vida depen­dien­te en el espa­cio domés­ti­co. Por lo tan­to, el acce­so de las muje­res a la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca en sí es un pri­mer paso para su par­ti­ci­pa­ción en la toma de deci­sio­nes.

La resis­ten­cia de las muje­res a este mode­lo impe­ria­lis­ta de res­pal­do del desa­rro­llo, por lo tan­to, debe ser vis­to como su inten­to de encon­trar un espa­cio y voz en un sis­te­ma que no sólo ha des­cui­da­do sus comu­ni­da­des, sino a ellas como géne­ro. A pesar de algu­nas per­cep­cio­nes del femi­nis­mo sobre que las muje­res de los movi­mien­tos anti-des­pla­za­mien­to y den­tro de los maoís­tas están tra­ba­jan­do, a veces, den­tro de este mode­lo patriar­cal este artícu­lo sos­tie­ne que, por el con­tra­rio, su par­ti­ci­pa­ción en estos movi­mien­tos es un pro­ce­so que rom­pe las cade­nas del patriar­ca­do, de sur­gi­mien­to de lo pri­va­do a los espa­cios públi­cos. Con el cin­cuen­ta por cien­to de la pobla­ción en su mayo­ría pri­va­do de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca, no pue­de haber una demo­cra­cia real en nin­gún sen­ti­do y la par­ti­ci­pa­ción de las muje­res en las luchas es un pro­ce­so de demo­cra­ti­za­ción. Si el eje de géne­ro de estas luchas se agu­di­za enton­ces esta tra­yec­to­ria es más pro­ba­ble que con­duz­ca a la igual­dad y la libe­ra­ción de la mujer.

El mode­lo actual de desa­rro­llo en la India ha dado lugar a enor­mes difi­cul­ta­des para la gen­te común y cose­cha­do bene­fi­cios sólo para unos pocos. Ha dado lugar a una tre­men­da cri­sis agra­ria, que tam­bién ha afec­ta­do a las vidas de las muje­res rura­les y los niños. Cien­tos de miles de agri­cul­to­res se sui­ci­dan, dejan­do atrás a sus espo­sas y fami­lia­res que no tie­nen nin­gún recur­so para miti­gar su sufri­mien­to. La cri­sis agra­ria ha dado lugar a la migra­ción a gran esca­la y el trá­fi­co de muje­res y niñas, sala­rios bajos y explo­ta­ción sexual. Los pro­yec­tos de desa­rro­llo indus­trial y mine­ro en el inte­rior del país rico en mine­ra­les han pri­va­do a las muje­res de su limi­ta­do acce­so a recur­sos de pro­pie­dad común de la tie­rra, lo mis­mo a sus fami­lias y las gene­ra­cio­nes futu­ras.

Los pro­ce­sos de adqui­si­ción de tie­rras los han pri­va­do de la toma de deci­sio­nes sobre sus pro­pias vidas y el sus­ten­to. La degra­da­ción del medio ambien­te a gran esca­la ha teni­do un impac­to devas­ta­dor en sus vidas. La reha­bi­li­ta­ción las ha des­arrai­ga­do fami­liar­men­te, su entorno se ha vuel­to más difí­cil y es cau­sa de pro­ble­mas cul­tu­ra­les y psi­co­ló­gi­cos. El des­glo­se de la vida comu­ni­ta­ria, fami­lia y medios de vida ha lle­va­do a la explo­ta­ción sexual de estas muje­res en lo que la socie­dad tra­di­cio­nal­men­te domi­nan­te ve a las muje­res indí­ge­nas como «sexual­men­te libres». Por su pro­pia expe­rien­cia de vida las muje­res han com­pren­di­do que el desa­rro­llo no es para ellas.

En esta­dos como Jam­mu y Cache­mi­ra, las muje­res se han dado cuen­ta de que el patrón de desa­rro­llo en la India es des­igual y hay zonas que serán explo­ta­das por sus recur­sos mine­ra­les y ener­gé­ti­cos, para el turis­mo, etc., que bene­fi­cia a la admi­nis­tra­ción cen­tral e impe­ria­lis­ta res­pal­da­do por el lobby indus­trial y que el gobierno de la India se ha olvi­da­do de las pro­me­sas de auto­no­mía que se les hizo; por lo tan­to, luchan aho­ra por la sece­sión. Como siem­pre, en este mode­lo de demo­cra­cia la disi­den­cia es repri­mi­da no sólo por la repre­sión esta­tal a gran esca­la, sino tam­bién median­te el uso de la vio­la­ción como un arma polí­ti­ca para dar una lec­ción a una comu­ni­dad étni­ca mino­ri­ta­ria y cien­tos de muje­res de estas zonas se han enfren­ta­do a tales ata­ques sexua­les del ejér­ci­to y fuer­zas para­mi­li­ta­res.

