G‑20 en Seúl: una reu­nión con­de­na­da al fra­ca­so – ¿Hacia una gue­rra comer­cial? – Juan Luis Funes

El pro­ble­ma no es que las mone­das estén apre­cia­das, sino que los des­equi­li­brios [estruc­tu­ra­les] y la fal­ta de coor­di­na­ción de las polí­ti­cas a la pos­tre se dejan notar en los tipos de cam­bio (Strauss Kahn, direc­tor geren­te del FMI)».

La eco­no­mía mun­dial está entran­do en el cuar­to año de la cri­sis des­ata­da en agos­to del 2007. Como es sabi­do, se tra­ta de la más gra­ve des­de la de los años 30 del siglo pasa­do (aun cuan­do no haya alcan­za­do toda­vía tal inten­si­dad). La cri­sis está comen­zan­do a tran­si­tar una nue­va eta­pa: la even­tua­li­dad de gue­rras cam­bia­rias y comer­cia­les. Si la pri­me­ra fue el des­en­ca­de­na­mien­to de la cri­sis finan­cie­ra, la segun­da su impac­to en la eco­no­mía real, y la ter­ce­ra los mul­ti­mi­llo­na­rios res­ca­tes y la cri­sis fis­cal de los Esta­dos, aho­ra se está entran­do en una cuar­ta muy peli­gro­sa: la pelea com­pe­ti­ti­va entre los Esta­dos que se expre­sa en inci­pien­te gue­rra de divi­sas y, even­tual­men­te, comercial.

El agra­va­mien­to de la lucha competitiva

Gui­do Man­ten­ga, el minis­tro de Eco­no­mía del Bra­sil, defi­nió lo que está ocu­rrien­do como “una gue­rra de divi­sas”. Para tener algún pará­me­tro, hay que seña­lar que este mer­ca­do mue­ve mun­dial­men­te la frio­le­ra de 5 billo­nes de dóla­res (millo­nes de millo­nes) cada día, por lo que el “vai­vén” de las coti­za­cio­nes ame­na­za con pro­vo­car gran­des convulsiones.

Esta inci­pien­te gue­rra de mone­das expre­sa des­equi­li­brios eco­nó­mi­cos fun­da­men­ta­les. Se tra­ta de los lla­ma­dos “des­ba­lan­ces” de la eco­no­mía mun­dial, y cuyo “tras­fon­do” es la exis­ten­cia de paí­ses más com­pe­ti­ti­vos en posi­ción acree­do­ra (Chi­na y Ale­ma­nia son los prin­ci­pa­les) y paí­ses menos com­pe­ti­ti­vos con posi­ción deu­do­ra (Esta­dos Uni­dos es el caso más dra­má­ti­co). Es “reto­can­do” direc­ta o indi­rec­ta­men­te el tipo de cam­bio (lo que aba­ra­ta o enca­re­ce las mer­can­cías) que se pre­ten­de “resol­ver” estos pro­ble­mas de com­pe­ti­ti­vi­dad y de allí la puja que estas medi­das están desatando.

Como si fue­ra poco, no hay modo de evi­tar que la cre­cien­te pelea alre­de­dor de las coti­za­cio­nes y sus con­se­cuen­cias reac­túe sobre los tres pla­nos de la cri­sis men­cio­na­dos (el finan­cie­ro, el fis­cal y el débil cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co real) agra­van­do nue­va­men­te la situa­ción al difi­cul­tar la sali­da con­jun­ta de la crisis.

Por­que con­cre­ta­men­te, lo que está ocu­rrien­do es que ha lle­ga­do la hora de ver quién va a pagar los pla­tos rotos de la “fies­ta”. No se tra­ta sola­men­te del ajus­te de cuen­tas sobre los tra­ba­ja­do­res que se está vivien­do en EEUU o la UE (y que, está cla­ro, es la prin­ci­pal polí­ti­ca de los capi­ta­lis­tas para salir de la cri­sis). Tam­po­co sola­men­te de la carre­ra com­pe­ti­ti­va des­ata­da entre los gru­pos capi­ta­lis­tas, carre­ra que está en ple­na mar­cha aun­que con la difi­cul­tad crea­da por el hecho de que los esta­dos capi­ta­lis­tas no han deja­do caer a los gru­pos más débi­les, los que se rear­man y vuel­ven al rue­do com­pe­ti­ti­vo no dejan­do recu­pe­rar del todo la tasa de ganancia.

