El tes­ti­mo­nio del cama­ró­gra­fo ofi­cial del gobierno de EEUU que fil­mó los res­tos de las torres geme­las el 11/​S con­tra­di­ce la ver­sión ofi­cial de Washington.

Kurt Son­nen­feld jun­to a un espe­cia­lis­ta soco­rris­ta no iden­ti­fi­ca­do en los res­tos y des­com­bros sub­te­rrá­neos de la «Zona Cero» («Ground Zero» en inglés) de las torres geme­las derrum­ba­das en New York poco des­pués del 11 de sep­tiem­bre de 2001.
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Kurt Son­nen­felf, gra­dua­do de la Uni­ver­si­dad de Colo­ra­do (Esta­dos Uni­dos), hizo estu­dios de rela­cio­nes inter­na­cio­na­les y eco­no­mía, así como de lite­ra­tu­ra y filo­so­fía. Tra­ba­jó para el gobierno de Esta­dos Uni­dos como cama­ró­gra­fo ofi­cial de videos y direc­tor de las ope­ra­cio­nes de divul­ga­ción audio­vi­sual del equi­po de inter­ven­ción de urgen­cia para la Agen­cia Fede­ral de Situa­cio­nes de Urgen­cia (FEMA).

Kurt Son­nen­feld tam­bién tra­ba­jó bajo con­tra­to para diver­sas agen­cias guber­na­men­ta­les y pro­gra­mas para ope­ra­cio­nes con­fi­den­cia­les y «sen­si­bles» en ins­ta­la­cio­nes cien­tí­fi­cas y mili­ta­res, en terri­to­rio estadounidense.

El 11 de sep­tiem­bre de 2001, la zona cono­ci­da como «Ground Zero» fue cerra­da al públi­co. Pero Son­nen­feld tenía libre acce­so a ese sec­tor, lo cual le per­mi­tió docu­men­tar la inves­ti­ga­ción (que nun­ca se con­cre­tó) y pro­por­cio­nar imá­ge­nes «decan­ta­das» a prác­ti­ca­men­te todos los cana­les infor­ma­ti­vos del mun­do. Las gra­ba­cio­nes que reve­lan la exis­ten­cia de cier­tas ano­ma­lías que des­cu­brió en Ground Zero siguen en poder de Sonnenfeld.

Acu­sa­do, con­for­me al guión de una manio­bra mon­ta­da de ante­mano [como el caso del perio­dis­ta Garry Webb] –lo cual resul­ta evi­den­te a la luz de hechos pos­te­rio­res – , se le acu­só fal­sa­men­te de haber come­ti­do un cri­men, cri­men que nun­ca tuvo lugar, Kurt Son­nen­feld ha sido per­se­gui­do a tra­vés de dos con­ti­nen­tes. Al cabo de años de mie­do, de injus­ti­cia y ais­la­mien­to, se deci­dió a pro­nun­ciar­se públi­ca­men­te en con­tra de la ver­sión ofi­cial del gobierno esta­dou­ni­den­se, y decla­ra que está dis­pues­to a some­ter los docu­men­tos que tie­ne en su poder a un deta­lla­do examen por par­te de téc­ni­cos inde­pen­dien­tes y confiables.


Kurt Son­nen­feld.
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Entre­vis­ta

Red Vol­tai­re: Su libro auto­bio­grá­fi­co «El Per­se­gui­do» fue recien­te­men­te publi­ca­do en Argen­ti­na, don­de usted vive como exila­do des­de el año 2003. ¿Quién lo persigue?

Kurt Son­nen­feld: Aun­que es una auto­bio­gra­fía, no se tra­ta de la his­to­ria de mi vida. Como me con­ver­tí en un tes­ti­go incó­mo­do des­pués de mi tra­ba­jo en Ground Zero, [el libro] es más bien el recuen­to de los extra­or­di­na­rios suce­sos por los que hemos teni­do que pasar, mi fami­lia y yo, por cau­sa de las auto­ri­da­des esta­dou­ni­den­ses, duran­te más de 7 años y en ambos hemisferios.

Red Vol­tai­re: Usted ha expli­ca­do que su pedi­do de que se le con­ce­da el esta­tu­to de refu­gia­do polí­ti­co, con­for­me a lo esti­pu­la­do en la Con­ven­ción de Gine­bra, se encuen­tra toda­vía en estu­dio por par­te del Sena­do argen­tino, cuan­do en 2005 a usted se le garan­ti­za­ba el asi­lo polí­ti­co, aun­que de for­ma pro­vi­sio­nal. ¡Usted es pro­ba­ble­men­te el pri­mer ciu­da­dano esta­dou­ni­den­se en esa situa­ción! ¿Ser sin dudas el pri­mer fun­cio­na­rio del gobierno direc­ta­men­te vin­cu­la­do a los suce­sos del 11 de sep­tiem­bre de 2001 en con­ver­tir­se un «whistle-blo­wer», una fuen­te públi­ca [de infor­ma­ción sobre esos hechos] es lo que le ha lle­va­do a usted al exilio?

