Comu­ni­ca­do de las FARC

JORGE BRICEÑO VIVE

Sem­blan­za del heroi­co guerrillero

Una muer­te glo­rio­sa triun­fa sobre el tiempo
y pro­lon­ga la subli­me existencia
has­ta la más remo­ta posteridad.

SIMÓN BOLÍVAR

30 avio­nes y 27 heli­cóp­te­ros, 7 tone­la­das de explo­si­vo tri­to­nal y la tec­no­lo­gía mili­tar de pun­ta del South Com­mand esta­dou­ni­den­se y del Mos­sad israe­lí, el uso des­pro­por­cio­na­do de la fuer­za y la vio­len­cia terro­ris­ta del Esta­do, todos, con­tra un hom­bre en su cuar­tel de la mon­ta­ña, que no era un hom­bre, sino un pueblo.

Lo ocu­rri­do en la madru­ga­da del 22 de sep­tiem­bre en las sel­vas de La Maca­re­na no fue un com­ba­te, sino un vil ase­si­na­to, una masa­cre eje­cu­ta­da a man­sal­va y sobre segu­ro por un Esta­do terro­ris­ta subor­di­na­do a los dic­ta­dos de Washing­ton. Con­tra el coman­dan­te Jor­ge Bri­ce­ño, del Secre­ta­ria­do de las FARC, fue con­cen­tra­do todo el fue­go y todo el odio de una cas­ta domi­nan­te cri­mi­nal, de ultra­de­re­cha, que por déca­das ha ensan­gren­ta­do y empo­bre­ci­do al país.

Era Jor­ge un sím­bo­lo telú­ri­co, poten­te, de la rebel­día y la espe­ran­za del pue­blo llano de Colom­bia, sali­do de la escue­la de gue­rra de gue­rri­llas móvi­les del legen­da­rio Manuel Maru­lan­da Vélez. Era un ser excep­cio­nal­men­te humano, y por ello, ama­do por la gen­te y por la tro­pa gue­rri­lle­ra. En tiem­pos de la zona de dis­ten­sión y de los diá­lo­gos de paz, cuan­do apa­re­cía de vez en cuan­do en la pobla­ción de La Maca­re­na, un enjam­bre de niños des­cal­zos y des­ca­mi­sa­dos, bulli­cio­sos, lo seguía por las pol­vo­rien­tas calles, y él, feliz, deja­ba que le qui­ta­ran la boi­na y que sal­ta­ran en su cora­zón, como en la can­ción Jojoy del can­tau­tor Julián. Era un imán en tra­je de fati­ga arras­tran­do pue­blo a su paso, fun­dién­do­se con sus sue­ños. Cam­pe­si­nos, obre­ros, des­em­plea­dos, alcal­des, curas, aca­dé­mi­cos, sin­di­ca­lis­tas, maes­tros, estu­dian­tes, afro des­cen­dien­tes, amas de casa, escu­cha­ban la magia torren­cial de sus pala­bras que alu­dían a un sue­ño lla­ma­do Nue­va Colom­bia, Patria Gran­de y Socialismo.

Era un duro, sí, pero apri­sio­na­do por una gran ter­nu­ra. Recio con el enemi­go, afec­tuo­so con su pue­blo. No fal­ta­ba en su mochi­la de cam­pa­ña el Dia­rio del Che. Bebía con avi­dez el pen­sa­mien­to de Gue­va­ra, y del gue­rri­lle­ro heroi­co había apren­di­do a endu­re­cer, sin per­der la ter­nu­ra jamás. Era un gue­rre­ro ena­mo­ra­do del ful­gu­ran­te amor de los héroes por la liber­tad y la justicia.

Había Ingre­sa­do a la gue­rri­lla de las FARC en 1968. Eran los tiem­pos fero­ces de la repre­sión y la exclu­sión bru­tal del Fren­te Nacio­nal bipar­ti­dis­ta y oli­gár­qui­co, que pre­ten­dió cri­mi­na­li­zar el dere­cho de los pue­blos a la opción polí­ti­ca. Empu­ñan­do la ban­de­ra comu­nis­ta, siem­pre al lado de Manuel y de Jaco­bo, se for­jó como gue­rre­ro en las vici­si­tu­des de la gue­rra jus­ta con­tra la opresión.

