La polí­ti­ca y los sue­ños – Alfon­so Sas­tre

Estoy tra­tan­do de seguir últi­ma­men­te, aun­que sea a cier­ta dis­tan­cia, los acon­te­ci­mien­tos polí­ti­cos coti­dia­nos en nues­tra vida, que duran­te estas pasa­das sema­nas han sido impor­tan­tes y abun­dan­tes en suge­ren­cias para ali­men­tar un «pen­sa­mien­to en for­ma», o sea, «a la altu­ra de los tiem­pos»; y tomo estas feli­ces expre­sio­nes de un filó­so­fo que no es san­to de mi devo­ción pero que tuvo ideas muy acer­ta­das en muchos momen­tos de su vida. Me refie­ro a José Orte­ga y Gas­set.

Duran­te estas sema­nas ha ido toman­do cuer­po la idea, a la que yo he tra­ta­do de con­tri­buir con mis esca­sas fuer­zas, de si será posi­ble poner en mar­cha un futu­ro pre­vi­si­ble para Eus­kal Herria en tér­mi­nos de inde­pen­den­cia, no remi­ti­do ad calen­das grae­cas.

La ver­dad es que la pala­bra «inde­pen­den­cia» se dice muy fácil­men­te por­que el papel y los demás medios actua­les lo admi­ten todo, pero es de muy difí­cil rea­li­za­ción, que a veces pare­ce qui­mé­ri­ca y que siem­pre es rela­ti­va, por otra par­te. ¿Habrá que bajar a la reali­dad? ¿No se pue­de ‑o ¿cómo se pue­de?- subir des­de ella? ¿Esta­mos «fan­ta­sean­do» sobre el futu­ro, soñán­do­lo sin otra pers­pec­ti­va que des­per­tar de ese sue­ño? ¿O tra­ba­jan­do ese futu­ro en nues­tra «ima­gi­na­ción dia­léc­ti­ca», que es cosa muy dife­ren­te? Yo he publi­ca­do ya miles de pági­nas en las que he pro­cu­ra­do dis­tin­guir la ima­gi­na­ción de la fan­ta­sía, y hace años lan­cé, por lo que veo en el vacío, o en un semi­va­cío, la hipó­te­sis cien­tí­fi­ca de los tres nive­les de la ima­gi­na­ción y de la supera­ción de las super­fi­cia­les anti­no­mias que opo­nen, en la vida coti­dia­na, la reali­dad, la ver­dad y la razón, por un lado, y la ima­gi­na­ción y la uto­pía por otro. Cuan­do lo cier­to es que la ima­gi­na­ción pue­de des­cu­brir vir­tual­men­te al menos una par­te de lo que ha de ser la reali­dad futu­ra, la cual será lo que lle­gue a ser en fun­ción ‑entre otras varia­bles- de lo que vaya­mos hacien­do noso­tros cada día, dado que el ser humano es un «ani­mal ima­gi­nan­te» capaz de pre­fi­gu­rar, al menos en par­te y de algún modo, lo que ha de ocu­rrir en el futu­ro y, des­de lue­go, en su pro­pio futu­ro, y de con­tri­buir a ello con su prác­ti­ca social y polí­ti­ca, que es lo que esta­mos tra­tan­do de decir.

Pues y soñar? ¿En qué con­sis­te? ¿Con­sis­te en «sen­tar­se a soñar»? ¿Es eso lo que hacen los nove­lis­tas de «cien­cia fic­ción»? Algu­nos sí, ¿pero tam­bién aque­llos a quie­nes alguien ha lla­ma­do «soña­do­res exper­tos»? ¿O estos «soña­do­res exper­tos» for­man ya par­te, aun­que no de modo aca­dé­mi­co, de lo que hemos lla­ma­do ya varias veces «cáte­dras de futu­ro»? Por ejem­plo, en el libro «Ensa­yan­do el futu­ro», obra que, con «Ima­gi­na­ción, retó­ri­ca y uto­pía» y otros tra­ba­jos míos podría lle­gar a for­mar par­te de una ver­da­de­ra cien­cia lite­ra­ria de la anti­ci­pa­ción, a la que se han apro­xi­ma­do tan­tos escri­to­res, empe­zan­do por pre­cur­so­res de este géne­ro como Edgar Allan Poe, y siguien­do con los mejo­res nove­lis­tas de ese cam­po lite­ra­rio, tales como Julio Ver­ne y H. G. Wells o el «Capi­tán Sirius» (Jesús de Ara­gón) y el «Coro­nel Igno­tus» (José de Elo­la), ambos espa­ño­les por cier­to, y lle­gan­do por muchos veri­cue­tos y con muchos nom­bres has­ta nues­tros días, en los que se han pro­du­ci­do toda­vía gran­des obras maes­tras de este géne­ro, tan­tas veces des­de­ña­do o minus­va­lo­ra­do.

