«El fin de la gue­rra, sólo con diá­lo­go» Ulti­ma entre­vis­ta al Mono Jojoy

Serra­nía de La Maca­re­na, Colom­bia. Camino por los plie­gues de la serra­nía de La Maca­re­na con una escua­dra de 11 gue­rri­lle­ros de las Fuer­zas Arma­das Revo­lu­cio­na­rias de Colom­bia (FARC), pene­tran­do las entra­ñas de la últi­ma cade­na mon­ta­ño­sa que exhi­be la topo­gra­fía colom­bia­na antes de que el pai­sa­je se col­me de unas lla­nu­ras tan ver­des como infi­ni­tas, capa­ces de lle­gar has­ta Vene­zue­la y Bra­sil, miles de kiló­me­tros más al orien­te.

Han pasa­do casi tres años des­de que le envié al Mono Jojoy una soli­ci­tud para entre­vis­tar a Tan­ja Nij­mei­jer, una joven holan­de­sa que se incor­po­ró a las filas de las FARC a fina­les de 2002, y hace ape­nas unos días me lle­gó res­pues­ta posi­ti­va. De inme­dia­to pre­pa­ré mi equi­po de gra­ba­ción, empa­qué unas pocas mudas de ropa y empren­dí el camino.

Aho­ra que sigo las hue­llas de Tan­ja y me acer­co len­ta y peno­sa­men­te al lugar remo­to don­de la ima­gino, cre­ce mi curio­si­dad por esta mujer, con­ver­ti­da en una ver­da­de­ra leyen­da de estas sel­vas igno­tas don­de se libra, des­de media­dos del siglo pasa­do, la gue­rra más lar­ga del hemis­fe­rio occi­den­tal.

Hace sólo un par de sema­nas vi en Bogo­tá un docu­men­tal en el que la madre de Tan­ja le pide a las FARC que le per­mi­tan a su hija vol­ver a casa. La pie­za audio­vi­sual, diri­gi­da por el rea­li­za­dor holan­dés Leo de Boer, mues­tra a una madre atur­di­da que vue­la sobre la sel­va ama­zó­ni­ca en un heli­cóp­te­ro del ejér­ci­to colom­biano, gri­tan­do por un alta­voz a su hija que huya. Han­nie, la madre de Tan­ja, tam­bién apa­re­ce en el docu­men­tal pidien­do per­dón a un gru­po de víc­ti­mas de la gue­rra por las even­tua­les accio­nes vio­len­tas que pudo haber come­ti­do su hija.

Mien­tras subimos y baja­mos mon­ta­ñas en abso­lu­to silen­cio, con el eco de los mor­te­ros rebo­tan­do en las pare­des roco­sas de la serra­nía, me asal­tan recuer­dos del día que cono­cí a la holan­de­sa, por allá en junio del 2003, pocos meses des­pués de su ingre­so a las filas insur­gen­tes. La idea de una Tan­ja vir­tual­men­te secues­tra­da por las FARC no enca­ja para nada con la entu­sias­ta gue­rri­lle­ra que tuve ante mí. Enton­ces ya se lla­ma­ba Ale­xan­dra y por­ta­ba un fusil AK 47 que pare­cía hecho a su medi­da. Exte­nuan­tes jor­na­das de entre­na­mien­to a lo lar­go de varias sema­nas le habían escul­pi­do un cuer­po que era la envi­dia de las otras gue­rri­lle­ras y sus pri­me­ros amo­res en el mon­te ya comen­za­ban a aso­mar­se entre el folla­je. Tam­bién se insi­nua­ba su face­ta de edu­ca­do­ra, por lo que el Mono Jojoy ya le había echa­do el ojo.

Unos meses más tar­de la vol­ví a ver. Ya esta­ba en los cam­pa­men­tos del coman­dan­te del Blo­que orien­tal, impar­tien­do cla­ses de inglés a un selec­to gru­po de gue­rri­lle­ros.

