Inocul­ta­ble evi­den­cia- Mikel Sorau­ren

El escán­da­lo sus­ci­ta­do por las pala­bras del repre­sen­tan­te de E.R.C. Puig­cer­cós, rela­ti­vo a la con­tri­bu­ción a la hacien­da espa­ño­la de par­te de Cata­lu­ña sue­na a ritual. Será no polí­ti­ca­men­te correc­to, pero la cer­te­za de esta afir­ma­ción es con­vic­ción gene­ra­li­za­da en el con­jun­to de las socie­da­des del Esta­do espa­ñol. Pue­de ser un tópi­co atri­buir a las comu­ni­da­des sure­ñas el carác­ter de prin­ci­pa­les bene­fi­cia­rias del tras­va­se de recur­sos fis­ca­les. En reali­dad la Hacien­da espa­ño­la vive para Madrid y otras comu­ni­da­des no dejan de ser la cohor­te de segun­do­nes en tér­mi­nos estric­tos. En todo caso ésta es la estruc­tu­ra del Impe­rio espa­ñol, orga­ni­za­do en torno a un eje en la que cier­tos terri­to­rios son donan­tes netos y otros reci­bi­do­res. Los hechos con­ta­bles hablan por sí mis­mos, a pesar de los esfuer­zos rea­li­za­dos por las éli­tes espa­ño­las para que se acep­te lo con­tra­rio.

No es nada nue­vo. El impe­rio espa­ñol no ha sobre­pa­sa­do nun­ca en sus colo­ni­za­cio­nes la fase del espo­lio. Lo peor, la alti­vez; Feli­pe II colo­can­do una pie­dra de oro en la cús­pi­de del Esco­rial fren­te a quie­nes le reta­ban a ter­mi­nar aquel des­pil­fa­rro. En momen­tos pos­te­rio­res se qui­so intro­du­cir la racio­na­li­dad; Car­los III de Espa­ña y los pos­te­rio­res gober­nan­tes dise­ñan­do un Impe­rio que bene­fi­cia­ra a los penin­su­la­res. Los défi­cits mer­can­til y de la Hacien­da se sal­da­ban con las ren­tas ame­ri­ca­nas. Fra­ca­só el inten­to y el Impe­rio ‑redu­ci­do a la míni­ma expre­sión de tie­rras penin­su­la­res- fue recon­ver­ti­do, inten­si­fi­can­do el espo­lio de los terri­to­rios pro­duc­ti­vos, de Nava­rra y Cata­lu­ña.

Repre­sen­ta una fal­ta de pudor la pre­ten­sión de aque­llos espa­ño­les que sos­tie­nen la invia­bi­li­dad de unos pre­vi­si­bles Esta­dos sobe­ra­nos en Nava­rra y Cata­lu­ña. Pre­ten­den que se acep­te que es la eco­no­mía espa­ño­la la que posi­bi­li­ta el rela­ti­vo alto nivel socio-eco­nó­mi­co que pre­sen­tan estos terri­to­rios con res­pec­to a los espa­ño­les. Quie­ren olvi­dar que en la actua­li­dad cual­quier eco­no­mía se plan­tea como abier­ta, pero la aspi­ra­ción de las colec­ti­vi­da­des es la de dis­po­ner el con­trol sobre los engra­na­jes admi­nis­tra­ti­vos que en cada Esta­do faci­li­tan lo más impor­tan­te de la acti­vi­dad socio-eco­nó­mi­ca, en U.S.A, Cuba, Chi­na y aquí.

