Samir Amin: La des­igual­dad actual es el hecho social e his­tó­ri­co más impre­sio­nan­te de la historia.

Entre­vis­ta :: «El con­cep­to de modo de pro­duc­ción [de Marx] sigue sien­do fun­da­men­tal, pero el con­cep­to de capi­ta­lis­mo como sis­te­ma mun­dial ha cambiado».

Duran­te el pasa­do mes de mar­zo, el Cen­tro de Inves­ti­ga­cio­nes Inter­dis­ci­pli­na­rias en Cien­cias y Huma­ni­da­des de la Uni­ver­si­dad Nacio­nal Autó­no­ma de Méxi­co orga­ni­zó el Semi­na­rio Inter­na­cio­nal «Las alter­na­ti­vas demo­crá­ti­cas y el mun­do actual», entre cuyos asis­ten­tes se des­ta­có la pre­sen­cia del eco­no­mis­ta Samir Amin (1931). De ori­gen egip­cio, Amin a dedi­ca­do gran par­te de su obra al estu­dio de las rela­cio­nes entre los paí­ses desa­rro­lla­dos y los sub­de­sa­rro­lla­dos. Crí­ti­co impla­ca­ble del comu­nis­mo esta­li­nis­ta, lo es tam­bién de la glo­ba­li­za­ción capitalista.

Al pri­me­ro lo acu­sa de no haber lle­ga­do nun­ca a ser un sis­te­ma socia­lis­ta y de esta­ble­cer a un nue­vo tipo de bur­gue­sía buro­crá­ti­ca en el poder. A la segun­da le acha­ca la gene­ra­ción de la mayor des­igual­dad entre paí­ses ricos y pobres que regis­tra la his­to­ria de la humanidad.

Amin sos­tie­ne que la con­tra­dic­ción centro/​periferia es inma­nen­te al desa­rro­llo del sis­te­ma capi­ta­lis­ta mun­dial y que, así como el capi­ta­lis­mo nació en la peri­fe­ria de las gran­des civi­li­za­cio­nes, el socia­lis­mo será posi­ble a esca­la mun­dial sólo a con­di­ción de una revo­lu­ción en la peri­fe­ria del capitalismo.

Gra­dua­do en París en Cien­cias Polí­ti­cas, Esta­dís­ti­ca y Eco­no­mía, es autor de una exten­sa obra que com­pren­de, entre muchos otros ensa­yos, a «L’ac­cu­mu­la­tion à l’é­che­lle mon­dia­le» (La acu­mu­la­ción a esca­la mun­dial), «L’é­chan­ge inégal et la loi de la valeur» (El inter­cam­bio des­igual y la ley del valor), «L’im­pé­ria­lis­me et le déve­lop­pe­ment inégal» (El impe­ria­lis­mo y el desa­rro­llo des­igual), «La loi de la valeur et le maté­ria­lis­me his­to­ri­que» (La ley del valor y el mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co), «La ges­tion capi­ta­lis­te de la cri­se» (La ges­tión capi­ta­lis­ta de la cri­sis) y «Les défis de la mon­dia­li­sa­tion» (Los desa­fíos de la mundialización).

Estan­do en la Ciu­dad de Méxi­co, el autor con­ce­dió la siguien­te entre­vis­ta al eco­no­mis­ta mexi­cano José Gan­da­ri­lla Sal­ga­do, a la poli­tó­lo­ga argen­ti­na Kari­na Moreno y al poli­tó­lo­go ita­liano Mas­si­mo Modonesi:

- En su inter­pre­ta­ción ¿Cómo estu­diar hoy el capi­ta­lis­mo, qué se man­tie­ne vigen­te de la crí­ti­ca de la Eco­no­mía Polí­ti­ca y del mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co, y qué habría nece­si­dad de repensar?

Se tra­ta de una cues­tión com­ple­ja, que cubre muchas dimen­sio­nes del pro­ble­ma. En pri­mer lugar, y no soy el úni­co en pen­sar­lo, el capi­ta­lis­mo es un sis­te­ma mun­dial. El aná­li­sis del capi­ta­lis­mo como sis­te­ma mun­dial no se pue­de redu­cir al aná­li­sis del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta como modo de pro­duc­ción abs­trac­to, del cual se pue­de supo­ner sim­ple­men­te la exten­sión geo­grá­fi­ca a todo el mundo.

El con­cep­to de modo de pro­duc­ción sigue sien­do fun­da­men­tal pero el con­cep­to de capi­ta­lis­mo como sis­te­ma mun­dial es dis­tin­to. Este es un pun­to de par­ti­da meto­do­ló­gi­co muy impor­tan­te por­que en el aná­li­sis o en las pre­ten­sio­nes ana­lí­ti­cas de la eco­no­mía domi­nan­te, y tam­bién des­gra­cia­da­men­te en muchos aná­li­sis del capi­ta­lis­mo que se rei­vin­di­can del mar­xis­mo, está pre­sen­te una con­fu­sión entre estos dos nive­les, o por lo menos la sepa­ra­ción de ambos con­cep­tos no está hecha en tér­mi­nos sufi­cien­te­men­te claros.