Lo de “Mono” por lo cati­re o de cabe­llo cla­ro, rubio, o hue­ro. Lo de “Jojoy”, por una mule­ti­lla de juven­tud. Así, el joven “Mono Jojoy” tra­se­gó con su fusil y su polí­ti­ca al hom­bro, las tres cor­di­lle­ras andi­nas de la arris­ca­da geo­gra­fía colombiana.

Su pri­me­ra revo­lu­ción triun­fan­te, fue la libra­da con­si­go mis­mo. Impla­ca­ble con sus las­tres huma­nos, poco a poco, doble­gán­do­los a pul­so, fue levan­tan­do hacia el cie­lo la gran mole de su arqui­tec­tu­ra polí­ti­ca y gue­rre­ra, de hom­bre nue­vo. Su pasión por la liber­tad y ese anhe­lo de dig­ni­dad para todos que abra­za­ba su cora­zón, fue el arpe­gio más sono­ro de su fibra humana.

La figu­ra de Jor­ge con­ti­núa su ince­san­te cre­ci­mien­to en las sel­vas inmen­sas del Caguán, en sus puer­tos flu­via­les de ama­ri­llen­to cau­dal, has­ta alcan­zar la inusi­ta­da dimen­sión de la leyen­da. Incan­sa­ble cons­truc­tor de par­ti­do y de mili­cias popu­la­res, agi­ta­dor de la Unión Patrió­ti­ca como alter­na­ti­va polí­ti­ca, impul­sor entre la pobla­ción de la sus­ti­tu­ción de cul­ti­vos de coca por siem­bras de cau­cho y cacao. Cons­cien­te de la impor­tan­cia de la pro­pa­gan­da revo­lu­cio­na­ria ins­ta­ló, por pri­me­ra vez, una impre­so­ra off­set mon­ta­ña aden­tro. En Remo­li­nos y en San­to Domin­go es el hom­bre de la logís­ti­ca, de los uni­for­mes, de las armas, de las finan­zas. For­ma­dor de cua­dros, lla­ma­ba a los cade­tes egre­sa­dos de la Escue­la Nacio­nal, para tomar de ellos, aún fres­cos, los nue­vos cono­ci­mien­tos y téc­ni­cas apren­di­das. Nun­ca per­ci­bió som­bras en los que podían saber más que él; por el con­tra­rio, los aco­gió con admi­ra­ción, y apren­dió de ellos. Era un insa­cia­ble fago­ci­tan­do luces.

Lue­go el gue­rre­ro irrum­pe en los Lla­nos indó­mi­tos y bra­víos, que tie­nen la exten­sión de medio país y una rica his­to­ria de rebel­día con­tra el cen­tro del poder. Allí ins­cri­bió su nom­bre en mol­des dora­dos de la mano de Maru­lan­da y sus com­pa­ñe­ros, como des­ta­ca­do estra­te­ga mili­tar y polí­ti­co, como lucha­dor en la pri­me­ra línea de fue­go y en la con­duc­ción del avan­ce de las hues­tes gue­rri­lle­ras hacia la capi­tal. Real­men­te el poder de Jor­ge, su lide­raz­go ava­sa­llan­te, cau­ti­va­dor, se fun­da­ba en la direc­ción colec­ti­va y en el gran amor que le pro­fe­sa­ban los gue­rri­lle­ros y el pueblo.

