50 años de vio­len­cia redes­cu­bier­ta para una Comi­sión de la Ver­dad – Gara

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No ha hecho fal­ta par­tir de cero, por­que ya había muchas his­to­rias escri­tas. Pero el tra­ba­jo de auzo­lan ha per­mi­ti­do des­cu­brir otras nue­vas o ampliar las ya cono­ci­das. Y es sólo el prin­ci­pio, según resal­ta Eus­kal Memo­ria. Joxean Agi­rre, coor­di­na­dor de «No les bas­tó Ger­ni­ka», apun­ta que «si trans­cu­rri­dos más de 70 años des­de que se ini­cia­ran los crí­me­nes fas­cis­tas de 1936 toda­vía no ha sido posi­ble ela­bo­rar un cen­so com­ple­to de las víc­ti­mas del fran­quis­mo duran­te sus pri­me­ros años, a nadie extra­ña­rá que explo­rar las con­se­cuen­cias del con­flic­to polí­ti­co en el últi­mo medio siglo en Eus­kal Herria entra­ñe difi­cul­ta­des aña­di­das. A pesar de ello, en este tra­ba­jo hace­mos públi­co el mayor cau­dal de infor­ma­ción jamás reco­pi­la­do sobre la repre­sión con­tra la pobla­ción vas­ca entre los años 1960 y 2010».

Los impul­so­res de Eus­kal Memo­ria van recons­tru­yen­do esta reali­dad «dolien­te» en un tra­ba­jo pue­blo a pue­blo, y con la con­vic­ción de que algún día, «no muy lejano», su labor esta­rá sobre la mesa de una Comi­sión de la Ver­dad. Una sín­te­sis de todo el inmen­so mate­rial reco­pi­la­do has­ta aho­ra sobre esos 50 años ‑lue­go ven­drán otros- toma­rá for­ma de libro en las pró­xi­mas fechas, de cara a la Feria de Duran­go, aun­que el obje­ti­vo de la ini­cia­ti­va no es comer­cial, sino social y polí­ti­co: «Para que el fue­go de Ger­ni­ka se extin­ga defi­ni­ti­va­men­te, Eus­kal Herria nece­si­ta la ver­dad».

De hecho, en prin­ci­pio este pri­mer tra­ba­jo no esta­rá en las libre­rías, sino que será entre­ga­do a los pro­mo­to­res de Eus­kal Memo­ria a cam­bio de la cuo­ta anual de 65 euros. Con eso darán un nue­vo impul­so a la bús­que­da de los 6.000 volun­ta­rios que nece­si­tan lograr para desa­rro­llar su labor. Un tra­ba­jo que, según recal­ca el pre­si­den­te de la fun­da­ción, Iña­ki Ega­ña, no bus­ca ali­men­tar un vic­ti­mis­mo, sino cubrir un hue­co gigan­tes­co en la memo­ria del país. Mien­tras otras vio­len­cias como la de ETA están ple­na­men­te docu­men­ta­das, fal­ta­ba que ocu­rrie­ra lo mis­mo con la repre­sión.

En sus más de 1.000 pági­nas, «No les bas­tó Ger­ni­ka» («Ger­ni­ka­ko seme-ala­bak» en eus­ka­ra) reco­ge his­to­rias, datos y aná­li­sis como esta peque­ña mues­tra:

Los pri­me­ros tor­tu­ra­dos de ETA

«Dos jóve­nes de Arra­sa­te, Jon Ozae­ta y Juan José Etxa­be fue­ron los pri­me­ros acti­vis­tas de ETA dete­ni­dos y tor­tu­ra­dos por la Guar­dia Civil. Ocu­rrió en Donos­tia, el 20 de setiem­bre de 1967, y fue­ron atra­pa­dos de una for­ma bas­tan­te can­do­ro­sa: les sor­pren­die­ron cuan­do iban a hacer pin­ta­das en el barrio del Anti­guo, apro­ve­chan­do que Fran­co esta­ba en Donos­tia y que, a la maña­na siguien­te, se cele­bra­ban las rega­tas ‑rela­ta «No les bas­tó Ger­ni­ka»-. Has­ta aquí todo nor­mal: lo cho­can­te es que les sor­pren­die­ran a pun­to de emba­dur­nar con bro­cha las pare­des de la Coman­dan­cia de la Guar­dia Civil».