En segun­do lugar, si ana­li­za­mos el capi­ta­lis­mo como sis­te­ma mun­dial, creo que pode­mos estar de acuer­do en la exis­ten­cia de un modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta y que, a este nivel de abs­trac­ción, el aná­li­sis de Marx en «El Capi­tal» es, no sola­men­te pri­mor­dial, sino que el mis­mo no ha sido supe­ra­do. Cabe enfa­ti­zar que este aná­li­sis sigue sien­do fun­da­men­tal y váli­do para el capi­ta­lis­mo en todas las eta­pas de su desa­rro­llo, pres­cin­dien­do de las nove­da­des sur­gi­das entre una eta­pa y la otra.

Sin embar­go, al obser­var al capi­ta­lis­mo como sis­te­ma mun­dial cons­ta­ta­re­mos que es un sis­te­ma mun­dial pola­ri­za­do, en el sen­ti­do que ha gene­ra­do una des­igual­dad sin pre­ce­den­tes en la his­to­ria de la huma­ni­dad. En tiem­pos de la Revo­lu­ción Indus­trial la rela­ción de la pro­duc­ti­vi­dad media anual por fami­lias (las cua­les eran en un 80 a un 90% rura­les), mos­tra­ba una dife­ren­cia muy redu­ci­da, según varias esta­dís­ti­cas era una rela­ción de 1 a 1.3, una dis­tan­cia sin impor­tan­cia, con un 30% de dife­ren­cia máxi­ma. Esta dis­tan­cia cre­ció con el trans­cu­rrir de los siglos has­ta lle­gar actual­men­te a una rela­ción de 1 a 60. Un fenó­meno gigan­tes­co, pro­ba­ble­men­te el hecho social e his­tó­ri­co más impre­sio­nan­te de la his­to­ria de la humanidad.

A pesar de esto, la eco­no­mía domi­nan­te no se intere­sa por este hecho y des­gra­cia­da­men­te la eco­no­mía mar­xis­ta no le ha reco­no­ci­do la cen­tra­li­dad que mere­ce. Un hecho de tal ampli­tud es inma­nen­te a la expan­sión mun­dial del capi­ta­lis­mo, no es un pro­duc­to de la coyun­tu­ra, de espe­ci­fi­ci­da­des con­cre­tas loca­les que de por sí exis­ten. Por su lógi­ca inter­na, la acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta a esca­la mun­dial es pola­ri­zan­te. Creo que la razón por la cual es pola­ri­zan­te es muy sen­ci­lla de entender.

Si obser­va­mos el capi­ta­lis­mo como modo de pro­duc­ción, el con­cep­to impli­ca en una zona geo­grá­fi­ca cual­quie­ra, que pode­mos lla­mar Esta­do, una inte­gra­ción del mer­ca­do en sus tres dimen­sio­nes: mer­ca­do de las pro­duc­cio­nes, del tra­ba­jo y del capi­tal. Por otro lado, un aná­li­sis del capi­ta­lis­mo como sis­te­ma mun­dial nos mos­tra­rá que la ten­den­cia a la inte­gra­ción es cre­cien­te. Como mer­ca­do de los pro­duc­tos, comen­zó con las mate­rias pri­mas y des­pués se exten­dió a los pro­duc­tos ter­mi­na­dos, mien­tras que hoy es evi­den­te una ten­den­cia a la inte­gra­ción de los mer­ca­dos de capi­ta­les. Pero esto no vale para el tra­ba­jo, las fron­te­ras con­ti­núan exis­tien­do, y los mexi­ca­nos lo saben bien, el Río Gran­de exis­te. Pien­so que un mer­ca­do inte­gra­do del capi­tal sin un mer­ca­do inte­gra­do del tra­ba­jo pro­du­ce la polarización.

Podría­mos demos­trar­lo en for­ma muy sen­ci­lla. Dicho esto, es nece­sa­rio ana­li­zar el capi­ta­lis­mo como sis­te­ma mun­dial más en deta­lle. Exa­mi­nar las dis­tin­tas fases suce­si­vas de esta pola­ri­za­ción centro/​periferia (que se pue­de nom­brar norte/​sur, desarrollo/​subdesarrollo, pri­mer mundo/​tercer mun­do, es sim­ple­men­te una cues­tión de voca­bu­la­rio). Hay que obser­var el capi­ta­lis­mo fase por fase, cada una con sus carac­te­rís­ti­cas, las cua­les depen­den prin­ci­pal­men­te de las rela­cio­nes socia­les, en los paí­ses del cen­tro como en los paí­ses de la peri­fe­ria, con las varian­tes exis­ten­tes en cada uno de ellos. Debe­mos par­tir de estas rela­cio­nes socia­les y ver como se arti­cu­lan con la ley de la expan­sión mun­dial del capi­tal y cómo ésta entra en con­tra­dic­ción con las espe­ci­fi­ci­da­des de las for­ma­cio­nes socia­les de los cen­tros y de las peri­fe­rias en cada una de esas fases.