Se tra­ta en estos momen­tos de la agu­di­za­ción de la pelea com­pe­ti­ti­va entre los más gran­des Esta­dos de la eco­no­mía mun­dial: de ahí la lucha que se ha des­ata­do alre­de­dor del pre­cio de las mone­das para inten­tar “copar” los mer­ca­dos a expen­sas de los demás.

El hecho es que en el mer­ca­do mun­dial la mayo­ría de las tran­sac­cio­nes comer­cia­les se hacen toda­vía en dóla­res. Por esto mis­mo, si EEUU deva­lúa su mone­da, enca­re­ce sus impor­ta­cio­nes, ope­ran­do esa medi­da como una barre­ra aran­ce­la­ria. Pero cuan­do expor­ta ocu­rre lo con­tra­rio: hace a sus mer­can­cías más com­pe­ti­ti­vas en el mer­ca­do mun­dial. De ahí el gri­to en el cie­lo de los demás.

Con­tra­dic­to­ria­men­te, el des­en­ca­de­na­mien­to de estas ten­sio­nes está ocu­rrien­do en un esce­na­rio don­de los mer­ca­dos accio­na­rios mun­dia­les gozan de su mejor momen­to en meses. El Dow Jones alcan­zó los 11.000 pun­tos, el pre­cio del oro bate récords, y los bonos del teso­ro nor­te­ame­ri­cano a diez años ofre­cen una tasa de inte­rés bají­si­ma, del 2,35% anual. Es decir, según los suso­di­chos “mer­ca­dos”, la eco­no­mía mun­dial debe­ría estar “flo­re­cien­te”…

No es así: los pro­pios eco­no­mis­tas del esta­blish­ment están hablan­do de una con­tra­dic­ción cre­cien­te entre la “micro­eco­no­mía” (los balan­ces de las empre­sas vie­nen mejor de lo espe­ra­do, res­ca­te esta­tal y ajus­te anti­obre­ro median­te) y la “macro­eco­no­mía”: la posi­bi­li­dad cada vez más cier­ta de una re-caí­da en la cri­sis para el 2011 sobre todo en las eco­no­mías del nor­te del mun­do [1].

Ese es el con­tex­to que está por detrás de la gue­rra de divi­sas: el recru­de­ci­mien­to de la lucha com­pe­ti­ti­va de los Esta­dos por los mer­ca­dos. Esa reali­dad de no recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca es lo que está “apre­tan­do el zapa­to” al gobierno de Oba­ma aco­sa­do por el fan­tas­ma del amplí­si­mo des­em­pleo de masas en EEUU, que lo ha lle­va­do a una estruen­do­sa derro­ta en las últi­mas elecciones.

El debi­li­ta­mien­to del dólar

Así las cosas, como “con­tra­pe­so” a esta dura reali­dad de fal­ta de com­pe­ti­ti­vi­dad de los EEUU –pero tam­bién como dato real de su debi­li­ta­mien­to eco­nó­mi­co en el mun­do– lo que ha veni­do ocu­rrien­do en el últi­mo perío­do es una per­sis­ten­te deva­lua­ción del dólar fren­te a las prin­ci­pa­les mone­das mun­dia­les: el euro, el yen, la libra ester­li­na, etcétera. 

Esto se vie­ne rea­li­zan­do median­te el reno­va­do com­pro­mi­so de la Reser­va Fede­ral yan­qui de que segui­rá impri­mien­do dóla­res vía, entre otros medios téc­ni­cos, la recom­pra de títu­los del Esta­do. Este meca­nis­mo de emi­sión lisa y lla­na de dine­ro (peca­do “mor­tal” en los tiem­pos del neo­li­be­ra­lis­mo puro y duro…) es lla­ma­do “QE”, “quan­ti­ta­ti­ve easing” (faci­li­ta­mien­to cuan­ti­ta­ti­vo), y alcan­za­rá en los pró­xi­mos meses los 600.000 millo­nes de dólares. 

