Cul­tu­ra basu­ra- Car­lo Fra­bret­ti

Alas­ka, Albert Boa­de­lla, Gus­ta­vo Bueno, Luis Alber­to de Cuen­ca, Anto­nio Escoho­ta­do, José Luis Gar­ci, Luis Racio­ne­ro y Fer­nan­do Sava­ter, entre otros, han fir­ma­do un mani­fies­to de apo­yo a Fer­nan­do Sán­chez Dra­gó a raíz de las crí­ti­cas de que este ha sido obje­to por alar­dear, tan­to lite­ra­ria como lite­ral­men­te, de sus rela­cio­nes sexua­les con niñas.

¿Qué tie­nen en común los defen­so­res y el defen­di­do, amén de su ren­ta­ble ofi­cio de paya­sos del cir­co de la cul­tu­ra? Bas­tan­tes cosas. Por ejem­plo, su dere­chis­mo fla­gran­te, su con­di­ción de medio­cres encum­bra­dos o el hecho de que la mayo­ría de ellos, si no todos, defien­den abier­ta­men­te las corri­das de toros. Pero de igual modo que sería ten­den­cio­so esta­ble­cer una rela­ción direc­ta entre la pede­ras­tia y la tor­tu­ra de ani­ma­les (más allá de la evi­den­te rela­ción que hay entre todas las for­mas de cruel­dad y abu­so), no lo sería menos con­ver­tir a Sán­chez Dra­gó en chi­vo expia­to­rio de una degra­da­ción éti­ca y esté­ti­ca cuyos res­pon­sa­bles, cóm­pli­ces y bene­fi­cia­rios noto­rios se cuen­tan por doce­nas. Que nadie se ras­gue las ves­ti­du­ras ante la incon­ti­nen­cia del paté­ti­co vie­jo ver­de ofi­cial de la dere­cho­na, por­que si él y sus no menos paté­ti­cos defen­so­res (entre los que hay dos ex direc­to­res de la Biblio­te­ca Nacio­nal y dos filó­so­fos ins­ti­tu­cio­na­les) están don­de están y pue­den decir públi­ca­men­te lo que dicen, es por­que un amplio sec­tor de la socie­dad ‑y lo que es más gra­ve, del mun­do de la cul­tu­ra y de los medios de comu­ni­ca­ción- les ríe las gra­cias des­de hace déca­das (no hay que olvi­dar que el pro­pio Sán­chez Dra­gó se hizo rico y famo­so con Gár­go­ris y Habi­dis, una deli­ran­te “his­to­ria mági­ca de Espa­ña”, en la este­la del “rea­lis­mo fan­tás­ti­co” de Pau­wels y Ber­gier, por la que la crí­ti­ca seria lo cali­fi­có de fas­cis­ta, con­fu­sio­na­rio y anal­fa­be­to).

Pero si con­ver­tir a Sán­chez Dra­gó en chi­vo expia­to­rio sería cla­ra­men­te ten­den­cio­so (no hay más que ver quié­nes piden su cabe­za), pre­ten­der eri­gir­lo en már­tir de la liber­tad de expre­sión es sen­ci­lla­men­te gro­tes­co (el antes alu­di­do mani­fies­to de apo­yo se titu­la nada menos que Con­tra la que­ma de libros); tan gro­tes­co como lo fue, no hace mucho, inten­tar con­ver­tir a Gar­zón en un már­tir de la demo­cra­cia y el anti­fran­quis­mo. Hitler era vege­ta­riano, pero para defen­der la noble cau­sa del vege­ta­ria­nis­mo no es nece­sa­rio ensal­zar al Füh­rer.

En Polí­ti­ca basu­ra (www​.kao​sen​la​red​.net/​n​o​t​i​c​i​a​/​p​o​l​i​t​i​c​a​-​b​a​s​ura) inten­té seña­lar recien­te­men­te los para­le­lis­mos y siner­gias entre la degra­da­ción de la tele­vi­sión, la de la comi­da y la de la polí­ti­ca. Y dado que la cul­tu­ra lo abar­ca todo, pare­cía redun­dan­te hablar tam­bién de cul­tu­ra basu­ra. Pero pues­to que, en sen­ti­do res­trin­gi­do, se entien­de por cul­tu­ra el con­jun­to de las acti­vi­da­des lite­ra­rias y artís­ti­cas, no está de más seña­lar que tam­bién en ese terreno supues­ta­men­te “ele­va­do” se obser­va la mis­ma degra­da­ción galo­pan­te.

Tras la far­sa de la “tran­si­ción”, los pode­res esta­ble­ci­dos ‑los mis­mos de antes, los mis­mos de siem­pre- com­pren­die­ron que era más fácil com­prar a los inte­lec­tua­les que repri­mir­los, y ade­más salía más bara­to. Des­de enton­ces, los gran­des gru­pos mediá­ti­co-cul­tu­ra­les y sus par­ti­dos polí­ti­cos aso­cia­dos han ido crean­do y pro­mo­cio­nan­do sus res­pec­ti­vas cua­dri­llas de escri­to­res, perio­dis­tas, cineas­tas, can­tan­tes, etc., a la vez que con­de­na­ban a la invi­si­bi­li­dad a los pocos y pocas que no se deja­ban com­prar. Que nadie se sor­pren­da, pues, ante las vile­zas y zafie­da­des de los bufo­nes de uno y otro ban­do, de una y otra ban­da (cada vez más seme­jan­tes, a menu­do indis­tin­gui­bles): a pesar de sus oca­sio­na­les pati­na­zos, se limi­tan a desem­pe­ñar dócil­men­te el papel que les ha sido asig­na­do en esta sinies­tra cor­te de los mila­gros de la que todos somos, como decía Sar­tre, medio cóm­pli­ces y medio víc­ti­mas.

Aun­que habría que mati­zar lo de medio y medio, no vaya a ser que se entien­da en el sen­ti­do lite­ral de un repar­to al cin­cuen­ta por cien­to entre la com­pli­ci­dad y la vic­ti­mi­dad (no con­fun­dir con el vic­ti­mis­mo). Por­que algu­nos son mucho más cóm­pli­ces que víc­ti­mas y otros son mucho más víc­ti­mas que cóm­pli­ces. Y a los segun­dos no hace fal­ta pro­te­ger­los con­tra la que­ma de libros, como al pobre Sán­chez Dra­gó, por­que, para evi­tar­les pro­ble­mas, no se les deja publi­car lo que escri­ben. Si es que tan siquie­ra pue­den lle­gar a escri­bir o a decir lo que pien­san.

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