Final­men­te, defi­nir cada una de esas fases en fun­ción de las carac­te­rís­ti­cas domi­nan­tes de esas rela­cio­nes socia­les. No estoy hablan­do del desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co, aun­que no nie­go su rele­van­cia, pero la mayor par­te de los aná­li­sis de la his­to­ria del capi­ta­lis­mo arran­can del desa­rro­llo de la tec­no­lo­gía como si se desa­rro­lla­ra en for­ma autó­no­ma, como pro­duc­to de la cien­cia, y deter­mi­na­se un tipo de desa­rro­llo de las rela­cio­nes socia­les. Por el con­tra­rio, par­to de las rela­cio­nes socia­les y des­pués obser­vo cómo el desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co se inser­ta en ellas, las mode­la y se ajus­ta al desa­rro­llo de las mis­mas. De esta his­to­ria del capi­ta­lis­mo, sobre la cual podría­mos dis­cu­tir mucho, toma­ré sola­men­te la ante­úl­ti­ma eta­pa, la que comien­za en la segun­da pos­gue­rra, la eta­pa abier­ta por la doble derro­ta del fas­cis­mo y del colo­nia­lis­mo, del vie­jo colo­nia­lis­mo que nega­ba la inde­pen­den­cia a los pue­blos de Afri­ca y de Asia, sin negar la impor­tan­cia de las rup­tu­ras revo­lu­cio­na­rias en Rusia, en Chi­na y en otros países.

Des­de ese momen­to se abre una fase que dura­rá alre­de­dor de medio siglo, de 1945 a 1990, si que­re­mos poner fechas pre­ci­sas. Esta fase se carac­te­ri­zó, en los paí­ses del cen­tro capi­ta­lis­ta desa­rro­lla­do, por una rela­ción capi­tal-tra­ba­jo rela­ti­va­men­te menos des­fa­vo­ra­ble al tra­ba­jo como nun­ca en la his­to­ria del capi­ta­lis­mo. Si que­re­mos uti­li­zar una ter­mi­no­lo­gía ita­lia­na, por un «com­pro­mi­so his­tó­ri­co» entre capi­tal y tra­ba­jo que fue la base obje­ti­va del «esta­do de bien­es­tar» en occidente.

Tene­mos des­pués una segun­da fami­lia de com­pro­mi­sos his­tó­ri­cos en los paí­ses del socia­lis­mo real­men­te exis­ten­te, y un ter­cer gru­po resul­ta­do de los movi­mien­tos de libe­ra­ción nacio­nal en Afri­ca y en Asia, mien­tras en Amé­ri­ca Lati­na, que era for­mal­men­te inde­pen­dien­te, el desa­rro­llis­mo y el popu­lis­mo. Se tra­ta­ba de for­mas socia­les segu­ra­men­te con­tra­dic­to­rias y con­flic­ti­vas, pero tam­bién fun­da­das sobre cier­tos equi­li­brios. Esta pági­na ya ha sido dada vuel­ta, aun­que no por la caí­da del Muro de Ber­lín o por el fin de la Gue­rra Fría, sino por la ero­sión gra­dual de los tres mode­los: el mode­lo sovié­ti­co, el esta­do de bien­es­tar y los mode­los nacio­nal-popu­lis­tas de las peri­fe­rias afri­ca­nas, asiá­ti­cas y lati­no­ame­ri­ca­nas. Esta ero­sión ha con­du­ci­do a un des­equi­li­brio en la corre­la­ción de fuer­zas socia­les a favor del capi­tal en todas las regio­nes del mun­do y ha per­mi­ti­do crear las con­di­cio­nes de la ola neo­li­be­ral en la cual nos encontramos.

- Vol­vien­do a la últi­ma par­te de la pri­me­ra pre­gun­ta, que de suyo abre todo un pano­ra­ma. Pen­san­do en la nece­si­dad (en tér­mi­nos meto­do­ló­gi­cos y epis­te­mo­ló­gi­cos) de reafir­mar un pen­sa­mien­to crí­ti­co (inclu­so de pen­sar a la eco­no­mía muy liga­da a la éti­ca), en su opi­nión, ¿cuá­les serían las exi­gen­cias que debie­ra cubrir este tipo de pensamiento?

Esta pre­gun­ta es toda­vía más com­ple­ja que la pri­me­ra y plan­tea varias cues­tio­nes simul­tá­nea­men­te. No voy a poder res­pon­der a todos los pun­tos, voy a esco­ger sola­men­te algu­nos. Es nece­sa­rio dis­tin­guir des­de el pun­to de vis­ta epis­te­mo­ló­gi­co las Cien­cias Natu­ra­les de las Cien­cias Socia­les, del pen­sa­mien­to social para decir­lo en for­ma más correc­ta. Para sim­pli­fi­car, en las Cien­cias Natu­ra­les la natu­ra­le­za es el obje­to de obser­va­ción, en las Cien­cias Socia­les el obje­to, la socie­dad huma­na, es al mis­mo tiem­po el suje­to de su pro­pia his­to­ria, es un nivel social total­men­te distinto.