De Jacin­to Ochoa a «Gatza»

Entre 1938 y 1958, un total de 12.500 vas­cos habían pasa­do por pri­sión en el Esta­do espa­ñol. Quien más tiem­po estu­vo entre rejas fue Jacin­to Ochoa Mar­ti­co­re­na, nava­rro de Uxue. Salió del pre­si­dio de Bur­gos en 1963, indul­ta­do por Fran­co tras la muer­te del Papa Juan XXIII: para enton­ces lle­va­ba 26 años ence­rra­do. Pero esta mar­ca ha sido supe­ra­da con cre­ces en el siglo XXI por otro vas­co: Joxe Mari Sagar­dui, Gatza, de Zor­notza, ha cum­pli­do ya 30 años pre­so. En todo este perio­do, sólo duran­te dos sema­nas no ha habi­do vas­cos pre­sos por moti­vos polí­ti­cos: en diciem­bre de 1977. El últi­mo excar­ce­la­do por la amnis­tía fue Fran Alda­non­do, pero sólo dos sema­nas des­pués entra­ba en pri­sión Xan Mar­gui­rault, acu­sa­do de per­te­ne­cer a Ipa­rre­ta­rrak.

El par­te médi­co de Unai Romano

La ima­gen de Unai Romano Igar­tua al entrar en pri­sión en agos­to de 2001 se ha con­ver­ti­do en un sím­bo­lo de la tor­tu­ra. No sólo la ima­gen lo dice todo, tam­bién el par­te médi­co: «Trau­ma­tis­mo cra­neo­en­ce­fá­li­co en parie­ta­les y occi­pi­tal supe­rior. Hema­to­mas sub­ga­lea­les peri­cra­nea­les. Con­trac­tu­ra cer­vi­cal con movi­li­dad limi­ta­da en un 50% y cer­vi­cal­gia. Hema­to­mas en ambas órbi­tas ocu­la­res con derra­me san­guí­neo sub­con­jun­ti­val en los ángu­los exter­nos. Ede­ma gene­ra­li­za­do lesio­nes en el ros­tro. Que­ma­zón y esca­ra necró­ti­ca en cue­ro cabe­llu­do. Con­tu­sión evo­lu­cio­na­da en la región fron­tal. Cam­bios cro­má­ti­cos en cara y cue­llo». Sin embar­go, en los tri­bu­na­les espa­ño­les no hubo con­de­na, tras pre- sen­tar­se como ver­sión ofi­cial que el joven se dio un gol­pe.

La mira­da de Cres­po Galen­de

«¿Quién podrá resis­tir esa mira­da?». Así titu­ló Alfon­so Sas­tre su refle­xión tras la muer­te del mili­tan­te del PCE ® naci­do en Aban­to, y des­pués de que se difun­die­ra la ima­gen que le mos­tra­ba en ple­na ago­nía, con la mira­da per­di­da en el vacío. Juan José Cres­po Galen­de murió tras 97 días en huel­ga de ham­bre con­tra el tra­to que sufrían en pri­sión él y sus com­pa­ñe­ros. En los últi­mos momen­tos, cuan­do toda­vía podía hablar, envió un salu­do a la cla­se obre­ra vas­ca y pidió un cas­se­te con can­cio­nes vas­cas. Tras com­pro­bar que el líqui­do que bebía esta­ba mani­pu­la­do y tenía vita­mi­nas, deci­dió que «ya ni agua, has­ta el final». «Pese a estar casi en coma, esta­ba cus­to­dia­do por doce­nas de poli­cías ‑narró su com­pa­ñe­ro de lucha Mikel Ruiz-. No sé si me reco­no­ció, por­que no veía ni oía, pero cuan­do le aga­rré la mano, sen­tí que la apre­tó». Suco­ra­zón dejó de latir final­men­te el 19 de junio de 1981 en el Hos­pi­tal Peni­ten­cia­rio.