Kurt Son­nen­feld, acom­pa­ña­do de su espo­sa Pau­la, pre­sen­ta su tes­ti­mo­nio ante el Sena­do argentino.
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Kurt Son­nen­feld: Un refu­gia­do es una per­so­na que se ha vis­to for­za­da a salir de su país (o que no pue­de vol­ver a él) por algún tipo de per­se­cu­ción. Es indu­da­ble que muchas per­so­nas han sido injus­ta­men­te per­se­gui­das por cau­sa de leyes prác­ti­ca­men­te fas­cis­tas y de polí­ti­cas vin­cu­la­das al cho­que del 11 de sep­tiem­bre de 2001 y [esas per­so­nas] tie­nen dere­cho al esta­tu­to de refugiado.
Pero lo cier­to es que pedir el esta­tu­to de refu­gia­do es un trá­mi­te arries­ga­do y peli­gro­so. Esta­dos Uni­dos es la úni­ca «super­po­ten­cia» que que­da en el mun­do, y la disi­den­cia ha sido allí repri­mi­da de hecho. Todo el que pide el esta­tu­to de refu­gia­do por razo­nes polí­ti­cas está come­tien­do así un acto de disi­den­cia extre­ma. Y si el pedi­do es recha­za­do, ¿qué se hace usted? Des­pués de pre­sen­tar el pedi­do, es impo­si­ble echar­se atrás.

Per­so­nal­men­te, yo no esta­ba obli­ga­do a salir de Esta­dos Uni­dos, cier­ta­men­te no tuve que esca­par­me. En aquel enton­ces, yo sim­ple­men­te no esta­ba con­cien­te de lo que se esta­ba tra­man­do con­tra mí. Toda­vía no había rela­cio­na­do las cosas entre sí. Así que cuan­do me fui, en 2003, lo hice con la inten­ción de regre­sar. Vine a Argen­ti­na a tomar­me un peque­ño res­pi­ro, para tra­tar de recu­pe­rar­me des­pués de todo lo que me había pasa­do. Vine aquí libre­men­te, con mi pro­pio pasa­por­te, uti­li­zan­do mis pro­pias tar­je­tas de crédito.
Pero, como con­se­cuen­cia de una increí­ble serie de acon­te­ci­mien­tos, me vi pos­te­rior­men­te obli­ga­do a exi­lar­me, y no regresé.

Red Vol­tai­re: ¿A qué tipo de acon­te­ci­mien­tos se refie­re usted?

Kurt Son­nen­feld: Fui injus­ta­men­te acu­sa­do de «crí­me­nes» que, por supues­to, nun­ca se pro­du­je­ron, fui obje­to de encar­ce­la­mien­to abu­si­vo y de tor­tu­ras, como con­se­cuen­cia de aque­llas acu­sa­cio­nes, y ade­más de escan­da­lo­sas calum­nias con­tra mi repu­tación, de ame­na­zas de muer­te, de inten­tos de secues­tro y otras vio­la­cio­nes de los dere­chos y los dere­chos huma­nos con­de­na­das en nume­ro­sos acuer­dos inter­na­cio­na­les. Mi regre­so a Esta­dos Uni­dos sería no sólo una pro­lon­ga­ción de esas vio­la­cio­nes sino que me sepa­ra­ría –qui­zás de for­ma per­ma­nen­te– de mi espo­sa y de nues­tras geme­las de tres años, la úni­ca razón de ser que me que­da. Ade­más, debi­do a la impo­si­bi­li­dad de obte­ner un jui­cio jus­to por un cri­men que nun­ca tuvo lugar, me vería inclu­so expues­to a la pena de muerte.

Red Vol­tai­re: En 2005, el gobierno esta­dou­ni­den­se pre­sen­tó con­tra usted un pedi­do de extra­di­ción, que fue recha­za­da por un juez fede­ral [argen­tino]. Más tar­de, en 2007, la Cor­te Supre­ma argen­ti­na –en una demos­tra­ción de inte­gri­dad y de inde­pen­den­cia– recha­zó la ape­la­ción esta­dou­ni­den­se. Pero su gobierno [el de Esta­dos Uni­dos] insis­tió. ¿Pue­de usted acla­rar­nos la situación?

Kurt Son­nen­feld: En 2008, y sin tener abso­lu­ta­men­te nin­gu­na base legal, el gobierno esta­dou­ni­den­se pre­sen­tó una nue­va ape­la­ción ante la Cor­te Supre­ma argen­ti­na, que segu­ra­men­te man­ten­drá las dos deci­sio­nes inata­ca­bles ya adop­ta­das por el juez federal.

Una de esas deci­sio­nes seña­la­ba que había dema­sia­das som­bras [En espa­ñol en el tex­to, Nota del Tra­duc­tor], o pun­tos oscu­ros, en mi caso. Había muchas men­ti­ras en el pedi­do de extra­di­ción de las auto­ri­da­des esta­dou­ni­den­ses y, feliz­men­te, noso­tros logra­mos pro­bar­lo. El hecho de que hubie­ra tan­tas men­ti­ras sir­vió para apo­yar mi pedi­do de asi­lo. Pudi­mos demos­trar que hemos sido víc­ti­mas de una lar­ga cam­pa­ña de hos­ti­ga­mien­to y de inti­mi­da­ción por par­te de los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia estadounidenses.
Como con­se­cuen­cia de ello, mi fami­lia se encuen­tra des­de enton­ces bajo pro­tec­ción poli­cial per­ma­nen­te. Como seña­ló un sena­dor al refe­rir­se a mi caso: el «com­por­ta­mien­to [de los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia esta­dou­ni­den­ses] deno­ta sus ver­da­de­ras motivaciones».