De cual­quier mane­ra, sos­ten­go que es nece­sa­ria una acti­tud cien­tí­fi­ca en rela­ción a ese obje­to que es tam­bién suje­to; no un dis­cur­so éti­co o ideo­ló­gi­co sin rela­ción con la reali­dad, sino un aná­li­sis lo más cien­tí­fi­co posi­ble. En este aná­li­sis, creo que esta­mos fren­te a una reali­dad y creo que pode­mos lla­mar­la capi­ta­lis­ta sin equi­vo­car­nos, con un deter­mi­na­do núme­ro de carac­te­rís­ti­cas fun­da­men­ta­les, que el modo de pro­duc­ción sea el eje cen­tral, así como fue ana­li­za­do his­tó­ri­ca­men­te por Marx, o sea el capi­ta­lis­mo como sis­te­ma mun­dial, como he inten­ta­do des­cri­bir­lo rápi­da­men­te antes. ¿Cómo ana­li­zar esta reali­dad? ¿Cuá­les son los ins­tru­men­tos y por qué esco­ger­los entre otros? Obser­va­mos cómo el pen­sa­mien­to bur­gués ana­li­za esa reali­dad, no sólo la eco­no­mía, sino el con­jun­to cons­ti­tui­do por la visión filo­só­fi­ca, social, ideo­ló­gi­ca, polí­ti­ca y económica.

Para hacer­lo hay que remi­tir­se a Adam Smith, que es el fun­da­dor del pen­sa­mien­to bur­gués moderno, o mejor dicho, el que reu­nió en for­ma cohe­ren­te los frag­men­tos que cir­cu­la­ban en la épo­ca. Adam Smith avan­za en la hipó­te­sis, que no es for­mu­la­da en tér­mi­nos de hipó­te­sis sino de con­vic­ción, que exis­te una con­ver­gen­cia natu­ral, y la pala­bra natu­ral es suya no mía, entre el mer­ca­do y la demo­cra­cia. El mer­ca­do no es vis­to como auto­rre­gu­la­do, como pre­ten­de el libe­ra­lis­mo vul­gar, sino median­te una regu­la­ción esta­tal que cree las con­di­cio­nes para una res­pues­ta social­men­te acep­ta­da a la expre­sión de las nece­si­da­des. La demo­cra­cia sería un con­jun­to de dere­chos, pro­ce­di­mien­tos e ins­ti­tu­cio­nes a dis­po­si­ción del ciu­da­dano y en la épo­ca de Adam Smith, sólo los pro­pie­ta­rios eran ciu­da­da­nos. La expre­sión libre de esos ciu­da­da­nos tenía que refren­dar los resul­ta­dos del mer­ca­do, no había con­tra­dic­ción entre los dos, sino una con­ver­gen­cia paralela.

Esta con­cep­ción lle­va a vaciar de todo con­te­ni­do el con­cep­to de demo­cra­cia, por­que no hay más capa­ci­dad de inno­var, que es mi defi­ni­ción de demo­cra­cia, sino una demo­cra­cia de baja inten­si­dad que no sir­ve para nada. Esta visión tie­ne la pre­ten­sión de expli­car la nue­va reali­dad del capi­ta­lis­mo y al mis­mo tiem­po la pre­sen­ta como el fin de la his­to­ria; las Luces y la Revo­lu­ción Fran­ce­sa esta­ble­cie­ron el rei­no de la razón y si se ha lle­ga­do al rei­no de la razón, la his­to­ria no es más que un desa­rro­llo lineal en un cua­dro defi­ni­do. El pro­duc­to de esto es una teo­ría eco­nó­mi­ca que es una teo­ría de la no reali­dad, del capi­ta­lis­mo ima­gi­na­rio, o sea, del mer­ca­do fun­cio­nan­do según esta lógi­ca, esta racio­na­li­dad. Por otra par­te, los geren­tes del sis­te­ma, sean los capi­ta­lis­tas, los empre­sa­rios o el Esta­do que toma las deci­sio­nes en inte­rés colec­ti­vo de esa cla­se, están sumer­gi­dos en la reali­dad, no en un mun­do imaginario.

Exis­te enton­ces una prác­ti­ca y la teo­ría está des­ti­na­da a legi­ti­mar­la. Creo que lo que lla­ma­mos eco­no­mía pura es el ejem­plo extre­mo de esa situa­ción. La eco­no­mía pura es la teo­ría de una reali­dad no exis­ten­te, muy útil por­que sien­do una teo­ría de la no reali­dad per­mi­te legi­ti­mar cual­quier elec­ción prag­má­ti­ca de la ges­tión del capi­ta­lis­mo real­men­te existente.