Nin­gún jefe insur­gen­te de Nues­tra Amé­ri­ca había sido ata­ca­do con tan­ta saña. 50 bom­bas inte­li­gen­tes made in USA que demo­lie­ron y arra­sa­ron su pues­to de man­do, no fue­ron sufi­cien­tes para saciar el odio de las oli­gar­quías. Veri­fi­ca­da la muer­te del coman­dan­te, el gobierno des­en­ca­de­nó, des­de todos los flan­cos, el más infa­me ata­que mediá­ti­co, con el pro­pó­si­to qui­mé­ri­co de ani­qui­lar tam­bién su ima­gen y su ejem­plo de dig­ni­dad. No se tra­ta­ba sólo de matar a la per­so­na, sino al sue­ño de esa inmen­sa muche­dum­bre de humil­des que creen en el pro­yec­to polí­ti­co liber­ta­rio de las FARC-EP. San­gre y fue­go, tie­rra arra­sa­da, terro­ris­mo de Esta­do, ha sido la prác­ti­ca cons­tan­te del régi­men para defen­der los intere­ses de las tras­na­cio­na­les, la bol­sa y el poder de una oli­gar­quía apá­tri­da y arro­di­lla­da a los gringos.

Fren­te a la bar­ba­rie del Esta­do, ni una sola pala­bra de la acu­cio­sa Kate­ri­ne Aston de la Unión Euro­pea, ni de aque­llos que siem­pre están con­de­nan­do nues­tros modes­tos medios de resis­ten­cia. No lo nece­si­ta­mos; el poder moral de las FARC es inex­pug­na­ble. Bien sabe­mos que por boca de ellos habla la iniqui­dad de los imperios.

El coman­dan­te Jor­ge encar­na­ba los más pro­fun­dos sen­ti­mien­tos altruis­tas de las FARC, en la lucha y resis­ten­cia de los pue­blos con­tra el terro­ris­mo de Esta­do. Como es de cono­ci­mien­to, los Esta­dos terro­ris­tas, como el de Colom­bia, bus­can siem­pre pro­yec­tar su pro­pia con­di­ción sobre quie­nes los adver­san. Por eso, el pre­si­den­te San­tos, ladran­do des­de Nue­va York, muy cer­ca de su amo, deses­pe­ra­do por des­le­gi­ti­mar la lucha de los pue­blos por la jus­ti­cia, ter­gi­ver­sa la reali­dad del con­flic­to interno de Colom­bia, pre­ten­dien­do vana­men­te sata­ni­zar el alza­mien­to arma­do, al refe­rir­se a Jor­ge como sím­bo­lo del terror y la violencia.

¿Qué más se pue­de espe­rar de per­so­na­jes tan sinies­tros? Hace poco, ofi­cian­do como minis­tro de defen­sa y de los “fal­sos posi­ti­vos”, Juan Manuel San­tos se sola­za­ba con los cadá­ve­res de gue­rri­lle­ros aba­ti­dos en los Mon­tes de María. Aho­ra, el actual jefe de esa car­te­ra, señor Rodri­go Rive­ra, se con­due­le más por la muer­te de la perra Sasha, que por los cen­te­na­res de sol­da­dos muer­tos y heri­dos en el cam­po de bata­lla de La Macarena.

La femen­ti­da “Sodo­ma”, nom­bre de la ope­ra­ción que segó la vida de los nues­tros, no es otra cosa que el mis­mo Esta­do colom­biano en su ban­ca­rro­ta moral. La “madri­gue­ra” del ver­da­de­ro mons­truo terro­ris­ta es el Pala­cio de Nari­ño, sede del gobierno de Bogo­tá. Des­de allí se ha pla­ni­fi­ca­do el desas­tre huma­ni­ta­rio que pade­ce la patria. Des­de ese mis­mo antro, los cere­bros de la segu­ri­dad demo­crá­ti­ca, tan cele­bra­da por el pre­si­den­te San­tos, orde­na­ron las masa­cres con­tra la pobla­ción iner­me, las eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les (“fal­sos posi­ti­vos”), las fosas comu­nes, las deten­cio­nes masi­vas, las des­apa­ri­cio­nes y des­pla­za­mien­tos for­za­dos, y tan­tos otros abo­mi­na­bles crí­me­nes de lesa humanidad.

