Jui­cio a M.P.M. «Are­nas»: un jui­cio a la «alga­ra­vía»- JM Olarieta

El jui­cio del pró­xi­mo 28 de octu­bre se refie­re a uno de los más espec­ta­cu­la­res de los ope­ra­ti­vos, en los que el mis­mo día vola­ron simul­tá­nea­men­te dos dele­ga­cio­nes de Hacien­da en pleno cen­tro de Madrid y colo­ca­ron otra bom­ba en un pue­blo cer­cano, Alco­ben­das, que fue deto­na­da por los arti­fi­cie­ros de la policía.

A raíz de las explo­sio­nes la poli­cía y Gar­zón pusie­ron en mar­cha duran­te dos años un dis­po­si­ti­vo, tan amplio como inú­til, de escu­cha de unos 200 telé­fo­nos de per­so­nas y esta­ble­ci­mien­tos de la capi­tal con la cla­ra inten­ción de orga­ni­zar uno de aque­llos mon­ta­jes judi­cia­les a los que nos tenía acos­tum­bra­dos el juez aho­ra estre­lla­do. Para una orga­ni­za­ción peque­ña como los GRAPO, vigi­lar 200 telé­fo­nos sólo en una ciu­dad es bas­tan­te indi­ca­ti­vo de algo: o los GRAPO no son tan pocos, o la repre­sión es mucha, o ambas cosas a la vez. Las víc­ti­mas de aque­lla cons­pi­ra­ción tele­fó­ni­ca eran fami­lia­res de pre­sos polí­ti­cos, anti­guos pre­sos, ami­gos de pre­sos, abo­ga­dos de pre­sos, veci­nos de pre­sos, loca­les, bares, aso­cia­cio­nes, cen­tro de reu­nión, tien­das y cual­quier per­so­na o lugar que tuvie­ra el más míni­mo con­tac­to con cual­quier inte­gran­te de la gala­xia anti­fas­cis­ta de Madrid.

¿Qué obtu­vie­ron Gar­zón y la poli­cía de aquel espio­na­je masi­vo duran­te dos años? No lo sabe­mos por­que en el suma­rio judi­cial no cons­ta nada, es decir, del resul­ta­do de las escu­chas a dis­cre­ción nada se sabe ofi­cial­men­te. A las per­so­nas que fue­ron vigi­la­das nadie les infor­mó nun­ca de aque­lla inva­sión ile­gal de su inti­mi­dad. Cabe supo­ner que resul­ta­ron inú­ti­les por el hecho mis­mo de que no apa­re­cen, es decir, que a los suma­rios sólo se incor­po­ran aque­llas prue­bas que son des­fa­vo­ra­bles, nun­ca las favo­ra­bles. El gra­do de neu­tra­li­dad de la fis­ca­lía y los jue­ces en las inves­ti­ga­cio­nes es, pues, de nivel cero. Por con­si­guien­te, el suma­rio es ile­gal des­de el prin­ci­pio, un ver­da­de­ro montaje.

Des­pués de per­der el tiem­po duran­te dos años, el suma­rio se para­li­za como con­se­cuen­cia de la pues­ta en mar­cha de una nue­va estra­te­gia por par­te del gobierno del PP, cuyos dos ejes son los siguien­tes: ley de par­ti­dos y cesión de las inves­ti­ga­cio­nes por par­te de la poli­cía, que pasan a manos la Guar­dia Civil. Esos dos ejes se resu­men judi­cial­men­te en uno: ni las bom­bas ni los GRAPO intere­san nada, lo que intere­sa es el PCE®, es decir, el ver­da­de­ro obje­ti­vo de la repre­sión es una ideo­lo­gía y una línea polí­ti­ca. Pero ¿cómo se juz­ga una ideo­lo­gía y una línea política?

Des­de los tiem­pos de los roma­nos los juris­tas saben ‑o debe­rían saber- un prin­ci­pio uni­ver­sal: «Cogi­ta­tio­nes poe­nam nemo pati­tur», es decir, que las ideas no son deli­to. Pero eso no va con este país, que en el siglo XVI creó la Inqui­si­ción y des­de enton­ces es el que tie­ne más y mejor expe­rien­cia en juz­gar algo tan volá­til como la con­cien­cia, la ideo­lo­gía y el pen­sa­mien­to de los demás (no el pro­pio). Cuan­do tras la con­quis­ta de Gra­na­da, los moros fue­ron expul­sa­dos, que­da­ron los moris­cos que no habían podi­do huir por­que eran la par­te más pobre y se tuvie­ron que con­ver­tir a la ver­da­de­ra reli­gion, que es la cris­tia­na, por las bue­nas o por las malas. Los moris­cos empe­za­ron a ir a misa los domin­gos por la maña­na, pero ¿eran cris­tia­nos autén­ti­cos o isla­mis­tas dis­fra­za­dos? Eso es lo que tra­ta­ba de ave­ri­guar la Inqui­si­ción, con­vir­tien­do des­de enton­ces a los jue­ces espa­ño­les en maes­tros en el arte de juz­gar la con­cien­cia de los demás, por enci­ma de las apariencias.

