Pre­sen­ta­ción del libro sobre la juven­tud vas­ca «La maza y la can­te­ra»

El pasa­do 19 de noviem­bre se pre­sen­tó en el Ate­neo de Madrid el libro «La Maza y la Can­te­ra. Juven­tud vas­ca, repre­sión y soli­da­ri­dad». La posi­bi­li­dad de escu­char en direc­to a esta pre­sen­ta­ción ha teni­do efec­tos con­tra­dic­to­rios. Por un lado, como sue­le suce­der cuan­do tene­mos la oca­sión de escu­char de pri­me­ra mano los tes­ti­mo­nios de mili­tan­tes de la izquier­da o de sim­ples habi­tan­tes de esa región del esta­do espa­ñol, toma­mos con­cien­cia, aun más si cabe, de la mani­pu­la­ción y des­in­for­ma­ción que sufri­mos en Madrid. Por el otro, no pode­mos evi­tar el dolor que nos pro­du­ce cono­cer esa san­gran­te reali­dad que nos obli­ga, por un momen­to, aban­do­nar la preo­cu­pa­ción por el des­em­pleo, las pen­sio­nes o el pago de las hipo­te­cas. Es una sen­sa­ción tan ago­bian­te y angus­tio­sa, que una desea­ría no haber esta­do escu­chan­do y seguir con la cabe­za ocul­ta en la are­na de este desier­to polí­ti­co que es el esta­do espa­ñol.

Más dolo­ro­so aún es leer el pro­pio libro, que nos lle­va a la con­clu­sión de que si Gar­zón hubie­ra sido argen­tino, la jun­ta mili­tar no hubie­ra nece­si­ta­do hacer el gol­pe de 1976. Este juez y sus cole­gas de la Audien­cia Nacio­nal, han pro­por­cio­na­do la base jurí­di­ca para la repre­sión del pue­blo vas­co sin nin­gu­na ver­güen­za.

Como es habi­tual, en este acto no fal­ta­ron las pre­gun­tas de rigor sobre la dife­ren­cia entre “con­deno” y “lamen­to”, sobre la lucha arma­da y la lucha polí­ti­ca y sobre inter­na­cio­na­lis­mo ver­sos nacio­na­lis­mo. Todas ellas res­pon­di­das con cla­ri­dad des­de lo que todos ya sabe­mos des­de hace dema­sia­do tiem­po.

Como colo­fón, creo que no está de más hacer refe­ren­cia al artícu­lo escri­to por Bal­ta­sar Gar­zón el 14/​11/​10 en El País:

- Todos los votan­tes de la izquier­da aber­tza­le son par­te de un com­ple­jo terro­ris­ta.

- Por tan­to, la pro­tec­ción de las opi­nio­nes y de la liber­tad de expre­sar­las […] y la posi­bi­li­dad de un par­ti­do polí­ti­co para hacer cam­pa­ña en favor de un cam­bio de la legis­la­ción o de las estruc­tu­ras lega­les o cons­ti­tu­cio­na­les del Esta­do deben estar suje­tas que los medios uti­li­za­dos al efec­to sean lega­les y demo­crá­ti­cos y que el cam­bio pro­pues­to sea en sí mis­mo com­pa­ti­ble con los prin­ci­pios demo­crá­ti­cos fun­da­men­ta­les.

¿Y cua­les son los prin­ci­pios demo­crá­ti­cos fun­da­men­ta­les? Son los “pro­cla­ma­dos por la Cons­ti­tu­ción espa­ño­la”. Es decir, que no que­da más reme­dio que acep­tar la impo­si­bi­li­dad de hacer un refe­rén­dum por la auto­de­ter­mi­na­ción, o juz­gar a la dic­ta­du­ra fran­quis­ta ni mucho menos inten­tar abo­lir la pro­pie­dad pri­va­da o la socia­li­za­ción de los medios de pro­duc­ción por medios pací­fi­cos.

Por tan­to, pue­blos del mun­do, a tomar nota. Y si a alguien no le gus­ta, ya sabe: via­je sin retorno a Guan­tá­na­mo, a Irak, a Afga­nis­tán… ¡qué asco!

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