Kurt Son­nen­feld y su fami­lia son fre­cuen­te­men­te obje­to de accio­nes de hos­ti­ga­mien­to duran­te las cua­les se ven vigi­la­dos y foto­gra­fia­dos, como se demues­tra en esta imagen.
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Red Vol­tai­re: Están tra­tan­do de atri­buir­le un cri­men ima­gi­na­rio. ¿Cómo jus­ti­fi­ca usted tan­to ren­cor? Como fun­cio­na­rio de la FEMA, el gobierno ten­dría que haber­le creí­do a usted. ¿En qué momen­to cam­bió la situación?

Kurt Son­nen­feld: Retros­pec­ti­va­men­te, me doy cuen­ta de que la situa­ción cam­bió poco antes de que yo me die­ra cuen­ta de ello. Ini­cial­men­te, la fal­sa acu­sa­ción de la que fui obje­to era total­men­te irra­cio­nal. Me des­tru­yó com­ple­ta­men­te. Resul­ta increí­ble­men­te difí­cil sufrir la pér­di­da de alguien a quien uno ama y que se sui­ci­da. Pero que lo acu­sen a uno de esa pér­di­da, resul­ta inso­por­ta­ble. El caso fue sobre­seí­do ya que había un mon­tón de prue­bas que me absol­vían total­men­te (Nancy, mi espo­sa, había deja­do una car­ta y varios escri­tos en los que habla­ba de sui­ci­dio en su dia­rio, había otros ante­ce­den­tes de sui­ci­dios en su fami­lia, etc.). La par­te acu­sa­do­ra esta­ba segu­ra de mi ino­cen­cia al 100% antes de pedir el sobre­sei­mien­to del caso.

Pero la pri­sión pre­ven­ti­va se pro­lon­gó, inclu­so DESPUÉS que ya se había dicho que había que libe­rar­me, lo cual me demos­tró que algo se esta­ba tramando.
Estu­ve pre­so duran­te CUATRO MESES des­pués de que se infor­ma­ra a mis abo­ga­dos que se había pedi­do el sobre­sei­mien­to. Final­men­te me libe­ra­ron en junio de 2002. Une increí­ble serie de acon­te­ci­mien­tos se pro­du­jo en ese tiem­po. Mien­tras yo esta­ba dete­ni­do aún, tuve una con­ver­sa­ción tele­fó­ni­ca con fun­cio­na­rios de la FEMA para tra­tar de resol­ver el pro­ble­ma. Pero me di cuen­ta de que me con­si­de­ra­ban «com­pro­me­ti­do», que yo repre­sen­ta­ba un peli­gro. Me dije­ron que lo con­ve­ni­do era que «había que pro­te­ger a la Agen­cia», sobre todo a la luz del cam­bio que iba a pro­du­cir­se con la apli­ca­ción de la Patriot Act y el espe­ra­do intru­sis­mo que ven­dría con el nue­vo Depar­ta­men­to de Segu­ri­dad de la Patria (Depart­ment of Home­land Secu­rity). Des­pués de todos los peli­gros que yo había enfren­ta­do, de todas las prue­bas y difi­cul­ta­des que había sufri­do duran­te casi 10 años, me sen­tí trai­cio­na­do. La decep­ción fue terrible.

Como me esta­ban aban­do­nan­do, les dije que yo no tenía las gra­ba­cio­nes, que las había entre­ga­do a un buró­cra­ta de Nue­va York y que iban a tener que espe­rar que me pusie­ran en liber­tad para recu­pe­rar cual­quier otro docu­men­to que estu­vie­ra en mi poder. Poco des­pués de aque­lla con­ver­sa­ción, mi casa fue «regis­tra­da», cam­bia­ron las cerra­du­ras y varios veci­nos vie­ron hom­bres entran­do a mi domi­ci­lio, aun­que no hay en la Cor­te nin­gún infor­me que men­cio­ne eso, como debie­ra ser. Cuan­do al fin me libe­ra­ron, des­cu­brí que mi ofi­ci­na había sido saquea­da, mi compu­tado­ra tam­bién había des­apa­re­ci­do y varios videos ya no esta­ban en mi video­te­ca del sótano.

Cons­tan­te­men­te había hom­bres apos­ta­dos en la calle cer­ca de mi casa, mi sis­te­ma de vigi­lan­cia fue pira­tea­do varias veces, las lám­pa­ras exte­rio­res de segu­ri­dad eran des­co­nec­ta­das, etc., a tal pun­to que me ins­ta­lé en casa de unos ami­gos, en su casa en la mon­ta­ña, que TAMBIÉN fue saquea­da posteriormente.

Cual­quie­ra que tra­te de des­cu­brir la ver­dad reco­no­ce que hubo una serie de extra­or­di­na­rias irre­gu­la­ri­da­des en este caso y que yo y la gen­te que yo amo fui­mos obje­to de una escan­da­lo­sa injus­ti­cia. Esta inten­sa cam­pa­ña ten­dien­te a obli­gar­me a vol­ver a Esta­dos Uni­dos es un pre­tex­to fal­so que escon­de moti­va­cio­nes más oscuras.

Red Vol­tai­re: Usted ha suge­ri­do que vio cosas en Ground Zero que no con­cuer­dan con el infor­me ofi­cial. ¿Dijo usted algo o hizo algo que pudie­ra levan­tar sos­pe­chas en ese sentido?