A los que hoy des­de el gobierno, ebrios de triun­fa­lis­mo nos con­mi­nan a la ren­di­ción, les res­pon­de­mos con las mis­mas pala­bras que el coman­dan­te Jor­ge Bri­ce­ño le diri­gie­ra al gene­ral Padi­lla en enero de 2010, en res­pues­ta a una exi­gen­cia similar:

“…Que poco nos cono­ce usted señor Padi­lla de León: con toda sin­ce­ri­dad, sin odios ni resen­ti­mien­tos y con el res­pe­to que todo revo­lu­cio­na­rio pro­fe­sa por sus adver­sa­rios, le res­pon­do: No, muchas gra­cias, general.

En las FARC no tene­mos alma de trai­do­res, sino de patrio­tas y de revolucionarios.

Hemos lucha­do y con­ti­nua­re­mos hacién­do­lo, con valor, entre­ga y sacri­fi­cio por derro­car este régi­men podri­do de las oli­gar­quías y cons­truir otro orden social, o por alcan­zar acuer­dos que ayu­den a cons­truir una patria en don­de que­pa­mos todos.

Jamás hemos pro­cla­ma­do el prin­ci­pio de la gue­rra por la gue­rra, ni asu­mi­do esta lucha como algo per­so­nal, ya que nues­tros obje­ti­vos son los de lograr cam­bios pro­fun­dos en la estruc­tu­ra social de Colom­bia, que por fin ten­gan en cuen­ta los intere­ses de las mayo­rías nacio­na­les y de los sec­to­res popu­la­res y que con­duz­can al des­mon­te del actual régi­men polí­ti­co cri­mi­nal, oli­gár­qui­co, corrup­to, exclu­yen­te e injus­to, como está con­sig­na­do en nues­tra Pla­ta­for­ma Boli­va­ria­na por la Nue­va Colombia.

Con la hones­ti­dad que corres­pon­de a nues­tro com­pro­mi­so con el cam­bio social y la leal­tad que le debe­mos a nues­tro pue­blo, le ase­gu­ra­mos, que no vamos a desis­tir des­pués de más de 40 años de lucha, ni a acep­tar una fal­sa paz. No trai­cio­na­re­mos los sue­ños de jus­ti­cia de la Colom­bia que cla­ma por la paz con jus­ti­cia social, ni la memo­ria de los miles de muer­tos, ni a las víc­ti­mas de las innu­me­ra­bles tra­ge­dias que ha oca­sio­na­do esta cruen­ta gue­rra, decla­ra­da por la oli­gar­quía al pue­blo des­de hace más de 50 años.

Colom­bia nece­si­ta encon­trar los cami­nos que con­duz­can a poner fin a esta gue­rra entre her­ma­nos, sen­de­ros de recon­ci­lia­ción que nos lle­ven a Acuer­dos de Paz. Pero no será a tra­vés de una paz fal­sa don­de una mino­ría oli­gár­qui­ca con­ti­núa aca­pa­ran­do todas las rique­zas, a tiem­po que las gran­des mayo­rías nacio­na­les que­dan aplas­ta­das por el peso de la pobre­za, el terror mili­ta­ris­ta, la mise­ria y la degra­da­ción moral de una cla­se diri­gen­te corrup­ta has­ta los tué­ta­nos, el camino más segu­ro para alcan­zar la recons­truc­ción de la patria y la recon­ci­lia­ción de los colombianos.

Una paz enten­di­da como ren­di­ción o entre­ga es una fan­ta­sía de la oli­gar­quía y solo sería un cri­men de lesa trai­ción al pue­blo y a sus his­tó­ri­cos anhe­los por alcan­zar, al fin, la jus­ti­cia social para todos.

Acuer­dos de paz sí, pero, el pun­to car­di­nal es: ¿con o sin cam­bios estruc­tu­ra­les en lo polí­ti­co y social?

¿Más Demo­cra­cia o más auto­ri­ta­ris­mo y más repre­sión y arro­di­lla­mien­to al imperio?

