«La gue­rra mone­ta­ria» es una decla­ra­ción de default-Pren­sa obre­ra-La haine.

El Ins­ti­tu­to nor­te­ame­ri­cano de Esta­dís­ti­ca es menos afor­tu­na­do que el IndeK: bas­tó que decla­ra­ra fina­li­za­da la rece­sión en Esta­dos Uni­dos, hace un par de sema­nas, para que un minis­tro bra­si­le­ño pre­fi­rió cali­fi­car de “gue­rra mone­ta­ria”. Esto ocu­rre cuan­do la cri­sis mun­dial ha ingre­sa­do en su cuar­to año –des­de el mar­tes negro de julio de 2007. La exten­sión en el tiem­po, que se suma a pers­pec­ti­vas aún más ago­re­ras, está expre­san­do un colap­so en las rela­cio­nes socia­les capi­ta­lis­tas, las que no se han podi­do reajus­tar ni auto­má­ti­ca ni polí­ti­ca­men­te (se han des-ajus­ta­do toda­vía más), a pesar de la maci­za inter­ven­ción de los gobier­nos y ban­cos centrales.

Por eso, ella tie­ne ya tam­bién un carác­ter polí­ti­co catas­tró­fi­co, como lo mues­tran las cri­sis de los gobier­nos euro­peos y el fra­ca­so sin ate­nuan­tes de la reu­nión del FMI de hace diez días. “La metás­ta­sis de la cri­sis capi­ta­lis­ta mun­dial”, el títu­lo de un artícu­lo ante­rior de nues­tra auto­ría (PO Nº 1.106, 29/​10/​09, http://​www​.lahai​ne​.org/​i​n​d​e​x​.​p​h​p​?​p​=​4​0​989 ) des­cri­bía la inevi­ta­bi­li­dad de lo que aho­ra es el titu­lar de los dia­rios y agen­cias de noti­cias (lo que está ocu­rrien­do por estos días es una metás­ta­sis de la cri­sis que deto­nó hace más de tres años).

La cola del perro

Los pro­ta­go­nis­tas del nue­vo esta­lli­do han sido los de siem­pre: los fon­dos finan­cie­ros. Una vez más, el capi­tal se muer­de la cola y es el prin­ci­pal agen­te de la diso­lu­ción del capi­ta­lis­mo. En efec­to, como ocu­rrió hace poco con la cri­sis de Gre­cia, cuan­do esos fon­dos comen­za­ron a apos­tar al default de su deu­da sobe­ra­na y a un des­man­te­la­mien­to par­cial de la zona euro, aho­ra han hecho lo mis­mo, pero con las monedas.

A media­dos de julio, los mer­ca­dos de cam­bios regis­tra­ron un incre­men­to brus­co de los mon­tos nego­cia­dos: de 2,6 billo­nes de dóla­res dia­rios a más de 4 billo­nes. La inten­si­dad de la espe­cu­la­ción que­da­ba de mani­fies­to por otro dato: la com­pra-ven­ta de mone­das se hace con una inver­sión esca­sa, 2% –el espe­cu­la­dor se endeu­da por dos, a un inte­rés de casi cero, y com­pra­ba divi­sas por cin­cuen­ta, con la expec­ta­ti­va de hacer una dife­ren­cia con la vola­ti­li­dad de las mone­das (deva­lua­cio­nes-reva­lua­cio­nes). El cam­bio de mone­das que se hace median­te endeu­da­mien­to está valua­do en un billón de dóla­res. Cual­quier cam­bio en las con­di­cio­nes de esta espe­cu­la­ción, como alzas en las tasas de intere­ses o rever­sión del valor de las mone­das, pro­vo­ca­ría quie­bras del tama­ño de las que ame­na­za­ron con una depre­sión mun­dial a fines de 2008.

Japón

La pri­me­ra divi­sa afec­ta­da por esta espe­cu­la­ción fue el yen de Japón, que se reva­lo­ri­zó a nive­les sin pre­ce­den­tes –82 yenes por dólar (antes de la cri­sis coti­za­ba en alre­de­dor de 100 yenes por un dólar). El gobierno nipón advir­tió enton­ces que más allá de este nivel sal­dría a ven­der yenes en for­ma masi­va, por­que esa reva­lo­ri­za­ción pena­li­za­ba sus expor­ta­cio­nes. La ame­na­za se hizo ense­gui­da reali­dad con una liqui­da­ción de 20 mil millo­nes de dóla­res en un solo día. En el medio, cla­ro, había ocu­rri­do algo ‘sinies­tro’: el Ban­co Cen­tral de Chi­na se había suma­do a la apues­ta a la suba del yen median­te la com­pra de títu­los públi­cos japo­ne­ses; aun­que la suma era módi­ca (6 mil millo­nes de dóla­res), indi­ca­ba que Chi­na bus­ca­ba deva­luar su mone­da con­tra la japo­ne­sa para favo­re­cer sus expor­ta­cio­nes a Japón y pena­li­zar las de ésta a China.

