El sal­to del mue­lle – Joxe Mari Ola­rra

Siem­pre hemos que­ri­do un nue­vo ama­ne­cer para las gene­ra­cio­nes veni­de­ras des­de la memo­ria y el reco­no­ci­mien­to de quie­nes fue­ron antes de lo que somos, y para ilu­mi­nar esa auro­ra hemos sido capa­ces de dar­le fue­go a la noche y de man­te­ner­lo duran­te dece­nios, con valen­tía, con fuer­za; con la ener­gía y entre­ga que des­de siem­pre ha carac­te­ri­za­do a las hijas e hijos de la tie­rra vas­ca.

Tras una lar­ga mar­cha nos encon­tra­mos en un alto des­de el que se alcan­za ver un hori­zon­te lumi­no­so, mira­mos hacia atrás y vemos un camino hecho del que debe­mos sen­tir­nos ple­na­men­te orgu­llo­sos. Por­que con sus luces y som­bras, pode­mos inclu­so afir­mar que es glo­rio­so, y es que sólo así pue­de cali­fi­car­se la lucha sos­te­ni­da por este peque­ño pue­blo de los Piri­neos, entre el Adur y el Ebro, con­tra dos gran­des esta­dos euro­peos que han sido inca­pa­ces de asi­mi­lar­nos.

Echan­do la mira­da a la espal­da vemos ese tra­yec­to, y evo­ca­mos con emo­ción a quie­nes que­da­ron en él para hacer posi­ble que lle­gá­ra­mos a don­de hemos lle­ga­do.

Aho­ra mira­mos al fren­te y obser­va­mos lo que tene­mos delan­te, lo que aún nos sepa­ra del alba de libe­ra­ción por el que lucha­mos. Hay un camino que se abre a noso­tros, un sen­de­ro que no ha sido holla­do y que, por eso, mira­mos no sin cier­ta des­con­fian­za, inclu­so con mie­do a lo des­co­no­ci­do.

Cuan­do se está a pun­to de dar el pri­mer paso que abre un nue­vo camino siem­pre hay un bro­te de vér­ti­go; apa­re­ce la inde­ci­sión, la duda, inclu­so el temor a que no aca­be lle­van­do a don­de se espe­ra­ba. El camino siem­pre pro­vo­ca un cier­to mie­do. Pero quien lucha por un futu­ro de libe­ra­ción no pue­de jamás temer­le al cam­bio de fase. El mie­do a tra­zar una raya en el sue­lo y decir “a par­tir de aquí todo es nue­vo” pue­de aca­bar con­vir­tién­do­se en el obs­tácu­lo más per­ju­di­cial para el pro­pio desa­rro­llo y avan­ce del movi­mien­to.

El mie­do a que­brar la iner­cia es con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio, atre­ver­se a afron­tar los nue­vos retos que se van pre­sen­tan­do en el desa­rro­llo de un con­flic­to es lo que ver­da­de­ra­men­te cam­bia el cur­so de los acon­te­ci­mien­tos, el rum­bo de la his­to­ria.

Yes que la mis­ma valen­tía, el mis­mo cora­je y entre­ga que hay que tener para defen­der la patria por el camino más duro, tam­bién hay que tener­los para afron­tar las apues­tas de un tiem­po nue­vo.

Valen­tía para decir has­ta aquí hemos lle­ga­do gra­cias a déca­das de resis­ten­cia y aco­me­ti­da, siguien­do el ejem­plo de quie­nes que­da­ron en el camino, de quie­nes fue­ron y son arro­ja­dos a las som­bras. Valen­tía para decir “esta­mos aquí por­que somos un pue­blo que jamás se ha ren­di­do”, la nación que más bata­llas ha per­di­do pero que jamás ha sido derro­ta­da, para sen­tir­nos orgu­llo­sos de que gra­cias a nues­tra ente­re­za nos hemos con­ver­ti­do en el espe­jo en el que miran las dig­ni­da­des de otras nacio­nes que tam­bién luchan por colo­car su estre­lla en el mun­do.

Por todo ello, con nues­tros acier­tos y nues­tros erro­res, hemos sido capa­ces de alcan­zar el pun­to en el que pode­mos dar la vuel­ta al table­ro.

El pro­ble­ma está en que ese cam­bio no se pro­du­ce de la noche a la maña­na por el movi­mien­to de ficha de una mano ilu­mi­na­da y una men­te pre­cla­ra. Las cosas no son así. En otro momen­to his­tó­ri­co pudie­ron ser­lo y de hecho lo fue­ron en algún lugar del mun­do. Pero hoy aquí y aho­ra, en el siglo XXI y en el cora­zón de Euro­pa, los pro­ce­sos de libe­ra­ción nacio­nal y social no se desa­rro­llan así.

Dar la vuel­ta al table­ro gene­ra el cam­bio de ciclo. Lle­var el pro­ce­so al fin estra­té­gi­co desea­do requie­re no sólo un correc­to plan­tea­mien­to tác­ti­co de cada paso, sino tam­bién algo de vital impor­tan­cia cual es abrir­nos a una nue­va ópti­ca, a una for­ma dife­ren­te de afron­tar los retos de siem­pre y no per­mi­tir que los pre­jui­cios cas­tren el camino.

