Gue­rra sico­ló­gi­ca- Ramon Sola.

Lo decía ayer un colum­nis­ta madri­le­ño: «Un deber del minis­tro del Inte­rior es des­cu­brir fisu­ras en la ban­da, y si no, inven­tár­se­las». Se pue­de decir más alto, pero no más cla­ro. Como con­ti­nua­ción lógi­ca de tal argu­men­to, y a la vis­ta del tra­ta­mien­to de la reda­da, habrá que con­cluir que la misión auto­ad­ju­di­ca­da por casi todos los medios es difun­dir los «inven­tos» de Rubal­ca­ba como una cosa creí­ble.

No hay que tener una espe­cial sen­si­bi­li­dad crí­ti­ca para enten­der que la reda­da de ante­ayer es una ope­ra­ción pro­pa­gan­dís­ti­ca, lo que no le res­ta un ápi­ce de gra­ve­dad cuan­do nue­ve per­so­nas están en cala­bo­zos de la Guar­dia Civil. El Esta­do bus­ca, y aho­ra a mar­chas for­za­das tras la decla­ra­ción de ETA, sem­brar rece­los en la izquier­da aber­tza­le, empon­zo­ñar, blo­quear. Pero ya no enga­ña a nadie.

Antes estas cosas se ocul­ta­ban con disi­mu­lo. Aho­ra, sin embar­go, al minis­tro de Jus­ti­cia no le impor­ta admi­tir que detie­nen sólo para esce­ni­fi­car que «no esta­mos en tre­gua», y el de Inte­rior no duda en ven­der la reda­da como un inten­to de «res­tar a ETA par­te de su poder sobre Bata­su­na». Como bien dice el colum­nis­ta de «El Mun­do», hacen su labor, men­tir. Pero sólo esas dos fra­ses debe­rían bas­tar para que cual­quie­ra situa­ra la reda­da en sus jus­tos tér­mi­nos. Y a par­tir de ahí pen­sa­ra si mere­ce la pena seguir en gue­rra sico­ló­gi­ca o dar­le una opor­tu­ni­dad a la paz.

Gara.

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