En ese sen­ti­do ‑y lo digo en «Cri­ti­que de l’air du temps» (Crí­ti­ca de nues­tro tiem­po)- digo que el eco­no­mis­ta puro es al sis­te­ma y al poder capi­ta­lis­ta lo que es el bru­jo para el rey. ¿Cuál era su papel? El bru­jo tenía que adi­vi­nar lo que el rey que­ría hacer, des­pués tenía que hacer cosas raras para decir­le al rey lo que tenía que hacer, en reali­dad, lo que que­ría hacer, para dar así a la acción del rey legi­ti­mi­dad a los ojos del pue­blo. En reali­dad, no es el bru­jo quien dic­ta al rey, sino el rey quien dic­ta al bru­jo, y el bru­jo legi­ti­ma. El eco­no­mis­ta hace la mis­ma cosa: es efi­caz para el sis­te­ma si adi­vi­na qué es lo que el sis­te­ma nece­si­ta y lo legi­ti­ma. Usa por otra par­te, méto­dos simi­la­res como por ejem­plo el len­gua­je incom­pren­si­ble, etcétera.

Creo que es impor­tan­te hacer una crí­ti­ca del pen­sa­mien­to bur­gués. En muchos casos, tam­bién la izquier­da se deja impre­sio­nar por la eco­no­mía libe­ral que pro­por­cio­na, por cier­to, algu­nos ele­men­tos de la reali­dad, pero no hacer otra cosa que legi­ti­mar los intere­ses domi­nan­tes y sus polí­ti­cas. Este fenó­meno esta­ba pre­sen­te tam­bién en el socia­lis­mo real­men­te exis­ten­te, en don­de tenía­mos un dis­cur­so sobre la reali­dad ima­gi­na­ria, el socia­lis­mo, y una prác­ti­ca de la ges­tión de la socie­dad. El dis­cur­so ideo­ló­gi­co era usa­do como dis­cur­so de legi­ti­ma­ción de la prác­ti­ca. Espe­ro que se tome con­cien­cia de esto y se inten­te supe­rar­lo, de hacer un aná­li­sis del mun­do real­men­te exis­ten­te. En esta tarea sigo con­si­de­rán­do­me mar­xis­ta; pien­so que los ins­tru­men­tos del mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co siguen sien­do muy úti­les, pero no nece­sa­ria­men­te los del mar­xis­mo «his­tó­ri­co», o sea, el mar­xis­mo como fue enten­di­do o pues­to en prác­ti­ca por todas las fuer­zas que se han ins­pi­ra­do en él.

- En su momen­to, usted avan­zó en la crí­ti­ca del euro­cen­tris­mo, del desa­rro­llis­mo. Aho­ra pare­cie­ra nece­sa­rio avan­zar en la crí­ti­ca de los con­cep­tos orde­na­do­res del dis­cur­so occi­den­tal, su con­cep­to de moder­ni­dad, de pro­gre­so, de desa­rro­llo, inclu­so de una recu­pe­ra­ción de la dimen­sión his­tó­ri­ca. ¿Cómo obser­va esta dimen­sión del pen­sa­mien­to crí­ti­co, nece­sa­ria más que nun­ca en esta épo­ca y pen­san­do des­de el ter­cer mundo?

A mi pare­cer, la moder­ni­dad es el momen­to en don­de se pro­cla­ma que la huma­ni­dad hace su pro­pia his­to­ria; enton­ces se atri­bu­ye el dere­cho de inno­var, de inven­tar, se da el dere­cho a una ima­gi­na­ción crea­do­ra en todos los ámbi­tos. Esta es una idea nue­va, una idea moder­na. Todas las socie­da­des, entre el 1500 y el 1800 ‑y en la socie­dad medie­val euro­pea, la islá­mi­ca, la de la Chi­na con­fu­sia­na, los azte­cas, etcétera‑, tenían dife­ren­cias pero una cosa en común: la creen­cia, la pro­cla­ma­ción de que el orden social for­ma­ba par­te del orden natu­ral, de un orden cós­mi­co gene­ral­men­te aso­cia­do a una for­ma reli­gio­sa o a una creen­cia meta­fí­si­ca, y que el ser humano o la socie­dad no tenía que inven­tar sino obe­de­cer a las leyes dic­ta­das por ese orden cósmico.

Bien enten­di­do, en reali­dad la tra­di­ción en cues­tión tenía que ser cons­tan­te­men­te rein­ter­pre­ta­da por­que la socie­dad, a pesar de todo, cam­bia­ba. La moder­ni­dad es el momen­to de rup­tu­ra con todo esto, rup­tu­ra que, por razo­nes his­tó­ri­cas, se desa­rro­lló en una región del mun­do en un momen­to de la his­to­ria: en la Euro­pa Occi­den­tal. Se expre­só cla­ra­men­te en las Luces euro­peas, con las raí­ces medi­te­rrá­neas pre­ce­den­tes, en tres paí­ses, Ingla­te­rra, Paí­ses Bajos y Fran­cia, entre 1600 y 1800. No es un caso que sea con­co­mi­tan­te con el naci­mien­to del capi­ta­lis­mo. Cuan­do el capi­ta­lis­mo se vuel­ve un sis­te­ma mun­dial, esta nue­va cul­tu­ra que lla­ma­mos moder­ni­dad se vuel­ve mun­dial. Sos­ten­go enton­ces que esta cul­tu­ra mun­dial, este nue­vo uni­ver­sa­lis­mo, no es occi­den­tal sino capi­ta­lis­ta. Sus carac­te­rís­ti­cas fun­da­men­ta­les no se entien­den con rela­ción a las espe­ci­fi­ci­da­des euro­peas sino con rela­ción a las espe­ci­fi­ci­da­des del capi­ta­lis­mo; no tie­ne nada que ver con los euro­peos. Habría que usar la expre­sión domi­na­ción de la cul­tu­ra capi­ta­lis­ta en lugar de la cul­tu­ra occidental.