Morir antes que ser dete­ni­do

Mikel Arras­tia Agi­rre, joven de Ore­re­ta, se esca­pó por la ven­ta­na de su casa en la noche del 29 de junio de 1988, al per­ca­tar­se de que la Guar­dia Civil lo iba a dete­ner. Se des­li­zó por el patio inte­rior y lle­gó a casa de una veci­na tras rom­per el cris­tal. De ahí, con una heri­da en la mano, pasó a refu­giar­se en la mora­da de unos ami­gos. Pero la Guar­dia Civil siguió el ras­tro de la san­gre y lo halló. Cuan­do los uni­for­ma­dos gol­pea­ron la puer­ta, Mikel gri­tó «Gora Eus­ka­di aska­tu­ta» y se lan­zó por la ven­ta­na. Falle­ció media hora des­pués de ingre­sar en el Hos­pi­tal de Donos­tia.

¿Quién aca­bó con «Txi­rri­ta»?

24 de abril de 1976. Cua­tro miem­bros de ETA p‑m. son cer­ca­dos por la Guar­dia Civil en Etxa­lar. Dos logran esca­par y otros dos que­dan heri­dos: Iña­ki Her­nán­dez y José Ber­nar­do Bidao­la Txi­rri­ta. Pero sólo se hace públi­co el arres­to del pri­me­ro. Duran­te casi un mes, Txi­rri­ta se con­vier­te en el pri­mer des­apa­re­ci­do del pos­fran­quis­mo. El 28 de mayo, más de un mes des­pués, este joven de Lizar­tza apa­re­ce­ría muer­to en una zona ya pei­na­da en sema­nas ante­rio­res. ETA afir­ma­ría que había muer­to en el cuar­tel de Iru­ñea. La Guar­dia Civil, que se había sui­ci­da­do, aun­que el infor­me foren­se con­fir­mó que sólo tenía un tiro en la pier­na.

Car­ga masi­va en la cár­cel de Soria

La cár­cel de Soria fue esce­na­rio de uno de los ata­ques más duros a los pre­sos polí­ti­cos vas­cos. La ten­sión allí era paten­te por la pre­sen­cia habi­tual de una com­pa­ñía poli­cial den­tro del pre­si­dio, res­pon­di­da con has­ta ocho huel­gas de ham­bre de los vas­cos. El 13 de junio de 1980, la lla­ma­da Com­pa­ñía Espe­cial de la Reser­va irrum­pió en la cuar­ta gale­ría para regis­trar las cel­das. La res­pues­ta a la pro­vo­ca­ción deri­vó en una car­ga masi­va: 21 pre­sos fue­ron aten­di­dos por gol­pes, y varios de ellos hos­pi­ta­li­za­dos por porra­zos y pelo­ta­zos de goma, al gri­to de «Bata­llón Vas­co-Espa­ñol, la úni­ca solu­ción» o «Esto es amnis­tía».

Tirar a boca­ja­rro en Iru­ñea

A media­dos de los años 90, los enfren­ta­mien­tos entre jóve­nes y poli­cías se suce­dían en Alde Zaha­rra de Iru­ñea. Ape­nas un año antes, allí mis­mo había muer­to de un tiro en la espal­da el mili­tan­te de ETA Mikel Cas­ti­llo. Este modo de hacer se gene­ra­li­zó des­pués fren­te a los jóve­nes mani­fes­tan­tes. En la noche del 14 de diciem­bre de 1991, Mikel Iri­ba­rren, de 18 años, que­da­ba al bor­de de la muer­te por un bote de humo lan­za­do a boca­ja­rro. El 22 de mayo de 1993, el joven de Ata­rra­bia Txu­ma Ola­ba­rri caía en coma ful­mi­na­do por un pelo­ta­zo, y sufría tam­bién secue­las cere­bra­les per­ma­nen­tes. En la mis­ma épo­ca fue­ron hos­pi­ta­li­za­dos por agre­sio­nes simi­la­res los jóve­nes Mikel Ayen­sa, Juantxo Moli­na, César Pérez, o Josu Cami­nos, de 53 años. Y un jubi­la­do de 77 murió al entrar un bote de humo en su casa, en la calle Mer­ca­de­res.

