A mi madre, a todas las madres…- Nahaia Agua­do, pre­sa poli­ti­ca vas­ca

Sien­to por un momen­to que la san­gre corre por mis pies, para­li­zan­do mi cuer­po.

Que mi cora­zón galo­pa como si quie­sie­ra salir y no acom­pa­ñar­me en este via­je en el que mis pier­nas fla­queen.

Es el mie­do, ante lo que está por venir… Esos dias en los que te cam­bian la vida.

La inco­mu­ni­ca­ción, la tor­tu­ra, que solo tú tie­nes que hacer fren­te.

Rodea­da de ros­tros ocul­tos, los que no refle­jan nada. Los segun­dos son minu­tos y los minu­tos son horas en esas tinie­blas.

Seres que no sien­ten, solo actúan… Perros de uni­ca due­ña, la impu­ni­dad.

Aho­ra, trans­cu­rri­dos los meses, si no fue­ra por las noches en vela empa­pa­das de sudor y amar­gu­ra, pare­ce que todo fue una pesa­di­lla.

Aho­ra, sen­ta­da sobre la cama de la cel­da, real­men­te no se que es mas dolo­ro­so… Si los gol­pes o el gri­to de una com­pa­ñe­ra. Solo aque­llas pare­des fue­ron tes­ti­go de tan­to sufri­mien­to.

Sin duda lo supe­ra­re­mos… Por­que ni el tor­men­to, ni el des­tie­rro, ni los muros de cemen­to con­se­gui­ran aca­llar­nos.
Por­que al igual que sen­ti­mos mie­do, sen­ti­mos amor… La base de nues­tra entre­ga.

No es en vano cada heri­da, gol­pe y gota de san­gre que for­man nues­tra his­to­ria. Son aho­ra semi­llas en esta tie­rra sem­bra­da de valor.

Y sus fru­tos nace­rán en un futu­ro, teji­do con el esfuer­zo de todas noso­tras y cons­trui­do con la ter­nu­ra de nues­tras manos.

.…des­de la car­cel de Brie­va, a Noviem­bre del 2010.

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