La ope­ra­to­ria sería enton­ces la recom­pra de bonos del Teso­ro a 10 años. En lo inme­dia­to, inyec­ta más liqui­dez en el mer­ca­do, man­tie­ne la tasa de inte­rés de los bonos a diez años bají­si­ma –2,35% por año– y se sigue deva­luan­do el dólar fren­te a las demás monedas.

En gene­ral, en una eco­no­mía salu­da­ble, la emi­sión de mone­da –siem­pre que acom­pa­ñe y res­pon­da al cre­ci­mien­to del PBI– no pro­vo­ca deva­lua­ción. Pero este no es el caso: si una can­ti­dad de dine­ro aumen­ta más que pro­por­cio­nal­men­te por enci­ma de la can­ti­dad de mer­can­cías, pro­vo­ca una deva­lua­ción del valor de la mis­ma (“sobra” dine­ro), obje­ti­vo que es bus­ca­do con esta medi­da [2].

Es esta acción del gobierno de Oba­ma lo que ha hecho poner el gri­to en el cie­lo a Ale­ma­nia y paí­ses BRIC como Chi­na y Bra­sil. Ange­la Mer­kel acu­sa direc­ta­men­te a EEUU de bus­car ganar com­pe­ti­ti­vi­dad de mane­ra “arti­fi­cial” deva­luan­do el dólar en vez de hacer los ajus­tes nece­sa­rios como los hizo su país en la últi­ma déca­da. Chi­na acu­sa de “hipo­cre­sía” al gobierno nor­te­ame­ri­cano por­que deva­lúa su mone­da mien­tras le exi­ge a su país que apre­cie el yuan. Y Bra­sil se que­ja de que los paí­ses del nor­te sola­men­te pre­ten­den “des­car­gar la cri­sis sobre los del sur”, exi­gién­do­les que apre­cien sus mone­das mien­tras inun­dan sus paí­ses de divisas.

Por su par­te, EEUU con­tra­ata­ca dicien­do que “lo que es bueno para Nor­te­amé­ri­ca, es bueno para el mun­do” por­que su eco­no­mía es toda­vía la más gran­de. Al mis­mo tiem­po, denun­cia el depre­cia­do valor del yuan al que esti­man sub­va­lua­do entre un 20 y un 40%. Mien­tras tan­to, cre­cen los pro­yec­tos de ley en el Con­gre­so yan­qui bus­can­do “san­cio­nar” diver­sos pro­duc­tos chi­nos por prác­ti­cas comer­cia­les “des­lea­les”.

Son estos tópi­cos, que están subien­do de tono en el momen­to en que cerra­mos esta edi­ción, los que van a reco­rrer las sesio­nes del G‑20. Esta reu­nión se pre­sen­ta bas­tan­te “agi­ta­da”. Y nadie espe­ra que sal­ga nin­gún acuer­do efec­ti­vo que no sea una nue­va decla­ra­ción de inten­cio­nes acer­ca de la “nece­si­dad de coope­ra­ción internacional”…

Los peli­gros que se cier­nen sobre el comer­cio mundial

En este con­tex­to, otras nacio­nes no se están que­dan­do atrás en esta inci­pien­te “gue­rra” com­pe­ti­ti­va. Los japo­ne­ses, y la mayo­ría de las eco­no­mías orien­ta­das a las expor­ta­cio­nes, han comen­za­do a tomar medi­das para man­te­ner la pari­dad de sus mone­das fren­te al dólar. Inclu­so Bra­sil, que como hemos seña­la­do arri­ba fue el pri­me­ro en salir a “paten­tar” los acon­te­ci­mien­tos en cur­so como “gue­rra de divi­sas”, ha fija­do un aran­cel del 4% a la entra­da de dóla­res a su país de mane­ra que ese ingre­so no le apre­cie más el real [3].

