La cri­sis y el fin de Bret­ton Woods II.

La asam­blea anual del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI) con­clu­yó con la per­sis­ten­cia de des­acuer­dos bási­cos, que son un mal pre­sa­gio. Nin­gu­na de las difi­cul­ta­des fun­da­men­ta­les de la eco­no­mía mun­dial pudo resol­ver­se en estos días. La gue­rra de las divi­sas está a la vuel­ta de la esqui­na y los peo­res días de la cri­sis podrían estar de regre­so en unos meses. Has­ta se dice que 2008 podría ser un día de cam­po, com­pa­ra­do con lo que vie­ne en 2011.

En Washing­ton nadie espe­ra­ba mila­gros. Des­pués de todo, el FMI per­dió la brú­ju­la des­de el 15 de agos­to de 1971. Ese día Nixon orde­nó cerrar la ven­ta­ni­lla de com­pra-ven­ta de oro y ter­mi­nó el mun­do de los tipos de cam­bio fijos para el que fue crea­do el FMI en la con­fe­ren­cia de Bret­ton Woods en 1944. Al cabo de unos años, el Fon­do rede­fi­nió su misión como pro­mo­tor de la libe­ra­li­za­ción finan­cie­ra a esca­la glo­bal. Y en este nue­vo papel pudo pre­si­dir sobre una lar­ga lis­ta de cri­sis finan­cie­ras, cada vez más fre­cuen­tes y pro­fun­das. Como se sabe, en nume­ro­sos casos la medi­ci­na rece­ta­da por el FMI resul­tó peor que la enfermedad.

Poco a poco se fue con­so­li­dan­do un sis­te­ma que reci­bió en los años noven­ta el nom­bre de Bret­ton Woods II. Al igual que antes, el dólar seguía sien­do el refe­ren­te mone­ta­rio en la eco­no­mía mun­dial, pero en el nue­vo esque­ma, Esta­dos Uni­dos man­te­nía una posi­ción de con­su­mi­dor en últi­ma ins­tan­cia y era sub­si­dia­do por Chi­na y los paí­ses expor­ta­do­res de petró­leo intere­sa­dos en man­te­ner su pro­pio tren de expor­ta­cio­nes. Mien­tras hubo cre­ci­mien­to, las cosas mar­cha­ron más o menos de mane­ra esta­ble. Cla­ro, los gigan­tes­cos des­equi­li­brios se fue­ron acu­mu­lan­do y adop­ta­ron la for­ma de un astro­nó­mi­co défi­cit en las cuen­tas exter­nas de Esta­dos Uni­dos y su dual, las gigan­tes­cas reser­vas del ban­co cen­tral en China.

Este esque­ma podía durar mien­tras las tasas de cre­ci­mien­to hicie­ran pen­sar a todos que el por­ve­nir era bri­llan­te y siem­pre lo sería. Pero ese tipo de expec­ta­ti­vas ter­mi­nan por ser des­men­ti­das por la dura reali­dad. Siem­pre se supo que Bret­ton Woods II era un sis­te­ma insos­te­ni­ble y que ter­mi­na­ría por reven­tar. Pero mien­tras dura el car­na­val, nadie se preo­cu­pa por la cru­da del día siguiente.

Al esta­llar la cri­sis, el cono­ci­do dile­ma de Trif­fin se mani­fes­tó con una cla­ri­dad des­lum­bran­te. El des­plo­me en la deman­da efec­ti­va en Esta­dos Uni­dos dejó un vacío que había que lle­nar. El caos en el sec­tor finan­cie­ro impo­si­bi­li­tó a los ban­cos esta­du­ni­den­ses fun­gir como inter­me­dia­rios entre el aho­rro y el con­su­mo, y el gobierno tuvo que entrar al qui­te con sus estí­mu­los fis­ca­les y res­ca­tes de las hipo­te­ca­rias semioficiales.

Pero el estí­mu­lo fis­cal y la inyec­ción de la Reser­va Fede­ral de más de un billón (cas­te­llano) de dóla­res para adqui­rir bonos del Teso­ro ter­mi­na­ron por sacu­dir al mun­do ente­ro. Para col­mo, aun­que el estí­mu­lo fis­cal per­mi­tió una espe­cie de recu­pe­ra­ción, resul­tó insu­fi­cien­te. En lugar de man­te­ner­lo y aumen­tar su volu­men, la cla­se polí­ti­ca esta­du­ni­den­se deja­rá que expi­re este oto­ño. La polí­ti­ca mone­ta­ria, en su esque­ma de fle­xi­bi­li­za­ción cuan­ti­ta­ti­va, segui­rá inyec­tan­do liqui­dez a un sis­te­ma que per­ma­ne­ce estan­ca­do y con altas tasas de des­em­pleo. Enci­ma de todo, la pér­di­da de valor del dólar no fue sufi­cien­te para corre­gir el défi­cit comercial.

Hoy las prin­ci­pa­les eco­no­mías del mun­do están a pun­to de sufrir una recaí­da de pro­por­cio­nes alar­man­tes. En Esta­dos Uni­dos el sis­te­ma ban­ca­rio no aca­ba de dige­rir el desas­tre del sec­tor hipo­te­ca­rio. El incre­men­to en los cos­tos de ope­ra­ción de los ban­cos debi­do a la eje­cu­ción de hipo­te­cas ven­ci­das es la peor ame­na­za del sec­tor ban­ca­rio. Esta es la cica­triz que deja­rán las hipo­te­cas sub­pri­me en los esta­dos finan­cie­ros de los ban­cos. Lo impor­tan­te es que para un ban­co con pro­ble­mas en la línea de flo­ta­ción, el incre­men­to en los gas­tos de ope­ra­ción pue­de ser el tiro de gracia.

Euro­pa está ame­na­za­da por el regre­so a la aus­te­ri­dad fis­cal de su absur­do Tra­ta­do de Maas­tricht y Japón por­que, en el fon­do, nun­ca superó la cri­sis de los años noven­ta. La rece­sión en for­ma de W para la eco­no­mía glo­bal es casi inevi­ta­ble. Para las lla­ma­das eco­no­mías emer­gen­tes el pro­ble­ma se agra­va por­que sus expor­ta­cio­nes se verán afectadas.

Los des­equi­li­brios acu­mu­la­dos en los últi­mos 20 años tocan a la puer­ta hoy para recla­mar aten­ción. A Chi­na se le exi­ge dis­ci­pli­na cam­bia­ria y mayor énfa­sis en la deman­da inter­na. Pero la per­cep­ción en Pekín es que el gigan­te asiá­ti­co no pue­de dar­se el lujo de per­der com­pe­ti­ti­vi­dad en los mer­ca­dos inter­na­cio­na­les. Eso suce­de­ría si aumen­tan sus cos­tos labo­ra­les y se per­mi­te la apre­cia­ción del ren­min­bi. Por eso Chi­na recla­ma a su vez dis­ci­pli­na mone­ta­ria al país que emi­te los pape­li­tos ver­des, que otro­ra fue­ron la pie­dra de toque del sis­te­ma mone­ta­rio internacional.

Es la ter­mi­na­ción del sis­te­ma de Bret­ton Woods II. No será un final tran­qui­lo. Y sí, 2011 pue­de muy bien ser el peor año de la crisis.

Ale­jan­do Nadal.

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