“Lo pri­me­ro que hizo el Che cuan­do lle­gó a Cuba fue orga­ni­zar el retorno a su patria” – Resu­men Latinoamericano

“Lo pri­me­ro que hizo el Che cuan­do lle­gó a Cuba fue orga­ni­zar el retorno a su patria”
escri­to por Yami­la Blan­co y Lean­dro Albani

Pom­bo vivió jun­to al Che todas las luchas y misio­nes que enca­be­zó el gue­rri­lle­ro argen­tino-cubano has­ta las horas fina­les en Bolivia

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano (Espe­cial des­de Cara­cas) - Hom­bre de con­fian­za de Ernes­to Gue­va­ra, Harry Ville­gas Tama­yo, cono­ci­do como Pom­bo, se cru­zó al gue­rri­lle­ro argen­tino-cubano a los cator­ce años en los ini­cios del Ejér­ci­to Rebel­de que lucha­ba con­tra el dic­ta­dor Ful­gen­cio Batista.

Naci­do en el orien­te cubano, Pom­bo com­par­tió días y noches con el Che des­de Sie­rra Maes­tra has­ta la vic­to­ria el 1 de enero de 1959, pasan­do por el Minis­te­rio de Indus­trias, las gue­rras de libe­ra­ción en el Con­go y el des­en­la­ce en Boli­via, don­de Gue­va­ra fue ase­si­na­do por el Ejér­ci­to y agen­tes de la Cen­tral de Inte­li­gen­cia esta­dou­ni­den­se (CIA).

Pom­bo desem­pe­ñó varios car­gos en las Fuer­zas Arma­das Revo­lu­cio­na­rias de Cuba, inclu­yen­do en Cie­go de Ávi­la la “Ope­ra­ción Mam­bí”. Ejer­ció la jefa­tu­ra de la Bri­ga­da de la Fron­te­ra por más de sie­te años y fue jefe de la sec­ción polí­ti­ca del Ejér­ci­to Occi­den­tal. Actual­men­te es el Secre­ta­rio Eje­cu­ti­vo de la Aso­cia­ción de Com­ba­tien­tes de la Revo­lu­ción Cuba­na y tie­ne entre sus dis­tin­cio­nes la Estre­lla de Héroe de la República.

“El Che me ense­ñó en gran medi­da todo lo que conoz­co de la vida, empe­zan­do por apren­der a leer y a escri­bir”, rela­ta en Cara­cas a Resu­men Lati­no­ame­ri­cano. Las últi­mas horas con Gue­va­ra, su esca­pe de Boli­via, el paso del Che por el minis­te­rio de Indus­trias y las ense­ñan­zas del argen­tino-cubano son algu­nos de los recuer­dos de Pombo.