Japón tie­ne el dudo­so honor de poseer la mayor deu­da públi­ca del mun­do: 15 billo­nes de dóla­res, un 300% en rela­ción al PBI. Chi­na, por su lado, no admi­te que su deu­da públi­ca pue­da ser com­pra­da por los ban­cos cen­tra­les extran­je­ros, lo cual blo­quea un meca­nis­mo de espe­cu­la­ción sobre su pro­pia mone­da. Lo que ocu­rría con el yen (que era com­pra­do con la pers­pec­ti­va de reva­lo­ri­zar­lo), empe­zó a tras­la­dar­se al real bra­si­le­ño, al euro, al fran­co sui­zo y a otras mone­das, como la aus­tra­lia­na, la tai­lan­de­sa y la sur­co­rea­na. Japón, sin embar­go, atra­vie­sa por una enor­me defla­ción (caí­da de pre­cios), lo cual afec­ta los bene­fi­cios de las empre­sas y aumen­ta el valor real de las deu­das. Una mayor suba del yen impli­ca mayor defla­ción (baja de pre­cios inter­nos y de impor­ta­ción), pero con el agra­van­te de que ya no hay mar­gen para defla­cio­nar (redu­cir en tér­mi­nos mone­ta­rios) los cos­tos de la pro­duc­ción. La aven­tu­ra espe­cu­la­ti­va del yen expo­nía el colap­so de la eco­no­mía japonesa.

Lo mis­mo vuel­ve a ocu­rrir en Euro­pa, pues la reva­lo­ri­za­ción del euro aumen­ta los cos­tos de pro­duc­ción y acen­túa la difi­cul­tad de expor­tar su cri­sis. Para los paí­ses con una deu­da pri­va­da y públi­ca impa­ga­ble, esto repre­sen­ta la posi­bi­li­dad de un nue­vo terre­mo­to. Irlan­da está vir­tual­men­te en quie­bra, pues el res­ca­te de uno solo de sus ban­cos le ha con­su­mi­do el equi­va­len­te al 50% del PBI. Por­tu­gal, Espa­ña y Gre­cia siguen bajo ame­na­za de default; la reva­lo­ri­za­ción del euro es un tiro de gra­cia para la indus­tria ita­lia­na y para Berlusconi-Tremonti.

Deva­lue­mos primero

Obvia­men­te, el malo de la pelí­cu­la es el dólar nor­te­ame­ri­cano. El enor­me défi­cit fis­cal de Esta­dos Uni­dos y la aún más enor­me emi­sión mone­ta­ria para res­ca­tar acti­vos inco­bra­bles de los ban­cos han con­so­li­da­do una per­ti­naz ten­den­cia a la deva­lua­ción del dólar. Los espe­cu­la­do­res ven­den dóla­res para com­prar otras mone­das. Esto ha pro­vo­ca­do la bur­bu­ja de los mer­ca­dos de cam­bios. Pero hay más: el cre­ci­mien­to del des­em­pleo, de los des­alo­jos de vivien­das, del default de los loca­les comer­cia­les y la caí­da de los pre­cios de las pro­pie­da­des han lle­va­do a la Reser­va Fede­ral a insi­nuar, para noviem­bre pró­xi­mo, una emi­sión de dóla­res toda­vía más agre­si­va. Exis­te un con­sen­so de que esta emi­sión sería inca­paz de levan­tar a la eco­no­mía nor­te­ame­ri­ca­na, lo cual des­nu­da la inten­ción de pro­du­cir una deva­lua­ción masi­va que le per­mi­ta una expor­ta­ción de su cri­sis hacia el res­to del mun­do. De la espe­cu­la­ción en los mer­ca­dos de cam­bios, pasa­mos así a la ‘gue­rra mone­ta­ria’ y, en defi­ni­ti­va, a la dis­lo­ca­ción del tam­ba­lean­te sis­te­ma mone­ta­rio internacional.

Muchos obser­va­do­res, cla­ro, no lo ven de esta mane­ra y con­si­de­ran a la deva­lua­ción gene­ra­li­za­da del dólar como un recur­so extre­mo para evi­tar una gue­rra comer­cial; por­que el reajus­te del valor de las mone­das que esa deva­lua­ción plan­tea evi­ta­ría pena­li­zar el comer­cio exte­rior entre las nacio­nes por medio de tra­bas adua­ne­ras o impo­si­ti­vas. La dis­cu­sión de este reajus­te será el come­ti­do de una reu­nión del Gru­po de los 20 que ha sido con­vo­ca­da para comien­zos de noviem­bre próximo.