–We are FARC, we are the peo­ple army, les hacía repe­tir a sus alum­nos una y otra vez en la muy bien acon­di­cio­na­da aula de cla­ses don­de la encon­tré de nue­vo.

Los días y sus noches pasan, has­ta que Efrén, el coman­dan­te del Fren­te 27 de las FARC y jefe del cam­pa­men­to don­de espe­ro, me anun­cia el 19 de agos­to que debo pre­pa­rar­me, pues den­tro de unas horas veré a Holan­da. El cama­ra­da Jor­ge (Bri­ce­ño) le man­da salu­dos, quién qui­za que le dé una entre­vis­ta, agre­ga Efrén.

El 20 de agos­to empren­do una cor­ta mar­cha al final de la cual des­cu­bro a Ale­xan­dra fun­di­da en el folla­je, mez­cla­da con más de 300 gue­rri­lle­ros que se alis­tan para una solem­ne para­da mili­tar en la que se gra­dua­rán como gue­rri­lle­ros 57 joven­ci­tos recién ingre­sa­dos a las filas de las FARC y –de paso– se ren­di­rá home­na­je a Jaco­bo Are­nas, uno de los fun­da­do­res de esta enig­má­ti­ca y beli­ge­ran­te fuer­za insur­gen­te colom­bia­na.

La cáma­ra ya está encen­di­da y ena­mo­ra­da de Tan­ja cuan­do, de repen­te, entre un den­so túnel de árbo­les, cami­nan­do len­ta­men­te y visi­ble­men­te afec­ta­do por la dia­be­tes y por el paso del tiem­po, hace su entra­da en la esce­na Jor­ge Bri­ce­ño, el jefe del Blo­que orien­tal de las FARC, más cono­ci­do como el Mono Jojoy.

Lo escol­tan su guar­dia per­so­nal y un peque­ño ejér­ci­to de enfer­me­ras, así como su hijo, Che­pe, su anti­gua com­pa­ñe­ra, Shir­ley, su sobri­na Dia­na y el hom­bre encar­ga­do de gra­bar sus pasos, Julián, tam­bién sobrino del más temi­do gue­rre­ro de las FARC y el más ansia­do tro­feo del gobierno de Bogo­tá.

Al ter­mi­nar la para­da mili­tar, des­pués de los him­nos y las aren­gas, salu­do al jefe gue­rri­lle­ro. “Lo feli­ci­to por atre­ver­se a venir has­ta acá. Des­de maña­na podrá entre­vis­tar a Ale­xan­dra”, me anun­cia, al tiem­po que lan­za bro­mas sobre los estra­gos que han hecho la vida y el cán­cer sobre mí.

Le agra­dez­co a Jojoy por per­mi­tir­me lle­gar has­ta sus domi­nios para hacer la his­to­ria de Tan­ja, pero le advier­to que no pien­so irme de allí sin gra­bar una entre­vis­ta con él.

–Hace más de sie­te años que usted no le da una entre­vis­ta a nadie –argu­men­to.

El jefe gue­rri­lle­ro hace un silen­cio que pare­ce eterno antes de con­tes­tar.

–Lo voy a pen­sar, pero mien­tras tan­to dedí­que­se a Holan­da –res­pon­de.

El 25 de agos­to, 27 días antes de que una tor­men­ta de bom­bas aca­be con su vida, ten­go fren­te a mis cáma­ras al Mono Jojoy. Esta es su últi­ma entre­vis­ta a un medio de comu­ni­ca­ción.

Jor­ge Enri­que Bote­ro: Pasa­ron ocho años de Uri­be, tam­bién pasa­ron más de 10 mil dóla­res de Esta­dos Uni­dos y unos 30 mil millo­nes de dóla­res de inver­sión colom­bia­na; dece­nas de miles de sol­da­dos, avio­nes, des­em­bar­cos, bom­bar­deos, recom­pen­sas, infor­man­tes y sin embar­go las FARC siguen ahí… ¿Cómo expli­ca usted esto, coman­dan­te?