Kurt Son­nen­feld: En aque­lla mis­ma lla­ma­da tele­fó­ni­ca dije que iba a reve­lar al públi­co no sólo mis sos­pe­chas sobre los acon­te­ci­mien­tos que rodea­ron el 11 de sep­tiem­bre de 2001 sino tam­bién sobre diver­sos con­tra­tos para los cua­les había tra­ba­ja­do anteriormente.

Son­nen­feld en Ground Zero, duran­te su tra­ba­jo de docu­men­ta­ción en el terreno.
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Red Vol­tai­re: ¿En qué se basan sus sospechas?

Kurt Son­nen­feld: Retros­pec­ti­va­men­te, había muchas cosas raras en Ground Zero. Me pare­ció extra­ño que me envia­ran a Nue­va York antes de que el segun­do avión se estre­lla­ra con­tra la torre sur, en momen­tos en que los medios esta­ban repor­tan­do sola­men­te que un «peque­ño avión» había cho­ca­do con la torre nor­te –una catás­tro­fe de tan poca impor­tan­cia que no mere­cía la inter­ven­ción de la FEMA.

La FEMA fue movi­li­za­da en pocos minu­tos, ¡cuan­do se nece­si­ta­ron diez días para des­ple­gar­la en Nue­va Orleáns, en res­pues­ta al hura­cán Katri­na, a pesar de las nume­ro­sas adver­ten­cias pre­vias! Me pare­ció raro que las cáma­ras se prohi­bie­ran de for­ma tan estric­ta den­tro del perí­me­tro de segu­ri­dad de Ground Zero, que se decla­ra­ra toda la zona como esce­na del cri­men, mien­tras que las prue­bas mate­ria­les eran reti­ra­das de allí y des­trui­das tan rápidamente.
Des­pués, me pare­ció muy extra­ño ente­rar­me de que la FEMA y otras agen­cias fede­ra­les ya esta­ban en posi­ción en su pues­to de man­do, en el Pier (mue­lle) 92, des­de el 10 de sep­tiem­bre, un día antes de los atentados.

Neu­má­ti­cos pro­ve­nien­tes de un tren de ate­rri­za­je visi­bles en un con­te­ne­dor de prue­bas mate­ria­les mar­ca­do con la ins­crip­ción «FBI Par­tes avión únicamente».
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Nos piden que crea­mos que las 4 cajas negras «indes­truc­ti­bles» de los dos avio­nes que se estre­lla­ron con­tra las torres nun­ca fue­ron halla­das por­que fue­ron com­ple­ta­men­te pul­ve­ri­za­das, pero yo ten­go imá­ge­nes de rue­das pro­ve­nien­tes del tren de ate­rri­za­je [que se ven] poco daña­das, y tam­bién de asien­tos, de peda­zos de fuse­la­je, de una tur­bi­na de avión que no están desin­te­gra­dos en lo abso­lu­to. Dicho esto, me pare­ce más bien extra­ño que esos obje­tos, prác­ti­ca­men­te intac­tos, hayan podi­do resis­tir al tipo de des­truc­ción que redu­jo pol­vo la mayor par­te de las Torres Geme­las. Y ten­go tam­bién mis dudas en cuan­to a la auten­ti­ci­dad de la tur­bi­na del «avión».

Prue­ba mate­rial: la tur­bi­na de Boeing pre­sen­ta­da en el basu­re­ro de la isla de Fresh Kill.
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Lo suce­di­do con el Edi­fi­cio 7 es extre­ma­da­men­te sos­pe­cho­so. Yo ten­go un video que mues­tra has­ta qué pun­to la pila de escom­bros era curio­sa­men­te peque­ña y se ve que los edi­fi­cios colin­dan­tes no fue­ron afec­ta­dos por el derrum­be del Edi­fi­cio 7. [Ese edi­fi­cio] no fue gol­pea­do por un avión, sólo sufrió algu­nos daños meno­res al derrum­bar­se las Torres Geme­las, sólo había incen­dios meno­res en algu­nos pisos. Sin una demo­li­ción con­tro­la­da, es impo­si­ble que ese edi­fi­cio fue­se obje­to de una implo­sión como la que se pro­du­jo. A pesar de ello, el derrum­be del Edi­fi­cio 7 ape­nas se men­cio­nó en los medios domi­nan­tes y la Comi­sión sobre el 119 lo igno­ró de for­ma sospechosa.

Red Vol­tai­re: Según cier­tas infor­ma­cio­nes, en los sóta­nos del WTC7 había archi­vos sen­si­bles y segu­ra­men­te com­pro­me­te­do­res. ¿Encon­tró usted algo sobre eso?

Kurt Son­nen­feld: El Ser­vi­cio Secre­to, el Depar­ta­men­to de Defen­sa, el FBI, el fis­co (IRS), la Comi­sión de Regla­men­ta­ción y Con­trol de Mer­ca­dos Finan­cie­ros (SEC, siglas en inglés) así como el Pues­to de Man­do de Cri­sis [de la ciu­dad de Nue­va York. NdlR.] para situa­cio­nes de urgen­cia (OEM, siglas en inglés) ocu­pa­ban muchí­si­mo espa­cio en varios pisos de ese edificio.

