El ter­cio fami­liar- Anto­nio Alva­rez-Solis

Cuan­do se exa­mi­na la colec­ción legis­la­ti­va de los tiem­pos de Fran­co, nos tro­pe­za­mos de inme­dia­to con la super­abun­dan­cia de leyes para hacer del esta­do de dere­cho una herra­mien­ta móvil suma­men­te varia­ble al ser­vi­cio de la polí­ti­ca del gran geno­ci­da. Eran leyes para uso interno del poder y no esta­ban abre­va­das, ni remo­ta­men­te, en los gran­des prin­ci­pios del Dere­cho. Las Cor­tes cola­bo­ra­ban con entre­ga y entu­sias­mo a esta tarea de apo­yo a la polí­ti­ca del dic­ta­dor, inclu­yen­do los pro­cu­ra­do­res por el ter­cio fami­liar, que que­rían repre­sen­tar el supues­to espí­ri­tu demo­crá­ti­co y repre­sen­ta­ti­vo del alto orga­nis­mo legis­la­ti­vo.

Cuan­do repa­so este perio­do de nues­tra his­to­ria hallo sen­si­bles para­le­lis­mos con lo que nos suce­de en el pre­sen­te. El con­jun­to de los dipu­tados que cum­plen nómi­na en la Carre­ra de San Jeró­ni­mo sus­ci­ta una ima­gen de ter­cio fami­liar, ya sea fami­liar de la Mon­cloa o de la Zar­zue­la. La demo­cra­cia se tor­na orgá­ni­ca y ver­ti­ca­lis­ta en esta nume­ro­sa asam­blea don­de has­ta los repre­sen­tan­tes nacio­na­lis­tas tas­can el boca­do con deci­di­da volun­tad de enten­di­mien­to entre ini­cia­dos.

Legis­lan escan­da­lo­sa­men­te para ellos. La demo­cra­cia no apa­re­ce como la voz de la ciu­da­da­nía, sino que se redu­ce a un estruc­tu­ra­lis­mo interno con­vo­ya­do por los tri­bu­na­les y las deno­mi­na­das fuer­zas de orden públi­co, inclui­das aho­ra las poli­cías auto­nó­mi­cas.

Cada vez que en Eus­ka­di, o en Cata­lun­ya, se pro­du­ce un movi­mien­to popu­lar para devol­ver a la polí­ti­ca el oxí­geno que nece­si­ta a fin de libe­rar­la de la gan­gre­na pro­du­ci­da por los par­ti­dos, se ponen en mar­cha el apa­ra­to poli­cía­co, la car­co­mi­da fis­ca­lía, los jue­ces de la Audien­cia Nacio­nal y los dipu­tados por el ter­cio fami­liar. Aho­ra ha toca­do la repre­sión a Adie­ra­zi Eus­kal Herria y a quie­nes han que­ri­do suce­der­les en la peti­ción de liber­tad para Eus­ka­di. Adie­ra­zi Eus­kal Herria había con­se­gui­do el apo­yo de nume­ro­sos gru­pos y orga­ni­za­cio­nes, par­ti­dos como Ara­lar, Eus­ko Alkar­ta­su­na, Alter­na­ti­ba y sin­di­ca­tos tan noto­rios como LAB y ELA. Y has­ta ahí pudo fun­cio­nar la deci­sión demo­crá­ti­ca de estos ciu­da­da­nos vas­cos.

Un juez de la Audien­cia Nacio­nal, don Ismael Moreno, pro­ce­dió a sus­pen­der la mar­cha ciu­da­da­na basán­do­se, con lamen­ta­ble tos­que­dad indi­cia­ria, en que, según la fis­ca­lía gene­ral del Esta­do ‑lar­ga mano del Gobierno‑, los mani­fes­tan­tes esta­ban movi­dos por Bata­su­na, de suyo, dicen, per­ma­nen­te ins­tru­men­to de ETA. Evi­den­te­men­te, los fun­da­dos indi­cios son pro­duc­to de una ban­de­ri­za labor inves­ti­ga­do­ra ‑con un ter­co resol ideo­ló­gi­co- pre­go­na­da por las socie­da­des de víc­ti­mas del terro­ris­mo, la Guar­dia Civil y la Poli­cía Nacio­nal, pro­fun­da­men­te imbri­ca­das en el dise­ño y direc­ción orgá­ni­ca de la demo­cra­cia actual. Un con­jun­to que podría­mos deno­mi­nar como «el rodi­llo».