La Sal­ve, doce años de masa­cres

En Donos­tia, las car­gas se suce­die­ron año a año en ple­nas fies­tas de agos­to. El tra­yec­to de las ins­ti­tu­cio­nes des­de el Ayun­ta­mien­to a la igle­sia de San­ta María fue una bata­lla cam­pal duran­te doce años, des­de 1983 a 1994, pri­me­ro con pro­ta­go­nis­mo de la Poli­cía espa­ño­la y lue­go de la Ertzain­tza. Se cal­cu­la que en todos estos años se regis­tra­ron en torno a 350 heri­dos por los cuer­pos poli­cia­les, tres de ellos de bala en 1989.

Lesio­na­do de por vida a los 16 años

Ya en 1965, un vecino de Usur­bil había resul­ta­do gra­ve­men­te heri­do por car­gas poli­cia­les en Donos­tia. Juan Mar­ti­ja Maka­za­ga tenía enton­ces 16 años, y fue gol­pea­do sin cle­men­cia por los «gri­ses», tam­bién jun­to a la igle­sia de San­ta María. «Hecho tri­zas, lo intro­du­je­ron en una chu­rre­ría cer­ca­na, sin aten­der­lo médi­ca­men­te». Dos años des­pués se le diag­nos­ti­có una artri­tis reu­ma­toi­de que le pro­vo­có coje­ra y semi-inva­li­dez cró­ni­ca. Casos como éste y más gra­ves se cuen­tan por dece­nas en el tra­ba­jo rea­li­za­do por Eus­kal Memo­ria sobre estos 50 años.

La sin­ce­ri­dad de Cas­si­ne­llo

Duran­te el jui­cio por el secues­tro y muer­te de Joxean Lasa y Joxi Zaba­la, en los pasi­llos era habi­tual la pre­sen­cia del tenien­te gene­ral Andrés Cas­si­ne­llo, el hom­bre que diri­gió los ser­vi­cios secre­tos espa­ño­les en la «tran­si­ción» y el Ser­vi­cio de Infor­ma­ción de la Guar­dia Civil poco des­pués. En una entre­vis­ta con­ce­di­da en 1984 se le pre­gun­tó si él era el jefe de los GAL, según se había publi­ca­do, y su res­pues­ta fue: «Fíja­te, si fue­ra ver­dad y tú lo hubie­ras des­cu­bier­to, tu vida val­dría sólo dos pese­tas». En 1985, en un con­gre­so, dijo que pre­fe­ría «la gue­rra a la inde­pen­den­cia de Eus­ka­di», y citó los GAL como «una cam­pa­ña ima­gi­na­ti­va, con­du­ci­da con éxi­to».

Porra­zos con­tra un fére­tro

Jose­ba Asen­sio apa­re­ció muer­to en su cel­da de Herre­ra de la Man­cha en 1986. Su fami­lia denun­cia­ría des­pués que una infec­ción había redu­ci­do uno de sus pul­mo­nes «al tama­ño de una nuez. ¿Eso no se ve?». Pero el dolor de fami­lia­res y ami­gos toda­vía se iba a ver acre­cen­ta­do. Al lle­gar el fére­tro a Bil­bo, a la altu­ra de la calle Erci­lla, la Poli­cía car­gó con­tra el fur­gón, hirien­do a unas 30 per­so­nas, inclui­dos los fami­lia­res que lle­va- ban el cuer­po del pre­so. Los uni­for­ma­dos se lle­va­ron el fére­tro al cemen­te­rio de Derio. Años des­pués, se repe­ti­ría con la lle­ga­da de los res­tos de Lasa y Zaba­la al aero­puer­to de Hon­da­rri­bia y al cam­po­san­to de Tolo­sa.