Lo invi­ta­mos a refle­xio­nar sobre estas sere­nas pala­bras ple­nas de sen­sa­tez y actua­li­dad, con­te­ni­das en el men­sa­je que diri­gió el coman­dan­te Manuel Maru­lan­da Vélez a los miem­bros de las Fuer­zas Militares:

El futu­ro de Colom­bia no pue­de ser el de gue­rra inde­fi­ni­da, ni el de expo­lia­ción de las rique­zas de la patria, ni pue­de con­ti­nuar la ver­gon­zo­sa entre­ga de nues­tra sobe­ra­nía a la vora­ci­dad de las polí­ti­cas impe­ria­les del gobierno de los Esta­dos Uni­dos; noso­tros esta­mos en mora de sen­tar­nos a con­ver­sar en serio para diri­mir nues­tras dife­ren­cias, median­te el inter­cam­bio civi­li­za­do de opi­nio­nes hacia la solu­ción defi­ni­ti­va de las cau­sas polí­ti­cas, eco­nó­mi­cas y socia­les gene­ra­do­ras del con­flic­to interno, para bien de las futu­ras gene­ra­cio­nes de compatriotas ”…

Para algu­nos ana­lis­tas mer­ce­na­rios, que posan de sabion­dos del con­flic­to, el gol­pe de la Maca­re­na “deja a las FARC des­ca­be­za­das sin posi­bi­li­da­des de recom­po­si­ción”. El agen­te de la CIA, Alfre­do Ran­gel, cree que las FARC que­da­ron “huér­fa­nas” y heri­das en su moral, ad por­tas del aban­dono de la lucha arma­da… Se equi­vo­can. Como siem­pre, pare­cie­ran cami­nar con los ojos ven­da­dos por los pre­ci­pi­cios de la reali­dad. Se nie­gan a enten­der que somos una direc­ción colec­ti­va, un cuer­po cole­gia­do de con­duc­ción polí­ti­ca y mili­tar en todos los nive­les de su estruc­tu­ra de man­do. No atis­ban en la nie­bla de un aná­li­sis par­cia­li­za­do, moti­va­do por las fan­ta­sías, el poder de la cohe­sión que siem­pre ha dis­tin­gui­do al Esta­do Mayor Cen­tral de las FARC y su Secre­ta­ria­do. Pre­vien­do que la lucha revo­lu­cio­na­ria es has­ta las últi­mas con­se­cuen­cias, todas las ins­tan­cias de man­do de las FARC fun­cio­nan con suplen­cias para lle­nar opor­tu­na­men­te las vacan­tes oca­sio­na­das por la con­fron­ta­ción o cual­quier otro moti­vo. Por eso el coman­dan­te Pas­tor Ala­pe, ante la des­apa­ri­ción de Jor­ge, pasó a ser miem­bro prin­ci­pal del Secre­ta­ria­do, mien­tras al Blo­que Coman­dan­te Jor­ge Bri­ce­ño se le ha dado la posi­bi­li­dad de rees­truc­tu­ra­se, desig­nan­do de su seno a un nue­vo suplente.

No somos sol­da­dos biso­ños que se dejan apa­bu­llar en el rum­bo incier­to de una bata­lla. Nues­tra gue­rra es por la paz, la Nue­va Colom­bia, la patria Gran­de y el Socia­lis­mo, en la for­ma de un nue­vo poder. En el gue­rri­lle­ro fariano hay con­cien­cia y leal­tad a la cau­sa, y esta­rá siem­pre, ávi­do de lucha y de vic­to­rias. Como decía el Jor­ge unos días antes de su par­ti­da: “noso­tros hace­mos par­te de la lucha popu­lar y el pue­blo es invencible”.