A cau­sa de la pola­ri­za­ción que pro­du­ce la expan­sión mun­dial del capi­ta­lis­mo, la expan­sión de esta cul­tu­ra está en cri­sis per­ma­nen­te, pro­me­te a todos pero dis­tri­bu­ye siem­pre en for­ma cada vez más des­igual, crean­do fenó­me­nos de recha­zo, de insa­tis­fac­ción. Este recha­zo se expre­sa con­tra el Occi­den­te cuan­do debe­ría hacer­lo con­tra el capitalismo.

Por otra par­te, los mis­mos euro­peos recons­tru­yen su pro­pia his­to­ria como una his­to­ria ima­gi­na­ria que borra la espe­ci­fi­ci­dad capi­ta­lis­ta de esta moder­ni­dad, inven­tan­do una his­to­ria lineal a par­tir del ante­pa­sa­do míti­co grie­go y de la espe­ci­fi­ci­dad del cris­tia­nis­mo, ase­gu­ran­do que esta moder­ni­dad podía sola­men­te ser crea­da en Euro­pa. La afir­ma­ción euro­cen­tris­ta pro­vo­ca un recha­zo hacia el Occi­den­te, cayen­do en el cul­tu­ra­lis­mo: tam­bién los otros cons­tru­yen sus líneas ima­gi­na­rias, empe­zan­do en la pre­his­to­ria chi­na, en la pre­his­to­ria de los pue­blos semi­tas, los ára­bes y los indios de Amé­ri­ca podrían hacer lo mis­mo. Nos encon­tra­ría­mos en el cul­tu­ra­lis­mo, o sea, la afir­ma­ción de cul­tu­ras con ele­men­tos trans­his­tó­ri­cos y espe­cí­fi­cos que supri­mi­rían com­ple­ta­men­te el uni­ver­sa­lis­mo. Una for­ma vul­gar son las comu­ni­da­des en los Esta­dos Uni­dos: vivan la comu­ni­da­des. pero res­pe­tan­do las jerar­quías; vivan las espe­ci­fi­ci­da­des. pero cada quien a su lugar. Ten­dría­mos que cam­biar y des­pla­zar el deba­te hacia el capi­ta­lis­mo mun­dial y el socia­lis­mo mun­dial, el pasa­je a una socie­dad mun­dial sin cla­ses en el nom­bre de la moder­ni­dad, del dere­cho de inven­tar, de ima­gi­nar, en el nom­bre de la uto­pía crea­do­ra, de una nue­va fase de desa­rro­llo de la moder­ni­dad, de supera­ción de la moder­ni­dad trun­ca del capi­ta­lis­mo, de la cul­tu­ra uni­ver­sal del capi­ta­lis­mo a la cul­tu­ra uni­ver­sal del comu­nis­mo, para lla­mar­lo por su nombre.

- En su libro «Los desa­fíos de la mun­dia­li­za­ción», usted afir­ma que hace vein­te años pro­po­nía una alian­za del Sur con la Social­de­mo­cra­cia euro­pea, pero esto no fun­cio­nó. En el deba­te del semi­na­rio se vuel­ve a plan­tear esta hipó­te­sis, ¿pien­sa que este tipo de alian­za sea via­ble en la actualidad?

En pri­mer lugar, creo que la ero­sión de los tres sis­te­mas (el mode­lo sovié­ti­co, el esta­do de bien­es­tar y los mode­los nacio­nal-popu­lis­tas) se mani­fies­ta en la cri­sis real de las ideo­lo­gías, de las for­mas de orga­ni­za­ción de los par­ti­dos, de las tra­di­cio­nes, de la izquier­da o de las izquier­das en las tres par­tes del mun­do. Asis­ti­mos a la cri­sis de la social­de­mo­cra­cia occi­den­tal, del comu­nis­mo de la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal y del nacio­nal-popu­lis­mo radi­cal, nacio­na­lis­ta con con­te­ni­do social, no socia­lis­ta, aun­que algu­nos se hayan cali­fi­ca­do como tales.

La social­de­mo­cra­cia está enton­ces en cri­sis y no veo alian­zas posi­bles en la hora actual por­que no hay, ni de un lado ni del otro, nue­vas fuer­zas de izquier­da alter­na­ti­vas cris­ta­li­za­das. No lo digo des­de un pun­to de vis­ta nacio­na­lis­ta del ter­cer mun­do ‑soy un inter­na­cio­na­lis­ta- pero has­ta que alter­na­ti­vas socia­les de izquier­da no se cris­ta­li­cen en el Sur como en el Nor­te, ¿alian­zas de quién con quién? Se pue­den tener inter­cam­bios de opi­nión, posi­ble­men­te accio­nes comu­nes sobre pun­tos comu­nes, nada más en este momen­to. Esto quie­re decir, en tér­mi­nos prio­ri­ta­rios, cons­truir nue­vos suje­tos his­tó­ri­cos anti­sis­té­mi­cos en cada región del mundo.