El Che tenía ple­na con­fian­za en Bolivia

Cono­cien­do al Che, y con la con­vic­ción que tenía ple­na con­cien­cia a lo que se arries­ga­ba y lo difí­cil y com­ple­ja que era la lucha en el con­ti­nen­te, creo que se enfren­tó a estos últi­mos momen­tos con pleno opti­mis­mo y con con­fian­za en la vic­to­ria. Por lo menos fue lo que nos mani­fes­tó cuan­do orga­ni­zó el últi­mo com­ba­te. Cuan­do uno orga­ni­za un com­ba­te nor­mal­men­te el mili­tar tie­ne que tener la capa­ci­dad de ima­gi­nar­se su desa­rro­llo. La ima­gi­na­ción de él gene­ró dos alter­na­ti­vas. Que pudié­ra­mos salir todos jun­tos, por­que está­ba­mos cer­ca­dos y él lo sabia. La otra era que salié­ra­mos dis­per­sos. Si salía­mos dis­per­sos orga­ni­zó la for­ma de reagru­par­nos, es decir que con­ce­bía que pudié­ra­mos salir de allí. Enton­ces dijo que si sali­mos dis­per­sos el pri­mer pun­to de con­tac­to era una altu­ra don­de había­mos hecho una comi­da tres días antes. El segun­do pun­to, si trans­cu­rrían tres días, era una bom­ba de agua que hici­mos en un cam­pa­men­to ante­rior. El ter­cer pun­to de con­tac­to era en un lugar don­de tam­bién hici­mos cam­pa­men­to y que lla­má­ba­mos El Naran­jal. Ese era el orden que él había dis­pues­to para el reen­cuen­tro. Esto te dice que tenía con­fian­za en seguir com­ba­tien­do, tenía con­fian­za en la vic­to­ria. Un enfren­ta­mien­to es real­men­te una lucha entre dos fuer­zas y ambas pre­ten­den lo mis­mo, derro­tar a su enemi­go. Tuvie­ron más suer­te y nos gol­pea­ron. Pero lo mis­mo que sali­mos el gru­po diri­gi­do por mí, éra­mos seis más algu­nos enfer­mos, podría­mos seguir luchan­do. Por lo que el entu­sias­mo del Che no era ilu­so­rio sino que esta­ba basa­do en las con­di­cio­nes. Pero des­pués vie­nen otros ele­men­tos que son los huma­nos, que es lo que carac­te­ri­za al revo­lu­cio­na­rio, que es extra­or­di­na­ria­men­te humano. Dice Fidel que el revo­lu­cio­na­rio que no tie­ne ese sen­ti­mien­to no pue­de ser revo­lu­cio­na­rio, que lo más impor­tan­te que hay en el revo­lu­cio­na­rio es la sen­si­bi­li­dad huma­na, su preo­cu­pa­ción por el pró­ji­mo, por que­rer crear una socie­dad mejor y más jus­ta. Con el Che fui­mos fun­da­men­tal­men­te por fide­li­dad, por­que casi todos había­mos com­ba­ti­do con él ante­rior­men­te, yo des­de la Sie­rra Maes­tra. Había un víncu­lo humano, de sen­ti­mien­to, de cari­ño, de fide­li­dad y de leal­tad muy pro­fun­do. Por lo tan­to él tam­bién lo tenía con noso­tros, por eso era muy difí­cil dejar a los enfer­mos. Y ahí se defi­ne gran par­te de todo el desenlace.

El Che, ¿un aventurero?

El Che dio res­pues­ta a esas crí­ti­cas. Hay alguien que le pre­gun­tó una vez si era un aven­tu­re­ro y dijo sí, de los que expo­nen el pelle­jo y se expo­nen al ries­go. A un revo­lu­cio­na­rio, a una per­so­na fiel como el Che, como Fidel, como Bolí­var es muy difí­cil que le diga a la gen­te lo que dicen los reyes: “ve y com­ba­te”. Noso­tros nor­mal­men­te deci­mos: “vamos, acom­pá­ña­nos y vamos al fren­te”. Eso lo ves en Fidel en todas sus accio­nes, por eso la gen­te lo sigue. Una per­so­na es un líder popu­lar que con­du­ce a su gen­te por­que lo deter­mi­na el ejem­plo per­so­nal, la auto­ri­dad que él va a tener en todos los cam­pos para poder diri­gir y con­du­cir a un pue­blo. Por eso al Che le era tan difí­cil decir hagan el inter­na­cio­na­lis­mo y que­rer hacer­lo des­de una ofi­ci­na. Lo pri­me­ro que hizo el Che cuan­do lle­gó a Cuba fue tra­tar de orga­ni­zar el retorno a su patria, que es toda la ope­ra­ción de Mas­set­ti en Sal­ta, que no dio resul­ta­do pero su idea era ir allí. Por eso Mas­set­ti era el Coman­dan­te Segun­do, por­que el Che era el pri­me­ro. Está den­tro de la con­cep­ción del revo­lu­cio­na­rio el ejem­plo per­so­nal y el ejem­plo per­so­nal no es decir­te ve sino vamos. Y no se con­for­ma­ba con haber ayu­da­do a libe­rar a Cuba, sino que su idea con­ti­nen­tal le nació de Bolí­var, el pri­me­ro de los lati­no­ame­ri­ca­nos que pen­só en la crea­ción de la patria gran­de. Eso da res­pues­ta a lo injus­ta que pue­da ser a veces la gen­te de decir que por cum­plir su deber como revo­lu­cio­na­rio come­tió un error.