El default de Esta­dos Unidos

Pero ese acuer­do es, por aho­ra, invia­ble. En pri­mer lugar, por­que no se tra­ta de un reajus­te sim­ple del dólar con­tra el res­to de las mone­das, ya que hay un sin­fín de des­ajus­tes entre las res­tan­tes mone­das, en espe­cial en Asia (Corea del Sur, Japón, Chi­na, Indo­ne­sia, Tai­lan­dia), y por­que no es lo mis­mo la posi­ción del euro fren­te al dólar que la del yen. Chi­na ha decla­ra­do ofi­cial­men­te que una reva­lo­ri­za­ción impor­tan­te de su mone­da la hun­di­ría en un caos eco­nó­mi­co Un reajus­te que impli­que una deva­lua­ción con­si­de­ra­ble del dólar sig­ni­fi­ca­ría, por sobre todo, un default de la deu­da nor­te­ame­ri­ca­na en manos de extran­je­ros ‑cua­tro billo­nes de dóla­res; 1,8 billo­nes de Chi­na. La apre­cia­ción cons­tan­te del oro es una expre­sión de la ten­den­cia al default de la deu­da públi­ca nor­te­ame­ri­ca­na. Un reti­ro de estos capi­ta­les de Esta­dos Uni­dos, para no con­cluir en default, debe­ría ser com­pen­sa­do por com­pras de la Reser­va Fede­ral, con la con­si­guien­te emi­sión de mone­da ‑de lo con­tra­rio, insis­ti­mos, Esta­dos Uni­dos debe­ría decla­ra­se en bancarrota.

La ame­na­za de infla­ción que des­ata­ría esa com­pen­sa­ción pro­vo­ca­ría, sin embar­go, una hui­da de la deu­da públi­ca por par­te de los inver­so­res nor­te­ame­ri­ca­nos y un aumen­to súbi­to de las tasas de inte­rés. Este aumen­to obli­ga­ría a liqui­dar todas las adqui­si­cio­nes finan­cie­ras y mone­ta­rias rea­li­za­das con endeu­da­mien­to y, por lo tan­to, a una cade­na de quie­bras. Esta posi­bi­li­dad aca­ba de ser seña­la­da por la cali­fi­ca­do­ra de ries­go Mood­y’s (Finan­cial Times, 1210), al infor­mar que los ban­cos y las empre­sas nor­te­ame­ri­ca­nas se han endeu­da­do de nue­vo, más allá de sus lími­tes, para com­prar, ade­más de mone­das de otros paí­ses, otras empre­sas o accio­nes den­tro de Esta­dos Unidos.

Una mone­da deva­lua­da y tasas de inte­rés bajas per­pe­túan este movi­mien­to de endeu­dar­se en dóla­res para com­prar otras mone­das; la gue­rra mone­ta­ria con­ti­nua­ría. Si, por el con­tra­rio, Esta­dos Uni­dos aumen­ta las tasas de inte­rés, ade­más de reva­lo­ri­zar el dólar, pro­vo­ca­ría una mayor rece­sión. Muchos ana­lis­tas anti­ci­pan la posi­bi­li­dad de que un reflu­jo de la espe­cu­la­ción sobre otras mone­das reva­lo­ri­ce el dólar y des­en­ca­de­ne cuan­tio­sos quebrantos.

Argen­ti­na: impor­ta­do­ra de dóla­res inflacionarios

La deva­lua­ción del dólar ha des­ata­do un fes­ti­val de bonos en Argen­ti­na, que lle­na los bol­si­llos de los fon­dos muy bui­tres y menos bui­tres, y de los bui­tres nacio­na­les. La entra­da de fon­dos extran­je­ros se mani­fies­ta en la acu­mu­la­ción de reser­vas que rea­li­za el Ban­co Cen­tral para que el peso no se reva­lo­ri­ce: de este modo acom­pa­ña la deva­lua­ción del dólar fren­te a las otras mone­das. Pero la solu­ción es enga­ño­sa, por­que el peso se reva­lo­ri­za igual fren­te al dólar por medio de la pér­di­da de poder adqui­si­ti­vo interno ‑la infla­ción. El Ban­co Cen­tral de los K ope­ra como un vacia­de­ro de basu­ra de los dóla­res que impri­me Esta­dos Uni­dos, com­pran­do reser­vas que se desvalorizan.