Otras agen­cias fede­ra­les tam­bién tenían ofi­ci­nas allí. Des­pués del 11 de sep­tiem­bre, se des­cu­brió que allí esta­ba, escon­di­do en el edi­fi­cio 7, el mayor cen­tro clan­des­tino de la CIA den­tro del país, excep­tuan­do el de Washing­ton DC; una base ope­ra­ti­va des­de don­de se espia­ba a los diplo­má­ti­cos de las Nacio­nes Uni­das y se rea­li­za­ban las ope­ra­cio­nes de con­tra­te­rro­ris­mo y de con­tra­es­pio­na­je (así como la Inte­li­gen­cia Eco­nó­mi­ca. NdlR.).

Ese edi­fi­cio (el World Tra­de Cen­ter 7) no tenía par­queo sub­te­rrá­neo. No tenía alma­ce­nes sub­te­rrá­neos. En vez de eso, las agen­cias fede­ra­les del Edi­fi­cio 7 guar­da­ban sus vehícu­los, docu­men­tos y prue­bas mate­ria­les en el edi­fi­cio de sus aso­cia­dos, del otro lado de la calle. Deba­jo de la pla­za del Buró de Adua­nas US (Edi­fi­cio 6) había un gran par­queo sub­te­rrá­neo sepa­ra­do del res­to de la zona sub­te­rrá­nea del com­ple­jo y alta­men­te vigilado.

Dife­ren­tes ser­vi­cios del gobierno guar­da­ban allí sus autos capa­ces de resis­tir explo­sio­nes de bom­bas, sus limu­si­nas blin­da­das, los taxis fal­sos y los camio­nes de la com­pa­ñía de telé­fo­nos que se usan en las accio­nes de vigi­lan­cia secre­ta y en otras ope­ra­cio­nes secre­tas, camio­ne­tas espe­cia­li­za­das y otros vehículos.
En esa zona del par­queo de segu­ri­dad había tam­bién un acce­so a la cáma­ra blin­da­da infe­rior del Edi­fi­cio 6.

Apro­xi­mán­do­se a la entra­da de los nive­les que comu­ni­can con los pisos infe­rio­res del edificio.
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Al derrum­bar­se la torre nor­te, el Buró de Adua­nas US (Edi­fi­cio 6) que­dó aplas­ta­do y com­ple­ta­men­te devas­ta­do por el fue­go. La mayo­ría de sus pisos sub­te­rrá­neos tam­bién fue­ron des­trui­dos. Pero había cavi­da­des. Y fue a tra­vés de una de esas cavi­da­des, recien­te­men­te des­cu­bier­ta, que yo bajé para inves­ti­gar con la Fuer­za Espe­cial de Intervención.

Fue allí que vimos la ante­cá­ma­ra de segu­ri­dad del alma­cén sub­te­rrá­neo seve­ra­men­te daña­da. Al final de la ofi­ci­na de segu­ri­dad esta­ba la gran puer­ta de ace­ro de la cáma­ra blin­da­da y, al otro lado, el tecla­do codi­fi­ca­do en la pared. Pero la pared esta­ba raja­da y se había derrum­ba­do par­cial­men­te, y la puer­ta esta­ba entre­abier­ta. A la luz de nues­tras lin­ter­nas, pudi­mos ver lo que había den­tro [de la cáma­ra blin­da­da]. Apar­te de varias hile­ras de estan­tes vacíos, la cáma­ra blin­da­da no con­te­nía otra cosa que escom­bros y pol­vo. ¿Por qué? ¿Cuán­do la vaciaron?

Red Vol­tai­re: ¿Eso des­per­tó en usted la sospecha?

Kurt Son­nen­feld: Sí, pero no inme­dia­ta­men­te. Resul­ta difí­cil refle­xio­nar ante un caos tan gran­de. Fue sola­men­te des­pués de dige­rir todo aque­llo que empe­cé a sospechar.

El Edi­fi­cio 6 fue eva­cua­do 12 minu­tos des­pués del cho­que del pri­mer avión con­tra la torre nor­te. Inme­dia­ta­men­te, las calles que­da­ron blo­quea­das por carros de bom­be­ros, autos de la poli­cía y embo­te­lla­mien­tos, y la cáma­ra blin­da­da era lo sufi­cien­te­men­te gran­de –yo diría que tenía 15 metros de ancho y 15 de lar­go– como para que se nece­si­ta­ra por lo menos un camión gran­de para eva­cuar su con­te­ni­do. Des­pués de la caí­da de las torres, des­tru­yen­do el nivel del par­queo, la rea­li­za­ción de una misión para recu­pe­rar el con­te­ni­do de la ante­cá­ma­ra hubie­se sido impo­si­ble. Así que la cáma­ra blin­da­da tuvo que ser vacia­da antes del ataque.

Todo esto lo des­cri­bo en mi libro de for­ma deta­lla­da y pare­cía como si las cosas impor­tan­tes hubie­ran sido lle­va­das a un lugar segu­ro antes de los aten­ta­dos. Por ejem­plo, la CIA no pare­ció inquie­tar­se dema­sia­do por sus pér­di­das. Des­pués de que se des­cu­brie­ra la exis­ten­cia de su ofi­ci­na secre­ta en el Edi­fi­cio 7, un voce­ro de la agen­cia dijo a los perió­di­cos que se había envia­do un equi­po espe­cial para que ins­pec­cio­na­ra los escom­bros en bus­ca de docu­men­tos secre­tos y de infor­mes de los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia, cuan­do había millo­nes, si no eran miles de millo­nes, de pági­nas volan­do por las calles.
Pero el voce­ro esta­ba muy con­fia­do. «No debe haber dema­sia­dos pape­les rega­dos», declaró.