Uno de los méto­dos de la Inqui­si­ción para dis­cer­nir a los cris­tia­nos autén­ti­cos de los isla­mis­tas dis­fra­za­dos eran los regis­tros domi­ci­lia­rios masi­vos a los moris­cos: si les sor­pren­dían con pape­les en ára­be, era prue­ba del deli­to; si les escu­cha­ban hablar «alga­ra­vía», el idio­ma que hablan los espa­ño­les ará­bi­go-par­lan­tes, tam­bién. Aún hoy en Levan­te o en Anda­lu­cía apa­re­cen manus­cri­tos en ára­be empa­re­da­dos des­de el siglo XVI que reapa­re­cen al derri­bar vie­jos edi­fi­cios. En este país la liber­tad y la cul­tu­ra, es decir, la con­cien­cia, está empa­re­da­da des­de hace siglos y la úni­ca mane­ra de res­ca­tar­la con­sis­te en derri­bar los muros que la man­tie­nen oculta.

Hablar y escri­bir en «alga­ra­vía» fue la excu­sa para per­se­guir a los moris­cos y pocas cosas han cam­bia­do en los tri­bu­na­les des­de enton­ces, que siguen nece­si­tan­do excu­sas para lo que no tie­ne excu­sa: para ente­rrar la con­cien­cia entre los muros. Los GRAPO y sus bom­bas son la «alga­ra­vía», la coar­ta­da para juz­gar la con­cien­cia, en este caso, la con­cien­cia de clase.

La demos­tra­ción es evi­den­te: en el jui­cio del día 28 los GRAPO no apa­re­cen para nada; no apa­re­cen quie­nes pusie­ron las bom­bas pero sí apa­re­cen, por el con­tra­rio, quie­nes ‑supues­ta­men­te- les orde­na­ron poner­las: Vic­to­ria Gómez y Manuel Pérez. Están los induc­to­res pero no están los indu­ci­dos. ¿Cómo es eso posi­ble? Por­que lo de menos es el hecho en sí, por­que la famo­sa «vio­len­cia» no impor­ta nada, por­que lo que impor­ta es la con­cien­cia, la ideo­lo­gía y la línea polí­ti­ca, que es lo que el Esta­do pre­ten­de erra­di­car, silen­ciar y ocul­tar. Las bom­bas son la la coar­ta­da, la excu­sa; si no las hubie­ra, habría que bus­car otra dis­tin­ta. Lo que no cabe duda es que apa­re­ce­ría, es decir, el Esta­do tie­ne medios sufi­cien­tes para encon­trar aque­llas coar­ta­das que nece­si­ta para jus­ti­fi­car la repre­sión polí­ti­ca. Lo que no pue­de es pres­cin­dir de la repre­sión por­que para eso es Estado.

Sin embar­go, el dis­cur­so ofi­cial es jus­ta­men­te el con­tra­rio: como país demo­crá­ti­co, Espa­ña admi­te todas las ideas polí­ti­cas pero no los «méto­dos» vio­len­tos pues­tos en prác­ti­ca para impo­ner­las. Es el absur­do dis­cur­so jesuí­ti­co de los medios y los fines; los fines son todos acep­ta­bles siem­pre, pero los «méto­dos vio­len­tos» en nin­gún caso. Este jui­cio pone a prue­ba la hipo­cre­sía del dis­cur­so: lo que se juz­gan no son los «méto­dos» de una orga­ni­za­ción arma­da sino los obje­ti­vos de un par­ti­do polí­ti­co. No están los que debe­rían y están los que no deberían.

Para pro­ce­der de esa mane­ra en 2002 el PP y su Tri­bu­nal Supre­mo impu­sie­ron el axio­ma de que ambos, el par­ti­do comu­nis­ta y la orga­ni­za­ción arma­da son lo mis­mo, una úni­ca orga­ni­za­ción divi­di­da en dos «ramas», sien­do uno, los GRAPO, el bra­zo eje­cu­tor del otro, el PCE®. ¿Prue­bas? Agá­rren­se fuer­te: los tri­bu­na­les fran­ce­ses lo con­si­de­ran pro­ba­do por­que lo han dicho los tri­bu­na­les espa­ño­les y los tri­bu­na­les espa­ño­les lo con­si­de­ran pro­ba­do por­que lo han dicho los tri­bu­na­les fran­ce­ses. Esto se ha con­ver­ti­do ya en un dog­ma de fe a prue­ba de incré­du­los. No se equi­vo­quen: segui­mos bajo el impe­rio de la Inquisición.

Se habrán dado cuen­ta de otro deta­lle: lo que esta­mos juz­gan­do aquí no son per­so­nas sino orga­ni­za­cio­nes y ¿saben en qué se dife­ren­cia un sis­te­ma penal demo­crá­ti­co de otro nazi? En que un sis­te­ma penal demo­crá­ti­co juz­ga hechos (no opi­nio­nes ni con­cien­cia) de los que res­pon­sa­bi­li­za a per­so­nas con­cre­tas, mien­tras que los nazis con­de­na­ban colec­ti­va­men­te a socie­da­des ente­ras por lo que eran, lo mis­mo que la Inqui­si­ción con­de­nó colec­ti­va­men­te a los moris­cos no por nada sino por ser eso, por ser moris­cos, y ayer como hoy moris­cos y terro­ris­tas son lo mismo.

Juan Manuel Ola­rie­ta es abogado

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