«Itzia­rren semea» en el corre­dor

Se lla­ma­ba Ando­ni Arri­za­ba­la­ga y era de Onda­rroa, pero la can­ción lo rebau­ti­zó para la his­to­ria como «Itzia­rren semea». Sufrió tor­tu­ras en 1969 en los cuar­te­li­llos de su pue­blo, Zarautz y Donos­tia, duran­te lar­gas sema­nas. Lue­go fue con­de­na­do a muer­te en un Con­se­jo de Gue­rra en Bur­gos en 1969. «Cuan­do me lo comu­ni­có el abo­ga­do, fui yo quien tuvo que tran­qui­li­zar­le a él», expli­ca­ba des­pués. La pena capi­tal que­dó con­mu­ta­da, pero del «corre­dor de la muer­te» pasó al penal de Puer­to de San­ta María (Cádiz), don­de estu­vo has­ta abril de 1977.

Muer­to por el jui­cio de Bur­gos

La res­pues­ta en Eus­kal Herria y el ámbi­to inter­na­cio­nal con­tra el pro­ce­so de Bur­gos es muy cono­ci­da, pero no tan­to que las pro­tes­tas deja­ron una víc­ti­ma mor­tal. Gipuz­koa fue el terri­to­rio más con­vul­sio­na­do por el jui­cio mili­tar, y las movi­li­za­cio­nes con­clu­ye­ron con cua­tro heri­dos de bala por la Guar­dia Civil y la Poli­cía Arma­da. Un joven de Eibar, Rober­to Pérez Jau­re­gi, mori­ría el 8 de diciem­bre por las heri­das pro­du­ci­das cua­tro días antes. Ocu­rrió en el mon­te, sin tes­ti­gos. Los médi­cos habla­ron de un dis­pa­ro a boca­ja­rro. La Poli­cía sólo per­mi­tió a la fami­lia lle­gar al cemen­te­rio para des­pe­dir­lo.

400 dete­ni­dos sólo en Onda­rroa

Ade­más de his­to­rias, Eus­kal Memo­ria ha reco­pi­la­do tes­ti­mo­nios, esta­dís­ti­cas, aná­li­sis y datos, muchas veces reca­ba­dos ya antes en los pue­blos por ini­cia­ti­va colec­ti­va. Uno de los más sig­ni­fi­ca­ti­vos lle­ga de Onda­rroa, don­de se han cer­ti­fi­ca­do has­ta 400 deten­cio­nes por moti­vos polí­ti­cos duran­te estos 50 años, para una pobla­ción que ape­nas supera los 8.000 habi­tan­tes. El his­to­ria­dor Iña­ki Ega­ña tra­za una com­pa­ra­ción con Méxi­co, por tomar una refe­ren­cia: mien­tras en aquel país la tasa de pre­sos por moti­vos polí­ti­cos sobre el total de pobla­ción es de 0,4 por 100.000 habi­tan­tes, en Eus­kal Herria se ele­va a 25. «O somos la reen­car­na­ción de Luci­fer o el défi­cit demo­crá­ti­co espa­ñol es espec­ta­cu­lar», con­clu­ye.

La cara soli­da­ri­dad con los vas­cos

En 1972, en apo­yo a refu­gia­dos vas­cos, un joven de ascen­den­cia viet­na­mi­ta con­su­mó su ame­na­za y se inmo­ló en Bia­rritz. Otro tan­to hizo un ciu­da­dano fran­cés en 1975 ante el Con­su­la­do espa­ñol en Pau, en pro­tes­ta por los jui­cios con­tra los vas­cos que deri­va­ron en fusi­la­mien­tos. En 1976, un vian­dan­te murió en Roma por dis­pa­ros poli­cia­les en la pro­tes­ta por la matan­za de Gas­teiz. Y en 1994, Fer­nan­do Morro­ni y Rober­to Facal falle­cie­ron en Mon­te­vi­deo, tam­bién por defen­der a los refu­gia­dos vas­cos.

dete­ni­dos

bajo la acu­sa­ción de kale borro­ka se han cata­lo­ga­do sólo entre 1992 y 2007. El 45,5% de ellos tenía entre 19 y 22 años. Y la Ertzain­tza ha rea­li­za­do casi el 40% de estos arres­tos.

85 falle­ci­dos por accio­nes de gue­rra sucia ha reco­pi­la­do Eus­kal Memo­ria entre 1975 y 2009: 34 de ellos se atri­bu­yen al BVE y 27 al GAL. Más de la mitad de los crí­me­nes tuvie­ron lugar entre 1980 y 1984.

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