Inte­rio­ri­ce­mos todos que la ruta que empren­de la izquier­da aber­tza­le no va a ser pre­ci­sa­men­te un sen­de­ro de flo­res.

Así pues, hablo de un nue­vo plan­tea­mien­to para una nue­va fase, pero man­te­nien­do fir­mes los obje­ti­vos de siem­pre. Una nue­va mira­da, sí; pero sobre el mis­mo hori­zon­te, una nue­va for­ma de hacer las cosas, pero para con­quis­tar las mis­mas cum­bres. Esto es algo sobre a lo que nadie le pue­de caber ni la más míni­ma duda.

Por eso digo, que hace fal­ta deci­sión para no temer­le al futu­ro que se nos abre y lan­zar­nos a el con toda ener­gía.

Va a ser, ya lo he dicho, un camino dife­ren­te por el que antes hemos tran­si­ta­do. No dudo que eso pro­vo­ca­rá des­con­fian­za e inclu­so rece­los en algu­nos aber­tza­les lea­les, dare­mos pasos que qui­zás algu­nas con­cien­cias com­pro­me­ti­das no entien­dan en su debi­da pro­yec­ción, habrá inclu­so quien repro­che que, al final, esta­mos pasan­do por el aro.

Pues bien, yo me pre­gun­to: ¿Y si al otro lado del aro está el resor­te que con­tro­la los meca­nis­mos? ¿Y si pasa­mos por el aro para hacer­nos con él?

Eso sí, que se gra­be bien pro­fun­do en todos los fron­tis­pi­cios: Los pasos que está dan­do la izquier­da aber­tza­le son uni­la­te­ra­les, fru­to de su ener­gía inter­na, de la cohe­ren­cia en los prin­ci­pios y del aná­li­sis de la reali­dad de nues­tro pue­blo. Esos y no otros son los orí­ge­nes de lo que esta­mos vivien­do. Si alguien pien­sa que es con­se­cuen­cia del aco­so, de la estra­te­gia repre­si­va; si algún necio sos­tie­ne aque­llo de «a la fuer­za ahor­can», ya ten­drá tiem­po de arre­pen­tir­se de su error de plan­tea­mien­to, de su radi­cal igno­ran­cia sobre la idio­sin­cra­sia étni­ca y polí­ti­ca del pue­blo vas­co.

Es evi­den­te que nos vamos a dejar pelos en la gate­ra, pero pen­se­mos que al otro lado hay un esce­na­rio que nos intere­sa para alcan­zar la Eus­kal Herria por la que lucha­mos.

En el trans­cur­so de todo com­ba­te hay que atra­ve­sar algún paso estre­cho para alcan­zar el obje­ti­vo. Es un momen­to deli­ca­do del avan­ce y pue­de pro­vo­car en los pro­pios cier­ta des­con­fian­za y temor.

Pero si el plan­tea­mien­to tác­ti­co glo­bal es el debi­do, la evo­lu­ción de la situa­ción lo acon­se­ja y las cir­cuns­tan­cias son las correc­tas no se pue­de per­mi­tir que el vér­ti­go del momen­to o la iner­cia inmo­vi­lis­ta impi­dan la manio­bra.

El triun­fo de la bata­lla siem­pre vie­ne de la ade­cua­da fija­ción de los obje­ti­vos y de la equi­li­bra­da e inte­li­gen­te fle­xi­bi­li­dad de los plan­tea­mien­tos tác­ti­cos, fir­mes en los obje­ti­vos pero fle­xi­bles en las manio­bras.

Si a alguien le fre­na la des­con­fian­za por los pasos que vaya dan­do el con­jun­to de la izquier­da aber­tza­le, que pien­se en la pará­bo­la del mue­lle: El mue­lle se replie­ga y la fuer­za con­tra­ria pro­cla­ma que le ha ven­ci­do, pero en su retro­ce­so, el mue­lle acu­mu­la fuer­zas y se car­ga de ener­gía para el sal­to que le lle­ve a alcan­zar su obje­ti­vo.

Me atre­ve­ría a decir más; si el dis­po­si­ti­vo es el debi­do, la pro­pia iner­cia del retro­ce­so lo car­ga­rá nue­va­men­te de ener­gía para un nue­vo sal­to.

Toca car­gar el mue­lle que nos pro­yec­te a un tiem­po nue­vo, que nos colo­que en el futu­ro que le corres­pon­de a la nación vas­ca.

Y así, con la valen­tía y la entre­ga que siem­pre nos ha carac­te­ri­za­do, acu­mu­lan­do fuer­zas, diri­gien­do correc­ta­men­te cada paso pon­dre­mos Eus­kal Herria en pie, zutik! avan­zan­do hacia la inde­pen­den­cia y el socia­lis­mo.

Hemos dado fue­go a la noche para encen­der el nue­vo ama­ne­cer que ya se pue­de adi­vi­nar a lo lejos. No todos los pue­blos pue­den osten­tar ese honor. 50 años de lucha que sean cin­co siglos de com­ba­te.

Es el momen­to de esta­ble­cer los pará­me­tros del futu­ro.

Un salu­do des­de mi cel­da. Mere­ce la pena.

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