La His­to­ria les que­ma en las manos- Txis­ko Fer­nan­dez

La expul­sión masi­va de gita­nos pro­mo­vi­da por el Gobierno de Sar­kozy tie­ne muchos ele­men­tos preo­cu­pan­tes, comen­zan­do, cla­ro está, por el des­pre­cio que se está mos­tran­do hacia un colec­ti­vo social deter­mi­na­do, al que se está uti­li­zan­do inclu­so para librar una bata­lla de poder inter­na entre las ins­ti­tu­cio­nes de la Unión Euro­pea. Rela­ti­vi­zar lo pri­me­ro, la cri­mi­na­li­za­ción de esa pobla­ción nóma­da pro­ce­den­te del Este euro­peo para cen­trar­se en los «exce­sos ver­ba­les» de la comi­sa­ria de Jus­ti­cia, Vivia­ne Reding, es suma­men­te peli­gro­so. Y es lo que hicie­ron la mayo­ría de los man­da­ta­rios euro­peos en la cum­bre del pasa­do jue­ves. Esa toma de posi­ción gene­ra­li­za­da mini­mi­zan­do no sólo los «exce­sos ver­ba­les» de Sar­kozy, sino tam­bién los hechos con­su­ma­dos de los que es res­pon­sa­ble, indi­ca que, pese al duro posi­cio­na­mien­to de la Comi­sión y del Par­la­men­to euro­peos, se le está dan­do un autén­ti­co che­que en blan­co.

«Soy el jefe del Esta­do fran­cés y no pue­do dejar que insul­ten a mi país», «Mi deber es defen­der a Fran­cia». Estri­den­tes pala­bras con las que Sar­kozy repli­ca­ba a las pro­nun­cia­das por Reding evo­can­do las prác­ti­cas geno­ci­das que tuvie­ron lugar en Euro­pa duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Si la bata­lla dia­léc­ti­ca se cen­tra en com­pa­rar lo ocu­rri­do en los cam­pos de con­cen­tra­ción levan­ta­dos enton­ces ‑no sólo por los nazis; por ejem­plo, el de Gurs, en el lími­te con Zube­roa, lo levan­tó el Gobierno «demo­crá­ti­co» fran­cés bas­tan­te antes de la inva­sión ale­ma­na- con lo que está pasan­do con los gita­nos, la cues­tión pin­ta­ría muy bien para Sar­kozy.

Pero una lec­ción que ha que­da­do gra­ba­da en la His­to­ria y que no debe­mos olvi­dar es que, antes de ini­ciar­se el con­flic­to béli­co, los fas­cis­tas habían lle­ga­do al poder arro­pa­dos, en unos casos, por un gran apo­yo popu­lar y, en todos, con el con­sen­ti­mien­to del poder eco­nó­mi­co, la ben­di­ción ecle­siás­ti­ca y la timo­ra­ta «neu­tra­li­dad» del res­to de gobier­nos euro­peos. Ésa es la lec­ción que les que­ma en las manos aho­ra a los polí­ti­cos «con­ser­va­do­res» y a sus cole­gas «social­de­mó­cra­tas» y «libe­ra­les». Y por eso quie­ren lan­zar la His­to­ria a la hogue­ra.

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