En los últi­mos años, un movi­mien­to de resis­ten­cia gene­ra­li­za­da ha cre­ci­do en las áreas ricas en mine­ra­les como Chha­tis­gadh, Jharkhand y Oris­sa y tam­bién en par­tes de Ben­ga­la Occi­den­tal y Maha­rash­tra, don­de la pobla­ción local se resis­te a este mode­lo impe­ria­lis­ta de desa­rro­llo. Las muje­res par­ti­ci­pan acti­va­men­te en estos movi­mien­tos. A pesar de enfren­tar­se a la peor par­te de la vio­len­cia esta­tal y el asal­to sexual, no se sien­ten inti­mi­da­das. En Ben­ga­la Occi­den­tal, en la lucha de Sin­gur y Nan­di­gram, las muje­res salie­ron a pelear de for­ma espon­tá­nea. Como era la tra­di­ción en Ben­ga­la, duran­te el movi­mien­to Tebha­ga, las muje­res uti­li­zan armas tra­di­cio­na­les, ins­tru­men­tos domés­ti­cos y con­di­men­tos como el chi­le en pol­vo, seña­li­za­ción a tra­vés de con­chas, etc. en sus inge­nuos méto­dos de auto­de­fen­sa. En estas luchas, las muje­res se con­vir­tie­ron en sím­bo­los emble­má­ti­cos de la resis­ten­cia, inclu­so en las for­mas cul­tu­ra­les como la poe­sía. En Lal­garh, Ben­ga­la Occi­den­tal, cuan­do el PCAPA (Comi­té con­tra las Atro­ci­da­des de la Poli­cía) se creó, se ase­gu­ró de que en cada área del 50% de los miem­bros del comi­té serían muje­res. Inclu­so aho­ra, a pesar de las vio­la­cio­nes, las des­apa­ri­cio­nes, ase­si­na­tos, deten­cio­nes y tor­tu­ra de muje­res y hom­bres en esa zona, hay mar­chas de pro­tes­ta de las muje­res que supe­ran los 50.000 asis­ten­tes. Leyes dra­co­nia­nas como la UAPA (Pre­ven­ción de Acti­vi­da­des Ilí­ci­tas) están sien­do uti­li­za­das para su deten­ción y se nie­ga la liber­tad bajo fian­za a las muje­res que son sim­ples aldea­nas, sin edu­ca­ción, que nun­ca oído hablar de los maoís­tas, o muje­res urba­nas pro­fe­sio­na­les que no son tam­bién par­te de este movi­mien­to [maoís­ta], pero se opo­nen este patrón de explo­ta­ción de desa­rro­llo.

En áreas como Chha­tis­gadh y Jharkhand, don­de un movi­mien­to simi­lar con­tra el des­pla­za­mien­to y la Ope­ra­ción “Caza Ver­de”, para cazar a los maoís­tas y sus sim­pa­ti­zan­tes, las muje­res lle­van tiem­po orga­ni­zán­do­se. El Kran­ti­ka­ri Adi­va­si Mahi­la San­gathan (KAMS) es una de las orga­ni­za­cio­nes de muje­res más gran­de exis­ten­te en la India de hoy, aun­que, iró­ni­ca­men­te, es «invi­si­ble», ya que está prohi­bi­da. Perio­dis­tas e inves­ti­ga­do­res que han visi­ta­do Dan­te­wa­ra, y no sólo los maoís­tas, afir­man que el movi­mien­to ha lle­va­do a gran­des cam­bios en la situa­ción de las muje­res. En el pro­ce­so de dis­tri­bu­ción de la tie­rra, la tie­rra es asig­na­da a las muje­res. La cons­truc­ción de diques de con­ten­ción, no sólo para la agri­cul­tu­ra, ha ayu­da­do a las muje­res a resol­ver el pro­ble­ma del uso domés­ti­co del agua tam­bién. Los nue­vos méto­dos agrí­co­las y la intro­duc­ción del cul­ti­vo de fru­tas y hor­ta­li­zas ha pro­por­cio­na­do a las muje­res una más y mejor nutri­ción.

De nue­vo es una iro­nía, pero es bien cono­ci­do hecho de que sólo a unos pocos kiló­me­tros de la capi­tal finan­cie­ra de Mum­bai, en el dis­tri­to de Tha­ne, así como en Melghat en Vidarbha cien­tos de muje­res y niños mue­ren de des­nu­tri­ción, pero en zona naxa­li­ta domi­na­da Gad­chi­ro­li de la mis­ma Maha­rash­tra, no hay muer­tes por des­nu­tri­ción. El acce­so a una mejor salud y edu­ca­ción en las zonas maoís­tas es la úni­ca mane­ra que tie­nen las muje­res allí hoy. El aumen­to de los sala­rios en la reco­lec­ción de hojas de ten­du (taba­co) ha traí­do una mayor igual­dad eco­nó­mi­ca a sus vidas. El esta­ble­ci­mien­to de moli­nos de arroz ayu­da a las muje­res a evi­tar los pro­ce­sos arduos de la tri­lla. El KAMS no sólo ha com­ba­ti­do el patriar­ca­do externo (la explo­ta­ción sexual por par­te de los no tri­ba­les) sino el patriar­ca­do interno. La prác­ti­ca de ais­la­mien­to de las muje­res duran­te la mens­trua­ción y las prác­ti­cas no cien­tí­fi­cas des­pués del par­to se están refor­man­do. [ver con más deta­lle el artícu­lo “Cami­nan­do con los cama­ra­das” de Arundha­ti Roy, par­te II]