Mono Jojoy: Sen­ci­lla­men­te por­que el pue­blo es inven­ci­ble y las cau­sas por las que sur­gi­mos noso­tros están vivas. Con el uri­bis­mo esas cau­sas se han mul­ti­pli­ca­do y eso hace que las FARC cada vez se per­fec­cio­nen más en su par­te polí­ti­ca y mili­tar. Esa es la razón por la cual ni los impe­ria­lis­tas ni la oli­gar­quía colom­bia­na ni Uri­be pue­den derro­tar­nos: por­que somos un pue­blo alza­do en armas.

JEB: ¿Cómo se ha expre­sa­do en el terreno mili­tar ese per­fec­cio­na­mien­to de las FARC al que usted se refie­re?

MJ: En mucha más movi­li­dad, mejor cum­pli­mien­to de la coman­dan­cia en todos los nive­les de la apli­ca­ción tác­ti­ca, ope­ra­cio­nal y estra­té­gi­ca de nues­tra línea, pero tam­bién en la orga­ni­za­ción de las masas, del con­tac­to con el pue­blo. Con­ti­nua­mos avan­zan­do con más fuer­za por­que tene­mos 46 años de exis­ten­cia y vamos para 47. Se acer­can levan­ta­mien­tos popu­la­res. No sólo en Colom­bia, sino en toda Amé­ri­ca, en el mun­do.

JEB: Las FARC venían de un perio­do de casi tres años de diá­lo­gos, de una zona des­pe­ja­da, de poca con­fron­ta­ción con el ejér­ci­to y de repen­te se rom­pen los diá­lo­gos; ¿qué tan duro les dio a uste­des ese trán­si­to de la zona de des­pe­je al Plan Patrio­ta?

MJ: El plan­tea­mien­to polí­ti­co-mili­tar y estra­té­gi­co de las FARC siem­pre ha sido para unas gue­rri­llas móvi­les, un ejér­ci­to de regu­lar. Noso­tros duran­te todo el tiem­po de con­ver­sa­cio­nes tuvi­mos eso muy cla­ro, enton­ces lo que se pro­du­jo fue un aco­pla­mien­to a la nue­va situa­ción. Ade­más, en el gobierno de Andrés Pas­tra­na había cin­co muni­ci­pios des­pe­ja­dos de fuer­za públi­ca, pero en el res­to había con­fron­ta­ción polí­ti­co-mili­tar.

JEB: Coman­dan­te, camino a este lugar don­de esta­mos rea­li­zan­do la entre­vis­ta, tuve la oca­sión de con­ver­sar con muchos gue­rri­lle­ros, que de algu­na mane­ra se sen­tían agra­de­ci­do con la can­ti­dad de entre­na­mien­to, de expe­rien­cia de com­ba­te adqui­ri­da en estos años. ¿Qué cam­bios ve en sus tro­pas?

MJ: Unos man­dos, un per­so­nal de base mucho más cali­fi­ca­do, más polí­ti­co, más tra­ba­ja­dor por la paz de Colom­bia, que ven nece­sa­ria la con­fron­ta­ción mili­tar para poder lle­gar a unas con­ver­sa­cio­nes. Noso­tros no esta­mos hacien­do la gue­rra por la gue­rra, o por­que nos gus­te, es que el Esta­do se inven­tó esta gue­rra y este mis­mo Esta­do con sus diri­gen­tes oli­gar­cas, con los grin­gos, tie­nen que resol­ver­la.

JEB: Hace unos sie­te años, que fue la últi­ma vez que pude entre­vis­tar­lo, usted le pro­nos­ti­ca­ba a un gru­po de pri­sio­ne­ros de gue­rra que con el pre­si­den­te Álva­ro Uri­be no iba a haber nin­gún tipo de acuer­dos, y su pro­nós­ti­co se cum­plió. Qui­sie­ra pre­gun­tar­le: en su opi­nión, ¿para dón­de va la gue­rra, que avi­zo­ra en el futu­ro con la lle­ga­da de Juan Manuel San­tos como nue­vo pre­si­den­te del país?