Si en Euro­pa sobre­vi­vie­ran los valo­res, aun­que fue­ra des­te­ñi­dos, de la Ilus­tra­ción, este tipo de suce­sos con­du­ci­rían a Espa­ña a una gra­ve situa­ción de ostra­cis­mo. Sus­ci­ta un pro­fun­do rubor que en el siglo XXI la dic­ta­du­ra gru­pal dé el tono de la vida polí­ti­ca de los euro­peos. Euro­pa es sim­ple­men­te ya un libro de doble con­ta­bi­li­dad don­de se bara­jan cifras frau­du­len­tas y tram­pas des­ca­ra­das.

Y no sólo se pro­ce­de a tapo­nar con cinis­mo toda suer­te de comu­ni­ca­ción públi­ca de cara a con­se­guir la nor­ma­li­dad polí­ti­ca en Eus­ka­di, sino que el minis­tro de Jus­ti­cia pro­yec­ta negros nuba­rro­nes sobre Eus­ko Alkar­ta­su­na al afir­mar que el Gobierno uti­li­za­rá todos los ins­tru­men­tos que le otor­ga la ley ‑la ley ins­tru­men­ta­da por el ter­cio fami­liar- fren­te a EA como sus­cri­to­ra de un acuer­do de acción polí­ti­ca con la izquier­da aber­tza­le. Es más, fren­te a un atis­bo libe­ra­li­za­dor del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal res­pec­to al dere­cho de mani­fes­ta­ción, el minis­tro de Jus­ti­cia del Gobierno espa­ñol anun­cia una nue­va legis­la­ción que pro­te­ja aún más el corrom­pi­do corra­li­to polí­ti­co exis­ten­te.

No sé don­de pue­de aca­bar la con­ten­ción de una cal­de­ra que está que­dán­do­se sin nin­gún ali­via­de­ro para el vapor que pro­du­ce el horno guber­na­men­tal. ¿Nadie pien­sa en esto en la Carre­ra de San Jeró­ni­mo? Zapa­te­ro, Rajoy, Rubal­ca­ba, Blan­co, Caa­ma­ño, De la Vega… «¡Oigo, patria, tu aflicción/​y escu­cho el tris­te concierto/​que for­man tocan­do a muerto/​la cam­pa­na y el cañón!»

Aho­ra bien, yo me pre­gun­to que suce­de­rá cuan­do la inmen­sa mayo­ría de la nación vas­ca ‑digo la inmen­sa mayo­ría- se vea defi­ni­ti­va­men­te pri­va­da del ejer­ci­cio de toda dig­ni­dad por par­te de sus debe­la­do­res, ¿se pue­de pedir a un pue­blo, sobre todo tan anti­guo como el vas­co, que se acu­rru­que en sí mis­mo para morir como un ani­mal heri­do? ¿Creen en Madrid que cua­tro­cien­tos kiló­me­tros de dis­tan­cia sir­ven para pro­te­ger la inmen­sa injus­ti­cia que el Gobierno espa­ñol está hacien­do con los vas­cos? Hay que ser pro­pie­ta­rio de un pen­sa­mien­to muy tor­pe para deci­dir que sola­men­te la fuer­za borra la his­to­ria de una comu­ni­dad tan rica. Espa­ña se está des­tro­zan­do a sí mis­ma de cara al futu­ro. Ya no soli­ci­to que se fun­cio­ne con jus­ti­cia y hon­ra­dez, sino que se haga en nom­bre de la debi­da con­ve­nien­cia. La per­se­cu­ción de lo que en Madrid deno­mi­nan como una mino­ría alcan­za con su onda expan­si­va a toda la ciu­da­da­nía vas­ca.