Por lo demás, Madrid es el pun­to del Esta­do espa­ñol en don­de tie­ne lugar la mayor inver­sión. La con­cen­tra­ción de recur­sos eco­nó­mi­cos del con­jun­to del Impe­rio espa­ñol sobre Madrid es una vie­ja reali­dad que se afian­za des­de fina­les del siglo XVIII. Úni­ca­men­te la deci­sión polí­ti­ca del Esta­do con­si­gue con­ver­tir en un polo eco­nó­mi­co a un terri­to­rio que no tie­ne otra rique­za que una pobre tie­rra pro­ce­den­te de la desin­te­gra­ción del gra­ni­to, mala pro­duc­to­ra de cual­quier fru­to. La noble­za pri­me­ro, lue­go una admi­nis­tra­ción este­ri­li­za­do­ra, la orga­ni­za­ción de las comu­ni­ca­cio­nes y el con­jun­to de deci­sio­nes polí­ti­cas que se diri­gen en tal direc­ción, bus­can crear en este sitio el cen­tro neu­rál­gi­co del Impe­rio.

Vol­vien­do la mira­da hacia Anda­lu­cía y simi­la­res, no deben acep­tar­se los luga­res comu­nes que las con­vier­ten en terri­to­rios des­gra­cia­dos con quie­nes deben sen­tir­se soli­da­rios los habi­tan­tes de otros terri­to­rios. Nava­rra no tie­ne que ser con­si­de­ra­da rica. Las nece­si­da­des de inver­sión en todo orden eco­nó­mi­co y social hacen injus­ta la per­ma­nen­te exac­ción que vie­ne ejer­cien­do Espa­ña a lo lar­go de los siglos, tan­to más cuan­do la socie­dad espa­ño­la se ha orga­ni­za­do en torno a oli­gar­quías auto­ri­ta­rias y corrup­tas, espo­lia­do­ras per­ma­nen­tes de los gru­pos menos favo­re­ci­dos y –por lo demás- des­pil­fa­rra­do­ras.

Depen­de­mos dema­sia­do de unos este­reo­ti­pos anda­lu­ces lamen­ta­bles; el tore­ro, la bai­lao­ra y can­taor de fla­men­co, el jor­na­le­ro mise­ra­ble y el seño­ri­to rica­chón y ocio­so. Esta estruc­tu­ra social es heren­cia del sis­te­ma de pro­duc­ción y explo­ta­ción que impu­sie­ron los con­quis­ta­do­res cas­te­lla­nos sobre un terri­to­rio que con ante­rio­ri­dad había alcan­za­do el máxi­mo desa­rro­llo socio-eco­nó­mi­co del con­jun­to de Euro­pa y uno de los más bri­llan­tes impe­rios musul­ma­nes y del Mun­do ente­ro. Los roma­nos, por su par­te tuvie­ron en este terri­to­rio una de las colum­nas ver­te­bra­les de la par­te Occi­den­tal. Cuan­do los 100.000 hijos de San Luis del ejér­ci­to fran­cés se aso­ma­ron a Des­pa­ña­pe­rros, se cuen­ta que pre­sen­ta­ron armas como home­na­je a una tie­rra que con­tem­pla­ban her­mo­sa y feraz. No hace mucho que Anda­lu­cía sumi­nis­tró a Euro­pa un impor­tan­te por­cen­ta­je de mine­ra­les de todo tipo. Las con­di­cio­nes de su agri­cul­tu­ra pue­den ser de las mejo­res del Esta­do espa­ñol ¿Por qué se han des­pil­fa­rra­do –y des­pil­fa­rran- estos recur­sos? Las inver­sio­nes de dine­ro euro­peo y de la Hacien­da espa­ño­la son extra­or­di­na­rias y el gas­to rela­ti­vo en equi­pa­mien­tos sobre­pa­sa el que se hace por aquí. Auto­vías, tre­nes, aero­puer­tos, sin con­tar la inver­sión pri­va­da… ¿Qué está pasan­do? Sim­ple­men­te, una ges­tión glo­bal lamen­ta­ble, res­pon­sa­bi­li­dad prin­ci­pal de las éli­tes para­si­ta­rias heren­cia de otras épo­cas his­tó­ri­cas y a las que no se quie­re poner en su sitio. Esto sola­men­te es cul­pa de Espa­ña; no de quie­nes se que­jan al con­tem­plar que se les arre­ba­ta lo que les per­te­ne­ce y con­di­cio­na su pro­pia exis­ten­cia.

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