Esta es una noti­cia de poten­cial gra­ve­dad para el libre mer­ca­do mun­dial capi­ta­lis­ta (que de paso mues­tra los ver­da­de­ros lími­tes de la “coor­di­na­ción” eco­nó­mi­ca bajo el capi­ta­lis­mo). Por­que el hecho es que las medi­das deva­lua­to­rias fun­cio­nan como ins­tru­men­tos pro­tec­cio­nis­tas que al des­atar una mecá­ni­ca de “gue­rra de todos con­tra todos” pue­de ter­mi­nar tra­ban­do la recu­pe­ra­ción del comer­cio mun­dial en un con­tex­to de debi­lí­si­ma recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca mun­dial sobre todo en el nor­te del mundo.

Y esto es gra­ve por­que el comer­cio mun­dial tie­ne una impor­tan­cia fun­da­men­tal en la eco­no­mía capi­ta­lis­ta: las expor­ta­cio­nes de manu­fac­tu­ras a nivel mun­dial alcan­za­ron en el 2009 la suma de 20 billo­nes de dóla­res (prác­ti­ca­men­te la mitad del pro­duc­to mun­dial anual) con la siguien­te par­ti­ci­pa­ción: la UE 44,1%, Chi­na 12,9%, EEUU 9,6%, Japón 6,3% (fuen­te de la Orga­ni­za­ción Mun­dial de Comer­cio). De ahí el inci­pien­te temor de que, de des­atar­se una gue­rra de divi­sas, se ter­mi­ne frac­tu­ran­do el mer­ca­do mun­dial como en los años ’30…

En todo caso, la ver­dad es que en el con­tex­to de la cri­sis se ha agra­va­do la pelea com­pe­ti­ti­va por el mer­ca­do mun­dial entre los Esta­dos capi­ta­lis­tas impe­ria­lis­tas y tam­bién de los paí­ses BRIC, y que de algu­na mane­ra todos los Esta­dos inten­tan manio­brar con la pro­duc­ti­vi­dad rela­ti­va de sus eco­no­mías y con el valor de sus mone­das de tal mane­ra de no salir mal para­dos de esta pelea de vida o muerte.

¿Reba­lan­ceo mundial?

En todo caso, es en este con­tex­to don­de cobra impor­tan­cia la polí­ti­ca mone­ta­ria que lle­va ade­lan­te Ben Ber­nan­ke, pre­si­den­te de la Reser­va Fede­ral de los EEUU. En los últi­mos dos meses, el dólar se ha deva­lua­do con res­pec­to al euro 15%; el 18% con res­pec­to al yen; y, en gene­ral, con­tra todas las mone­das de los paí­ses emer­gen­tes que tie­nen sus eco­no­mías orien­ta­das a las expor­ta­cio­nes: “El pro­ble­ma ya está ahí. Japón, Bra­sil, Corea del Sur, Tai­wán, Mala­sia, Tai­lan­dia, Fili­pi­nas, Sui­za, Rei­no Uni­do han toma­do medi­das para man­te­ner la pari­dad cam­bia­ria fren­te al dólar. Han empe­za­do a usar las divi­sas como un arma según pala­bras del pro­pio Strauss Kahn, jefe del FMI [4].

En el fon­do, lo que están hacien­do es tomar medi­das pro­tec­cio­nis­tas, comen­zan­do –aun­que toda­vía de mane­ra inci­pien­te– a reco­rrer el mis­mo camino que hizo estra­gos en el comer­cio mun­dial en la Gran Depre­sión de los años 30 del siglo pasa­do. El FMI, a la cabe­za de todos los paí­ses, pre­sio­na a Chi­na para que reva­lúe el yuan, acu­sán­do­lo de ser el “res­pon­sa­ble” de esta situa­ción. Y EEUU, colo­cán­do­se en “víc­ti­ma”, comien­za a dis­cu­tir medi­das pro­tec­cio­nis­tas con­tra la entra­da de algu­nas mer­can­cías pro­ve­nien­tes de Chi­na. Como seña­lá­ba­mos al prin­ci­pio de la nota, Ange­la Mer­kel seña­la a EEUU como actor “fun­da­men­tal” del problema.

Como seña­la The Eco­no­mist, lo que está ocu­rrien­do no es en el fon­do que la eco­no­mía de la Unión Euro­pea y la de Japón sean nece­sa­ria­men­te más “salu­da­bles” que la nor­te­ame­ri­ca­na (aun­que la ale­ma­na es hoy más com­pe­ti­ti­va) sino que emi­ten menos bille­tes y por eso sus mone­das se reva­lo­ri­zan fren­te al dólar [5].

