La hue­lla en la car­ne – Mikel Arizaleta

Nos cuen­ta Home­ro en la Ilia­da que es la ancia­na Eurí­clea, la nodri­za del rey de Íta­ca, quien al lavar los pies de su amo reco­no­ce a Uli­ses en aquel supues­to men­di­go, tras 20 años de ausen­cia, por la cica­triz de su pier­na que, de joven, le hizo un jaba­lí con su blan­co dien­te en el mon­te Par­na­so – has­ta ese momen­to nadie le había des­cu­bier­to fue­ra de su fiel perro Argo-:

“Al fro­tar con sus manos noto­le esta mella la anciana,

la reco­no­ció con el tac­to y sol­tó, con­mo­vi­da la pier­na que,

cayen­do de gol­pe en la tina y sonan­do en el bronce,

la vol­có hacia delan­te, ver­tien­do el agua en la tierra.

La ale­gría y el dolor la asal­ta­ron a un tiempo,

sus ojos se lle­na­ron de llan­to y la voz murió en su garganta.

Mas a Uli­ses, al cabo, lo cogió del men­tón y le dijo:

“Eres tú, Uli­ses, mi niño que­ri­do y no supe conocerte

yo mis­ma has­ta haber pal­pa­do tu carne,

¡tú, mi dueño!…”

De nue­vo Julián Assan­ge a tra­vés de Wiki­leaks reve­la al mun­do en 391.000 docu­men­tos lo que ya se venía gri­tan­do des­de las diver­sas par­tes del pla­ne­ta por par­te de masa­cra­dos: que nues­tros gobier­nos son ase­si­nos, los de USA, los fran­ce­ses, los ingle­ses, los espa­ño­les…, que sus gue­rras son vio­la­ción y rapi­ña antes y aho­ra, que nues­tros polí­ti­cos, nues­tros jue­ces, nues­tros mili­ta­res y poli­cías son un ata­jo de cri­mi­na­les. Que hablan de paz pero nego­cian y se lucran con la ven­ta de armas y las gue­rras, que fir­man acuer­dos de huma­ni­dad y her­man­dad para disi­mu­lar sus baje­zas, sus manos de san­gre y crí­me­nes, que bajo su apa­rien­cia de dig­na­ta­rios escon­den podre­dum­bre e indig­ni­dad. Cíni­ca es su res­pues­ta: tapar la boca al men­sa­je­ro de la ver­dad y del lamen­to; el ase­sino ins­ti­tu­cio­nal no per­mi­te la mira­da que dete­rio­re su ima­gen; la reve­la­ción de los tor­tu­ra­do­res del mun­do pone en peli­gro la segu­ri­dad del Esta­do, que resul­ta ser gua­ri­da de terro­ris­tas y cen­tro de tor­tu­ra e indignidad.

Y fue­ron sol­da­dos nor­te­ame­ri­ca­nos los que tor­tu­ra­ron en Abu Ghraib y en otras pri­sio­nes. Sólo des­de el apo­yo cie­go a la misión esta­dou­ni­den­se en Iraq o des­de una acti­tud acrí­ti­ca cabe ale­gar que el ejér­ci­to nor­te­ame­ri­cano sim­ple­men­te igno­ró y encu­brió las tor­tu­ras lle­va­das a cabo por su sub­con­tra­tis­ta local: el ejér­ci­to ira­quí. Tam­bién el encu­bri­mien­to de un cri­men cons­ti­tu­ye una ofen­sa. Des­de años el gobierno esta­dou­ni­den­se, des­de las ins­tan­cias más altas, prac­ti­ca de modo habi­tual la tor­tu­ra, per­so­na­jes como Donald Rums­feld, Richard Che­ney y Geor­ge W. Bush y sus súb­di­tos euro­peos por­tan san­gre de tor­tu­ra en sus manos. Resul­ta ridícu­lo que Man­fred Nowak, rela­tor de la ONU con­tra la tor­tu­ra, pida al gobierno de los Esta­dos Uni­dos ‑que toda­vía man­tie­ne dece­nas de miles de sol­da­dos en Iraq- que inves­ti­gue las tor­tu­ras que reve­lan sus pro­pios docu­men­tos, cuan­do por todos los medios pre­ten­de man­te­ner­los ocul­tos.[i] De nue­vo el zorro vigi­lan­do las gallinas.