En Bihar y Jharkhand, el Nari Muk­ti Sangh (NMS) es una fuer­te orga­ni­za­ción popu­lar que está dan­do espa­cio a la voz de las muje­res y fomen­tan­do su par­ti­ci­pa­ción en la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca, social y en los pro­ce­sos de toma de deci­sio­nes. Ya se tra­te de la sus­ti­tu­ción de la dote del tipo feu­dal patriar­cal en los matri­mo­nios pac­ta­dos o en los matri­mo­nios “demo­crá­ti­cos” [se refie­re a los que no son pac­ta­dos por las fami­lias], el cas­ti­go de los per­pe­tra­do­res de vio­len­cia sexual a tra­vés de los tri­bu­na­les del pue­blo o los inten­tos de solu­ción amis­to­sa de con­flic­tos fami­lia­res los equi­pos de muje­res del MNS via­jan de pue­blo en pue­blo invo­lu­cran­do cada vez más a un mayor núme­ro de muje­res en estos asun­tos. Miles de muje­res y niñas han apren­di­do a leer y escri­bir y han sido edu­ca­das en el «Kran­ti ka Paathshaa­la» por orga­ni­za­cio­nes como KAMS y NMS.

Se han esta­ble­ci­do pique­tes en los cen­tros de salud don­de no hay médi­cos, en las escue­las don­de los maes­tros están ausen­tes, en la lucha por la dis­tri­bu­ción equi­ta­ti­va de los cerea­les, por mejo­res sala­rios y mejo­res pre­cios remu­ne­ra­ti­vos, por un sala­rio igual por tra­ba­jo igual entre hom­bres y muje­res… estas orga­ni­za­cio­nes de muje­res indí­ge­nas son, y han logra­do, la demo­cra­ti­za­ción de los pro­ce­sos de acti­vi­da­des de las muje­res en los asun­tos polí­ti­cos, socia­les y eco­nó­mi­cos, con lo que el desa­rro­llo y la demo­cra­cia es más sig­ni­fi­ca­ti­vo para ellas. Ser cons­cien­tes del impac­to de la glo­ba­li­za­ción en la vida de la mujer, cómo la indus­tria de la moda y la belle­za y ha supues­to la mer­can­ti­li­za­ción de las muje­res tam­bién está en la acción de estas orga­ni­za­cio­nes que, en el cora­zón de las sel­vas de la India, han cele­bra­do mani­fes­ta­cio­nes en con­tra del con­cur­so de la Miss Mun­do o en con­tra de la visi­ta de Geor­ge Bush a la India. Las prin­ci­pa­les acti­vis­tas de estas orga­ni­za­cio­nes, pro­ve­nien­tes de aldeas indí­ge­nas tie­nen un mayor nivel de con­cien­cia polí­ti­ca que muchas muje­res licen­cia­das en nues­tras ciu­da­des.

En con­clu­sión, debe seña­lar­se que la Ope­ra­ción “Caza Ver­de” no sólo está cau­san­do estra­gos en las vidas de cien­tos de miles de pue­blos indí­ge­nas y la pobla­ción rural, sino que tam­bién está sofo­can­do el pro­ce­so de demo­cra­ti­za­ción que ha comen­za­do por los movi­mien­tos socia­les que tra­ba­jan en estos luga­res. Pri­va­dos de la par­ti­ci­pa­ción en la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca, limi­ta­da a fun­cio­nes repro­duc­ti­vas en el sis­te­ma actual, las muje­res han encon­tra­do nue­vos hori­zon­tes en las ideo­lo­gías y la par­ti­ci­pa­ción en los movi­mien­tos socia­les. Gandhia­nos, dalit socia­lis­tas, nacio­na­lis­tas o el movi­mien­to maoís­ta se tra­ta de tra­yec­to­rias hacia la igual­dad social y la libe­ra­ción de las muje­res y la repre­sión de estos movi­mien­tos de las muje­res sig­ni­fi­ca pre­sio­nar más en el pan­tano del patriar­ca­do y la explo­ta­ción de cla­se, cas­ta y dis­cri­mi­na­ción. Si la demo­cra­cia y el desa­rro­llo han de ser muy sig­ni­fi­ca­ti­vas para las muje­res en la India, sus for­mas deben evo­lu­cio­nar para incluir a las muje­res en estos pro­ce­sos y no sim­ple­men­te hacer ges­tos sim­bó­li­cos para su poten­cia­ción.

Sho­ma Sen es pro­fe­so­ra aso­cia­da de la Uni­ver­si­dad de Nag­pur.
CEPRID. Tra­du­ci­do por María Val­dés

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