Obvia­men­te, estas medi­das que toma el gobierno de Oba­ma son par­te del inten­to de algo pare­ci­do a una “estra­te­gia” (si se pue­de decir que algo así ani­da en este insí­pi­do gobierno): impo­ner un nue­vo equi­li­brio de los flu­jos del comer­cio y los capi­ta­les, un reba­lan­ceo en la eco­no­mía mun­dial que al mis­mo tiem­po no lo deje mal para­do, no “sacri­fi­que” su lugar de pri­vi­le­gio en la eco­no­mía mundial. 

Por eso bus­ca cam­biar cier­tas reglas del jue­go (como la coti­za­ción rela­ti­va de las mone­das) a toda cos­ta. Pero dado su evi­den­te debi­li­ta­mien­to hege­mó­ni­co, no le será una tarea fácil como anta­ño, como cuan­do median­te los acuer­dos Pla­za-Lou­vre le impu­so a Ale­ma­nia y Japón una apre­cia­ción de sus mone­das con­tra el dólar.

Sin embar­go, toda­vía cuen­ta a su favor el hecho de que es el Esta­do emi­sor del dólar, que, aun­que mal­he­ri­do, sigue actuan­do como mone­da mun­dial; que la Unión Euro­pea está corroí­da por sus dispu­tas ínter­bur­gue­sas y con un euro del que nadie apues­ta que vaya a sobre­vi­vir en la pró­xi­ma déca­da; que Japón hace vein­te años que está pos­tra­do eco­nó­mi­ca­men­te, y que Chi­na, su máxi­mo acree­dor, depen­de mucho del mer­ca­do yankee…

La cua­dra­tu­ra del círculo

Sin embar­go, lo ante­rior no pue­de tapar que los EEUU sufren una deca­den­cia eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca y social de enver­ga­du­ra. Algu­nos de sus índi­ces se pare­cen a los del Ter­cer Mun­do. Y la derro­ta del gobierno de Oba­ma pue­de acen­tuar las dispu­tas inter­bur­gue­sas, con frac­cio­nes polí­ti­cas caver­ní­co­las como el Tea Party que sola­men­te es otra expre­sión de esta decadencia…

Lo para­dó­ji­co del caso es que entre otras cosas EEUU ha sido víc­ti­ma de su pro­pia medi­ci­na: el neo­li­be­ra­lis­mo puro y duro. Todo su sec­tor II (fabri­ca­ción de bie­nes de con­su­mo) ha sido tras­la­da­do lisa y lla­na­men­te a otros paí­ses con bají­si­mos sala­rios. Y su sec­tor I (fabri­ca­ción de bie­nes de pro­duc­ción) en muchos casos ha corri­do la mis­ma suer­te por ser poco com­pe­ti­ti­vo (aun­que man­tie­ne su pri­ma­cía en las indus­trias de alto desa­rro­llo tecnológico).

De ahí que, inmen­sos défi­cits comer­cia­les median­te, el país sea el más endeu­da­do del pla­ne­ta. Para rever­tir esto ten­drá que hacer el ajus­te monu­men­tal que ya ha comen­za­do, pero que difí­cil­men­te per­mi­ti­rá –entre otros ele­men­tos fun­da­men­ta­les– que un obre­ro yan­kee gane lo mis­mo que un obre­ro chino.

En el fon­do, el pro­ble­ma es enton­ces bas­tan­te sim­ple de com­pren­der. La Mer­kel pone el dedo en la lla­ga cuan­do exi­ge que EEUU recu­pe­re com­pe­ti­ti­vi­dad median­te meca­nis­mos “reales”, no manio­bran­do con las mone­das. Por­que la com­pe­ti­ti­vi­dad real se logra, jus­ta­men­te, con una mayor “racio­na­li­za­ción” de la fuer­za de tra­ba­jo y con inver­sio­nes pro­duc­ti­vas para las cua­les EEUU no pare­ce estar preparado.