Hay his­to­rias fue­ra, en el desier­to, en la jun­gla, en el cam­po y la ciu­dad que le san­gran a uno, que deni­gran al que hace y al que pade­ce, que hie­ren y gene­ran deseos de muer­te y ven­gan­za. Pero hoy quie­ro hablar de aquí, de cer­ca, del tor­tu­ra­dor de nues­tra calle, del vecino, del perio­dis­ta que es dela­tor en Afga­nis­tán y cola­bo­ra­dor ver­du­go en Eus­kal Herria, de los jue­ces que reci­ben meda­llas por sen­tar y con­de­nar en sus sen­ten­cias a cri­mi­na­les de lejos y, sin embar­go, son cola­bo­ra­do­res de la tor­tu­ra y ver­du­gos en su casa y en su tie­rra. Hoy quie­ro hablar del polí­ti­co al que votas, que se pasea por la tele­vi­sión y repar­te rece­tas de hipo­cre­sía y baba. ¿Por qué se con­de­na a Pino­chet y no a Aznar, a Rajoy, a Gon­zá­lez o Zapa­te­ro? ¿Por qué se loa a Mar­tín Villa, se abra­za la minis­tra Tri­ni­dad Jimé­nez con el cri­mi­nal galo­so Barrio­nue­vo y se con­de­na a quien por­ta la foto de un pre­so polí­ti­co encar­ce­la­do, acu­sa­do de per­te­ne­cer a ETA? ¿Por qué prin­ci­pio de decen­cia es por­ta­voz Rubal­ca­ba del gobierno si antes lo fue del gobierno galo­so del PSOE de Feli­pe Gon­zá­lez? ¿Y por qué prin­ci­pio de huma­ni­dad es minis­tro de Pre­si­den­cia el Sr. Jaú­re­gi cuan­do bajo sus órde­nes los GAL, ves­ti­dos de guar­dia­ci­vil, aso­la­ron nues­tras tie­rras y prac­ti­ca­ron crí­me­nes horrendos?

Nues­tro gobierno rige con san­gre en las manos, prac­ti­ca la tor­tu­ra en sus comi­sa­rías de Espa­ña y se mofa de los torturados.

Somos muchos los que hemos reco­no­ci­do sin tapu­jos al ver­du­go del PSOE, del PP, del PNV… en las cica­tri­ces, vio­la­cio­nes, en los hue­sos cal­ci­na­dos en cal viva de Lasa y Zaba­la, en la vio­la­ción de dere­chos huma­nos en deten­cio­nes, inte­rro­ga­to­rios y cár­ce­les, en la eje­cu­ción en comi­sa­rías de Arre­gi, Zabal­za…, en los ros­tros defor­ma­dos de Unai Romano, en las vio­la­cio­nes de muje­res y hom­bres en nues­tros días en manos de guar­dias­ci­vi­les, poli­cías y ertzai­nas; como la ancia­na Eurí­clea en la cara de los tor­tu­ra­dos hemos reco­no­ci­do la voz y la mano del tor­tu­ra­dor y ver­du­go camu­fla­do de minis­tro, de perio­dis­ta, de foren­se, de juez, de medio de comu­ni­ca­ción, de fun­cio­na­rio…, de cobar­de mise­ra­ble. Para ellos nues­tro escu­pi­ta­jo y desprecio.

La ima­gen de Unai Romano Igar­tua al entrar en pri­sión en agos­to de 2001 se ha con­ver­ti­do en un sím­bo­lo de la tor­tu­ra. No sólo habla su ima­gen, tam­bién el par­te médi­co de cica­tri­ces: «Trau­ma­tis­mo cra­neo­en­ce­fá­li­co en parie­ta­les y occi­pi­tal supe­rior. Hema­to­mas sub­ga­lea­les peri­cra­nea­les. Con­trac­tu­ra cer­vi­cal con movi­li­dad limi­ta­da en un 50% y cer­vi­cal­gia. Hema­to­mas en ambas órbi­tas ocu­la­res con derra­me san­guí­neo sub­con­jun­ti­val en los ángu­los exter­nos. Ede­ma gene­ra­li­za­do lesio­nes en el ros­tro. Que­ma­zón y esca­ra necró­ti­ca en cue­ro cabe­llu­do. Con­tu­sión evo­lu­cio­na­da en la región fron­tal. Cam­bios cro­má­ti­cos en cara y cue­llo»[ii].

Sin embar­go, en los tri­bu­na­les espa­ño­les no hubo con­de­na para sus tor­tu­ra­do­res, la ver­sión ofi­cial siguió y sigue sien­do aque­lla de que el joven se dio un golpe.

Y en esa cica­triz de tor­tu­ra­do recuer­do aho­ra con amar­gu­ra y son­ro­jo la fra­se de Ber­tolt Brecht, que días atrás nos recor­da­ba en Gara Fer­mín Gon­ge­ta: “Muchos jue­ces son abso­lu­ta­men­te inco­rrup­ti­bles, nadie pue­de indu­cir­les a hacer jus­ti­cia». Me refie­ro a Fer­nan­do Gran­de-Mar­las­ka y tan­tos otros, que en audien­cias nacio­na­les y tri­bu­na­les vie­nen cola­bo­ran­do des­de tiem­po con los tor­tu­ra­do­res de nues­tro pueblo.

Tie­ne razón Erich Fried: “Mejor hubie­ra sido que gen­tes como éstas no hubie­ran nacido”.

[i] Samuel en Rebe­lión: Wiki­leaks e Iraq, una par­te de la historia

[ii] “No les bas­tó Ger­ni­ka” libro en pre­pa­ra­ción por Eus­kal Memoria

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