MJ: San­tos, como con­ti­nua­dor de una polí­ti­ca impe­ria­lis­ta, oli­gár­qui­ca, bus­ca­rá por todos los medios des­truir la lucha del pue­blo colom­biano. Noso­tros, que hace­mos par­te de esa lucha, par­ti­mos de que el pue­blo es inven­ci­ble, enton­ces la gue­rra va para ter­mi­nar­la en una mesa de con­ver­sa­cio­nes resol­vien­do lo que está plan­tea­do en los docu­men­tos de las FARC, de otra mane­ra no hay acuer­dos.

Esto no se ter­mi­na a tiros, ni a bom­bas, ni a misi­la­zos, ni con avio­nes: se ter­mi­na con cabe­za pen­san­te, con polí­ti­cas, resol­vien­do lo que nece­si­ta el pue­blo. Para eso va la gue­rra. Noso­tros humil­de­men­te, con mucha modes­tia, con­ti­nua­mos enfren­tan­do mili­tar­men­te por­que no hay otra sali­da. Es el con­ten­dien­te el que no quie­re hablar. La gue­rra segui­rá mien­tras la oli­gar­quía deci­da man­te­ner­la. No esta­mos de acuer­do con la gue­rra, la hace­mos por­que nos obli­ga­ron, la impu­sie­ron. No hay otra deci­sión, y lo hace­mos con dig­ni­dad.

JEB: Que­dan 19 ofi­cia­les de la fuer­za públi­ca en poder de las FARC. ¿Qué sabe de ellos, cómo están de salud, en qué con­di­cio­nes se encuen­tran, y qué pien­sa que pue­da pasar res­pec­to a su liber­tad?

MJ: Pri­me­ro, el can­je de pri­sio­ne­ros con­ti­núa vigen­te, por­que son plan­tea­mien­tos de las FARC, por eso lucha­mos y el pue­blo colom­biano tie­ne que meter­le mucha ener­gía para sacar a esos sub­ofi­cia­les y ofi­cia­les de la poli­cía y el ejér­ci­to que están en nues­tro poder. Esa es una deci­sión polí­ti­ca. El gobierno ha dicho: los vamos a res­ca­tar por los medios que sean, y en ese orden, ha habi­do unas accio­nes acia­gas, des­gra­cia­das, en las que han teni­do la opor­tu­ni­dad de salir algu­nos, pero eso no indi­ca que todos pue­dan tener éxi­to. El obje­ti­vo es el can­je, y con­ti­nua­mos luchan­do por eso.

JEB: ¿Qué noti­cias tie­ne de los rehe­nes, qué se sabe de su salud?

MJ: Están bas­tan­te aje­trea­dos por la movi­li­dad, por los ope­ra­ti­vos mili­ta­res, por bom­bar­deos que ponen en peli­gro a esa gen­te que luchó por el Esta­do, por la oli­gar­quía colom­bia­na, a la que no les impor­tan un cara­jo. Ellos sola­men­te los man­dan como car­ne de cañón al com­ba­te, don­de mue­ren o que­dan muti­la­dos, sien­do gen­te pobre lo mis­mo que noso­tros. Gen­te del pue­blo.

JEB: Se ha espe­cu­la­do mucho sobre el supues­to ais­la­mien­to total en que se encuen­tran las FARC, inclu­so se han acu­ña­do fra­ses como que uste­des están comien­do raí­ces. Recien­te­men­te se hizo un gran des­plie­gue sobre supues­tas cue­vas don­de usted se encon­tra­ba escon­di­do… se dice que uste­des están des­co­nec­ta­dos del mun­do. ¿Qué tan conec­ta­do al mun­do se sien­te el Mono Jojoy?

MJ: Noso­tros esta­mos conec­ta­dos con el mun­do. Esta­mos infor­ma­dos, y hoy las FARC son cono­ci­das en todas par­tes don­de hay seres huma­nos. ¿Que come­mos raí­ces? Sí, come­mos yuca, come­mos papa, arra­ca­chas, y otras. Esta­mos muy bien, con el mejor esta­do físi­co, por­que somos atle­tas, somos móvi­les y no nos van a ame­dren­tar con nada.