Es que el país del nor­te tie­ne dra­má­ti­cos pro­ble­mas para hacer esto. Jus­ta­men­te, uno de sus pro­ble­mas es que, como hemos seña­la­do, para lograr com­pe­ti­ti­vi­dad “expor­tó” toda su rama de bie­nes de con­su­mo a Chi­na y otros paí­ses de mano de obra escla­va o semi­es­cla­va. Esto ha redun­da­do en los dra­má­ti­cos défi­cits comer­cia­les y de balan­za de pagos que se bus­ca ate­nuar median­te la deva­lua­ción del dólar. Para ate­nuar­los “estruc­tu­ral­men­te”, debe­ría “rein­dus­tria­li­zar­se” vol­vien­do a traer a sus tie­rras las indus­trias de bie­nes de con­su­mo y relan­zan­do la pro­duc­ción indus­trial en la rama I (bie­nes de pro­duc­ción) también. 

Pero, con­tra­dic­to­ria­men­te, hacer esto bene­fi­cia­ría a los Esta­dos Uni­dos en tan­to que Esta­do, pero “hun­di­ría” las ganan­cias de sus mul­ti­na­cio­na­les. Es que dado el pro­me­dio rela­ti­va­men­te alto del sala­rio nor­te­ame­ri­cano –a pesar de la mano de obra inmi­gran­te y las derro­tas de las últi­mas déca­das de la cla­se obre­ra yan­qui – , “repa­triar” la indus­tria de bie­nes de con­su­mo nece­sa­ria­men­te impli­ca­ría aumen­tar el valor de la fuer­za de tra­ba­jo (los sala­rios) hacien­do caer la tasa de ganan­cia de las mul­ti­na­cio­na­les norteamericanas…

En fin: se tra­ta de una situa­ción de “cua­dra­tu­ra del círcu­lo” don­de por inter­me­dio de la cri­sis se está pro­ce­san­do qué Esta­dos sal­drán de ella como gana­do­res y como per­de­do­res. De ahí que se estén agra­van­do las ten­sio­nes en un con­tex­to de “fru­ga­li­dad” gene­ral en el nor­te del mun­do. Esta his­to­ria continuará.


Notas:

1.- Ver a este res­pec­to “Cuan­do se pre­pa­ra una nue­va recaí­da”, revis­ta SOB n° 23.

2.- Al mis­mo tiem­po, se bus­ca tam­bién un aumen­to infla­cio­na­rio fren­te a los peli­gros defla­cio­na­rios en cur­so. Es que la infla­ción acre­cien­ta la recau­da­ción y ate­núa los que­bran­tos por deudas.

3.-En la últi­ma sema­na ingre­sa­ron a Bra­sil 14.500 millo­nes de dóla­res. Bra­sil tie­ne tasas de inte­rés muy posi­ti­vas. Es una situa­ción muy ven­ta­jo­sa para los capi­ta­les espe­cu­la­ti­vos. Esta es una de las cau­sas por la cual los balan­ces de los ban­cos son tan bue­nos. Los ban­cos nor­te­ame­ri­ca­nos reci­ben el dine­ro en prés­ta­mo del gobierno al 0,25% anual y lo colo­can al 15% en el Bra­sil: esta es una de las nue­vas bur­bu­jas. Como dice un comen­ta­ris­ta, la polí­ti­ca aran­ce­la­ria de Bra­sil para defen­der­se de estos capi­ta­les es como poner­le “por­to­nes al campo”.

4.- Clau­di Pérez, “Peli­gro: gue­rra de divi­sas”, El País de Espa­ña 10/​10/​10.

5.-“La bala mági­ca”, The Eco­no­mist, 10/​10/​10.


El sis­te­ma mone­ta­rio internacional

Auge y “caí­da” del dólar como mone­da mundial

Por Juan José Funes

Para enten­der lo que está en jue­go en la eco­no­mía mun­dial, demos cuen­ta sucin­ta­men­te de la his­to­ria del sis­te­ma mone­ta­rio internacional.