En cuan­to a la Polí­ti­ca, tal como hoy la ejer­ce la mayo­ría de quie­nes la prac­ti­can pro­fe­sio­nal­men­te, es una acti­vi­dad degra­da­da, en la que el sue­ño se redu­ce a un pro­yec­to de enri­que­ci­mien­to y/​o pode­río de sus pro­fe­sio­na­les, cuya prác­ti­ca está basa­da en la hipo­cre­sía y en la men­ti­ra y en la ausen­cia de una voca­ción al ser­vi­cio de la defen­sa de la Huma­ni­dad.

Pero no siem­pre ha sido así, sino que, todo lo con­tra­rio, los gran­des polí­ti­cos de la his­to­ria fue­ron, en gran par­te, gran­des huma­nis­tas, poe­tas y revo­lu­cio­na­rios que ejer­cie­ron su tra­ba­jo ‑y hoy mis­mo están ejer­cién­do­lo quie­nes son así- para la mag­na tarea de la libe­ra­ción de sus pue­blos y de la cla­se tra­ba­ja­do­ra.

Es decir, que bajo el tér­mino «Polí­ti­ca» se mue­ven dos espe­cies huma­nas muy dife­ren­tes e inclu­so opues­tas. Sea­mos auda­ces y diga­mos noso­tros tan sólo nue­ve nom­bres de gran­des polí­ti­cos del siglo XX ante quie­nes no pue­de uno hacer otra cosa que qui­tar­se la gorra: Rosa Luxem­bur­go, Emma Gold­man, Dolo­res Iba­rru­ri, Ho Chi Minh, Fidel Cas­tro, Ernes­to Che Gue­va­ra, Nel­son Man­de­la, Ulri­ke Meinhoff y Sal­va­dor Allen­de.

Soña­do­res exper­tos, polí­ti­cos soña­do­res… ¿Qué esta­mos dicien­do? ¿Que hay que soñar para vivir en un nivel humano (cita de Eva Forest)? Estas pre­gun­tas nos con­du­cen hoy inevi­ta­ble­men­te al gran magis­te­rio de Vla­di­mi­ro Ilich Lenin, que ya fue recor­da­do elo­cuen­te­men­te por Ati­lio A. Boron en el sus­tan­cial estu­dio intro­duc­to­rio a su edi­ción de «¿Qué hacer?» de Lenin, en el que rei­vin­di­có la actua­li­dad de aquel polí­ti­co (tan mal­tra­ta­do por los ava­ta­res del sta­li­nis­mo); tan cita­do siem­pre y tan poco leí­do al mis­mo tiem­po. Boron (2004) se ade­lan­tó, con su edi­ción, al movi­mien­to gene­ra­do des­pués, por ejem­plo, con la publi­ca­ción que Akal aca­ba de sacar a luz en Espa­ña (2010) de «Lenin reac­ti­va­do: Hacia una polí­ti­ca de la ver­dad». Yo no voy a entrar aquí en este tema; tan sólo lo haré en el área del «sue­ño», a la que ‑aun­que este dato sea poco cono­ci­do- Lenin, tan prag­má­ti­co él, tam­bién per­te­ne­ce y lo mani­fes­tó de un modo muy diver­ti­do -¿Lenin, diver­ti­do? ¿Otro des­cu­bri­mien­to?- cuan­do se plan­teó la cues­tión de qué hacer; y resul­tó que algo que había que hacer, según Lenin, era soñar.