Los insó­li­tos ves­ti­gios del Buró de Adua­nas US (Edi­fi­cio 6).
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Y las adua­nas anun­cia­ron des­de el prin­ci­pio que todo había sido des­trui­do, que el calor había sido tan inten­so que todas las prue­bas mate­ria­les de la cáma­ra blin­da­da habían sido redu­ci­das a ceni­zas. Pero varios meses más tar­de anun­cia­ron que habían pues­to fin a las acti­vi­da­des de una impor­tan­te red de trá­fi­co de nar­có­ti­cos y de lava­do de dine­ro colom­biano, des­pués de haber recu­pe­ra­do prue­bas esen­cia­les de la cáma­ra blin­da­da, entre ellas fotos de vigi­lan­cia y gra­ba­cio­nes de escu­chas tele­fó­ni­cas muy sen­si­bles. Y cuan­do se muda­ron a su nue­vo edi­fi­cio, en el núme­ro 1 de Penn Plaz, en Manhat­tan, col­ga­ron orgu­llo­sa­men­te en la pared de la entra­da la pla­ca hono­rí­fi­ca y el gran car­tel redon­do de las Adua­nas US, tam­bién mila­gro­sa­men­te encon­tra­do, inma­cu­la­do, en sus anti­guas ofi­ci­nas del World Tra­de Cen­ter, a pesar del derrum­be y de los incendios.

Red Vol­tai­re: Usted no era el úni­co que esta­ba en misión en Ground Zero. ¿Nota­ron los demás las mis­mas ano­ma­lías? ¿Sabe usted si tam­bién fue­ron hostigados?

Kurt Son­nen­feld: En efec­to, yo oí hablar a algu­nos, en dos sali­das dife­ren­tes. Algu­nos de noso­tros inclu­so lle­ga­mos a con­ver­sar sobre ello pos­te­rior­men­te. Ellos saben de quié­nes se tra­ta y yo espe­ro que van a hablar, pero tam­bién estoy segu­ro de que están bajo fuer­tes pre­sio­nes sobre lo que pudie­ra suce­der­les si hablan. Yo dejo la deci­sión entre sus manos, pero en la unión está la fuerza.

Red Vol­tai­re: Con la publi­ca­ción de su libro, usted se ha con­ver­ti­do en un «whistle­blo­wer» [Tér­mino apli­ca­do en Esta­dos Uni­dos a los que han aler­ta­do sobre las incon­gruen­cias del infor­me ofi­cial sobre el 11 de sep­tiem­bre. NdT.], ¡pero usted lo hizo alcan­zan­do un pun­to en que no tie­ne vuel­ta atrás! Tie­ne que haber mucha gen­te que sabe lo que real­men­te suce­dió o no en aquel fatí­di­co día. Pero nadie ha empren­di­do una bata­lla per­so­nal, cosa que han evi­ta­do sobre todo aque­llos que esta­ban direc­ta­men­te impli­ca­dos de for­ma ofi­cial. Es eso lo que hace que su caso per­so­nal sea tan con­vin­cen­te. Vien­do lo que ha suce­di­do con usted, no resul­ta difí­cil ima­gi­nar por qué esas per­so­nas no quie­ren hablar.

Kurt Son­nen­feld: Efec­ti­va­men­te, tam­bién hay gen­te muy hones­ta y dig­na de cré­di­to que ha lan­za­do aler­tas. Y están sien­do des­acre­di­ta­das e igno­ra­das. Algu­nas de esas per­so­nas están sien­do per­se­gui­das y hos­ti­ga­das como yo.

El mie­do fre­na a la gen­te. Todo el mun­do sabe que si usted con­tra­di­ce a las auto­ri­da­des esta­dou­ni­den­ses, usted va a tener pro­ble­mas, de una u otra for­ma. Como míni­mo, lo van a des­acre­di­tar, a deshumanizar.

Lo más segu­ro es que le acu­sen de cual­quier cosa que no ten­ga nada que ver, como un frau­de fis­cal o algún peor, como en mi caso. Mire lo que le pasó a Abraham Bol­den, por ejem­plo [1], o al gran juga­dor de aje­drez Bobby Fis­cher des­pués que expre­só su des­pre­cio hacia Esta­dos Uni­dos. Hay muchos ejem­plos. Yo le había pedi­do a mis ami­gos y aso­cia­dos que habla­ran en mi lugar para que con­ta­ran [la ver­dad sobre] todas las men­ti­ras divul­ga­das en los medios de pren­sa, pero todos tenían mie­do de las con­se­cuen­cias para ellos mis­mos y sus familias.

Red Vol­tai­re: ¿Has­ta qué pun­to los des­cu­bri­mien­tos que hizo usted en Ground Zero pudie­ran impli­car al gobierno en esos hechos? ¿Está usted al corrien­te de las inves­ti­ga­cio­nes que cien­tí­fi­cos y pro­fe­sio­na­les cali­fi­ca­dos han lle­va­do a cabo y que no sólo corro­bo­ran los des­cu­bri­mien­tos que usted hizo sino que, en cier­tos casos, los sobre­pa­san amplia­men­te? ¿Con­si­de­ra usted a esas per­so­nas como «adep­tos de la teo­ría de la cons­pi­ra­ción» (“cons­pi­racy nuts”)?