De la sal al oro

Diga­mos a vue­lo de pája­ro que his­tó­ri­ca­men­te, des­pués de supe­rar los lími­tes del true­que, y en la medi­da en que comien­za a gene­ra­li­zar­se el inter­cam­bio de mer­can­cías, apa­re­ce una nue­va mer­can­cía: el dine­ro. Gana­do, cue­ros, sal son sus pri­me­ras for­mas. Por su per­du­ra­bi­li­dad, su fácil mani­pu­la­ción y trans­por­te, estas pri­me­ras for­mas son len­ta­men­te sus­ti­tui­das por los meta­les pre­cio­sos, oro y pla­ta, apa­re­cien­do nue­vas for­mas de dine­ro: las mone­das [1].

Jun­to con esto, apa­re­ce la nece­si­dad de ate­so­ra­mien­to: nacen los ban­cos. En la pri­me­ra fase del capi­ta­lis­mo (el “capi­ta­lis­mo comer­cial”), los ban­cos amplían su radio de acción: comien­zan a acu­ñar mone­da y a mane­jar el cré­di­to y la can­ti­dad de dine­ro circulante.

El pre­cio y la velo­ci­dad con que cir­cu­lan las mer­can­cías deter­mi­na­rán la can­ti­dad de dine­ro que nece­si­ta el mer­ca­do para fun­cio­nar “correc­ta­men­te”; apa­re­cen así las pri­me­ras cri­sis mone­ta­rias. Es pre­ci­so seña­lar que con la caí­da de los feu­dos y el sur­gi­mien­to de las moder­nas nacio­nes, algu­nos ban­cos se con­vier­ten en Ban­cos Cen­tra­les arro­gán­do­se el dere­cho de acu­ñar mone­da y de super­vi­sar y vigi­lar el valor del dine­ro circulante.

Una libra de oro pesa­ba 0,4536 gra­mos. Apa­re­cen las mone­das nacio­na­les que sola­men­te son usa­das para el inter­cam­bio al inte­rior de cada nación: el comer­cio mun­dial se rea­li­za en lin­go­tes de oro.

Con el correr de tiem­po, por las cons­tan­tes fal­si­fi­ca­cio­nes y por el des­gas­te que sufren las mone­das, se alte­ra la equi­va­len­cia entre peso y valor de la mone­da: 1 libra pasa a pesar ¼ del peso ori­gi­nal aun­que con­ser­va el mis­mo nombre…

Ya con el capi­ta­lis­mo en pleno desa­rro­llo, la mone­da de metal es pau­la­ti­na­men­te sus­ti­tui­da por papel mone­da, que debe ser emi­ti­do con res­pal­do oro y su posee­dor pue­de exi­gir su con­ver­ti­bi­li­dad en cual­quier momen­to. Al inte­rior de las nacio­nes, los ban­cos cen­tra­les crean papel mone­da de cur­so for­zo­so, o sea bille­tes inconvertibles.

Patrón oro y papel moneda

Hemos con­ta­do esta peque­ña his­to­ria por­que para el mar­xis­mo el dine­ro nun­ca tuvo pode­res mági­cos; siem­pre tie­ne que haber en el inter­cam­bio de mer­can­cía-dine­ro una estric­ta equi­va­len­cia. Y esta equi­va­len­cia está dada por la ley del valor: la can­ti­dad de tra­ba­jo social­men­te nece­sa­ria para pro­du­cir las mer­can­cías (“medi­da” que se gene­ra­li­za jus­ta­men­te con el mer­ca­do mun­dial). Por eso para Marx el dine­ro es la mani­fes­ta­ción de la rique­za de las nacio­nes: el valor de su mone­da tie­ne que ver con la com­pe­ti­ti­vi­dad y peso rela­ti­vo de su eco­no­mía en ese mer­ca­do mundial.

El patrón oro como mone­da mun­dial sub­sis­te mala­men­te –Gran Depre­sión y gue­rras mun­dia­les median­te– has­ta 1944. Poco antes de fina­li­zar la Segun­da Gue­rra Mun­dial, la abru­ma­do­ra hege­mo­nía eco­nó­mi­ca, finan­cie­ra, geo­po­lí­ti­ca y tec­no­ló­gi­ca logra­da por EEUU le per­mi­te impo­ner el régi­men de Bret­ton Woods que con­sa­gra la hege­mo­nía mun­dial del dólar.