De comu­nis­ta a economista

Hay una anéc­do­ta que dice que el Che va al minis­te­rio de Indus­tria por casua­li­dad, por­que Fidel pre­gun­ta si había algún eco­no­mis­ta y el Che levan­tó la mano. Fidel le dice: “Che, ¿tú eres eco­no­mis­ta?”. Y el Che le res­pon­de: “No, lo que soy es comu­nis­ta”. En el dia­rio del Che, dice que la lucha revo­lu­cio­na­ria le daba la posi­bi­li­dad de gra­duar­se revo­lu­cio­na­rio u hom­bre. Toda­vía no se con­ce­bía como un revo­lu­cio­na­rio for­ma­do, sino que esta­ba real­men­te en la fase de auto­edu­car­se para lle­gar a ser revo­lu­cio­na­rio. Par­tien­do de que el Che es un auto­di­dac­ta en la eco­no­mía y como siem­pre hay en él un gran espí­ri­tu de supera­ción. Cuan­do lle­gó al minis­te­rio lo pri­me­ro que hizo fue bus­car un pro­fe­sor que le ense­ña­ra mate­má­ti­ca supe­rior. Tenía una ple­na con­fian­za de la impor­tan­cia de la mate­má­ti­ca. Pue­do decir, por­que estu­ve un tiem­po con él admi­nis­tran­do, que era un hom­bre con un cere­bro muy orga­ni­za­do y se pue­de decir que en Cuba sis­te­ma­ti­zó la direc­ción de la indus­tria. Muchas cosas las cogió de los ame­ri­ca­nos, la con­cep­ción de las empre­sas con­so­li­da­das, la direc­ción cen­tra­li­za­da y cómo a tra­vés del desa­rro­llo de las vías de infor­ma­ción se podía tener un con­trol estric­to y tomar deci­sio­nes opor­tu­nas en una coyun­tu­ra. El Che sis­te­ma­ti­zó eso y fue muy efi­cien­te en toda la cues­tión de la indus­tria. Hay cosas en el desa­rro­llo de la indus­tria nues­tra que las impo­nen las con­di­cio­nes, noso­tros empe­za­mos a desa­rro­llar­nos des­pués que los nor­te­ame­ri­ca­nos nos habían qui­ta­do todo. Enton­ces los rusos nos die­ron el nivel de desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co, que en aque­llos momen­tos no era el más avan­za­do. Con eso tuvo que luchar el Che, ade­más con la fal­ta de cua­dros. Un ejem­plo es que tuve que con­ver­tir­me en espe­cia­lis­ta en cerá­mi­ca y diri­gir una empre­sa, des­pués de cons­truir­la y ser su inver­sio­nis­ta. Has­ta que un día cho­qué con las exi­gen­cias del Che. Cogí un pre­su­pues­to que tenía para unas naves y lo inver­tí en un horno rota­ti­vo, por­que me que­dé sin mate­ria pri­ma, enton­ces el Che me dijo: “si no te da el inven­to, estás pre­so”. “¿Por qué?”, le pre­gun­té. Y me expli­có: “Por­que has come­ti­do un deli­to que es mal­ver­sa­ción téc­ni­ca. Cogis­te dine­ro del pre­su­pues­to de un epí­gra­fe y lo inver­tis­te en otro. Eso se lla­ma mal­ver­sa­ción téc­ni­ca y en Cuba tie­ne una san­ción”. El Che tenía el con­cep­to de que nada debía que­dar impu­ne, por­que no había nada que hicie­ra más daño al pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio que la impu­ni­dad. El que come­tía un error, tenía que pagar ese error. Lo otro era la jus­ti­cia. El Che fue muy útil y fue un hom­bre muy capaz, eso se pue­de ver en lo que escri­bió en Bolivia.

Foto: Pom­bo en Feria del Libro de La Haba­na 2010 (Yami­la Blanco)

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