La caí­da del gran gue­rri­lle­ro revi­vió en el pre­si­den­te San­tos el des­va­río del fin del fin de la gue­rri­lla, de la pro­xi­mi­dad de una derro­ta de la insur­gen­cia, que nun­ca lle­ga­rá, y que vie­ne sien­do pre­go­na­da des­de 1964 para jus­ti­fi­car la obse­sión mili­ta­ris­ta de un sec­tor de la oli­gar­quía, por temor, por físi­co mie­do, a una solu­ción polí­ti­ca que deman­da el fin de sus pri­vi­le­gios. No se dan cuen­ta que al cerrar las puer­tas del diá­lo­go y la solu­ción polí­ti­ca están abrien­do las puer­tas de la revo­lu­ción. Es lo mis­mo que dijo Fidel en su más recien­te refle­xión: muy al con­tra­rio de lo que afir­ma el gobierno colom­biano, el ase­si­na­to del coman­dan­te Jor­ge… ace­le­ra­rá el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio en Colombia.

Lo deci­mos sin aspa­vien­tos, pero con radi­ca­li­dad: si San­tos quie­re venir por noso­tros, que ven­ga, pero que ven­ga en per­so­na sin uti­li­zar car­ne de cañón que es pue­blo uni­for­ma­do. La arro­gan­cia y el tono de ulti­má­tum de San­tos tie­nen como fon­do las órde­nes en inglés, que los gue­rri­lle­ros que siguen las comu­ni­ca­cio­nes de la fuer­za públi­ca, cap­tan en los gran­des operativos.

Hace­mos nues­tras para este momen­to de cora­je las refle­xio­nes de Julius Fucik al pie del patí­bu­lo: “Cuan­do la lucha es a muerte;/ el fiel resiste;/ el inde­ci­so renuncia;/ el cobar­de traiciona…,/ el bur­gués se desespera,/ y el héroe com­ba­te».

Vien­do la igno­mi­nia de algu­nos repor­te­ru­chos y gace­ti­lle­ros de la gran pren­sa, encar­ni­za­dos fren­te al cadá­ver del líder gue­rri­lle­ro, aullan­do sus denues­tos, es deber moral deplo­rar la baje­za éti­ca de quie­nes pre­ten­den indu­cir la opi­nión nacio­nal a favor del gue­rre­ris­mo y del terro­ris­mo de Estado.

Esa maqui­na­ria de la des­in­for­ma­ción se ha dedi­ca­do a la sata­ni­za­ción de la gue­rri­lla y a la san­ti­fi­ca­ción del gobierno. En sus espa­cios silen­cian la voz del pue­blo y sólo dan la pala­bra a exper­tos esti­pen­dia­dos por la CIA y el capi­tal finan­cie­ro, que encu­bren y jus­ti­fi­can los más féti­dos crí­me­nes de lesa huma­ni­dad con­su­ma­dos por el Estado.

De mane­ra repe­ti­ti­va y en hora­rio este­lar, duran­te 15 minu­tos, los noti­cie­ros de tele­vi­sión, mos­tra­ron las imá­ge­nes del devas­ta­dor bom­bar­deo con el cla­ro pro­pó­si­to de legi­ti­mar el terro­ris­mo ins­ti­tu­cio­nal, pro­vo­car el aplau­so a los cri­mi­na­les, con­ci­tar el apo­yo de la pobla­ción a la polí­ti­ca gue­rre­ris­ta del Esta­do y uni­for­mar al país con la visión del con­flic­to de la dere­cha neoliberal.

No son héroes los pilo­tos y arti­lle­ros del terro­ris­mo que dis­pa­ra­ron sus armas, guia­dos por la tec­no­lo­gía, sino cobar­des ins­tru­men­tos de un poder tirá­ni­co y pro yan­qui que aspi­ra a eter­ni­zar la injus­ti­cia sobre el sue­lo de Colom­bia. Actúan con­tra su pro­pio pue­blo en bene­fi­cio de una poten­cia extran­je­ra. Fue un ata­que arte­ro, y sobre segu­ro. No es heroís­mo dis­pa­rar bajo el ampa­ro de la oscu­ri­dad y a varios miles de pies de altu­ra, cuan­do no hay equi­li­brio de medios de com­ba­te entre las fuer­zas con­ten­dien­tes. Otro fue el resul­ta­do en tie­rra: 30 mili­ta­res muer­tos, 70 heridos.