Kurt Son­nen­feld: Al más alto nivel en Washing­ton DC alguien sabía lo que iba a pasar. Esta­ban tan deseo­sos de tener una gue­rra que, por lo menos, deja­ron que suce­die­ra aque­llo, y lo más pro­ba­ble es que inclu­so hayan con­tri­bui­do a que aque­llos acon­te­ci­mien­tos se produjeran.

A veces me pare­ce que los «locos» [los «adep­tos de la teo­ría de la cons­pi­ra­ción». NdlR.] son aque­llos que se afe­rran con un fer­vor casi reli­gio­so a lo que les dicen a pesar de todas las prue­bas de lo con­tra­rio, los que se nie­gan a con­si­de­rar el hecho de que hubo una cons­pi­ra­ción interna.

Hay tan­tas ano­ma­lías en la inves­ti­ga­ción «ofi­cial» que no es posi­ble atri­buir­las a erro­res o incom­pe­ten­cia. Yo conoz­co a los cien­tí­fi­cos y pro­fe­sio­na­les cali­fi­ca­dos a los que usted se refie­re. Sus des­cu­bri­mien­tos, con­vin­cen­tes, creí­bles y pre­sen­ta­dos según el pro­to­co­lo cien­tí­fi­co, están en total opo­si­ción con los de la inves­ti­ga­ción «ofi­cial». Ade­más, nume­ro­sos agen­tes de los ser­vi­cios secre­tos y fun­cio­na­rios del gobierno expre­san opi­nio­nes muy bien infor­ma­das [seña­lan­do] que la Comi­sión sobre el 119 era, en el mejor de los casos, una far­sa, y en el peor, una pan­ta­lla [2]. Mi expe­rien­cia en Ground Zero no es otra cosa que una pie­za más del rompecabezas.

Red Vol­tai­re: Esos hechos suce­die­ron hace casi 9 años. ¿Cree usted que des­cu­brir la ver­dad sobre el 11 de sep­tiem­bre sigue sien­do un obje­ti­vo impor­tan­te? ¿Por qué?

Kurt Son­nen­feld: Es impor­tan­tí­si­mo. Y lo segui­rá sien­do den­tro de 10 o inclu­so den­tro de 15 años, si la ver­dad no ha sali­do a la luz en todo ese tiem­po. Es un obje­ti­vo impor­tan­te por­que, en este momen­to de la his­to­ria, hay mucha gen­te dema­sia­do cré­du­la ante lo que le cuen­tan las auto­ri­da­des y con dema­sia­da ten­den­cia a seguir­las. En una situa­ción trau­má­ti­ca, la gen­te bus­ca que la guíen. La gen­te que tie­ne mie­do es mani­pu­la­ble. Saber mani­pu­lar a las masas impli­ca bene­fi­cios inima­gi­na­bles para muchas per­so­nas muy ricas y muy pode­ro­sas. La gue­rra es increí­ble­men­te cara, pero ese dine­ro se va a algún lugar. La gue­rra es siem­pre muy bene­fi­cio­sa para unos cuantos.

De una u otra mane­ra, sus hilos siem­pre aca­ban en Washing­ton DC, ellos toman las deci­sio­nes, deter­mi­nan los pre­su­pues­tos, mien­tras que los hijos de los pobres y de los que no tie­nen influen­cias siem­pre aca­ban en el fren­te, reci­bien­do las órde­nes y pelean­do en las gue­rras de los ante­rior­men­te men­cio­na­dos. Las enor­mes reser­vas secre­tas del Depar­ta­men­to de Defen­sa esta­dou­ni­den­se repre­sen­tan una máqui­na de finan­cia­mien­to ili­mi­ta­do para el com­ple­jo mili­ta­ro-indus­trial, [finan­cia­mien­to] cifra­do en varios miles de millo­nes de dóla­res. Y así segui­rá sien­do mien­tras las masas no se des­pier­ten, mien­tras no se vuel­van escép­ti­cas y no pidan cuen­tas. Las gue­rras (y los fal­sos pre­tex­tos pre­sen­ta­dos) no se aca­ba­rán mien­tras la gen­te no tome con­cien­cia de los ver­da­de­ros moti­vos de la gue­rra y mien­tras no dejen de creer en las expli­ca­cio­nes “ofi­cia­les”.

Red Vol­tai­re: Lo que se ha dado en lla­mar Movi­mien­to por la Ver­dad sobre el 11 de sep­tiem­bre (9÷11 Truth Move­ment) ha pedi­do una nue­va inves­ti­ga­ción inde­pen­dien­te sobre aque­llos hechos. ¿Cree usted que hay espe­ran­zas en ese sen­ti­do con la admi­nis­tra­ción Obama?

Kurt Son­nen­feld: Real­men­te, espe­ro que así sea. Pero me man­ten­go escép­ti­co. ¿Qué razón pudie­ra lle­var a los líde­res de cual­quier gobierno a hacer por volun­tad pro­pia algo que com­pro­me­te­ría seria­men­te su pro­pia responsabilidad?

Ellos pre­fie­ren man­te­ner el sta­tu quo y dejar las cosas como están. Cam­bió el que mane­ja el tren, pero ¿cam­bió el tren de direc­ción? Yo lo dudo. El impul­so tie­ne que venir del públi­co, no sólo a esca­la nacio­nal sino tam­bién a esca­la inter­na­cio­nal, como hace la red de ustedes.