Se dis­po­ne, enton­ces, un régi­men de cam­bios rela­ti­va­men­te fijos pero con una mone­da nacio­nal –el dólar– que actúa simul­tá­nea­men­te como patón mone­ta­rio y uni­dad de cuen­ta, con pari­dad fija con­ver­ti­ble de 35 dóla­res la onza de oro. 

Pero este sis­te­ma esta­ba car­ga­do de con­tra­dic­cio­nes que irían esta­llan­do al com­pás de los cam­bios eco­nó­mi­cos y geo­po­lí­ti­cos; en pri­mer lugar, el resur­gi­mien­to eco­nó­mi­co de Euro­pa y Japón, socios riva­les de EEUU; lue­go, la cri­sis de los 70; des­pués, la con­tra­rre­for­ma neo­li­be­ral de los 80, etcétera.

En ese camino, el dólar aban­do­na el res­pal­do oro por deci­sión uni­la­te­ral de EEUU en 1971. Des­de enton­ces, el cur­so del dólar ha segui­do com­pli­ca­dos altibajos.

El aban­dono glo­bal del patrón oro, gene­ra­li­za­do hace mucho para todas las mone­das, inclu­yen­do el dólar, ha sig­ni­fi­ca­do el pasa­je de la mone­da mer­can­cía a lo que se lla­ma “mone­da de cré­di­to”. Por­que el patrón oro impo­nía una dis­ci­pli­na mone­ta­ria auto­má­ti­ca. En cam­bio, con la mone­da de cré­di­to –sea que ema­ne del Esta­do bajo la for­ma de bille­tes o bien de los ban­cos pri­va­dos por la exten­sión del cré­di­to– no suce­de lo mis­mo. Esta trans­for­ma­ción de la mone­da de una mer­can­cía (el oro) a una rela­ción de cré­di­to garan­ti­za una ofer­ta mone­ta­ria elás­ti­ca, capaz de res­pon­der a las nece­si­da­des de liqui­dez y fon­dos de los acto­res eco­nó­mi­cos. Pero la regu­la­ción “endó­ge­na” de la mone­da por medio de una mer­can­cía deter­mi­na­da (oro) deja su lugar a una regu­la­ción deter­mi­na­da por el Esta­do de mane­ra dis­cre­cio­nal. El hecho es que con la no con­ver­ti­bi­li­dad el papel bille­te deja de repre­sen­tar de mane­ra direc­ta el tra­ba­jo humano incor­po­ra­do en la pro­duc­ción del dine­ro mis­mo, y su actua­ción como repre­sen­tan­te de la rique­za pasa a ser “nomi­nal”.

Una bom­ba de tiempo

Al mis­mo tiem­po, de esta for­ma que­da expues­ta –en su mani­fes­ta­ción mone­ta­ria– una de las con­tra­dic­cio­nes fun­da­men­ta­les del capi­ta­lis­mo: eco­no­mía mun­dial-fron­te­ras nacionales.

Una mone­da nacio­nal, el dólar, actúa como mone­da mun­dial, sien­do emi­ti­da por un Esta­do (EEUU) que sufre hoy día los más pro­fun­dos des­ba­lan­ces eco­nó­mi­cos, la peor de las cri­sis eco­nó­mi­cas y que ve su hege­mo­nía mun­dial cada vez más en tela de jui­cio, sin olvi­dar­nos que es el deu­dor más insol­ven­te del planeta…

Con­tra­dic­to­ria­men­te, el 70% del comer­cio mun­dial se sigue rea­li­zan­do en dóla­res, y la inmen­sa mayo­ría de los paí­ses que tie­nen sus eco­no­mías orien­ta­das a la expor­ta­ción acu­mu­lan reser­vas en dóla­res usán­do­los como res­pal­do en la emi­sión de sus pro­pias mone­das. Obvia­men­te que es un secre­to guar­da­do bajo sie­te lla­ves la can­ti­dad de dóla­res que cir­cu­lan en la eco­no­mía- mun­do, todo un cua­dro que con­fi­gu­ra una bom­ba de tiem­po que nadie sabe cuán­do va a estallar…

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