Cons­ta­ta­da la infaus­ta noti­cia para los humil­des de Colom­bia, algu­nos perio­dis­tas robo­ti­za­dos y carro­ñe­ros se aba­lan­za­ron sobre los pobla­do­res de La Maca­re­na para for­zar­les una opi­nión adver­sa a la gue­rri­lla o hacer­los asen­tir que la muni­ci­pa­li­dad se había libe­ra­do de su prin­ci­pal ver­du­go. Des­ca­ra­da­men­te alu­dían a Jor­ge a sabien­das de que este era el prin­ci­pal bene­fac­tor de toda esa serra­nía. Duran­te déca­das el poder cen­tral nun­ca qui­so abrir la carre­te­ra que des­em­bo­te­lla­ra la rica región cam­pe­si­na. Jor­ge y sus gue­rri­lle­ros la cons­tru­ye­ron, logran­do comu­ni­car por tie­rra a la Maca­re­na con San Vicen­te del Caguán y Nei­va. Igual­men­te, en auxi­lio de aque­lla gen­te empo­bre­ci­da cons­tru­yó la vía que con­du­ce a Vis­taher­mo­sa (Meta). Ten­dió puen­tes sobre caños y ríos, bom­bar­dea­dos lue­go por la Fuer­za Aérea, cuan­do ya habían sido entre­ga­dos a la comu­ni­dad. Bajo la con­duc­ción de Jor­ge se pavi­men­ta­ron los barrios de San Vicen­te del Caguán, se hizo el man­te­ni­mien­to de las carre­te­ras de los lla­nos del Yarí, se pusie­ron en fun­cio­na­mien­to varios acue­duc­tos, se orga­ni­za­ron bri­ga­das de salud, se impues­tó el con­su­mo de lico­res para finan­ciar maes­tros de escue­la… Y la pobla­ción recuer­da tam­bién con gra­ti­tud cómo se acti­vó el comer­cio bajo la tute­la gue­rri­lle­ra. Esta her­mo­sa his­to­ria que habla bien de la preo­cu­pa­ción social y del sen­ti­do soli­da­rio del coman­dan­te, no podrá ser ocul­ta­da mien­tras per­vi­va enrai­za­da en el cora­zón de una pobla­ción olvi­da­da, que sólo ha cono­ci­do la pre­sen­cia del Esta­do a tra­vés de bom­bas y metralla.

Pese a estar pos­tra­do por la dia­be­tes, el coman­dan­te Jor­ge logró fre­nar por lar­gos meses en el área gene­ral de la Maca­re­na, el avan­ce de varias bri­ga­das móvi­les con más de 15 mil efec­ti­vos. Sobre­co­gi­dos por su diná­mi­ca arro­lla­do­ra, por su volun­tad inque­bran­ta­ble, e ins­pi­ra­dos en su pro­fun­da admi­ra­ción por el Che, le había­mos diri­gi­do las siguien­tes pala­bras: “Jor­ge, nues­tros res­pe­tos. Gra­cias por tu ejem­plo, por tu inago­ta­ble capa­ci­dad de tra­ba­jo en medio del infor­tu­nio de la enfer­me­dad, y por ense­ñar­nos cómo es que se debe com­ba­tir al adver­sa­rio. Nos ale­gra que hace rato hayas supe­ra­do a tu arque­ti­po gue­rre­ro, el Che. Con lo rea­li­za­do por ti, ya no se tra­ta de ser como el Che, sino de supe­rar al Che. La puso muy alto, her­mano”. A lo cual res­pon­dió con su modes­tia de siem­pre: “No la hemos pues­to tan alto, es que esta­mos hacien­do poco con base en la tarea estra­té­gi­ca que nos corres­pon­de. Esta­mos es des­per­tan­do un peque­ño gigan­te dor­mi­do”.

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