Efec­ti­va­men­te, no muchos lec­to­res de la lite­ra­tu­ra revo­lu­cio­na­ria cuen­tan hoy a Vla­di­mi­ro Illich entre los polí­ti­cos soña­do­res, pero el tema apa­re­ce níti­do en un pasa­je en el que el autor, pare­ce que inad­ver­ti­da­men­te, ima­gi­na «unos anda­mios de un edi­fi­cio común de orga­ni­za­ción» por los que ascen­de­rían y se des­ta­ca­rían los cama­ra­das que «se pon­drían a la cabe­za del ejér­ci­to movi­li­za­do y levan­ta­rían a todo el pue­blo para aca­bar con la igno­mi­nia y la mal­di­ción de Rusia», para con­cluir con la excla­ma­ción: «¡En esto es en lo que hay que soñar!».

Hay a con­ti­nua­ción, en este pasa­je del libro, tres aste­ris­cos que mar­can una pau­sa que se diría paté­ti­ca, dado lo que vie­ne a con­ti­nua­ción, que es así: «¡Hay que soñar! He escri­to estas pala­bras y me he asus­ta­do». Se asus­tó por­que ima­gi­nó, con un esca­lo­frío, las «pre­gun­tas ame­na­za­do­ras» que iba a sufrir de sus com­pa­ñe­ros, entre ellas la de Mar­ti­nov, a quien ima­gi­nó dicién­do­le que hay que pre­gun­tar­se «si en gene­ral un mar­xis­ta tie­ne dere­cho a soñar». Él se arro­pó enton­ces en otro com­pa­ñe­ro, Pisa­rev. No vamos a con­tar­lo aquí. Léa­se el libro; es muy intere­san­te. ¡Aquel sue­ño bol­che­vi­que! Nadie podrá olvi­dar aque­lla lla­ma, aque­lla chis­pa, aquel fue­go, aquel sue­ño, aque­lla espe­ran­za, que hoy se renue­va sobre las ceni­zas de la famo­sa y filo­só­fi­ca­men­te ridí­cu­la «pos­mo­der­ni­dad».

Final con una nota tris­te. Recien­te­men­te hemos asis­ti­do al peno­so epi­so­dio de que alguien a quien hemos admi­ra­do mucho y no que­re­mos dejar de admi­rar como un polí­ti­co de los gran­des sue­ños, al ser­vi­cio de la ver­dad, de la liber­tad y de la jus­ti­cia, Hugo Chá­vez, ha insul­ta­do gra­ve­men­te a dos dete­ni­dos vas­cos que esta­ban en manos de la Guar­dia Civil Espa­ño­la, mos­tran­do en sus pala­bras o una gran igno­ran­cia o un peno­so ser­vi­lis­mo al «Rei­no de Espa­ña», esta­ble­ci­do, como todo el mun­do sabe, por quien fue el dic­ta­dor Fran­cis­co Fran­co, de infaus­ta memo­ria.

Según la «filo­so­fía» hoy vigen­te en este Rei­no, quie­nes nos hemos mani­fes­ta­do siem­pre y segui­mos hacién­do­lo aho­ra a favor de la sobe­ra­nía de los pue­blos ‑en este caso de Eus­kal Herria- somos «par­te de ETA», y yo me temo, des­pués de oír las lamen­ta­bles pala­bras del pre­si­den­te de Vene­zue­la, que para él yo tam­bién soy «un san­gui­na­rio cri­mi­nal». ¡Qué pena! ¡Qué pena!

Aquí en Eus­kal Herria vamos a seguir, pese a todo, tra­ba­jan­do por la paz, arro­pa­dos por muy gran­des y hones­tas per­so­na­li­da­des, como las que fir­ma­ron la Decla­ra­ción de Bru­se­las del 29 del pasa­do mes de mar­zo y que aho­ra aca­ban de mani­fes­tar, por medio de su por­ta­voz Brian Currin, su dis­po­si­ción a con­tri­buir a que la sus­pen­sión del fue­go recien­te­men­te decla­ra­da por ETA (Eus­ka­di Ta Aska­tau­na) sea, efec­ti­va­men­te, per­ma­nen­te y veri­fi­ca­ble. Sin más que decir­le, señor pre­si­den­te, adiós.

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