Red Vol­tai­re: Nume­ro­sas aso­cia­cio­nes de dere­chos huma­nos, gru­pos de acti­vis­tas y muchas per­so­na­li­da­des le están apor­tan­do a usted su apo­yo en esta difí­cil situa­ción, y no se tra­ta de gen­te de poca mon­ta. Entre esas per­so­na­li­da­des está, por ejem­plo, el Pre­mio Nobel de la Paz Adol­fo Pérez Esqui­vel. ¿Cómo res­pon­den los argen­ti­nos en gene­ral ante su situación?

Kurt Son­nen­feld: Con una increí­ble can­ti­dad de expre­sio­nes de apo­yo. La dic­ta­du­ra mili­tar está fres­ca aún en la memo­ria colec­ti­va de la mayo­ría de la gen­te en Argen­ti­na, y esa gen­te sabe que la dic­ta­du­ra argen­ti­na (al igual que otras dic­ta­du­ras sud­ame­ri­ca­nas de aque­lla épo­ca) tuvo el apo­yo de la CIA, diri­gi­da en aquel enton­ces por Geor­ge Bush padre. [Los argen­ti­nos] se acuer­dan muy bien de los cen­tros de tor­tu­ra, de las pri­sio­nes secre­tas, de los miles de per­so­nas «des­apa­re­ci­das» por sus opi­nio­nes y del mie­do cotidiano.

Saben que Esta­dos Uni­dos va a reins­tau­rar todo aque­llo si le pare­ce con­ve­nien­te, que es capaz de inva­dir un país con tal de con­cre­tar sus pro­pios intere­ses polí­ti­cos y eco­nó­mi­cos y de mani­pu­lar los medios recu­rrien­do a un “casus belli” [Pre­tex­to que jus­ti­fi­que una gue­rra. NdT.] ente­ra­men­te fabri­ca­do para jus­ti­fi­car sus conquistas.

Kurt Son­nen­feld con Adol­fo Pérez Esqui­vel, Pre­mio Nobel de la Paz de 1980.
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Mi fami­lia y yo mis­mo tene­mos el honor de con­tar entre nues­tros ami­gos más que­ri­dos a Adol­fo Pérez Esqui­vel [3] y a sus con­se­je­ros del Ser­vi­cio de Paz y Jus­ti­cia (SERPAJ). Hemos tra­ba­ja­do jun­tos a favor de muchas cau­sas, como los dere­chos de los refu­gia­dos, los dere­chos de las muje­res, de los niños sin fami­lias y de los niños por­ta­do­res del VIH/​SIDA.

Tene­mos tam­bién el honor de poder con­tar con el apo­yo de las Abue­las de la Pla­za de Mayo, de las Madres de la Pla­za de Mayo, de la Línea Fun­da­do­ra [4], del Cen­tro de Estu­dios Lega­les y Socia­les (CELS), de la Asam­blea Per­ma­nen­te de Dere­chos Huma­nos (APDH) [5], de los Fami­lia­res de Dete­ni­dos y Des­apa­re­ci­dos por Razo­nes Polí­ti­cas, de la Aso­cia­ción de Muje­res, Migran­tes y Refu­gia­dos Argen­ti­na (AMUMRA), de la Comi­sión de Dere­chos Huma­nos de la Hono­ra­ble Cáma­ra de Dipu­tados de la Pro­vin­cia de Bue­nos Aires, de la Secre­ta­ría de Dere­chos Huma­nos de la Nación y del Pro­gra­ma Nacio­nal Anti-Impu­ni­dad. En el plano inter­na­cio­nal, la ONG REPRIEVE de Gran Bre­ta­ña pre­sen­tó un «ami­cus curiae» a favor nues­tro y con­ta­mos con la cola­bo­ra­ción de NIZKOR de Espa­ña y de Bél­gi­ca. Ade­más, mi espo­sa Pau­la y yo mis­mo hemos sido reci­bi­dos en el Con­gre­so por la Comi­sión de Dere­chos Huma­nos y Garan­tías de la Hono­ra­ble Cáma­ra de Dipu­tados de La Nación.

Red Vol­tai­re: Como decía­mos al prin­ci­pio, la deci­sión de escri­bir su libro y de hacer­lo públi­co fue un paso enor­me. ¿Qué le lle­vó a usted a darlo?

Kurt Son­nen­feld: Sal­var a mi fami­lia. Y dar a cono­cer al mun­do que las cosas no son lo que parecen.

Red Vol­tai­re: Una últi­ma pre­gun­ta, aun­que no se tra­ta de la menos impor­tan­te: ¿Qué pien­sa hacer con sus grabaciones?

Kurt Son­nen­feld: Ten­go la cer­te­za de que mis gra­ba­cio­nes reve­lan más cosas de las que yo pue­da ser capaz de ana­li­zar, ya que mis cono­ci­mien­tos son limi­ta­dos. Es por ello que voy a coope­rar en todo lo que pue­da con exper­tos con­fia­bles y serios, en un esfuer­zo común para que se sepa la verdad.

Red Vol­tai­re: Muchas gracias.

Esta entre­vis­ta apa­re­ció ori­gi­nal­men­te en fran­cés el 9 de julio de 2009.
Tra­duc­ción al cas­te­llano por la Red Voltaire.

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