JEB: ¿Qué tan­to hace fal­ta el genio polí­ti­co y mili­tar de Maru­lan­da en las FARC de hoy?

MJ: Lo hemos sen­ti­do en nues­tro ser, todos los gue­rri­lle­ros de las FARC, tan­to el secre­ta­ria­do, el esta­do mayor cen­tral, coman­dan­cias de blo­que, coman­dos con­jun­tos, fren­tes, etcé­te­ra, por­que no hay otro igual.

JEB: ¿Cuál es la polí­ti­ca de fron­te­ra de las FARC?

MJ: La polí­ti­ca de fron­te­ra es de bue­nas rela­cio­nes con los veci­nos, de orga­ni­za­ción de masas, de res­pe­to mutuo, y den­tro de estas polí­ti­cas ha habi­do algu­nas fal­tas por man­dos que no cum­plen a caba­li­dad la orien­ta­ción y hemos teni­do difi­cul­ta­des. Pero de her­man­dad, por­que somos pue­blos boli­va­ria­nos que nos une la liber­tad, la jus­ti­cia y la uni­dad.

La vigen­cia de la lucha arma­da

JEB: ¿Qué le con­tes­ta el Mono Jojoy a quie­nes afir­man que pasó el tiem­po de las armas?

MJ: Cada uno tie­ne su for­ma de pen­sar. Si está pre­si­dien­do un Esta­do, si está de sena­dor de una repú­bli­ca, si está en el poder, tie­ne una for­ma de pen­sar. Noso­tros, que esta­mos en la lucha popu­lar, pen­sa­mos que la lucha arma­da revo­lu­cio­na­ria tie­ne ple­na vigen­cia y por eso los docu­men­tos de las FARC no tie­nen qué refor­mar­les, por­que eso tie­ne que ver con las oli­gar­quías y con los impe­ria­lis­tas. El día que cese la agre­sión con­tra los pue­blos del mun­do, que la oli­gar­quía deje de matar a los colom­bia­nos enton­ces habrá cam­bios en ese orden.

JEB: En la uni­dad suya se desem­pe­ña Ale­xan­dra, la joven holan­de­sa que ingre­só a las FARC en 2002. ¿Cuál es su opi­nión de ella? ¿Cómo inter­pre­ta que una mucha­cha como ella esté en las filas de la gue­rri­lla colom­bia­na?

MJ: Ella es una mujer que lle­gó a Colom­bia por nece­si­da­des de tra­ba­jo, por deseos de cono­cer el mun­do y fue cono­cien­do a las FARC por­que le habla­ban muy mal de las FARC, por­que le decían que las FARC no exis­tían y que éra­mos de lo peor, y nos fue cono­cien­do y se ena­mo­ró de la lucha revo­lu­cio­na­ria a par­tir de las FARC. Lue­go, ella en la vida gue­rri­lle­ra es una extra­or­di­na­ria estu­dian­te que hace todo lo que corres­pon­de a un gue­rri­lle­ro, ha hecho los cur­sos bási­cos, los medios, los gene­ra­les, se desem­pe­ña muy bien y la gen­te la quie­re. Ade­más ya comien­za a diri­gir por­que tie­ne capa­ci­dad. Es una mujer de la que se ha espe­cu­la­do mucho, pero ella es una revo­lu­cio­na­ria euro­pea, es una inter­na­cio­na­lis­ta y a tra­vés de ella pue­den lle­gar muchos más, por­que la explo­ta­ción es mun­dial.

JEB: ¿Cuan­do ella ingre­só y usted la vio pen­só que iba a ser­vir para gue­rri­lle­ra o tuvo sus dudas?

MJ: Al prin­ci­pio, cuan­do nos vimos por pri­me­ra vez, por la expe­rien­cia que se tie­ne, uno dice, esta no aguan­ta, por el com­por­ta­mien­to que hay que tener en el mon­te, por su esta­do físi­co, pero me equi­vo­qué y aho­ra ella anda más que yo.

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