- ¿Cuál es su carac­te­ri­za­ción de la cri­sis en cur­so del sis­te­ma? Y en este con­tex­to, ¿cómo pen­sar e ini­ciar la cons­truc­ción de una alternativa?

La fase neo­li­be­ral, que haría­mos mejor en lla­mar paleo­li­be­ral, es la con­se­cuen­cia de un des­equi­li­brio de las rela­cio­nes socia­les a favor del capi­tal. En todas par­tes, a esca­la mun­dial, con la caí­da del socia­lis­mo real­men­te exis­ten­te, no impor­ta si no era socia­lis­ta, con la ero­sión de los pro­yec­tos nacio­nal-popu­lis­tas de desa­rro­llo, con la ero­sión del esta­do de bien­es­tar en Occi­den­te, se gene­ra un des­equi­li­brio bru­tal en un perío­do his­tó­ri­co muy bre­ve, una dece­na de años (si que­re­mos poner fechas: de 1980 a 1991 para los paí­ses del Sur, des­de 1975 cuan­do es recha­za­do el recla­mo de un Nue­vo Orden Eco­nó­mi­co Inter­na­cio­nal). Este des­equi­li­brio pro­du­ce la cri­sis por­que pro­du­ce un des­fa­se entre la capa­ci­dad de pro­duc­ción y la capa­ci­dad de con­su­mo de la socie­dad y una nue­va repar­ti­ción de la rique­za, tan­to a esca­la mun­dial como a esca­la nacio­nal, tan des­igual que se crea un exce­den­te de capi­tal que no pue­de encon­trar colo­ca­ción en la exten­sión del sis­te­ma productivo.

Enton­ces el sis­te­ma está ame­na­za­do por una cri­sis pro­fun­da que tie­ne sus mani­fes­ta­cio­nes per­ma­nen­tes de estan­ca­mien­to rela­ti­vo, de des­em­pleo cre­cien­te, de pau­pe­ri­za­ción, etcé­te­ra. El sis­te­ma está enton­ces obli­ga­do a recu­rrir a la «ges­tión capi­ta­lis­ta de la cri­sis», que es el títu­lo de uno de mis libros. El capi­tal domi­nan­te, el de las tras­na­cio­na­les ‑el G7, como su expre­sión polí­ti­ca, y sus emplea­dos: el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal y el Ban­co Mun­dial (que no son ins­ti­tu­cio­nes impor­tan­tes sino emplea­dos del G7 y del capi­tal domi­nan­te)- bus­can y fabri­can sali­das alter­na­ti­vas a la ausen­cia y achi­ca­mien­to de las colo­ca­cio­nes pro­duc­ti­vas en la exten­sión de los mer­ca­dos espe­cu­la­ti­vos, en los mer­ca­dos financieros.

Pero, para reto­mar fór­mu­las de Marx, sin pasar por la esfe­ra de la pro­duc­ción, lo que quie­re decir sobre la base de un estan­ca­mien­to rela­ti­vo y, enton­ces, median­te una des­igual­dad cre­cien­te. Creo que los hechos están ahí: asis­ti­mos a un estan­ca­mien­to rela­ti­vo, a tasas de cre­ci­mien­to más débi­les que duran­te el perío­do ante­rior y a una cre­cien­te des­igual­dad en la repar­ti­ción de la rique­za. Se tra­ta de una espi­ral que se agra­va y que pro­fun­di­za la cri­sis en el sen­ti­do que cre­ce el plus­va­lor para el cual debe ser encon­tra­da una sali­da en el mer­ca­do financiero.

Enton­ces el sis­te­ma, que es pre­sen­ta­do como la vic­to­ria defi­ni­ti­va del capi­ta­lis­mo y de la paz, como el fin de la his­to­ria, es una ges­tión de la cri­sis que pro­fun­di­za la cri­sis mis­ma, retar­dan­do la solu­ción natu­ral que sería una des­va­lo­ri­za­ción del capi­tal. Pien­so que este parén­te­sis neo­li­be­ral se está cerran­do; nos acer­ca­mos al final de una fase cor­ta, de vein­te a vein­ti­cin­co años como máxi­mo. El final se anun­cia por el cos­ta­do finan­cie­ro de la mun­dia­li­za­ción. La cri­sis del sur­es­te asiá­ti­co es más que una cri­sis regional.

La reac­ción de los gobier­nos, de las cla­ses diri­gen­tes, de los esta­dos, pone en dis­cu­sión, en dis­tin­tos gra­dos, la mun­dia­li­za­ción finan­cie­ra, no la mun­dia­li­za­ción en gene­ral, ni el mode­lo de pro­duc­ción, ni el mode­lo de con­su­mo. Pero ponien­do en dis­cu­sión la mun­dia­li­za­ción finan­cie­ra, empu­ja al sis­te­ma a enfren­tar­se con aque­lla des­va­lo­ri­za­ción masi­va del capi­tal que ven­drá, aun­que no poda­mos saber en qué for­ma. Este perío­do se está cerran­do y, si que­re­mos pen­sar en tér­mi­nos de alter­na­ti­vas, hay que comen­zar por lo que está pasan­do, no por los desa­fíos de ayer, ni de ante­ayer, ni de hoy, sino de las con­tra­dic­cio­nes que ya se desa­rro­llan y que se agu­di­za­rán mañana.