Lo que man­tie­ne al esque­ma K en pie es que la espe­cu­la­ción en Bra­sil o en Euro­pa es mayor, por lo tan­to el real y el euro se reva­lo­ri­zan más que el peso, lo cual deja un mar­gen para expor­tar (a pesar de lo cual, el balan­ce comer­cial con Bra­sil es des­fa­vo­ra­ble). Argen­ti­na, como ocu­rre con los prin­ci­pa­les paí­ses emer­gen­tes, no está ale­ja­do de la cri­sis mun­dial sino que está en su cen­tro: impor­ta la infla­ción que pro­vo­ca la deva­lua­ción del dólar y va a ser des­es­ta­bi­li­za­da de cabo a rabo por «la gue­rra mone­ta­ria». Cuan­do se revier­ta la direc­ción de esta espe­cu­la­ción, la actual entra­da de capi­ta­les golon­dri­nas se con­ver­ti­rá en su con­tra­rio: un fenó­meno de este tipo en Corea del Sur, en 2009, le hizo per­der el 60% de sus reser­vas en un par días; en Argen­ti­na pro­du­jo una sali­da de capi­ta­les por 40 mil millo­nes de dólares.

¿Qué pro­pon­drá nues­tra seño­ra Pre­si­den­ta en la reu­nión del G20? ¿con quién se ali­nea­rá? Ocu­pa­do en escra­char perio­dis­tas, a Bou­dou [minis­tro de Eco­no­mía] toda­vía no se le cayó una idea de la cabe­za. Si pide rigor mone­ta­rio a Esta­dos Uni­dos, como lo hace Chi­na y lo hará Bra­sil, per­de­rá las ven­ta­jas expor­ta­do­ras que ofre­ce la deva­lua­ción del dólar. Por eso, segu­ra­men­te des­em­pol­va­rá las nun­ca olvi­da­das «rela­cio­nes car­na­les». La desin­te­gra­ción polí­ti­ca del blo­que kirch­ne­ris­ta no pue­de ser diso­cia­da del ago­ta­mien­to del ‘mode­lo pro­duc­ti­vo’, el que ha pro­vo­ca­do, pre­ci­sa­men­te, la ban­ca­rro­ta capitalista.

Todo glo­bo que se infla

El esta­dio actual de la cri­sis mun­dial expo­ne la per­ver­si­dad de todos los pla­nes de res­ca­te, que ofre­cie­ron a los ban­cos salir de la cri­sis median­te nue­vas opor­tu­ni­da­des espe­cu­la­ti­vas y con los mis­mos méto­dos que lle­va­ron a la cri­sis hipo­te­ca­ria y cor­po­ra­ti­va que des­ató la cri­sis. Esto vale tam­bién para Chi­na, don­de la espe­cu­la­ción inmo­bi­lia­ria casi tri­pli­ca a la que esta­lló en Esta­dos Uni­dos en 2007, si se la mide res­pec­to al PBI (350 vs. 800% del PBI – Darío Eps­tein en Info­bae). Sola­men­te una decla­ra­ción de ban­ca­rro­ta que eli­mi­ne la mayor par­te los acti­vos inco­bra­bles y todo el capi­tal super­fluo, o sea una catás­tro­fe eco­nó­mi­ca y social, podrán sen­tar las pre­mi­sas de una recu­pe­ra­ción capi­ta­lis­ta. La cri­sis mun­dial no tie­ne sali­da, en tér­mi­nos capi­ta­lis­tas, sin una decla­ra­ción de bancarrota.

Un colum­nis­ta de The Tele­graph (11÷10), Ambro­se Pri­chard, salu­da la posi­bi­li­dad de un dis­lo­ca­mien­to del comer­cio inter­na­cio­nal por­que, como en los años ’30, per­mi­ti­ría impul­sar pla­nes de reac­ti­va­ción en los mar­cos nacio­na­les. Es otra for­ma, sin embar­go, de plan­tear que la decla­ra­ción de ban­ca­rro­ta es inevi­ta­ble. Mar­tin Wolf, el edi­tor del Finan­cial Times, ase­gu­ra que Esta­dos Uni­dos tie­ne los medios para desa­rro­llar la gue­rra mone­ta­ria has­ta sus últi­mas con­se­cuen­cias, y que el G20 se some­te­rá a esta extor­sión y acep­ta­rá el ulti­má­tum lan­za­do por la Reser­va Fede­ral a par­tir de su deci­sión de dupli­car la emi­sión de dóla­res de los últi­mos años. El asun­to es si Chi­na acep­ta el ulti­má­tum, o si nego­cia con la Unión Euro­pea y con Japón su recha­zo, y con­tra­po­ne exi­gen­cias que limi­ten la capa­ci­dad de Esta­dos Uni­dos para des­va­lo­ri­zar su deu­da. La cáp­su­la de la cri­sis ha lle­ga­do al fon­do del socavón.

Jor­ge Altamira

Pren­sa Obrera

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