Ade­más ¿qué cla­se de lógi­ca cabe en deno­mi­nar mino­ría insig­ni­fi­can­te a algo que se per­si­gue con tan­to escán­da­lo y furia? Ade­más, aun­que los aber­tza­les de izquier­da fue­ran pocos, que no lo son dadas las cifras elec­to­ra­les, en las fami­lias lle­ga a ofen­der­se a todos sus miem­bros, sean cua­les sean sus rela­cio­nes inter­nas, cuan­do se tra­ta con agre­si­va y repe­ti­da obce­ca­ción a algu­nos de sus miem­bros. La cali­fi­ca­ción de cada miem­bro de esa fami­lia corres­pon­de siem­pre a la fami­lia. No jue­gue nadie con las som­bras, si exis­tie­ren, por­que tal com­por­ta­mien­to hie­re a la luz ente­ra. Lo que no fun­cio­ne con arre­glo a estas pru­den­cias y res­pe­tos dela­ta la exis­ten­cia de un espí­ri­tu de hor­da aje­na. ¿Tan tor­pe hacen supo­ner a Espa­ña?

En Espa­ña hay muchos espa­ño­les que con­fie­san, y soy tes­ti­go y aún recep­tor de ello, que se aver­güen­zan de sus gobier­nos en una serie de asun­tos y, ya que esta­mos en ello, de las rela­cio­nes de sumi­sión que quie­ren esta­ble­cer para Cata­lun­ya y Eus­ka­di. Pero esos espa­ño­les hablan en voz baja por­que temen al insul­to y a las des­gra­cia­das con­se­cuen­cias mate­ria­les que les apa­re­ja­ría emi­tir audi­ble­men­te una opi­nión en tal sen­ti­do. ¿Quién afir­ma con des­co­co que en Eus­ka­di hay que hablar en voz baja de lo espa­ñol? ¿No han pobla­do los tales pre­go­ne­ros del abso­lu­to espa­ñol con sus perió­di­cos, sus radios y tele­vi­sio­nes, sus poli­cías y sus tri­bu­na­les, sus polí­ti­cos y su Ejér­ci­to, la tota­li­dad del hori­zon­te vas­co? Vamos a hablar con sin­ce­ri­dad y deba­tir con una repo­sa­da dig­ni­dad. ¿O esto resul­ta impo­si­ble para quie­nes se apol­tro­nan en el poder de Madrid? Poco dan de sí, Señor.

Euro­pa debe­ría tener un orga­nis­mo apro­pia­do para con­si­de­rar estas cues­tio­nes; un obser­va­to­rio que reco­gie­se datos y emi­tie­se infor­ma­ción acer­ca de los pue­blos que están solos luchan­do por su exis­ten­cia ple­na. Aho­ra que la Unión Euro­pea va a dis­po­ner de un mons­truo­so e inú­til cuer­po diplo­má­ti­co en todo el mun­do ‑doblan­do la cos­to­sa reali­dad de las emba­ja­das esta­ta­les- no esta­ría mal que ese cuer­po fue­ra de audi­to­res para los pro­ble­mas inter­nos de la pro­pia Euro­pa. Sería dine­ro efi­caz por bien gas­ta­do.

Eus­ka­di, Cata­lun­ya, Gales, Cór­ce­ga, Cer­de­ña, Esco­cia, Bre­ta­ña y tan­tas otras nacio­nes no mere­cen que alguien que no tie­ne su iden­ti­dad hable de ellas ante el retó­ri­co e invá­li­do Par­la­men­to euro­peo. La voz de las nacio­nes jamás se pue­de dele­gar, como el espí­ri­tu no se pue­de trans­fe­rir. La demo­cra­cia es un enor­me pas­tel que hay que ser­vir­lo en tro­zos por alguien que posea la ele­gan­cia nece­sa­ria para cor­tar­los

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