Una estra­te­gia de la for­mu­la­ción de las alter­na­ti­vas tie­ne que par­tir de estas con­tra­dic­cio­nes. Mi tesis, o hipó­te­sis, o intui­ción es que, con el fin de este perio­do lla­ma­do neo­li­be­ral, entra­mos en una fase doble carac­te­ri­za­da por el cre­ci­mien­to de los con­flic­tos y de las luchas. Por con­flic­tos me refie­ro a con­flic­tos entre las cla­ses diri­gen­tes, en su inte­rior, y poten­cial­men­te con­flic­tos entre esta­dos. Veo cre­cer los con­flic­tos entre Esta­dos Uni­dos y Asia Orien­tal y del Sur ‑Chi­na, India y Corea, etcétera‑, y otros con­flic­tos. Cre­ce­rán tam­bién las luchas por­que este desas­tre social gene­ra­do por la ges­tión capi­ta­lis­ta de la cri­sis no pue­de dejar de pro­vo­car movi­mien­tos, luchas socia­les, polí­ti­cas e ideo­ló­gi­cas de todo tipo, con mucha ambi­güe­dad. Luchas de recha­zo, algu­nas posi­ti­vas, por­que siem­pre es posi­ti­vo que los tra­ba­ja­do­res defien­dan su sala­rio y no acep­ten el argu­men­to por el cual, en nom­bre de la ren­ta­bi­li­dad del capi­tal, habría que acep­tar sacri­fi­cios. Estos recha­zos podrían deri­var en ilu­sio­nes cul­tu­ra­lis­tas, fun­da­men­ta­lis­mos reli­gio­sos, replie­gues etni­cis­tas o de otra naturaleza.

Sin embar­go, toman­do las luchas con poten­cial pro­gre­sis­ta, uni­ver­sa­les o poten­cial­men­te uni­ver­sa­les, aun­que no lo sean de hecho ‑tomo algu­nos ejem­plos que estu­vie­ron pre­sen­tes en el Anti-Davos: gran­des movi­mien­tos reales, pero tam­bién sim­bó­li­cos y dis­tin­tos de los cin­co con­ti­nen­tes como el MST bra­si­le­ño, los sin­di­ca­tos corea­nos, las aso­cia­cio­nes cam­pe­si­nas del Bur­ki­na Faso, los des­em­plea­dos fran­ce­ses y las muje­res canadienses‑, ¿cómo se arti­cu­la­rán con el cre­ci­mien­to de los con­flic­tos?, ¿cuá­les pre­do­mi­na­rán?, ¿serán los con­flic­tos de las cla­ses domi­nan­tes los que domes­ti­ca­rán las luchas?, ¿las ins­tru­men­ta­li­za­rán para sus estra­te­gias o el cre­ci­mien­to de las luchas socia­les logra­rá sobre­po­ner­se a esos conflictos?

No ten­go rece­tas sino algu­nos prin­ci­pios para pen­sar algu­nas alter­na­ti­vas: por ejem­plo, debe­mos acla­rar lo que que­re­mos, cuál es nues­tro obje­ti­vo estra­té­gi­co. Un mun­do poli­cén­tri­co, con gra­dos de auto­no­mía para los paí­ses, las nacio­nes, las regio­nes, etcé­te­ra, que per­mi­tan a los pue­blos inven­tar, no sola­men­te sus pro­pias uto­pías crea­do­ras, sino tam­bién sus estra­te­gias y sus eta­pas, sus con­tra­tos socia­les, sus com­pro­mi­sos his­tó­ri­cos loca­les, así como las nego­cia­cio­nes para la arti­cu­la­ción y la orga­ni­za­ción de la mun­dia­li­za­ción cohe­ren­te­men­te con estas estrategias.

De este pro­ce­so nace­rá la alter­na­ti­va, o mejor dicho, las alter­na­ti­vas en plu­ral, así como hemos crea­do el Foro Mun­dial de las Alter­na­ti­vas, con­si­de­ran­do que las deman­das y las situa­cio­nes espe­cí­fi­cas no pue­den ser tra­ta­das con una úni­ca rece­ta, así como el Ban­co Mun­dial ofre­ce la mis­ma medi­ci­na a todos los pacien­tes por cual­quier enfer­me­dad. Este pro­yec­to impli­ca accio­nes a todos los nive­les: local, nacio­nal e inter­na­cio­nal; el nivel nacio­nal sigue sien­do fun­da­men­tal por­que, se quie­ra o no, segui­rán exis­tien­do Esta­dos por un buen rato, pero no hay que des­cui­dar el nivel mun­dial, don­de se tie­ne que recons­truir el inter­na­cio­na­lis­mo de los pueblos.

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